Aunque un servicio en la necesidad nos es caro,
Mas no cualquiera sabe emprenderlo,
no quiera Dios con Struve enredarse,
¡el servicial Struve es más peligroso que un enemigo!

En el último número (núm. 57) de «Osvobozhdenie» del señor Struve se han impreso las siguientes instructivas líneas:

«Situándose formalmente, desde el punto de vista de la lealtad partidista, en una posición más sólida, los “bolcheviques” ceden a sus adversarios en lo esencial. En lo esencial, estos últimos defienden ahora algo más vital y capaz de acción que los “bolcheviques”. Lamentablemente, esa defensa no se lleva de manera del todo correcta o, mejor dicho, de manera totalmente incorrecta, llegando a menudo a una manifiesta indecencia en la elección de los medios. Como ejemplo de esa defensa incorrecta pueden servir los innumerables artículos aparecidos últimamente en “Iskra” y el folleto publicado días atrás por N. Trotski: Nuestras tareas políticas. (Cuestiones tácticas y de organización.) Ginebra, 1904. 107 págs. Precio 75 céntimos. Aunque en muchos pasajes se distingue por su vacua palabrería, sin embargo, defiende con toda razón algunas ideas con las que los interesados en la literatura socialdemócrata ya están familiarizados por los escritos de los señores Akímov, Martínov, Krichevski y otros llamados “economistas”. Sólo es lástima que en algunos pasajes el autor lleve hasta la caricatura la concepción de estos últimos».

¡Cuánta malevolencia hay aquí a causa de las desgracias de nuestro partido! Pero el liberal, por su naturaleza política, no puede dejar de regocijarse ante el debilitamiento y la descomposición de la socialdemocracia.

¡Cuánta simpatía profundamente meditada y sentida hacia la esencia de las concepciones akinovianas de la minoría! Pero, en efecto, ¿acaso la única esperanza de vitalidad, de vitalidad ideológica del liberalismo ruso no reside en la vitalidad del oportunismo socialdemócrata?

No tiene suerte la nueva «Iskra» con sus partidarios.

Recuerden el famoso, notable, que hizo época, «Lo que no se debe hacer» de Plejánov. Cuán sutilmente estaba concebida esta política de astucia y concesiones personales, y con qué torpeza cayó en el lazo nuestro diplomático. Con cuánta justeza captó el señor Struve, oportunista consecuente, el «viraje significativo» de la nueva «Iskra». El «abismo» entre la vieja y la nueva «Iskra» lo reconocen ahora los propios dirigentes de esta última.

Recuerden la narcisista afirmación de Plejánov en el núm. 65 de «Iskra» de que «Akímov no asusta a nadie, con él no se espanta ahora ni siquiera a los gorriones del huerto». Plejánov decía estas palabras (que no revelan precisamente blandura ni condescendencia hacia los partidarios de «Rabócheie Dielo»), declarando al mismo tiempo que en nuestro congreso del partido «sólo algún que otro Akímov habló contra el marxismo ortodoxo». Y he aquí que inmediatamente después de esas narcisistas declaraciones se imprime íntegra la hoja del Comité de Vorónezh (solidario, como todos saben, con los camaradas Akímov y Brúker), resultando que la redacción de la nueva «Iskra» ocultó al público (núm. 61) toda la parte de principios de la hoja, toda expresión de simpatía hacia la nueva «Iskra». ¿Quién resultó parecerse a un gorrión? ¿Qué institución del partido puede compararse ahora a un huerto?

«No se puede estar de acuerdo con esta opinión. Sobre las concepciones programáticas del camarada Akímov yace el sello evidente del oportunismo, lo que reconoce también el crítico de “Osvobozhdenie” en uno de sus últimos números, señalando que el camarada Akímov se adhiere a la corriente “realista” – léase: revisionista».

¿Verdad que es gracioso? En las concepciones programáticas del cam. Akímov (con el cual votaron juntos, en las discusiones sobre el programa, casi siempre los cams. Martínov, Brúker y los bundistas, y muy a menudo también los delegados del pantano) hay oportunismo. ¿Y en sus concepciones tácticas y de organización no hay oportunismo, es así, señores? ¿No será que callan sobre estas últimas concepciones porque la nueva «Iskra» ha sacado a relucir con bombo las nuevas divergencias de organización y ha dicho precisamente, y sólo, lo que ya antes habían dicho contra la vieja «Iskra» Martínov y Akímov? ¿No será porque también las nuevas divergencias tácticas que la novísima «Iskra» está promoviendo en los últimos tiempos se reducen por completo a repetir lo que hace tiempo dijeron contra la vieja «Iskra» Martínov y Akímov? ¡Qué útil sería reeditar ahora el núm. 10 de «Rabócheie Dielo»!

¿Y a quién cita la propia redacción de la nueva «Iskra» como juez y testigo contra el cam. Akímov? ¡Al señor Struve! Buen juez es éste, realmente un especialista, entendido, campeón y experto en cuestiones de oportunismo. Tanto más significativa es la apreciación de este testigo, llamado por la propia redacción, sobre el contenido de las concepciones de Trotski. Y no olviden que el folleto de Trotski ha salido, no lo olviden, bajo la redacción de «Iskra» (núm. 72, pág. 10, col. 3). Las «nuevas» concepciones de Trotski son las concepciones de la redacción, aprobadas por Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Starover y Mártov.

Vacua palabrería y akimovismo (lamentablemente, este último en forma caricaturesca): tal es el veredicto del juez que simpatiza con la nueva «Iskra» y a quien ésta misma ha convocado.

El servicial liberal, esta vez, ha dicho sin querer la pura verdad.

Escrito en octubre de 1904.

Publicado en noviembre de 1904 en Ginebra como hoja suelta.

Se imprime según el texto de la hoja.