El movimiento constitucional moderno en las clases propietarias de nuestra sociedad se distingue marcadamente de los movimientos anteriores del mismo tipo de finales de los años 50 y 70. Las exigencias constitucionales de los liberales son, en esencia, las mismas. Los discursos de los oradores radicales repiten las conocidas tesis del liberalismo zemstvo. La novedad grande y muy importante es la participación del proletariado en el movimiento. La clase obrera rusa, cuyo movimiento fue el eje principal de todo el movimiento revolucionario del último decenio, hace tiempo que pasó a la lucha abierta, a la salida a la calle, a las asambleas populares de masas, a pesar de la policía, a los choques directos con el enemigo en las calles de las ciudades del sur.

Y ahora el movimiento liberal-burgués se ha caracterizado de inmediato por una salida a escena del proletariado relevante, resuelta, incomparablemente más tajante y audaz. Remitámonos ante todo a la manifestación en San Petersburgo, donde la participación de los obreros resultó, por desgracia, débil debido al intento desorganizador de los «mencheviques», y a la manifestación en Moscú. Señalemos luego la aparición de obreros en el banquete liberal-burgués en Smolensk, en la asamblea de la sociedad de ilustración en Nizhni Nóvgorod, en las sesiones de sociedades científicas, médicas y otras en distintas ciudades, en la gran asamblea de obreros en Sarátov, en la manifestación del 6 de noviembre en la Sociedad Jurídica de Járkov, del 20 de noviembre en la Duma Municipal de Ekaterinodar, del 18 de noviembre en la Sociedad de Protección de la Salud Popular de Odesa, también en Odesa, un poco después, en el tribunal de distrito, acompañándose las dos manifestaciones de Odesa y la de Járkov de manifestaciones callejeras de obreros, de procesiones por la ciudad con banderas, canto de canciones revolucionarias, etc.

Estas cuatro últimas manifestaciones están descritas, entre otros, en el núm. 79 de «Iskra», en la sección bajo el título «Manifestaciones proletarias», y sobre estas descripciones quisiera detener la atención del lector. Primero reproduciré los hechos según «Iskra», luego — las reflexiones de «Iskra».

En Járkov, el comité organiza la participación de obreros en la asamblea de la sociedad jurídica; a la asamblea asisten más de 200 proletarios: en parte los obreros se cohibían de ir a una asamblea elegante, en parte «no dejaban entrar a los mujiks». El presidente liberal huye tras el primer discurso revolucionario. Sigue un discurso de un socialdemócrata, vuelan proclamas, cantan la Marsellesa, salen a la calle con una multitud de hasta 500 obreros, van con bandera roja y canciones obreras. Al final, una parte es golpeada y detenida.

Ekaterinodar. A la sala de la duma se atrae (con el rumor de próximos discursos liberales) a un público amplio. El teléfono queda inservible. Un orador del comité, con 30-40 obreros, penetra en la sala, pronuncia un breve discurso socialdemócrata plenamente revolucionario. Aplausos. Proclamas. Estupor de los vocales. Protesta inútil del presidente. Los manifestantes se retiran tranquilamente al terminar. Por la noche — registros masivos.

Odesa. 1.ª manifestación. En la asamblea, alrededor de 2000 personas, entre ellas una masa de obreros. Una serie de discursos revolucionarios (s.-d. y s.-r.), atronadores aplausos, gritos revolucionarios, proclamas. Procesión por las calles con canciones revolucionarias. Se dispersaron sin pelea.

Odesa. 2.ª manifestación. Asamblea de varios miles. Asamblea popular revolucionaria igual de grandiosa y procesión por las calles como la anterior. Pelea. Multitud de heridos, algunos graves. Una obrera muere. 60 detenciones.

Tal es el lado factual del asunto. Tales son las manifestaciones de los proletarios rusos.

Y he aquí cuáles son las reflexiones de algunos socialdemócratas intelectuales. Estas reflexiones se refieren a la manifestación de Ekaterinodar, sobre la cual se escribe todo un artículo. Escuchen: «¡En esta manifestación el proletariado ruso organizado se encontró por primera vez cara a cara con nuestra burguesía de tendencia liberal!»… Esta manifestación es «un paso aún nuevo en el desarrollo de las formas de lucha política», ella es, «como quiera que sea, un nuevo método de lucha política que da resultados fecundos del todo evidentes», los obreros en tales manifestaciones «sienten que actúan como unidades políticas determinadas», adquieren «el sentimiento de su capacidad jurídica en cuanto luchadores políticos de partido». Se difunde «en los más amplios círculos de la sociedad la significación del partido como algo del todo determinado, conformado y, sobre todo, con derecho a exigir». Se acostumbra a mirar a todo el partido «como una fuerza política activa, combatiente, que declara clara y determinadamente sus exigencias». Hay que «utilizar más ampliamente el nuevo método de lucha — en las dumas, en los zemstvos y en los congresos más diversos de personalidades públicas». Y la redacción de «Iskra», al unísono con el autor de estas reflexiones, habla de «la idea de manifestaciones de nuevo tipo», de que «especialmente en Ekaterinodar nuestros camaradas lograron mostrar a la “sociedad” que actúan como un partido independiente, que se siente capaz de ejercer influencia sobre el curso de los acontecimientos y que intenta hacerlo».

Así. Así. «Especialmente en Ekaterinodar»… Nuevo paso, nuevo método, nuevo recurso, por primera vez cara a cara, resultados fecundos del todo evidentes, unidades políticas determinadas, sentimiento de capacidad política, derecho a exigir… Algo viejo, ya pasado, casi olvidado, me llegó de estas reflexiones ampulosas y profundas. Pero antes de darme cuenta de reconocer eso viejo, pregunté involuntariamente: Permítanme, sin embargo, señores, ¿por qué esto «especialmente en Ekaterinodar»?, ¿por qué es, en efecto, un método nuevo? ¿Por qué ni los de Járkov ni los de Odesa alardean (perdón por la expresión vulgar) acerca de la novedad del método y acerca de los resultados fecundos evidentes, acerca del primer encuentro cara a cara y acerca del sentimiento de capacidad política? ¿Por qué los resultados de la reunión de decenas de obreros con centenares de liberales en las cuatro paredes de la sala de la duma son más evidentes y fecundos que las reuniones de miles de obreros no solo en las sociedades de médicos y juristas, sino también en la calle? ¿Acaso en verdad las reuniones callejeras (en Odesa, y también las ocurridas antes en Rostov del Don y en otras ciudades) desarrollan menos que las reuniones en las dumas el sentimiento de capacidad política y el derecho a exigir?... Cierto, debo confesar que experimento cierta incomodidad al transcribir esta última combinación de palabras (derecho a exigir) — es demasiado necia, pero de la canción no se quita la palabra.

Sin embargo, en un caso esta combinación de palabras adquiere algún sentido, y no solo ella, sino también todas las reflexiones de «Iskra». Precisamente en el caso de que supongamos la existencia de parlamentarismo, si por un minuto imaginamos que la duma de Ekaterinodar se ha trasladado a las orillas del Támesis, junto a la Abadía de Westminster{62}. Entonces, con esta pequeña suposición, se aclara por qué en cuatro paredes de una asamblea de delegados se puede tener más «derecho a exigir» que en la calle, — por qué es más fecunda la lucha con el primer ministro, es decir, con el presidente de Ekaterinodar, que con el guardia, — por qué el sentimiento de capacidad política y la conciencia de sí mismo en cuanto unidades políticas determinadas aumentan precisamente en la sala de la cámara de diputados o en la sala de la asamblea del zemstvo. En efecto, ¿por qué no jugar al parlamentarismo a falta de un verdadero parlamento? Aquí se puede representar tan pintorescamente «el encuentro cara a cara» y «el nuevo método» y todo lo demás. Cierto, estas representaciones desviarán inevitablemente nuestro pensamiento de las cuestiones de la verdadera lucha de masas por el parlamentarismo, en lugar de jugar al parlamentarismo, pero son minucias. ¡En cambio, qué resultados evidentes, tangibles…

Resultados tangibles… Esta expresión me recordó de inmediato al camarada Martínov y a «Rabocheye Delo». Sin volver a esto último, no se puede valorar correctamente la nueva «Iskra». Las reflexiones sobre el «nuevo método de lucha» a propósito de la manifestación de Ekaterinodar repiten íntegramente las reflexiones de la redacción en su «carta a las organizaciones del partido» (de paso: ¿es razonable mantener bajo siete llaves, en secreto, el original y hacer circular públicamente para conocimiento de todos solo la copia?). Las reflexiones de la redacción reproducen, por otro motivo, el curso habitual del pensamiento de «Rabocheye Delo».

¿En qué consistía la falsedad y el carácter nocivo de la «teoría» del «Rabócheye Dyelo» acerca de conferir a la lucha económica misma un carácter político, acerca de la lucha económica de los obreros contra los patronos y contra el gobierno, acerca de la necesidad de plantear al gobierno exigencias concretas que prometan determinados resultados tangibles? ¿Acaso no debemos conferir a la lucha económica un carácter político? Indudablemente debemos. Pero cuando el «Rabócheye Dyelo» deducía las tareas políticas del partido revolucionario del proletariado de la lucha «económica» (sindical), estrechaba y vulgarizaba de manera imperdonable la concepción socialdemócrata, rebajaba las tareas de la lucha política integral del proletariado.

¿En qué consiste la falsedad y el carácter nocivo de la teoría de la nueva «Iskra» sobre el nuevo método, sobre el tipo superior de movilización de las fuerzas del proletariado, sobre el nuevo camino para desarrollar el sentimiento de capacidad política de los obreros, su «derecho a exigir», etc., etc.? ¿Acaso no debemos organizar manifestaciones obreras tanto en las asambleas de los zemstvos como con motivo de dichas asambleas? Indudablemente debemos. Pero con motivo de las buenas manifestaciones proletarias no debemos decir tonterías intelectualescas. Estaremos corrompiendo la conciencia del proletariado, estaremos desviando su atención de las tareas que se aproximan rápidamente de la lucha real, seria y abierta, si ensalzamos, bajo el nombre de nuevo método, precisamente aquellos rasgos de nuestras manifestaciones habituales que menos se parecen a una lucha activa, que solo se pueden declarar, para risa, que proporcionan resultados especialmente fructíferos, que elevan especialmente el sentimiento de capacidad política, etc.

Y nuestro viejo conocido, el camarada Martínov, y la nueva «Iskra» pecan del mismo escepticismo intelectualesco ante las fuerzas del proletariado, ante su capacidad para la organización en general, para crear una organización de partido en particular, ante su capacidad para la lucha política. Al «Rabócheye Dyelo» le parecía que el proletariado aún no era capaz, o no lo sería por mucho tiempo, de una lucha política que rebasara los límites de la lucha económica contra los patronos y contra el gobierno. A la nueva «Iskra» le parece que el proletariado aún no es capaz, o no lo será por mucho tiempo, de una acción revolucionaria independiente, y por eso denomina nuevo método de lucha a la acción de decenas de obreros ante los zemstvos. Tanto el viejo «Rabócheye Dyelo» como la nueva «Iskra» repiten solemnemente palabras sobre la iniciativa propia y la autoeducación del proletariado solo porque detrás de estas solemnes declaraciones se oculta la incomprensión intelectualesca de las fuerzas reales y las tareas perentorias del proletariado. Tanto el viejo «Rabócheye Dyelo» como la nueva «Iskra» profieren una sarta de disparates profundos y completamente incongruentes acerca del significado especial de los resultados tangibles y evidentes y del contraste concreto entre la burguesía y el proletariado, desviando así la atención de este último hacia el juego del parlamentarismo, alejándola de la tarea cada vez más inminente del asalto directo a la autocracia al frente de la insurrección popular. Tanto el viejo «Rabócheye Dyelo» como la nueva «Iskra», al emprender una revisión de los viejos principios organizativos y tácticos de la socialdemocracia revolucionaria, al agitarse en busca de nuevas palabras y «nuevos métodos», en realidad arrastran al partido hacia atrás, proclaman consignas atrasadas, e incluso francamente reaccionarias.

¡Ya basta de esta nueva revisión que conduce a viejos escombros! ¡Es hora de avanzar y dejar de encubrir la desorganización con la famosa teoría de la organización-proceso, es hora también de subrayar en las manifestaciones obreras, de poner en primer plano aquellos rasgos que las acercan cada vez más a la verdadera lucha abierta por la libertad!

«Vperiod» núm. 1, 4 de enero de 1905 (22 de diciembre de 1904)

Se publica según el texto del periódico «Vperiod».