Así, pues, el congreso fue convocado tras la más minuciosa preparación, sobre la base de una representación sumamente completa. El reconocimiento general de la legitimidad de la composición del congreso y del carácter obligatorio incondicional de sus decisiones se expresó también en la declaración del presidente (pág. 54 de las actas) después de constituido el congreso.

¿En qué consistía, entonces, la tarea principal del congreso? En crear un partido efectivo sobre aquellos principios programáticos y organizativos que habían sido planteados y elaborados por «Iskra». Que el congreso debía trabajar precisamente en esta dirección estaba predeterminado por los tres años de actividad de «Iskra» y por el reconocimiento de la misma por parte de la mayoría de los comités. El programa y la orientación de «Iskra» debían convertirse en el programa y la orientación del partido; los planes organizativos de «Iskra» debían ser consolidados en los estatutos orgánicos del partido. Pero es de por sí evidente que semejante resultado no podía alcanzarse sin lucha: la plenitud de la representación en el congreso aseguró la presencia en él tanto de organizaciones que libraban una lucha resuelta contra «Iskra» (el Bund y «Rabócheie Dielo»), como de aquellas que, reconociendo de palabra a «Iskra» como órgano dirigente, de hecho perseguían sus propios planes particulares y se distinguían por su inestabilidad en el terreno de los principios (el grupo de «Yuzhni Rabochi» y los delegados de algunos comités que se le adherían). En estas condiciones, el congreso no podía por menos de convertirse en la arena de la lucha por el triunfo de la orientación de «Iskra». Cualquiera que lea sus actas con un mínimo de atención verá en el acto que el congreso fue efectivamente esa lucha. Nuestra tarea actual consiste en examinar detalladamente las principales agrupaciones que se manifestaron en los distintos problemas del congreso y reconstruir, basándonos en los datos exactos de las actas, la fisonomía política de cada uno de los grupos fundamentales del congreso. ¿Qué representaban exactamente aquellos grupos, aquellas tendencias y aquellos matices que en el congreso debían fundirse, bajo la dirección de «Iskra», en un partido único? He aquí lo que debemos mostrar mediante el análisis de los debates y las votaciones. El esclarecimiento de esta circunstancia tiene una importancia cardinal tanto para estudiar lo que son en realidad nuestros socialdemócratas, como para comprender las causas de la divergencia. Por eso en mi discurso en el congreso de la Liga y en mi carta a la redacción de la nueva «Iskra» puse en primer plano precisamente el análisis de las diversas agrupaciones[57]. Mis oponentes, los representantes de la «minoría» (con Mártoz a la cabeza), no comprendieron en absoluto la esencia del problema. En el congreso de la Liga se limitaron a enmiendas parciales, «justificándose» de la acusación de viraje hacia el oportunismo que se había lanzado contra ellos, sin intentar siquiera dibujar, en contraposición a mí, otro cuadro cualquiera de las agrupaciones en el congreso. Ahora, en «Iskra» (núm. 56), Martov intenta presentar todas las tentativas de delimitar con precisión los distintos grupos políticos en el congreso como simple «politiquería de círculo». ¡Duro suena, camarada Martov! Pero las palabras duras de la nueva «Iskra» tienen una propiedad singular: basta reproducir con exactitud todas las peripecias de la divergencia, empezando por el congreso, y todas esas palabras duras se vuelven íntegramente y ante todo contra la actual redacción. ¡Miraos a vosotros mismos, señores que os llamáis redactores del partido y que sacáis a relucir la cuestión de la politiquería de círculo!

Hasta tal punto le son ahora desagradables a Martov los hechos de nuestra lucha en el congreso, que se esfuerza por emborronarlos por completo. «Iskrista —dice— es aquel que en el congreso del partido, y antes del mismo, expresó su plena solidaridad con “Iskra”, defendió su programa y sus concepciones organizativas y apoyó su política organizativa. En el congreso había más de cuarenta iskristas de este género: tal fue el número de votos emitidos a favor del programa de “Iskra” y de la resolución sobre el reconocimiento de “Iskra” como Órgano Central del partido». Abrid las actas del congreso y veréis que el programa fue aprobado por todos (pág. 233), salvo Akímoz, que se abstuvo. ¡El camarada Martov pretende así convencernos de que también los bundistas, también Brucker, también Martínov demostraron su «plena solidaridad» con «Iskra» y defendieron sus concepciones organizativas! Es ridículo. La conversión, después del congreso, de todos sus participantes en miembros del partido con igualdad de derechos (y no de todos, además, pues los bundistas se marcharon) se confunde aquí con aquella agrupación que provocó la lucha en el congreso. El estudio de los elementos de los que se compusieron, después del congreso, la «mayoría» y la «minoría» se sustituye con la frase oficial: ¡reconocieron el programa!

Tomad la votación sobre el reconocimiento de «Iskra» como Órgano Central. Veréis que precisamente Martínov, a quien el camarada Martov, con una audacia digna de mejor causa, atribuye ahora la defensa de las concepciones organizativas y la política organizativa de «Iskra», insistió en separar las dos partes de la resolución: el simple reconocimiento de «Iskra» como OC y el reconocimiento de sus méritos. Al votarse la primera parte de la resolución (reconocimiento de los méritos de «Iskra», expresión de solidaridad con ella), se emitieron a favor sólo 35 votos, dos en contra (Akímoz y Brucker) y once se abstuvieron (Martínov, los cinco bundistas y los cinco votos de la redacción: dos de Martov y míos y uno de Plejánov). Por consiguiente, el grupo de los antiiskristas (cinco bundistas y tres rabochedieltsi) se perfila aquí con toda nitidez también en este ejemplo, el más ventajoso para las actuales concepciones de Martov y elegido por él mismo. Tomad la votación de la segunda parte de la resolución —el reconocimiento de «Iskra» como Órgano Central sin motivación alguna y sin expresar solidaridad (página 147 de las actas): se emitieron a favor 44 votos, que el Martov de hoy incluye entre los iskristas. Había en total 51 votos; restando los cinco votos de los redactores que se abstuvieron, quedan 46; dos votaron en contra (Akímoz y Brucker); en los 44 restantes entran, por tanto, los cinco bundistas. De modo que los bundistas en el congreso «expresaron su plena solidaridad con “Iskra”»: ¡así escribe la historia oficial la «Iskra» oficial! Adelantándonos un poco, explicaremos al lector los verdaderos motivos de esta verdad oficial: la actual redacción de «Iskra» podría haber sido y sería de hecho una redacción de partido (y no cuasi[58] de partido, como ahora) si los bundistas y los rabochedieltsi no se hubieran marchado del congreso; he ahí por qué había que elevar a la condición de «iskristas» a estos fidelísimos guardianes de la actual redacción, llamada de partido. Pero de esto hablaremos detalladamente más adelante.

Cabe preguntarse a continuación: si el congreso representó una lucha entre elementos iskristas y antiiskristas, ¿no hubo acaso elementos intermedios, inestables, que oscilaban entre unos y otros? Cualquiera que esté un poco al tanto de nuestro partido y de la fisonomía habitual de todos los congresos se inclinará ya a priori[59] a responder afirmativamente a esta pregunta. El camarada Martov ahora no quiere en absoluto acordarse de esos elementos inestables, y nos presenta al grupo de «Yuzhni Rabochi» y a los delegados afines a él como iskristas típicos, y nuestras discrepancias con ellos como insignificantes y sin importancia. Por fortuna, tenemos ahora ante nosotros el texto completo de las actas, y podemos resolver esta cuestión —cuestión de hecho, naturalmente— basándonos en datos documentales. Lo que hemos dicho más arriba sobre la agrupación general en el congreso, por supuesto, no pretende resolver esta cuestión, sino sólo plantearla correctamente.

Sin un análisis de las agrupaciones políticas, sin un cuadro del congreso como lucha de tales y cuales matices, es imposible comprender nada de nuestra divergencia. La tentativa de Martov de emborronar la diferencia de matices, incluyendo incluso a los bundistas entre los iskristas, no es más que una simple evasión del problema. Ya a priori, basándose en la historia de la socialdemocracia rusa antes del congreso, se perfilan (para su posterior verificación y estudio detallado) tres grupos principales: los iskristas, los antiiskristas y los elementos inestables, vacilantes, fluctuantes.