El Consejo del Partido, teniendo en cuenta el carácter y las formas de manifestación de la divergencia entre los miembros del partido, vinculada al segundo congreso ordinario, considera imperiosamente necesario llamar enérgicamente a todos los miembros del partido a una labor conjunta y amistosa bajo la dirección de ambas instituciones centrales del partido: el Órgano Central y el Comité Central.

El momento histórico que atraviesa Rusia —el enorme incremento de la efervescencia revolucionaria en el interior del país y las dificultades internacionales, capaces de conducir a la guerra— impone deberes particularmente serios al partido del proletariado consciente, que lucha en las primeras filas por la liberación de todo el pueblo del yugo de la autocracia. La necesidad de una labor conjunta y amistosa, bajo la dirección de ambos centros del partido, para fortalecer nuestra organización, para desarrollar la conciencia y la cohesión de las masas más amplias posibles de la clase obrera, nunca se ha manifestado con tanta urgencia como en el momento actual.

Tales o cuales divergencias sobre las más diversas cuestiones siempre han existido y surgirán inevitablemente en un partido que se apoya en un gigantesco movimiento popular, que se plantea como tarea ser el expresador consciente de este movimiento, rechazando decididamente todo espíritu de círculo y las concepciones estrechamente sectarias. Pero para ser dignos representantes del proletariado consciente en lucha, dignos participantes del movimiento obrero mundial, los miembros de nuestro partido deben esforzarse con todas sus fuerzas para que ninguna divergencia particular en la comprensión y en los modos de aplicar los principios reconocidos por nuestro programa partidario, impida o pueda impedir la labor conjunta y amistosa bajo la dirección de nuestras instituciones centrales. Cuanto más profunda y ampliamente comprendamos nuestro programa y las tareas del proletariado internacional, cuanto más valoremos la importancia del trabajo positivo en el desarrollo de la propaganda, la agitación y la organización, cuanto más lejos estemos del sectarismo, del mezquino espíritu de círculo y de los ajustes de cuentas localistas, con tanta mayor energía debemos esforzarnos para que las divergencias entre los miembros del partido se discutan con calma y en esencia, para que estas divergencias no puedan perturbar nuestro trabajo, no puedan introducir desorganización en nuestra actividad, no puedan entorpecer el funcionamiento correcto de nuestras instituciones centrales.

El Consejo del Partido, como institución suprema del partido, condena resueltamente toda tentativa desorganizadora, venga de quien venga, todo apartamiento del trabajo, todo apartamiento del apoyo material a la caja central del partido, todo boicot, que solo es capaz de reducir la lucha puramente ideológica de opiniones, concepciones y matices a procedimientos de influencia toscamente mecánica, a una especie de refriega indigna. El partido está extenuado por las discordias, que se prolongan ya casi medio año, y exige imperiosamente la paz. Ninguna divergencia entre los miembros del partido, ningún descontento con la composición personal de uno u otro centro, pueden justificar el boicot y procedimientos de lucha semejantes, que testimonian precisamente una falta de principios y de contenido ideológico, que testimonian el sacrificio de los intereses del partido a los intereses de un círculo, de los intereses del movimiento obrero a los intereses de un estrecho localismo. Por supuesto, entre nosotros hay, y en un gran partido siempre habrá, casos en que uno u otro número de miembros esté descontento con cierto matiz de la actividad de uno u otro centro, con ciertos rasgos de su orientación, o con su composición personal, etc. Tales miembros pueden y deben aclarar las causas y el carácter de su descontento mediante el intercambio de opiniones camaraderil y en la polémica en las páginas de las publicaciones del partido, pero sería completamente inadmisible e indigno de revolucionarios manifestar su descontento con el boicot o el apartamiento del apoyo con todas las fuerzas a todo el trabajo positivo, unificado y dirigido por ambos centros del partido. El apoyo a ambos centros, la labor amistosa bajo su dirección directa, es nuestro deber común y directo como miembros del partido.

Tales procedimientos de lucha no ideológicos, toscamente mecánicos, señalados más arriba, merecen una condena incondicional, pues son capaces de destruir por completo a todo el partido, cohesionado entera y exclusivamente por la buena voluntad de los revolucionarios. Y el Consejo del Partido recuerda a todos sus miembros que esta buena voluntad ya se ha expresado con plena determinación en nuestra decisión común, no protestada por nadie, de reconocer como obligatorias para todos los miembros del partido todas las resoluciones del segundo congreso y todas las elecciones realizadas por él. Incluso el Comité de Organización, que mereció la gratitud general por su actividad de convocatoria del congreso, adoptó en el § 18 de los estatutos del II Congreso la siguiente decisión, aprobada por todos los comités del partido:

«Todas las resoluciones del congreso y todas las elecciones realizadas por él son una decisión del partido, obligatoria para todas las organizaciones del partido. No pueden ser protestadas por nadie ni bajo ningún pretexto y solo pueden ser anuladas o modificadas por el siguiente congreso del partido».

Esta decisión, adoptada por todo el partido antes del congreso y confirmada varias veces en el propio congreso, equivale a la palabra de honor que se dieron a sí mismos, por su buena voluntad, todos los socialdemócratas. ¡Que no olviden, pues, esta palabra de honor! ¡Que desechen cuanto antes todos los mutuos y mezquinos ajustes de cuentas, que encuadren de una vez por todas la lucha ideológica dentro de tales marcos que no conduzca a violaciones de los estatutos, no entorpezca la actividad práctica y el trabajo positivo!