1

A la cuestión de la convocatoria del congreso se puede añadir un poco. El estado terriblemente difícil del partido se ilustra también con el curso de los debates en el Consejo. Ya se ha señalado más de una vez que en el congreso se formaron dos mitades casi iguales, de modo que con la salida de uno de la «mayoría» se obtuvo una igualdad completa. No veo cómo esta igualdad podría conducir a la paz sin un congreso del partido. Nadie duda de que los desórdenes conducen a anormalidades flagrantes. Debe considerarse un hecho indiscutible que existe un estado de ánimo belicoso por ambas partes. Desde el punto de vista de todos estos datos, no se puede imaginar ninguna otra salida honesta y correcta que no sea la convocatoria del congreso. El camarada Mártov señaló las dificultades técnicas, financieras, etc., para llevar a cabo mi propuesta sobre la convocatoria del congreso, pero la situación actual de las cosas es mucho peor que todas estas dificultades.

2

No puedo estar de acuerdo con Mártov; él presentó incorrectamente las tareas del congreso. Dice que las divergencias aún no han sido aclaradas entre todos los camaradas, que la convocatoria del congreso detendría el proceso de delimitación y esclarecimiento del conflicto organizativo en la literatura. A mí me parece que precisamente para el libre esclarecimiento de las divergencias de principio es necesario eliminar la crisis, es necesario limpiar la atmósfera de rencillas, y para ello es imprescindible convocar el congreso. No para cortar la lucha, sino para encauzarla en marcos normales, se necesita el III Congreso. Es extraño incluso hablar de que el congreso supuestamente cortará la lucha de principios. Recordaré las palabras dichas en el II Congreso por el presidente, cuyo sentido consistía en que incluso nuestro programa está sujeto a un desarrollo y esclarecimiento ulteriores{78}; pero precisamente para que la lucha de principios de las opiniones sea exitosa y fructífera, se necesitan precisamente las condiciones que en este momento no existen. Protesto contra los paralelismos históricos que aquí se aducen y la referencia a «Rabócheie Delo». La diferencia entre la situación actual y la que existía hace tres años consiste en que en aquel tiempo todavía no había un partido único, mientras que ahora ya existe. Precisamente desde el punto de vista de quienes hablan aquí de la mitad escindida, precisamente desde su punto de vista no se puede protestar contra el congreso para eliminar la anormalidad que nosotros no podemos destruir con nuestras propias fuerzas en este momento. Sólo entonces será posible un trabajo positivo y el esclarecimiento de las desavenencias de principios, cuando el III Congreso elimine esta anormalidad y encauce la lucha de opiniones en determinados marcos.

3

El camarada Plejánov expresó claramente un argumento «fuerte», pero incorrecto. Si el III Congreso condujera a una escisión, ello significaría que no hay deseo de someterse a la mayoría, que no hay deseo de trabajar juntos, es decir, de hecho no tenemos partido. Todos reconocieron que el camarada Travinski intentó, no sin resultado, arreglar el conflicto, y de camaradas como Travinski hay muchos, y el congreso será precisamente un encuentro y coloquio de tales camaradas. La lucha encarnizada, la lucha decidida, llena incluso de excesos, no es aún una escisión. Si existe un deseo real de trabajar conjuntamente, debe existir también el deseo de someterse a la voluntad de la mayoría, es decir, al congreso.