¿Círculo o partido? He ahí la cuestión que nuestro Órgano Central somete a discusión.

Consideramos sumamente oportuno el planteamiento de esta cuestión. Invitamos a la redacción de nuestro Órgano Central a que, ante todo, vuelva la mirada hacia sí misma. ¿Qué es esta redacción? ¿Un círculo de personas que durante tantos años han permanecido juntas sentadas y que ahora se han infiltrado en la redacción mediante el boicot, la desorganización y la amenaza de escisión, o un colegio de funcionarios de nuestro partido?

No intentéis eludir esta cuestión alegando que habéis sido cooptados legalmente, de acuerdo con los estatutos. No dudamos de esa legalidad, pero os invitamos a no limitaros al punto de vista formal y a responder a nuestra pregunta en esencia. Queremos una respuesta no solo jurídica, sino política. Queremos obtener esa respuesta precisamente de vosotros, señores «redactores» no elegidos por el congreso ni designados por el partido, y no del camarada Plejánov, quien tal vez no tuvo otra opción que cooptaros para evitar una escisión.

¿Círculo o colegio de funcionarios del partido?

Si es un círculo, ¿a qué viene esa hipocresía y falsedad con frases sobre un tal partido? ¿Acaso no habéis desgarrado de hecho a ese partido, burlándoos durante semanas y meses de sus organismos y de sus estatutos? ¿Acaso no habéis roto de hecho las decisiones del II Congreso de ese partido, acaso no habéis llevado las cosas a la escisión, negándoos a someteros al Comité Central y al Consejo, acaso no os situáis fuera del partido con discursos sobre que los congresos del partido no son para vosotros una divinidad, es decir, no son obligatorios? ¡Pisoteáis los organismos y las leyes del partido y, al mismo tiempo, os divierte el título de «Órgano Central del partido»!

Pero si sois funcionarios del partido, ¿no tendríais la bondad de explicar a ese partido por qué y en nombre de qué personas no designadas por el congreso se han procurado un puesto en el organismo central del partido? ¿Acaso en nombre de la «continuidad» del viejo círculo familiar de redactores? ¡Y personas que en el congreso de la Liga aprobaron resoluciones sobre esa «continuidad» filistea, pretenden ahora engatusarnos con habladurías sobre el partido! ¿Tenéis acaso derecho a hablar ahora de partido?

Llamáis formalistas a quienes se apoyan en las decisiones formales del II Congreso, porque necesitáis embadurnar y disimular el hecho de que habéis traicionado la confianza de unos camaradas que, todos sin excepción, se hicieron mutuamente, muchísimas veces, la promesa de acatar las decisiones del congreso. No os sometéis a las decisiones formales cuando van contra vosotros, y al mismo tiempo, sin el menor escrúpulo de conciencia, os apoyáis en los derechos formales de la Liga cuando estos derechos os benefician, ¡os apoyáis en las decisiones formales del Consejo del partido cuando habéis conseguido iros, contra la voluntad del partido, a ese organismo supremo del partido!

Llamáis burócratas a quienes ocupan un cargo del partido por voluntad del congreso del partido y no por el capricho de un círculo de literatos en el extranjero. Necesitáis encubrir con esto ese hecho desagradable para vosotros de que precisamente del espíritu del burocratismo, del espíritu del localismo, del espíritu de la caza de puestos, resultaron estar impregnadas las personas que eran absolutamente incapaces de trabajar en el partido fuera de los organismos centrales del partido. Sí, vuestra conducta realmente nos ha mostrado con toda evidencia que nuestro partido está enfermo de burocratismo, que sitúa el puesto por encima del trabajo, que no rehúye el boicot y la desorganización con tal de conquistar un puesto.

Llamáis solución burdamente mecánica a la decisión adoptada por la mayoría de votos del congreso del partido, ¡pero no os parecen burdamente mecánicos y escandalosos esos procedimientos de lucha en las colonias del extranjero y en el congreso de la Liga, que os han proporcionado vuestra vergonzosa victoria sobre nuestra redacción del partido! ¡No percibís el fariseísmo en las aseveraciones sobre el reconocimiento del partido por personas que pugnaban y han conseguido dirigir el Órgano Central del Partido, siendo una minoría del congreso del partido!

¡Y a estos esfuerzos por adornar hipócritamente vuestra conducta indecente y antipartidaria, a esta prédica de anarquía, a estas mofas del congreso del partido, a esta justificación oportunista del filisteísmo y del espíritu de círculo, lo llamáis vuestro nuevo punto de vista organizativo!

¡Camaradas! ¡Quien se considere seriamente miembro del partido, debe alzar una enérgica voz de protesta y poner fin a este ultraje! Quien considere seriamente el trabajo de tres años de «Iskra» y el congreso del partido preparado por ella, que expresó la voluntad de los socialdemócratas rusos realmente convencidos de principios y realmente en activo, no permitirá que el espíritu de círculo del extranjero pisoteé todo lo hecho por ese congreso del partido.

Una de dos.

O no tenemos partido, o sobre nosotros es omnipotente un círculo de literatos y redactores del extranjero, apartado por nuestro congreso; y entonces, ¡abajo esos discursos hipócritas sobre el partido, esos falsos títulos de publicaciones, órganos y organismos «del partido»! No somos socialistas revolucionarios, no necesitamos decorados pintarrajeados. El partido del proletariado exige la verdad. El partido del proletariado exige la denuncia despiadada y franca del inveterado espíritu de círculo. Tengamos el valor de reconocer que no hay partido y emprendamos desde el principio, desde el comienzo mismo, la labor de crear y fortalecer un verdadero partido. No nos turbará la victoria temporal del espíritu de círculo; creemos y sabemos que el proletariado consciente ruso sabrá forjarse un partido de hecho y no un partido de palabra, un partido en forma de organismos verdaderamente partidarios y no en forma de títulos falsos.

O tenemos partido, y entonces ¡abajo todos los intereses de círculo, abajo las reuniones de escandalosos en el extranjero! Entonces, que se aparten inmediatamente de nuestra redacción del partido las personas que no fueron designadas para ese puesto por el congreso del partido. Entonces, que se restablezca la redacción del Órgano Central integrada por los camaradas elegidos por el congreso. Entonces, que en nuestro órgano del partido se difundan los puntos de vista de la mayoría del partido, que nuestro órgano del partido defienda la organización del partido y los organismos del partido, en lugar de pisotearlos en el fango.

¡Abajo el espíritu de círculo y, ante todo, abajo de nuestra redacción del partido!

¡Abajo los desorganizadores!

¡Viva el partido del proletariado, que sabe acatar de hecho las decisiones del congreso del partido, que sabe honrar la disciplina y la organización del partido!

¡Abajo los discursos farisaicos y los títulos falsos!

Escrito entre el 4 y el 10 (17 y 23) de enero de 1904.

Publicado por primera vez en 1929 en la Recopilación de Lenin X.

Se publica según el manuscrito.