Del programa, el congreso pasó a los estatutos del partido (dejamos de lado la cuestión ya mencionada del OC y los informes de los delegados, que, lamentablemente, la mayoría de los delegados no pudieron presentar de forma satisfactoria). Huelga decir que la cuestión de los estatutos tenía para todos nosotros una importancia enorme. En efecto, *Iskra* se presentó desde el principio no sólo como un órgano literario, sino también como una célula organizativa. En el artículo editorial del número cuatro («¿Por dónde empezar?»), *Iskra* lanzó todo un plan organizativo[68] y lo aplicó de manera sistemática e inquebrantable durante tres años. Cuando el segundo congreso del partido reconoció a *Iskra* como Órgano Central, de los tres puntos de la motivación de la resolución correspondiente (pág. 147), dos estaban dedicados precisamente a ese plan organizativo y a las ideas organizativas de *Iskra*: su papel en la dirección del trabajo práctico del partido y su papel dirigente en la labor de unificación. Por lo tanto, es completamente natural que la labor de *Iskra* y toda la obra de organización del partido, toda la obra de restablecimiento efectivo del partido, no pudiera considerarse terminada sin que todo el partido reconociera y fijara formalmente determinadas ideas organizativas. El cumplimiento de esta tarea correspondía precisamente a los estatutos organizativos del partido.

Las ideas fundamentales que *Iskra* se esforzaba por poner en la base de la organización del partido se reducían, en esencia, a las dos siguientes. La primera, la idea del centralismo, definía de manera principista el modo de resolver toda la masa de cuestiones organizativas parciales y detalladas. La segunda –el papel especial de un órgano dirigente ideológico, el periódico– tomaba en cuenta las necesidades temporales y peculiares precisamente del movimiento obrero socialdemócrata ruso en las condiciones de la esclavitud política, bajo la condición de crear una base operativa inicial del ataque revolucionario en el extranjero. La primera idea, como la única principista, debía impregnar todo el estatuto; la segunda, como particular, engendrada por circunstancias temporales de lugar y modo de acción, se expresaba en una aparente desviación del centralismo, en la creación de dos centros, el OC y el CC. Ambas ideas fundamentales de la organización iskrista del partido fueron desarrolladas por mí tanto en el artículo editorial de *Iskra* (nº 4) «¿Por dónde empezar?»[69] como en *¿Qué hacer?*[70] y, finalmente, fueron explicadas detalladamente en forma casi de estatuto en la *Carta a un camarada*[71]. Quedaba sólo, en esencia, el trabajo de redacción para formular los artículos de un estatuto que debía encarnar en la vida precisamente esas ideas, si el reconocimiento de *Iskra* no quedaba en papel mojado, no era sólo una frase convencional. En el prefacio a la reedición de mi *Carta a un camarada* ya señalé que basta una simple confrontación del estatuto del partido con ese folleto para constatar la total identidad de las ideas organizativas en uno y otro lugar[72].

A propósito del trabajo de redacción de la formulación de las ideas organizativas iskristas en el estatuto, debo referirme a un incidente suscitado por el camarada Mártov. «...Un dato de hecho les mostrará –dijo Mártov en el congreso de la Liga (pág. 58)– hasta qué punto fue inesperado para Lenin mi caída en el oportunismo respecto a este (es decir, el primer) artículo. Un mes y medio o dos meses antes del congreso, yo mostré a Lenin mi proyecto, donde el artículo 1 estaba redactado exactamente como lo propuse en el congreso. Lenin se pronunció en contra de mi proyecto por considerarlo demasiado detallado, y me dijo que sólo le gustaba la idea del artículo 1 –la definición de la militancia–, la cual él incorporaría a su estatuto con modificaciones, pues encontraba mi formulación desafortunada. De modo que Lenin conocía mi formulación desde hacía tiempo, conocía mis puntos de vista sobre esta cuestión. Como ven ustedes, yo fui al congreso con la visera levantada, sin ocultar mis puntos de vista. Advertí que lucharía contra la cooptación mutua, contra los principios de unanimidad en la cooptación al Comité Central y al Órgano Central, y así sucesivamente».

En cuanto a la advertencia sobre la lucha contra la cooptación mutua, ya veremos en su lugar cómo sucedió el asunto. Ahora detengámonos en esa «visera levantada» del estatuto de Mártov. Al relatar en la Liga, de memoria, el episodio con su proyecto desafortunado (que el propio Mártov retiró en el congreso por considerarlo desafortunado, y después del congreso, con la consecuencia que le es característica, volvió a sacar a la luz), Mártov, como de costumbre, olvidó muchas cosas y por eso armó otra confusión. Parecía que ya había bastantes hechos que advertían contra las referencias a conversaciones privadas y a la propia memoria (la gente, involuntariamente, recuerda sólo lo que le conviene), y sin embargo el camarada Mártov, a falta de otro material, echa mano de material de mala calidad. Ahora incluso el camarada Plejánov comienza a imitarlo: por lo visto, el mal ejemplo es contagioso.

La «idea» del primer artículo en el proyecto de Mártov no podía «gustarme», porque en su proyecto no había ninguna de las ideas que emergieron en el congreso. Le falló la memoria. Tuve la suerte de encontrar entre mis papeles el proyecto de Mártov, donde «el primer artículo está redactado *precisamente no como él lo propuso en el congreso*». ¡Ahí tienen la «visera levantada»!

Artículo 1 en el proyecto de Mártov: «Se considera perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo aquel que, reconociendo su programa, trabaja activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y la dirección de los órganos (¡sic![73]) del partido».

Artículo 1 en mi proyecto: «Se considera miembro del partido a todo aquel que reconoce su programa y apoya al partido tanto con medios materiales como con su participación personal en una de las organizaciones del partido».

Artículo 1 en la formulación propuesta por Mártov en el congreso y adoptada por éste: «Se considera miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo aquel que acepta su programa, apoya al partido con medios materiales y le presta una colaboración personal regular bajo la dirección de una de sus organizaciones».

De esta comparación se ve claramente que en el proyecto de Mártov precisamente no hay ninguna idea, sino sólo una frase vacía. Que los miembros del partido trabajan bajo el control y la dirección de los órganos del partido, eso es obvio por sí mismo, no puede ser de otro modo; de esto hablan sólo las personas a las que les gusta hablar para no decir nada, que gustan de llenar los «estatutos» con un montón de agua palabrera y de fórmulas burocráticas (es decir, innecesarias para la causa y supuestamente necesarias para la parada). La idea del primer artículo aparece únicamente cuando se plantea la cuestión: ¿pueden los órganos del partido ejercer de hecho su dirección sobre los miembros del partido que no forman parte de ninguna de las organizaciones del partido? De esta idea no hay ni rastro en el proyecto del camarada Mártov. Por consiguiente, yo no podía conocer los «puntos de vista» del camarada Mártov «sobre esta cuestión», ya que en el proyecto del camarada Mártov no hay ningún punto de vista sobre esta cuestión. La información de hecho del camarada Mártov resulta ser una confusión.

Al contrario, precisamente del camarada Mártov hay que decir que él, por mi proyecto, «conocía mis puntos de vista sobre esta cuestión» y no los objetó ni los refutó ni en el colegio de redacción –aunque mi proyecto fue mostrado a todos unas 2 o 3 semanas antes del congreso–, ni ante los delegados, que sólo se familiarizaron con mi proyecto. Más aún. En el propio congreso, cuando yo presenté mi proyecto de estatuto[74] y lo defendí antes de la elección de la comisión de estatutos, el camarada Mártov declaró directamente: «me adhiero a las conclusiones del camarada Lenin. Sólo en dos cuestiones discrepo de este último» (cursivas mías) – en la cuestión del modo de constituir el Consejo y en la de la cooptación unánime (pág. 157). Del desacuerdo sobre el artículo 1 no se dice aquí todavía ni una palabra.

En su folleto sobre el estado de sitio, el camarada Mártov consideró necesario recordar una vez más y con especial detalle su estatuto. Afirma allí que su estatuto, que él suscribiría aún hoy (febrero de 1904, no se sabe lo que ocurrirá dentro de tres meses), salvo algunos detalles secundarios, «expresaba con bastante claridad su actitud negativa hacia la hipertrofia del centralismo» (pág. IV). El camarada Mártov explica ahora que no haya presentado ese proyecto al congreso, en primer lugar, porque «la educación iskrista le infundió una actitud despectiva hacia los estatutos» (cuando le gusta al camarada Mártov, entonces la palabra iskrista ya no significa para él estrecho espíritu de círculo, ¡sino la tendencia más firme!; sólo es lástima que la educación iskrista durante tres años no le haya infundido al camarada Mártov una actitud despectiva hacia la frase anarquista con la que la inestabilidad intelectualoide es capaz de justificar la violación de un estatuto adoptado en común). En segundo lugar, ¿ven ustedes?, él, el camarada Mártov, evitaba «introducir cualquier disonancia en la táctica de ese núcleo organizativo fundamental que era *Iskra*». ¡Qué notablemente coherente resulta! En la cuestión de principio sobre la formulación oportunista del artículo 1 o sobre la hipertrofia del centralismo, el camarada Mártov temía tanto la disonancia (terrible sólo desde el punto de vista más estrecho de círculo) que no planteó sus divergencias ni siquiera ante un núcleo como el de la redacción. En la cuestión práctica sobre la composición de los centros, el camarada Mártov, del voto de la mayoría de los miembros de la organización de *Iskra* (ese verdadero núcleo organizativo fundamental), apeló a la ayuda del Bund y de los partidarios de *Rabócheie Dielo*. La «disonancia» en sus frases, que endilgan el espíritu de círculo en defensa de una cuasi-redacción para negar el «espíritu de círculo» en la apreciación de la cuestión por parte de los más competentes, esa disonancia el camarada Mártov no la advierte. Como castigo, reproduciremos íntegro su proyecto de estatuto, señalando de nuestra parte qué puntos de vista y qué hipertrofia revela[75].

El lector que haya tenido, como excepción, la paciencia de leer hasta el final este llamado estatuto, seguramente no nos exigirá un examen especial de las conclusiones que siguen. Primera conclusión: el estatuto padece una hidropesía difícilmente curable. Segunda conclusión: no es posible hallar en este estatuto un matiz especial de puntos de vista organizativos en el sentido de una actitud negativa hacia la hipertrofia del centralismo. Tercera conclusión: el camarada Mártov actuó con sumo buen sentido al ocultar a la luz del día (y a la discusión en el congreso) más de 38/39 de su estatuto. Lo único un tanto original es que, a propósito de esa ocultación, se hable de la visera levantada.