Ginebra, 30 de octubre de 1904.

Al Comité Siberiano, de N. Lenin

Estimados camaradas: Quisiera, por vuestro intermedio, responder al camarada Simónov, que estuvo aquí como representante de la Unión Siberiana y antes de partir me dejó una carta (yo no me encontraba entonces en Ginebra) en la que exponía su punto de vista conciliador. De esa carta, cuyo contenido seguramente conocéis por el camarada Simónov, es de lo que quisiera conversar. El punto de vista del camarada Simónov se reduce a esto: por supuesto, ellos (la minoría) son anarquistas y desorganizadores, pero no hay nada que hacer con ellos; es necesaria una «tregua» (Simónov subraya precisamente que él, a diferencia de otros conciliadores, no habla de paz, sino de tregua) para salir de algún modo de la situación insoportable, para fortalecerse con vistas a la lucha ulterior contra la minoría.

Me ha resultado sumamente instructivo conocer la carta del camarada Simónov, como raro partidario sincero del conciliacionismo. Entre los conciliadores hay tal cúmulo de hipocresía, que se descansa uno en los razonamientos (aunque incorrectos) de un hombre que dice lo que piensa. Y su razonamiento es indudablemente incorrecto. Él mismo comprende que no se puede conciliar con la falsedad, la confusión y las camorras, pero ¿qué sentido tienen entonces las habladurías sobre una tregua? Pues la minoría utiliza esta tregua únicamente para fortalecer sus posiciones. La polémica faccional (cuyo cese prometió hipócritamente el hipócrita Comité Central en su reciente carta a los comités, carta que probablemente ya habrán recibido ustedes) no ha cesado, sino que ha adoptado esas formas especialmente repugnantes que incluso Kautski, partidario de la minoría, condenaba. Hasta K. Kautski afirmaba en su carta a «Iskra» que la polémica «encubierta» es peor que cualquier otra, pues el problema se embrolla, las insinuaciones quedan oscuras y las respuestas directas son imposibles. Y tomad «Iskra»: en el número 75, en el editorial cuyo tema está muy lejos de nuestras divergencias, veis intercalada, sin venir a cuento, una invectiva senilmente encolerizada contra los consejeros Ivanov, ignorantes de remate, etc., etc. ¡Desde el punto de vista de nuestros tránsfugas del Comité Central eso, al parecer, no es polémica faccional! Ya no hablo del fondo de los argumentos del autor del editorial (probablemente Plejánov): Marx fue tolerante con los proudhonistas. ¿Cabe imaginar un empleo más falso de los hechos históricos y de los grandes nombres históricos? ¿Qué habría dicho Marx si se hubiera encubierto con la consigna de la tolerancia la confusión de la diferencia entre el marxismo y el proudhonismo? (¿acaso la nueva «Iskra» no se dedica por entero a confundir la diferencia entre el economicismo y el iskrismo?). ¿Qué habría dicho Marx si con la tolerancia se hubiera encubierto el reconocimiento impreso de la justeza del proudhonismo por encima del marxismo? (¿acaso no está Plejánov recurriendo ahora a argucias impresas, fingiendo reconocer que la minoría tiene razón en principio?). Ya con esta sola comparación, Plejánov se traiciona a sí mismo, traiciona el hecho de que la actitud de la mayoría hacia la minoría equivale a la actitud del marxismo hacia el proudhonismo, esa misma actitud del ala revolucionaria y del ala oportunista que figura también en el inolvidable artículo «¿Qué no hacer?». Tomad las decisiones del Consejo del Partido (núm. 73 y suplemento a los núms. 73-74) y veréis que el cese de la organización secreta de la minoría, proclamado en la mencionada carta del CC a los comités, no significa otra cosa que el paso de tres miembros del CC a la organización secreta de la minoría. En este sentido, la organización secreta realmente ha desaparecido... pues los tres de nuestros así llamados organismos centrales se han convertido ahora en una organización secreta (de lucha contra el partido): no solo el Órgano Central y el Consejo, sino también el Comité Central. En nombre de la lucha («de principios») contra el formalismo y el burocratismo, declaran ahora la guerra a los «títulos», declarando apartidista la editorial de la mayoría. Falsifican el congreso, contando los votos fraudulentamente (16 × 4 = 61, ¡porque en la suma 61 figuran cinco miembros del Consejo, y en la mitad de las organizaciones el Consejo figura como una organización con 2 votos!!), ocultando al partido las resoluciones de los comités (se ha ocultado que estaban a favor del congreso Nizhni, Sarátov, Nikoláyev y el Cáucaso: véanse las últimas resoluciones en nuestro folleto «¡Al Partido!» y «La lucha por el congreso»). Introducen la camorra en el Consejo, tergiversando hasta el infinito el asunto de la representación en el Congreso de Ámsterdam, atreviéndose a publicar que hubo «engaño» por parte del Comité del Norte, cuando este incidente no solo no ha sido investigado (aunque el CC ya en julio acordó investigarlo), ¡sino que hasta la fecha ni siquiera se ha interrogado al camarada acusado por algún chismoso (este camarada estuvo tres meses, agosto, septiembre y octubre, en el extranjero y vio al miembro del CC Glébov, quien adoptó la decisión de investigar y no se tomó la molestia de presentar la acusación al propio acusado!!). Alientan la desorganización en nombre del Consejo, azuzando a la «periferia» contra los comités de la mayoría, diciendo mentiras a sabiendas sobre Piter y Odesa. Condenan como «abuso» el voto de unos mismos camaradas en diferentes comités, ¡mientras que al mismo tiempo tres miembros del Consejo, Plejánov, Mártov y Axelrod, votan contra el congreso tres veces: una en la redacción, otra en el Consejo y otra en la Liga! Se arrogan las atribuciones del congreso, declarando inválidos los mandatos. ¿Acaso no es esto falsificar el congreso? ¿Y de verdad que también con respecto a esta táctica aconsejaría una tregua el camarada Simónov??

Tomad el informe al Congreso de Ámsterdam que acaba de aparecer en ruso. En nombre del partido y a sabiendas contra su voluntad, habla la minoría, repitiendo en forma encubierta la misma mentira acerca de la vieja «Iskra» que siempre predicó Martýnov y Cª y que ahora presenta Balalaikin-Trotski. ¿O acaso también con este Balalaikin (cuyo folleto ha sido editado bajo la redacción de «Iskra», como se declara abiertamente en «Iskra») quiere una tregua el camarada Simónov? ¿Quizás también en esto cree en el cese de la polémica faccional prometido por el CC??

No, es una opinión indigna de un socialdemócrata y profundamente errónea en esencia, eso de que sea admisible una tregua con la hipocresía y la desorganización. Es pusilanimidad pensar que «no hay nada que hacer» con los literatos, por muy eminentes que sean, que respecto a ellos solo cabe la táctica formulada por Galerka («¡Abajo el bonapartismo!») con las palabras: «Maldecir e inclinarse». A la conversión de todos los organismos centrales del partido en una organización secreta de lucha contra el partido, a la falsificación del congreso por el Consejo, la mayoría responde con el paso ulterior e inevitable de su cohesión. Despreciando la hipocresía, actúa abiertamente con un programa de lucha (véase la resolución de los 22, aprobada por la Unión del Cáucaso, los comités de San Petersburgo, Riga, Moscú, Odesa, Yekaterinoslav y Nikoláyev. El Órgano Central, por supuesto, ha ocultado al partido esta resolución, aunque la recibió hace dos meses). Los comités del sur ya han adoptado la decisión de cohesionar a los comités de la mayoría y crear un Comité de Organización para luchar contra los ultrajes al partido. No puede caber la menor duda de que semejante organización de la mayoría será creada de un momento a otro y actuará abiertamente. Contra las mendaces consejas de los tránsfugas del CC, los partidarios de la mayoría aumentan en número en Rusia, y las jóvenes fuerzas literarias, que se han apartado de la confusa e hipócrita «Iskra», comienzan de diversos lados a gravitar hacia la editorial de la mayoría (editorial de Bónch-Bruiévich y Lenin en el extranjero) apenas iniciada, con miras al apoyo más variado de esta, su transformación, ampliación y desarrollo.

No, en vano se ha desanimado el camarada Simónov. En vano se ha apresurado a decidir: aunque es repugnante, pero no hay nada que hacer. ¡Sí hay! Cuanto más groseramente se burlen del congreso (Balalaikin-Trotski, escribiendo bajo la redacción de «Iskra», ha declarado ya que el congreso es un intento reaccionario de afianzar los planes iskristas. Riazánov fue más sincero y más honesto cuando llamó al congreso un acarreo), tanto más implacable se vuelve la réplica que encuentran, tanto más estrechamente se cohesiona la mayoría, uniendo a toda la gente de principios, apartándose de la antinatural y ya podrida en su esencia alianza política de Plejánov, Martýnov y Trotski. Precisamente tal alianza vemos ahora en la nueva «Iskra» y en el número 5 de «Zariá» (ha aparecido la separata del artículo de Martýnov). Y quien mire aunque sea un poco más allá de sus narices, quien no se aferre a la política de los intereses del momento y de las coaliciones de ocasión, comprenderá que esta alianza, que solo engendra confusión y camorra, está condenada a muerte y que los partidarios de la orientación de la vieja «Iskra», las personas que saben distinguir esta orientación del círculo de, aunque sean, eminentes extranjeros, esas personas deben ser y serán los sepultureros de esta alianza.

Me alegraría mucho, camaradas, si me comunicarais la recepción de esta carta, así como si habéis logrado hacérsela llegar al camarada Simónov.

Con saludo camaraderil, N. Lenin

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Publicado por primera vez en 1930 en la Recopilación Leninista XV. Se publica según el manuscrito.