2/VII.





Querida María Alexándrovna: Anteayer recibimos la carta de

Maniasha, y ayer la suya. ¡Qué alegría! Lo que falta

ahora es que pongan en libertad en seguida a Ania; los abrazo a todos

fuertemente, queridos míos. Lo peor es que ustedes dos no se

encuentren bien de salud. Tienen que descansar, y sobre todo, respirar aire

puro; al fin y al cabo, Kíev es una ciudad. Pero en el verano no se

está bien en el norte; mamá vive cerca de Petersburgo, en la

dacha de unos amigos, y se queja del frío y la lluvia. Según

parece la dacha de Mark Timoféievich es la que reúne mejores

condiciones para el descanso.





También nosotros descansamos ahora. Hemos dejado nuestra casa y, a

decir verdad, estoy encantada, porque la limpieza y demás quehaceres

domésticos me ocupaban el día entero; y en medio del

trajín que tenemos a menudo, la necesidad de pensar continuamente en

la casa terminó por fastidiarme. Si salía de paseo, me

encontraba luego con que no tenía leche; si me levantaba

después de las siete, debía ir a la ciudad para comprar carne,

y así sucesivamente. Y además en invierno hace mucho

frío. Ahora organizaremos mejor nuestra vida. Por mi parte, para el

otoño pienso dedicar todo mi tiempo al trabajo, y estoy pensando ya en

tomar todas las medidas para evitar el ajetreo que me cansa tanto. Ahora

estamos en Lausana. Salimos de Ginebra hace siete días, y literalmente

dedicamos todo el tiempo al descanso. Dejamos el trabajo y las preocupaciones

en Ginebra; dormimos diez horas diarias, nos bañamos, paseamos.

Volodia echa sólo un vistazo a los periódicos; nos trajimos la

menor cantidad posible de libros, y hasta devolveremos mañana a

Ginebra los que no hemos leído, porque pensamos levantarnos a las

cuatro de la mañana, ponernos la mochila en la espalda e irnos a las

montañas por unas dos semanas ". Iremos a Interlaken y de allí

a Lucerna. Leímos la Baedeker y planeamos todos los detalles de

nuestro viaje. En esta semana nos hemos ?recuperado? bastante e incluso

tenemos un aspecto más sano. Fue un invierno difícil, y tenemos

los nervios tan destrozados, que descansar no es un pecado, a pesar de lo

cual me remuerde la conciencia. Lo malo es que el tiempo no es muy estable

que digamos; no llueve, pero está bastante nublado. Nada más

puedo contarles por ahora de nuestras vacaciones. Volodia y yo hemos hecho un

trato: no hablar de ningún asunto serio; él dice que el trabajo

no es como el oso que se puede escapar al bosque; hemos decidido no hablar y

en lo posible, ni siquiera pensar.





Seguramente esta noche escribiré a Maniasha, y mientras tanto las

abrazo y las beso fuertemente, queridas mías.





Suya, Nadia





Querida mamita: te escribo a toda prisa unas líneas. Muchos saludos

de mi parte a Maniasha y felicitaciones por estar en libertad. Es necesario

que este verano te tomes un descanso. Por favor, vayan a alguna parte en el

campo. Nosotros paseamos y descansamos maravillosamente. Te abrazo

fuertemente.





Tuyo, V. Uliánov





Escrita el 2 de julio de 1904.





Enviada de Lausana a Kíev.