¡Estimado camarada!

Usted repite de nuevo que el deseo de que yo entre a formar parte de la redacción del Órgano Central fue expresado por el «Comité Central». A mi vez, yo debo repetir que esto, por lo menos, es inexacto. Cuando usted me comunicó formalmente que la conocida declaración del CC había sido adoptada por unanimidad por todos los miembros del CC, con excepción de uno, yo le respondí inmediatamente (ya el 18 de agosto de 1904) que eso no era verdad. La declaración fue firmada por tres miembros del CC, de los nueve que lo componían hasta hace poco, y estos tres, de manera totalmente ilegal, declararon que la camarada Ósipova no era ya miembro del CC, siendo así que ella, por escrito, me manifestó que se considera como antes miembro del CC. Era ilegal declarar cesante por dimisión a una camarada, sin haberse antes explicado con ella. Los dos argumentos con que usted y sus dos colegas defendían esta arbitrariedad son de una evidente inconsistencia. Usted argüía que la camarada Ósipova había manifestado formalmente su dimisión en la reunión ordinaria anterior del CC. Esto es falso, pues a fines de mayo (es decir, meses después de dicha reunión, celebrada en febrero o marzo) nosotros considerábamos aún que el CC constaba de 9 miembros, lo cual está testimoniado por el convenio del 26 de mayo de 1904, firmado por tres miembros del CC, y por la carta aneja a ese convenio[7]. Usted argüía que la camarada Ósipova, después de la mencionada reunión del CC, ingresó en un comité local, cosa que un miembro del CC no tendría derecho a hacer. A esto, la camarada Ósipova me había respondido por escrito ya antes que se había trasladado a la localidad señalada para participar en el trabajo local precisamente a propuesta de aquellos miembros del CC que ahora la declaraban cesante, y que trabajó no en calidad de miembro formal del comité. Además, aun en el caso de que realmente hubiera existido el ingreso irregular, no permitido por los estatutos, de un miembro del CC en un comité local, de ello en modo alguno se desprende que la corrección de esa irregularidad exigiese forzosamente la salida del CC y no la salida del comité local. Por último, usted mismo hubo de reconocer en carta dirigida a mí que a la reunión de los tres miembros del CC se le dio cuenta de que la cuestión de la dimisión de la camarada Ósipova era discutible. La resolución de esta cuestión discutible por tres miembros del CC en ausencia de Ósipova, e incluso sin escuchar su opinión, fue una arbitrariedad manifiesta e indignante. Por supuesto, los tres miembros del CC podían contar con que el Consejo del Partido, en manos de la redacción, se pondría de su parte; por supuesto, los tres miembros del CC podían apoyarse en el pacto, formalmente concertado por ellos o tácitamente reconocido, con los partidarios de la minoría en el Consejo. Pero una circunstancia semejante no eliminaría la arbitrariedad, sino que, por el contrario, la agravaría con elementos de deshonestidad política. De manera igualmente ilegal fue la aceptación, por parte de los 3 miembros del CC, de la dimisión del camarada Travinski, de la cual no fueron informados antes de la reunión todos los miembros del CC. Usted ni siquiera ahora ha podido darme datos precisos de a quién y cuándo fue presentada esa dimisión. Usted se limitó a una respuesta que parece una burla: «pregunte al colegio ruso», ¡al cual «colegio» (¡siempre el mismo colegio de los tres!) usted acababa de llegar y con el cual colegio yo no tengo medio de comunicarme más que a través de usted!

Así, pues, yo pongo en duda la legalidad de la composición del CC y de su última reunión (en la que fue aprobada la «declaración»). Por lo tanto, tendría pleno derecho a dejar sin respuesta su propuesta de que yo ingrese en la redacción del Órgano Central. Pero considero esta propuesta como si procediese no del CC, sino de tres miembros del partido, y estimo mi deber contestar a ella de manera motivada, tanto más cuanto que usted alude al deseo de la redacción del OC, expresado a usted por escrito, de verme figurar entre los redactores.

Usted piensa que mi ingreso en la redacción del OC «aseguraría casi la paz completa en el partido, que tanto deseo yo». ¡Ese «casi» suyo es muy característico! Sí, yo deseo la paz en el partido, yo propuse la paz impresa en diciembre de 1903 en mi «Carta a la redacción de I<skra>» ("¿Por qué salí de la redacción?")[8]. Propuse la paz otra vez oficialmente en el Consejo del Partido en enero de 1904[9]. La paz no fue aceptada en las condiciones que yo ponía entonces en nombre de la mayoría. Haré notar que, en contra de la moda actual de hablar de «paz» con frases hipócritas, entendiendo por paz la concesión completa a la minoría, el completo ignorar a la mayoría y el completo olvido del congreso, yo indiqué de modo absolutamente concreto en el Consejo qué entendía por paz en el partido. Declaré directamente, junto con mi colega de entonces del CC en el Consejo, que por paz entiendo la depuración de la lucha ideológica de los ajustes de cuentas localistas, de las rencillas y de los procedimientos deshonestos de lucha. Que el OC quede en manos de la minoría, el CC en manos de la mayoría, proponía yo entonces, llamemos a todos a cesar todo boicot, toda rencilla localista y de cooptación, y discutamos como camaradas nuestras discrepancias y las causas de nuestra escisión en el congreso, acostumbremos al partido a examinar de modo honesto y digno sus disputas internas. Mi llamamiento fue objeto de burla por parte de Plejánov y Mártov. No me extraña que ellos adoptaran el vergonzoso acuerdo de no publicar los protocolos del Consejo (en contra de las exigencias de la minoría en el Consejo, precisamente de ambos representantes del CC) y que a este acuerdo se adhirieran ahora (a escondidas) los tres miembros del CC. Quien prepara una paz hipócrita, valiéndose de las casualidades inevitables en la vida de los revolucionarios rusos y expulsando del CC a los disconformes[10], no puede menos que tender a ocultar a los miembros del partido la tentativa de concertar oportunamente una paz honesta. Por suerte, tengo fundamentos para pensar que esta lamentable artimaña, encaminada a engañar al partido, no tendrá éxito y que los protocolos del Consejo, a fin de cuentas, verán la luz.

Después que la redacción, que se había apoderado del Consejo, rechazó con risas mi propuesta de paz, yo declaré entonces mismo que el único camino honesto lo consideraba el congreso. La táctica de la minoría (y de Plejánov también) – mantener en sus manos la redacción del OC y el Consejo, representar de palabra en esas instituciones centrales los intereses de todo el partido en su conjunto y, al mismo tiempo, conquistar de hecho, al margen del congreso, la reorganización del CC en interés de la minoría; esta táctica no la puedo considerar una lucha honesta. Jamás he entrado ni considero posible entrar en ningún tipo de componendas con los partidarios de semejante táctica. Además, desde enero se puso totalmente en claro la fisonomía de la nueva «Iskra», ese órgano central de chismes y rencillas, de confusión en los razonamientos y de coqueteo con los oportunistas, de ajuste de cuentas personales y de rebuscamiento de discrepancias. Que la nueva «Iskra» es un órgano de círculo, un órgano de una nueva «tendencia», ahora lo ven todos, e incluso la misma redacción, que al principio se proponía defender la «continuidad», y en la actualidad sistemáticamente cubre de lodo a la vieja «Iskra». Cabe preguntar: ¿en qué sentido se puede hablar ahora de paz? Si se entiende por ella la depuración de la lucha ideológica de la rencilla de cooptación, yo aún ahora estoy completamente dispuesto a aceptar la paz y a renovar mi propuesta hecha en el Consejo. Pero si se entiende por paz el cesamiento de la lucha ideológica, la reconciliación con la tendencia o, mejor dicho, con la fisonomía carente de toda tendencia de la nueva «Iskra», entonces semejante «paz» sólo la pueden ofrecer personas sin principios, o hipócritas, o que consideran los órganos del partido como simple papel impreso (*Druckerschwärze* – tinta de imprenta, como calificó uno de los «conciliadores» la literatura de la nueva «Iskra»). Si los redactores de la nueva «Iskra», que han reducido casi toda su posición «de principios» a ataques personales contra mí, a la persecución de lo que ellos llamaron «leninismo» y al rebuscamiento de discrepancias conmigo, expresan ahora el deseo de verme en la redacción, ellos mismos reconocen con ello que no toman en serio sus escritos, que toda la polémica la inventaron sólo «para la cooptación» y que están dispuestos a abandonar todos sus nuevos «principios» una vez lograda exitosamente la cooptación. Por lo que a mí respecta, rechazo como indigna hasta la suposición de la posibilidad de que la mayoría renuncie a la lucha partidista por su posición, a la lucha por una tendencia firme, a la lucha contra el espíritu de círculo. Sostener esta lucha lo considero mi derecho y mi deber inalienables, junto con los partidarios de principio de la mayoría, cuyo número crece en Rusia. Sostener esta lucha debe hacerse, en mi opinión, abiertamente, pues 9/10 de la historia del conflicto han sido ya llevados a la luz pública, y todo el que siga ocultándola de la vista de la sociedad sería un modo mezquino y absurdo de prolongar la crisis.

Usted escribe que mi ingreso en la actual redacción de «Iskra» es «indudablemente deseado también por muchos comités». Con pesar constato que también esta vez dice usted una mentira a sabiendas. Ni un solo comité ha expresado aún, en las presentes condiciones de lucha, tal deseo. Sólo lo ha expresado el círculo de redactores del OC y tres miembros del CC, que ven el colmo de la sabiduría política en denostar, con la minoría, a la mayoría, y con la mayoría, a la minoría. Yo me permito pensar que debo tener en cuenta no la voluntad de unos u otros politiqueros, sino la voluntad de todo el partido, que ha establecido para sí mismo también el modo de expresión formal de esta voluntad: el congreso. Me permito pensar que un dirigente que adoptó una línea determinada en el congreso y condujo a una parte del partido por esa línea, pierde todo derecho al respeto, e incluso a una actitud seria hacia sus palabras, si se pasa al lado de sus adversarios.

Su referencia a «muchos comités» es sumamente instructiva y significativa, a pesar de su… falta de correspondencia con la verdad. Esta referencia testimonia un pedacito de conciencia partidista, la existencia de un cierto reconocimiento de que las instituciones oficiales designadas por el partido deben tener en cuenta la voluntad de este partido al emprender sus reajustes de la composición y la tendencia de los centros. Si esta conciencia no estuviera en usted ofuscada debido a la posición tan embarullada que usted ha adoptado, entonces usted vería fácilmente que no hay otro modo de conocer realmente el deseo efectivo de muchos comités de verdad, fuera del congreso. Pero si su referencia a «muchos comités» delata un pedacito de conciencia partidista, al mismo tiempo esta referencia evidencia más claro que claro una conciencia intranquila: usted le teme al congreso más que al fuego precisamente porque siente la flagrante contradicción entre su política de aventuras y la voluntad del partido.

Mis consideraciones generales acerca del carácter hipócrita de la conciliación que usted ha emprendido quedan plenamente confirmadas por una serie de hechos adicionales. Los tres miembros del CC se entusiasman ahora con la «altura» del OC, mientras que en marzo esos mismos tres miembros del CC redactaban una declaración lamentando que algunos escritores del partido (la mayoría de la actual redacción del OC) hubieran caído en el oportunismo. Hablando de «paz», esos tres miembros del CC al mismo tiempo disuelven el Buró del Sur (colegio de agentes del CC){16} porque en él trabajaban partidarios de la mayoría que tuvieron la osadía de agitar a favor del congreso. Hablando de conciliación entre las dos partes en lucha, los tres miembros del CC organizan una conferencia con representantes de una sola parte, ignorando a la otra. ¡Qué corrupción se introduce en el partido con estas componendas privadas, que afectan a los intereses vitales de todo el partido y que tan cuidadosamente se le ocultan, a pesar de la ausencia de toda necesidad de secreto conspirativo! ¡Qué masa de desconfianza mutua, de suspicacia introducen en toda la vida del partido estas maniobras a espaldas del partido! Hoy mismo me escribe un camarada desde Rusia acerca de los rumores que corren sobre estas componendas: en la minoría se han formado tres fracciones, se dice en los círculos del partido; una exige ante todo la cooptación de Dan y Trotski al CC y no quiere saber nada más; otra acepta la conferencia; la tercera se contenta con una sola declaración del CC y a esta fracción pertenecen los del «Obrero del Sur» (que con toda razón ven en la creación de un órgano popular nada más que el restablecimiento encubierto del «Obrero del Sur», clausurado por el congreso). Ignoro qué hay de cierto en estos comentarios del partido. Pero que la minoría se compone de grupos heterogéneos, que el camarada Brukér, por ejemplo, probablemente no participa en absoluto en los «ultimátum» de la minoría ni en toda la rencilla de cooptación; que el grupo del «Obrero del Sur» representa un matiz considerablemente peculiar, todo esto son hechos comúnmente conocidos, familiares a todo el que haya estudiado nuestro congreso del partido. ¿Es que no ve usted cuánto hay de humillante en ese regateo de grupos aislados a espaldas del partido? ¿Puede extrañar que la hipocresía de los tres miembros del CC provoque una total desconfianza hacia ellos por parte de la mayoría, que se mantiene al margen de todas esas maniobras? ¿Puede extrañar que la «paz», iniciada con la disolución de los que agitan por el congreso, se considere como el preludio de una falsificación sistemática de la opinión pública del partido?; ¿que la mayoría suponga un pacto entre el CC y el OC (y, por consiguiente, el Consejo) sobre la introducción forzosa de la minoría en los comités, sobre la no publicación de las resoluciones de la mayoría (las resoluciones de Petersburgo y de Ekaterinoslav están retenidas ya desde hace más de un mes), etc., etc.?

Espero que comprenderá usted ahora por qué, en la situación actual del partido, no puede ni hablarse de mi ingreso en la redacción del OC.

Su afirmación de que yo «me abstuve» de votar sobre la cuestión de la cooptación de los tres al CC es una mentira. Protesto enérgicamente contra el reconocimiento de «haberse efectuado las elecciones». Esta es una nueva arbitrariedad. Los tres miembros del CC están obligados a examinar todas mis protestas y sólo después de ello plantear la cuestión de la cooptación. Según los estatutos, la cooptación es por unanimidad; mi consentimiento no fue dado. Por consiguiente, sin presentar el asunto al Consejo no puede ni hablarse de que la cooptación se haya efectuado. La decisión del Consejo (si ustedes presentan ilegalmente allí la cuestión de la cooptación antes de la verificación de la composición del CC por todos los miembros del CC) debe serme comunicada junto con los protocolos del Consejo.

Su pesar por el hecho de que no hayamos podido vernos, no lo puedo compartir. Después de sus maniobras con la camarada Ósipova y de su actitud hacia la palabra dada (convenio del 26 de mayo de 1904), no deseo tener relaciones con usted, salvo las puramente oficiales y exclusivamente por escrito.

Miembro del CC

Publicado con algunas omisiones en 1904 en el folleto: N. Shájov. «La lucha por el congreso». Ginebra

Se publica según el manuscrito