Antes de pasar a la cuestión, realmente interesante y que sin duda revela diversos matices de criterio, de la formulación del § 1 de los estatutos, detengámonos aún un poco en las breves discusiones generales sobre los estatutos que ocuparon la 14.ª sesión del congreso y parte de la 15.ª. Estas discusiones tienen cierta importancia porque precedieron a la divergencia total en el seno de la organización de *Iskra* sobre la composición de los centros. Por el contrario, las discusiones posteriores sobre los estatutos en general, y sobre la cooptación en particular, tuvieron lugar después de nuestra divergencia en la organización de *Iskra*. Es natural que antes de la divergencia fuésemos capaces de expresar nuestros puntos de vista con mayor imparcialidad, en el sentido de una mayor independencia de las consideraciones respecto a la cuestión, que tanto agitó a todos, de la composición personal del Comité Central. El camarada Mártov, como ya he señalado, se adhirió (pág. 157) a mis concepciones organizativas, formulando solo dos discrepancias sobre cuestiones de detalle. Por el contrario, tanto los antiiskristas como el «centro» emprendieron de inmediato una campaña contra las dos ideas fundamentales de todo el plan organizativo de *Iskra* (y por consiguiente, de todos los estatutos): contra el centralismo y contra los «dos centros». El camarada Líber calificó mis estatutos de «desconfianza organizada», viendo descentralización en los dos centros (al igual que los camaradas Popov y Egórov). El camarada Akímov expresó el deseo de que la esfera de competencia de los comités locales se definiera de manera más amplia, en particular concediéndoles a ellos mismos «el derecho a modificar su composición». «Es necesario concederles mayor libertad de actividad... Los comités locales deben ser elegidos por los militantes activos de la localidad respectiva, del mismo modo que el Comité Central es elegido por los representantes de todas las organizaciones activas de Rusia. Y si esto tampoco puede admitirse, que al menos se limite el número de miembros designados por el CC en los comités locales...» (158). El camarada Akímov sugiere, como veis, un argumento contra la «hipertrofia del centralismo», pero el camarada Mártov permanece sordo a estas autorizadas indicaciones, mientras la derrota en la cuestión de la composición de los centros no lo empuja a seguir a Akímov. ¡Permanece sordo incluso cuando el camarada Akímov le sugiere la «idea» de sus propios estatutos (§ 7: ¡limitación de los derechos del CC para introducir miembros en los comités)! Por aquel entonces, el camarada Mártov no quería una «disonancia» con nosotros y por eso soportaba la disonancia con Akímov, y consigo mismo... En aquel entonces, contra el «centralismo monstruoso» solo batallaban aquellos a quienes el centralismo de *Iskra* perjudicaba manifiestamente: batallaban Akímov, Líber, Goldblat, y detrás de ellos marchaban, con cautela y circunspección (de manera que siempre se pudiera volver atrás), Egórov (véanse págs. 156 y 276), etc. En aquel entonces estaba claro para la inmensa mayoría del partido que eran precisamente los intereses parroquiales, de círculo, del Bund, de *Yuzhny Rabochi*, etc., los que suscitaban la protesta contra el centralismo. Aunque, por lo demás, también ahora está claro para la mayoría del partido que son precisamente los intereses de círculo de la vieja redacción de *Iskra* los que provocan su protesta contra el centralismo...

Tomemos, por ejemplo, el discurso del camarada Goldblat (160-161). Arremete contra mi centralismo «monstruoso», que conduce supuestamente a la «aniquilación» de las organizaciones inferiores, «penetrado por entero del afán de conceder al centro un poder ilimitado, el derecho a una intervención ilimitada en todo», que otorga a las organizaciones «un solo derecho: obedecer sin murmurar lo que sea ordenado desde arriba», etc. «El centro creado por el proyecto se encontrará en un espacio vacío, a su alrededor no habrá periferia alguna, sino una especie de masa amorfa en la que se moverán sus agentes ejecutivos». Esto es exactamente la misma falsa fraseología con que, tras su derrota en el congreso, empezaron a obsequiarnos los Mártov y los Axelrod. Se reían del Bund, que, combatiendo contra nuestro centralismo, en su propia casa concede a su centro derechos ilimitados aún más claramente definidos (aunque solo sea, por ejemplo, los de admisión y expulsión de miembros, e incluso de no admisión de delegados a los congresos). También se reirán, cuando se analice la cuestión, de los lamentos de la minoría, que grita contra el centralismo y contra los estatutos cuando está en minoría, y de inmediato se apoya en los estatutos cuando se ha colado en la mayoría.

En la cuestión de los dos centros, la agrupación también se manifestó con claridad: contra todos los iskristas se alzan tanto Líber como Akímov (este último fue el primero en entonar la canción, hoy tan querida por Axelrod y Mártov, sobre la preponderancia del Consejo del Órgano Central sobre el CC), como Popov y Egórov. De las ideas organizativas que siempre había desarrollado la vieja *Iskra* (¡y que de palabra habían aprobado los camaradas Popov y Egórov!), el plan de los dos centros se derivaba por sí mismo. Con los planes de *Yuzhny Rabochi*, con los planes de crear un órgano popular paralelo y convertirlo en el órgano prácticamente predominante, chocaba la política de la vieja *Iskra*. Ahí radica la raíz de esa contradicción, extraña a primera vista, de que por un centro único, es decir, por un centralismo supuestamente mayor, se pronuncien todos los antiiskristas y todo el pantano. Por supuesto, había (sobre todo entre el pantano) delegados que apenas si comprendían con claridad adónde conducirían y debían conducir, por la fuerza de las cosas, los planes organizativos de *Yuzhny Rabochi*, pero su misma naturaleza indecisa e insegura los empujaba al lado de los antiiskristas.

Entre los discursos de los iskristas durante estos debates (previos a la escisión de los iskristas) sobre los estatutos, destacan notablemente los de los camaradas Mártov («adhesión» a mis ideas organizativas) y Trotski. Este último respondió a los camaradas Akímov y Líber de tal modo que cada palabra de su respuesta pone de manifiesto toda la falsedad de la conducta poseongreso y de las teorías poseongreso de la «minoría». «Los estatutos —decía él (el camarada Akímov)— definen la esfera de competencia del CC de manera insuficientemente precisa. No puedo estar de acuerdo con él. Al contrario, esta definición es precisa y significa que, en la medida en que el partido es un todo, es necesario asegurar su control sobre los comités locales. El camarada Líber dijo que los estatutos son, usando mi expresión, “desconfianza organizada”. Esto es cierto. Pero yo empleé esa expresión en relación con los estatutos propuestos por los representantes del Bund, que representaban la desconfianza organizada de una parte del partido hacia todo el partido. En cambio, nuestros estatutos» (por entonces estos estatutos eran «nuestros», ¡hasta la derrota en la cuestión de la composición de los centros!) «representan la desconfianza organizada del partido hacia todas sus partes, es decir, el control sobre todas las organizaciones locales, regionales, nacionales y demás» (158). Sí, nuestros estatutos están caracterizados aquí correctamente, y nosotros aconsejaríamos recordar con más frecuencia esta caracterización a las personas que ahora, con la conciencia tranquila, aseguran que fue la pérfida mayoría la que inventó e implantó el sistema de «desconfianza organizada» o, lo que es lo mismo, del «estado de sitio». Basta comparar el discurso citado con los discursos en el congreso de la Liga en el Extranjero para obtener una muestra de falta de carácter político, una muestra de cómo cambiaban las opiniones de Mártov y Cía, según se tratara de su propia colectividad de orden inferior o de una ajena.

71.ª página del manuscrito de V. I. Lenin «Un paso adelante, dos pasos atrás». – 1904 (Reducido)