¡Estimados camaradas! Quisiera, por vuestro intermedio, responder al camarada Simónov, que estuvo aquí como representante de la Unión Siberiana y antes de marcharse me dejó una carta (yo no estaba entonces en Ginebra) con la exposición de su punto de vista conciliador. Es sobre esta carta, cuyo contenido sin duda conocéis por el camarada Simónov, que quisiera conversar. El punto de vista del camarada Simónov se reduce a esto: por supuesto, ellos (la minoría) son anarquistas y desorganizadores, pero no hay nada que hacer con ellos; es necesaria una «tregua» (Simónov subraya precisamente que, a diferencia de otros conciliadores, él no habla de paz, sino de tregua) para salir de algún modo de esta situación insoportable, para acumular fuerzas para la lucha ulterior contra la minoría. Me fue sumamente instructivo conocer la carta del camarada Simónov, como raro partidario sincero del conciliacionismo. Entre los conciliadores hay tal cúmulo de hipocresía que descansa uno en los razonamientos (aunque incorrectos) de un hombre que dice lo que piensa. Y su razonamiento es absolutamente incorrecto. Él mismo comprende que no es posible conciliarse con la falsedad, la confusión y la trifulca, pero ¿qué sentido tienen las habladurías sobre una tregua? Pues la minoría utilizará esta tregua únicamente para reforzar sus posiciones. La polémica fraccional (cuya suspensión prometió hipócritamente el hipócrita Comité Central en su novísima carta a los comités, carta que probablemente también vosotros habéis recibido) no se ha suspendido, sino que ha adoptado esas formas especialmente repugnantes que condenaba incluso Kautsky, partidario de la minoría. Incluso K. Kautsky declaraba en su carta a «Iskra» que la polémica «encubierta» es peor que cualquier otra, pues el asunto se enreda, las alusiones quedan confusas y las respuestas directas son imposibles. Tomad «Iskra»: en el número 75, en el editorial, cuyo tema está muy lejos de nuestras divergencias, veis incrustada, sin venir a cuento, una diatriba senil y rencorosa contra los consejeros Ivanov, los ignorantes redomados, etc., etc. Desde el punto de vista de nuestros tránsfugas del Comité Central, ¡eso no debe ser polémica fraccional! Ya no digo nada sobre el fondo de los argumentos del autor del editorial (al parecer, Plejánov): Marx era blando con los proudhonianos. ¿Puede concebirse una utilización más falsa de los hechos históricos y de los grandes nombres históricos? ¿Qué habría dicho Marx si con la consigna de la blandura se hubiese encubierto la confusión entre marxismo y proudhonismo? (¿Acaso no se dedica con todas sus fuerzas la nueva «Iskra» a confundir la diferencia entre el rabocheye delo y el iskrismo?). ¿Qué habría dicho Marx si con la blandura se hubiese encubierto el reconocimiento público de la justeza del proudhonismo frente al marxismo? (¿Acaso Plejánov no tergiversa ahora públicamente, fingiendo que reconoce a la minoría como justa en principio?). Pues ya con esta sola comparación Plejánov se delata, delata que la actitud de la mayoría hacia la minoría equivale a la actitud del marxismo hacia el proudhonismo, a esa misma actitud del ala revolucionaria frente al ala oportunista que figura en el inolvidable artículo «Lo que no hay que hacer». Tomad las decisiones del Consejo del partido (núm. 73 y el suplemento a los núms. 73-74), y veréis que la liquidación de la organización secreta de la minoría, proclamada en la mencionada carta del Comité Central a los comités, no significa otra cosa que el paso de tres miembros del Comité Central a la organización secreta de la minoría. En este sentido, la organización secreta desapareció realmente... porque la organización secreta (de lucha contra el partido) han pasado a ser ahora las tres nuestras llamadas instituciones centrales: no sólo el Órgano Central y el Consejo, sino también el Comité Central. En nombre de la lucha («de principios») contra el formalismo y el burocratismo, ellos declaran ahora la guerra a los «marbetes», tachando de no partidaria a la editorial de la mayoría. Falsifican el congreso, contando los votos de manera fraudulenta (16 + 4 = 61, ¡porque en la suma de 61 figuran cinco miembros del Consejo, y en la mitad de las organizaciones el Consejo figura como organización con 2 votos!!), ocultando al partido las resoluciones de los comités (se ha ocultado que por el congreso se manifestaron Nizhni, Sarátov, Nikoláyev y el Cáucaso: véanse las últimas resoluciones en nuestro folleto «Al partido» y «La lucha por el congreso»). Introducen la trifulca en el Consejo, tergiversando hasta el infinito el asunto de la representación en el Congreso de Ámsterdam, atreviéndose a publicar sobre el «engaño» del Comité del Norte, cuando este incidente no sólo no ha sido investigado (aunque el Comité Central ya en julio decidió investigarlo), sino que ni siquiera hasta ahora ha sido interrogado el camarada acusado por algún chismoso (este camarada estuvo tres meses, agosto, septiembre y octubre, en el extranjero y vio al miembro del Comité Central Glébov, quien tomó la decisión de investigar ¡y no se tomó la molestia de presentar la acusación al propio acusado!). Alientan la desorganización en nombre del Consejo, azuzando a la «periferia» contra los comités de la mayoría, diciendo una mentira notoria sobre San Petersburgo y Odesa. Condenan como «abuso» la votación de unos mismos camaradas en distintos comités, al mismo tiempo que tres miembros del Consejo, Plejánov, Mártov y Akselrod, votan contra el congreso tres veces: una en la redacción, otra en el Consejo y otra en la Liga. Se atribuyen las atribuciones del congreso, declarando nulos los mandatos. ¿Acaso no es esto una falsificación del congreso? ¿Y acaso con respecto a esta táctica también aconsejaría la tregua el camarada Simónov? Tomad el informe al Congreso de Ámsterdam, recién aparecido en ruso. En nombre del partido, a sabiendas contra su voluntad, habla la minoría, repitiendo de forma encubierta la misma mentira sobre la vieja «Iskra» que siempre predicaron Martínov y Cía. y que ahora sirve el Balaláikin-Trotski. ¿O tal vez también con este Balaláikin (cuyo folleto se ha editado bajo la redacción de «Iskra», según declara directamente la propia «Iskra») quiere la tregua el camarada Simónov? ¿Acaso también aquí cree él en la suspensión de la polémica fraccional prometida por el Comité Central? No, es una opinión indigna de un socialdemócrata y profundamente errónea por su esencia, la de que es admisible una tregua con la hipocresía y la desorganización. Es pusilanimidad pensar que «no hay nada que hacer» con los literatos, aunque sean notables, y que con respecto a ellos sólo queda la táctica formulada por Galiorka («¡Abajo el bonapartismo!») con las palabras: «Maldices y te inclinas». A la conversión de todas las instituciones centrales del partido en una organización secreta de lucha contra el partido, a la falsificación del congreso por el Consejo, la mayoría responde con un nuevo e inevitable paso de cohesión. Despreciando la hipocresía, sale abiertamente con un programa de lucha (véase la resolución de los 22, aprobada por la Unión del Cáucaso, por los comités de San Petersburgo, Riga, Moscú, Odesa, Ekaterinoslav y Nikoláyev. El Órgano Central, por supuesto, ocultó al partido esta resolución, aunque la recibió hace dos meses). Los comités del sur ya han tomado la decisión de cohesionar los comités de la mayoría y crear un Comité de Organización para la lucha contra la befa al partido. No puede caber ninguna duda de que semejante organización de la mayoría será creada, no hoy sino mañana, y saldrá abiertamente. Contrariamente a los mentirosos relatos de los tránsfugas del Comité Central, los partidarios de la mayoría aumentan en número en Rusia, y las jóvenes fuerzas literarias, apartadas de la confusa e hipócrita «Iskra», empiezan a confluir desde distintas direcciones hacia la recién iniciada editorial de la mayoría (la editorial de Bonch-Bruévich y Lenin en el extranjero) con el objetivo de brindarle el más diverso apoyo, de transformarla, ampliarla y desarrollarla.

No, en vano se ha desanimado el camarada Simónov. En vano se ha apresurado a decidir: aunque es asqueroso, no hay nada que hacer. ¡Sí hay qué hacer! Cuanto más groseramente se mofan del congreso (Balaláikin-Trotski, escribiendo bajo la redacción de «Iskra», ya ha declarado que el congreso fue un intento reaccionario de afianzar los planes iskristas. Riazánov fue más sincero y más honesto cuando llamó al congreso un acarreo), cuanto más groseramente se mofan del partido y de los militantes en Rusia, tanto más implacable se vuelve la réplica que reciben, tanto más se cohesionan la mayoría, uniendo a toda la gente de principios, apartándose de la antinatural y podrida ya en su esencia unión política de Plejánov, Martínov y Trotski. Justamente esa unión vemos ahora en la nueva «Iskra» y en el número 5 de «Zariá» (ha salido una separata del artículo de Martínov). Y quien mire un poco más allá de sus narices, quien no se aferre a la política de intereses momentáneos y coaliciones por una hora, comprenderá que esa unión, que sólo engendra confusión y trifulca, está condenada a muerte, y que los partidarios de la orientación de la vieja «Iskra», los hombres que saben distinguir esa orientación del círculo, aunque sea de notables extranjeros, esos hombres deben ser y serán los sepultureros de esa unión.

Me alegraría mucho, camaradas, si me comunicarais la recepción de esta carta, así como si habéis logrado transmitirla al camarada Simónov.

Con un saludo de camarada

N. Lenin

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Primera publicación en 1930 en la Recopilación Leninista XV.

Se publica según el manuscrito.