Empezaré por el final. El camarada Martov ha comprendido e interpretado erróneamente las cartas del Comité Central{79}, especialmente en lo referente al dinero. Ha perdido de vista que estas cartas son la continuación de la conversación que él mismo, Martov, sostuvo con Travinski. El propio Martov describió el contenido de esta conversación en los siguientes términos: «Al camarada Travinski, como a usted personalmente, le mencioné 5 o 6 mil como el mínimo previsto de lo que se podía obtener en un año para el partido de las dos fuentes a las que los miembros de la redacción tienen acceso». Declaro que Travinski nos comunicó que esta suma se entregaría de una sola vez, y no a lo largo de un año, por lo que hay aquí algún malentendido. El hecho es que nosotros contábamos con esos 5 mil y, en consecuencia, distribuimos los medios entre la caja de Rusia y la del extranjero.

El camarada Martov dijo que ambas fuentes de dinero (por cierto, lo incorrectamente —irritadamente— que expone el asunto la redacción se ve también en que en las cartas al Comité Central Martov utilizaba incluso entre comillas las palabras «sacos de dinero» y nos reprochaba tal expresión. En realidad, esa expresión no es nuestra, sino de Martov) —así pues, el camarada Martov dijo que ambas fuentes de dinero nos son conocidas. Sí, son conocidas, pero la cuestión no está en que sean conocidas, sino en que sean accesibles. Yo sé que en un año una fuente podría dar hasta 10 mil, y la otra hasta 40, pero no por ello es más fácil, ya que para mí son inaccesibles. La transformación de estas fuentes de accesibles en inaccesibles es precisamente la expresión de esa interrupción de los medios monetarios, que constituye un método absolutamente inadmisible de lucha partidaria.

Además, justamente ahora se han producido recientes caídas que han afectado a personas que debían recibir dinero en Rusia. Aquí no hay dinero, y de Rusia no se podrá obtener pronto, y esto costará no menos de un centenar de rublos en el envío de agentes especiales. Por supuesto, el dinero se obtendrá de todos modos, si no hay más desgracias, pero se obtendrá no pronto y difícilmente en cantidad plenamente suficiente.

Es completamente falso que en la carta del Comité Central hubiera amenazas. No hubo amenaza alguna, pues el Comité Central expresó en todo momento su preocupación por la publicación del Órgano Central. Sobre las direcciones secretas responderá el camarada Vasíliev. — Según nuestros informes, la redacción envía a sus agentes por Rusia. Esto presupone también una caja especial propia del Órgano Central, lo que significa la escisión de hecho del partido. Esto contradice los estatutos, que exigen plena información al Comité Central y la concentración íntegra en sus manos tanto de toda la caja como de toda la organización de los asuntos prácticos. El Órgano Central rompe de manera escandalosa estos estatutos, creando su propio centro de viajes y agentes, su propio centro de dirección práctica e injerencia en los asuntos de los comités. Tal agencia, contraria a los estatutos del partido, introduce una desorganización directa en el trabajo. El Comité Central no puede responder del orden en la conducción de los asuntos, y no responde de él, desde el momento en que el desorden es introducido sistemáticamente por el propio Órgano Central. — He aquí cartas de Odesa y Bakú que ilustran a este respecto la situación. De Odesa escriben el 24 de diciembre: «Ayer estuvo aquí Zagorski, quien declaró que la redacción lo había enviado como su plenipotenciario con el encargo de comunicar a los comités los últimos acontecimientos, las negociaciones, la situación real de los asuntos en la redacción, la petición de la redacción de enviar materiales, colaborar, encargar hojas o remitir temas para hojas comunes, así como para folletos, para cuya edición se ha formado un grupo. Repitió todo lo viejo y demostró con insistencia la razón, la nobleza y la "lealtad" de la minoría. El comité lo escuchó, le hizo varias preguntas, preguntándole, entre otras cosas, si había emprendido su misión con conocimiento del Comité Central, a lo que él, en lugar de una respuesta breve y directa: sí o no, empezó a justificarse y a demostrar que la redacción tiene pleno derecho a dirigirse a los comités incluso sin conocimiento del Comité Central. Insistió en que en el acto, en su presencia, se discutiera lo expuesto y se elaborara una resolución, a lo que el comité declaró que tomaba nota de lo expuesto, y en lo que respecta a la discusión y la resolución, el comité lo hará cuando lo estime necesario, y ahora pasa a los asuntos corrientes»{80}. Y he aquí lo que se dice en una carta de Bakú del 1 de enero: «Al Comité de Bakú se presentó Martín con un informe del Órgano Central y con la mal disimulada intención de sembrar la desconfianza hacia el Comité Central. Cuando al final se interesó por conocer la opinión del comité, le respondieron: confiamos incondicionalmente en el Comité Central. Y cuando objetó que le interesaba conocer la actitud hacia el Órgano Central, le señalaron sin ambages que, después de lo que acababan de escuchar (la exposición de su misión), la confianza en él "se había tambaleado"».

Es igualmente ilegal y no conspirativo que el Órgano Central haga comunicaciones sobre la composición del Comité Central no solo a los comités, sino también a personas particulares (por ejemplo, a Druián, como señaló el Comité Central en su carta al Órgano Central). En cuanto a las «relaciones belicosas», la cuestión es que el camarada Martov mezcla aquí dos cosas completamente distintas. En el terreno del trabajo positivo y la obtención de medios, las relaciones belicosas (boicot y demás) son absolutamente inadmisibles, y por parte del Comité Central nunca las ha habido. En cambio, en el terreno de la literatura, la «guerra» es admisible, y nadie ha coartado jamás la polémica del Órgano Central. Recuerdo que incluso mucho antes, el Comité Central expresó su plena disposición a publicar tanto la carta de Dan sobre las consignas de la oposición, como el folleto de Martov «Otra vez en minoría», a pesar de que ambas cosas contienen ataques al Comité Central.

En la publicación de literatura del Órgano Central no hubo la menor interrupción por parte del Comité Central. No hubo ni un solo caso en que el Comité Central distribuyera la literatura de manera incorrecta o parcial, en que «agraviara» a los comités de la minoría. Al contrario, Travinski lo atestiguó aquí y demostró que los comités de la minoría fueron los primeros en ser generosamente abastecidos, y el camarada Martov tuvo que reconocer que en este terreno la actividad del Comité Central es intachable. En lo que respecta a la negativa a entregar literatura del partido, el asunto es el siguiente. A todo miembro del partido sin excepción (si inspira confianza por su carácter conspirativo, etc.) se le entrega gratuitamente literatura para transportar a Rusia y entregarla allí a los agentes del Comité Central para su distribución. Pero cuando aparecen personas que tienen la osadía de llamarse miembros del partido y al mismo tiempo se niegan a entregar la literatura a los agentes del Comité Central para la distribución general, es comprensible que con tales personas el Comité Central se vea privado de la posibilidad (e incluso del derecho) de llevar el asunto. Y si luego esas personas compran literatura para sus empresas artesanales aisladas, que desorganizan el trabajo común, tanto peor para ellas.

Publicado según la transcripción del protocolo, cotejada con el manuscrito

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# 2

Decididamente no puedo comprender qué hay de insolente en la primera y la segunda carta del expedidor{81}. Pide informaciones importantes para la rendición de cuentas del trabajo, y la redacción, en lugar de una respuesta camaraderil sobre el fondo de su petición, respuesta que simplemente no se le ha dado, contesta de manera puramente burocrática. He aquí un ejemplo de una carta realmente insolente de la redacción del Órgano Central al Comité Central. «La redacción del Órgano Central llama la atención del Comité Central sobre el hecho de que la presencia en el extranjero de tres miembros del Comité Central, no justificándose por consideración práctica alguna y conduciendo a la creación de un nuevo centro organizativo no previsto por los estatutos del partido, introduce inevitablemente en la vida del partido politiquería y desorganización…» ¡Esto es un insulto directo (politiquería) sin sombra de hechos ni datos! El Comité Central respondió a esto: «Si la redacción no actuara en un estado de extrema irritación, vería con facilidad la suma inoportunidad de sus observaciones sobre cuántos miembros del Comité Central se encuentran en el extranjero. A esta y otras salidas de tono indecentes de la redacción (como la ridícula alusión a una supuesta impresión "secreta"), el representante del Comité Central en el extranjero responde solo con el llamamiento a recordar el deber partidario y a cesar en las acciones capaces de convertir la polémica literaria en motivos para la escisión»{82}…

Sobre lo de que, supuestamente, incluso las editoriales burguesas dan a los redactores cientos de ejemplares, confieso que no lo he oído. Que pruebe el camarada Martov, si no lanza palabras al viento, a preguntarle a Dietz si le da 400 ejemplares de «Neue Zeit» a Kautsky para su distribución. O a preguntarle a Singer, o a Fischer, si Gradnauer exige 200 ejemplares del «Vorwärts»{83} también para distribuirlos por sus propios medios. Los socialdemócratas alemanes comprenden la diferencia entre la anarquía y la organización.

La cuestión del dinero se planteó antes de la caída, pero yo señalé únicamente el cambio en el planteamiento de esta cuestión provocado por la caída.

Hasta qué punto mezcla la redacción la polémica admisible con el boicot inadmisible se ve con especial claridad en lo siguiente. En la carta del 4 de enero, respondiendo a nuestra pregunta sobre el dinero, la redacción, entre las «condiciones que dificultan para ella la propaganda entre los conocidos del apoyo activo a la caja central», menciona esta: «los agentes del Comité Central y las personas a las que protegen dicen en las reuniones frases amenazantes sobre la ilegalidad de la actual composición de la redacción (de lo que, por cierto, se habla también en la carta del miembro del Comité Central Lenin…)». ¡Miren qué sorprendente tergiversación de los conceptos políticos! ¡La cuestión de la entrega (o interrupción) de las fuentes de dinero se une a la cuestión de la polémica en los discursos y en los folletos! ¿No es esto mezclar la lucha ideológica con los ajustes de cuentas localistas y las rencillas? ¡La cuestión de la aprobación o desaprobación por los miembros del partido de la composición (y la actividad) de la redacción se mezcla con la cuestión de la «ilegalidad»! ¿No es esto formalismo burocrático? Es natural que el representante del Comité Central en el extranjero respondiera a esto: «… Como representante del Comité Central, considero necesario señalar a la redacción que no hay fundamento alguno para plantear la cuestión de la ilegalidad, etc., sobre la base de discursos acalorados en conferencias en el extranjero o sobre la base de la polémica literaria… Si en la polémica la redacción ve ataques contra ella, tiene la más plena y completa posibilidad de responder. ¿Es razonable exaltarse por tales o cuales asperezas (desde el punto de vista de la redacción) en la polémica, cuando en ninguna parte se habla ni de boicot, ni de ningún otro modo de acción desleal (desde el punto de vista del Comité Central)…»{84} En efecto, es sumamente extraño hablar de unas «personas protegidas»… ¿Qué significa esto? ¿Qué lenguaje burocrático es este? ¿Qué le importa al Comité Central los discursos en las conferencias? No tenemos censura que limite la libertad de discursos y la libertad de polémica. ¿Acaso no es necesario distinguir tal lucha del boicot?

El relato del camarada Martov sobre el Comité de Odesa (que supuestamente preguntó al Comité Central si debía enviar cartas al Órgano Central) lo considero una broma evidente. Seriamente no se puede hablar de esto.

Repito que ni un solo hecho de apartamiento del trabajo de la minoría ha habido jamás por parte del Comité Central. Subrayo que el camarada Martov reconoce por sí mismo que no tiene hechos de distribución incorrecta, unilateral o parcial de la literatura.

Publicado según la transcripción del protocolo, cotejada con el manuscrito

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# 3

El camarada Martov ha visto por nuestra parte una amenaza de golpe. Esto es ridículo. (Martov: «¿Y el ultimátum?»). El «ultimátum» del Comité Central fue una respuesta al ultimátum de Starovier{85}. El ultimátum es nuestra última palabra respecto a las condiciones aceptables para nosotros de una buena paz. Eso es todo. Solo una imaginación enferma pudo ver una aspiración al golpe en nuestra respuesta a la minoría, que, indudablemente, ha llevado al partido a la escisión. La mayoría, en cambio, no tiene por qué pensar en un golpe. En cuanto a la distribución de «Iskra», todos sus números se distribuyeron con la mayor regularidad posible, y si algún comité se hubiera considerado «olvidado» a este respecto, habría que habérselo comunicado simplemente al Comité Central de manera camaraderil. Hasta ahora no tenemos tales comunicaciones. En cambio, la carta de la redacción a los comités no es una acción camaraderil, sino una acción de guerra.

El Comité Central sostiene la opinión de que el asunto de la distribución de la literatura debe pasar por unas solas manos y que un segundo centro de distribución es innecesario y perjudicial. Ahora, unas palabras acerca del expedidor. Repito que el expedidor se encontró entre los acusados solo porque quiso cumplir concienzudamente su deber e hizo una consulta práctica a la redacción. La subsiguiente exigencia de la redacción de «¡no discutir!», «entregar 100 o 200 ejemplares», etc., lleva todas las señales de una actitud burocrática hacia el asunto en su forma más pura.

Sobre las direcciones diré solo que a la redacción se le ha transmitido todo lo que le pertenece. Se ha separado únicamente la correspondencia personal y organizativa, y el resto se ha transmitido a la redacción. Además recuerdo que ya en Londres el Comité Organizador tomó formalmente en sus manos toda la correspondencia organizativa.

Hablar de un nuevo centro en vista de la permanencia en el extranjero de miembros del Comité Central es una clara quisquillosidad y una injerencia burocrática en el terreno que está sujeto a la gestión autónoma del Comité Central.

Publicado según la transcripción del protocolo, cotejada con el manuscrito

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# 4

El camarada Martov interpreta de forma completamente incorrecta los estatutos. La información del Órgano Central debe ser plena y multilateral, — así lo exigen tanto los estatutos como el interés de la causa. Pero el envío de plenipotenciarios con fines organizativos —como, por ejemplo, el envío de Z al Comité de Odesa sin conocimiento del Comité Central— viola manifiestamente la distribución natural de funciones entre las dos instituciones centrales del partido. No está en absoluto motivado por los intereses de la información y solo introduce una desorganización directa, perturbando por completo la unidad de acción. Semejante medida precisamente intensifica el caos en los asuntos del partido y en la práctica significa la escisión directa del partido en dos mitades — en lugar de la división de las dos instituciones centrales según sus funciones.