Publicado (parcialmente) en 1904 en el folleto: N. Shájov. *La lucha por el congreso*. Ginebra

Publicado íntegramente por primera vez en 1929 en la *Recopilación Leninista X*

Los proyectos de resolución se publican según los manuscritos; los discursos, según las actas (con correcciones de V. I. Lenin)

**1. Observación sobre el orden del día. 15 (28) de enero**

Lenin pide la palabra sobre el orden del día y, al obtenerla, propone discutir la cuestión de las medidas que podrían contribuir al restablecimiento de la paz en el partido y de las relaciones normales entre los miembros del partido que piensan de manera diferente.

**2. Proyecto de resolución sobre las medidas para restablecer la paz en el partido, presentado el 15 (28) de enero**

El Consejo del Partido, teniendo en cuenta el carácter y las formas de manifestación de la divergencia entre los miembros del partido vinculada al segundo congreso ordinario, considera imperiosamente necesario exhortar enérgicamente a todos los miembros del partido a un trabajo conjunto y amistoso bajo la dirección de ambos organismos centrales del partido: el CO y el CC.

El momento histórico que atraviesa Rusia –el enorme incremento de la efervescencia revolucionaria en el interior del país y las dificultades internacionales que pueden conducir a la guerra– impone deberes particularmente serios al partido del proletariado consciente, que lucha en las primeras filas por la liberación de todo el pueblo del yugo de la autocracia. La necesidad de un trabajo conjunto y amistoso, bajo la dirección de ambos centros del partido, para fortalecer nuestra organización, para desarrollar la conciencia y la cohesión de las masas más amplias posibles de la clase obrera, nunca se ha manifestado tan imperiosamente como en el momento actual.

En un partido que se apoya en un movimiento popular gigantesco, que se plantea como tarea ser el portavoz consciente de este movimiento, rechazando resueltamente todo círculismo y concepciones sectarias estrechas, siempre han existido e inevitablemente se revelarán divergencias sobre las más diversas cuestiones. Pero para ser representantes dignos del proletariado consciente en lucha, participantes dignos del movimiento obrero mundial, los miembros de nuestro partido deben esforzarse con todas sus fuerzas para que ninguna divergencia particular en la comprensión y en los modos de aplicar los principios reconocidos por nuestro programa del partido entorpezca ni pueda entorpecer el trabajo conjunto y amistoso bajo la dirección de nuestros organismos centrales. Cuanto más profunda y ampliamente comprendamos nuestro programa y las tareas del proletariado internacional, cuanto más valoremos la importancia del trabajo positivo para desarrollar la propaganda, la agitación y la organización, cuanto más lejos estemos del sectarismo, del mezquino círculismo y de los ajustes de cuentas localistas, con tanta mayor energía debemos conseguir que las divergencias entre los miembros del partido se discutan con calma y en cuanto al fondo de la cuestión, que estas divergencias no puedan entorpecer nuestro trabajo, no puedan introducir desorganización en nuestra actividad, no puedan frenar el funcionamiento correcto de nuestros organismos centrales.

El Consejo del Partido, como institución suprema del partido, condena resueltamente todo intento desorganizador, provenga de quien provenga, todo apartarse del trabajo, toda negativa al apoyo material a la caja central del partido, todo boicot, que sólo es capaz de reducir la lucha puramente ideológica de opiniones, puntos de vista y matices a métodos de influencia burdamente mecánica, a una especie de riña indigna. El partido está extenuado por las discordias, que se prolongan ya casi medio año, y exige imperiosamente la paz. Ninguna divergencia entre los miembros del partido, ningún descontento con la composición personal de uno u otro centro puede justificar el boicot y métodos de lucha similares, que testimonian precisamente la ausencia de principios e ideología, que testimonian el sacrificio de los intereses del partido a los intereses de círculo, de los intereses del movimiento obrero a los intereses del estrecho localismo. Entre nosotros, por supuesto, y en un gran partido siempre se darán casos en que uno u otro número de miembros esté descontento con determinado matiz de la actividad de uno u otro centro, con determinados rasgos de su orientación, o con su composición personal, etc. Dichos miembros pueden y deben esclarecer las causas y el carácter de su descontento en un intercambio de opiniones camaraderil y en polémicas en las páginas de las publicaciones del partido, pero sería completamente inadmisible e indigno de revolucionarios manifestar su descontento en el boicot o en la negativa a apoyar con todas las fuerzas todo el trabajo positivo unificado y orientado por ambos centros del partido. El apoyo a ambos centros, el trabajo amistoso bajo su dirección directa, es nuestro deber partidario común y directo.

Tales métodos de lucha no ideológicos, burdamente mecánicos, como los señalados más arriba, merecen una condena absoluta, pues son capaces de destruir por completo a todo el partido, cohesionado entera y exclusivamente por la buena voluntad de los revolucionarios. Y el Consejo del Partido recuerda a todos sus miembros que esta buena voluntad ya se expresó con plena claridad en nuestra decisión común, no protestada por nadie, de reconocer como obligatorias para todos los miembros del partido todas las resoluciones del II Congreso y todas las elecciones efectuadas por él. Ya el Comité de Organización, que mereció la gratitud general por su actividad para convocar el congreso, adoptó en el § 18 de los estatutos del II Congreso la siguiente decisión, aprobada por todos los comités del partido:

"Todas las resoluciones del congreso y todas las elecciones efectuadas por él constituyen una decisión del partido, obligatoria para todas las organizaciones del mismo. No pueden ser protestadas por nadie ni bajo ningún pretexto, y sólo pueden ser anuladas o modificadas por el siguiente congreso del partido".

Esta decisión, adoptada por todo el partido antes del congreso y confirmada varias veces en el congreso mismo, equivale a la palabra de honor que se dieron voluntariamente todos los socialdemócratas. ¡Que no olviden, pues, esta palabra de honor! ¡Que dejen a un lado cuanto antes todos los pequeños ajustes de cuentas mutuos, que sitúen de una vez para siempre la lucha ideológica en un marco tal que no conduzca a violaciones de los estatutos, no frene la actividad práctica y el trabajo positivo!

**3. Discursos sobre las medidas para restablecer la paz en el partido. 15 (28) de enero**

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He planteado la cuestión de las medidas para restablecer una paz provechosa y relaciones normales en el partido precisamente porque la suma de malentendidos entre los trabajadores del partido ha alcanzado proporciones amenazadoras. No creo que sea posible un trabajo fructífero del partido si no existe un terreno común en el que puedan apoyarse en su actividad los diversos miembros del partido, llevados por la fuerza de unas u otras circunstancias a malentendidos mutuos. No es un secreto para nadie que la anormalidad de las relaciones entre miembros individuales o partes del partido es tal que ahora sería difícil hablar de un partido obrero socialdemócrata unificado, si no fuera por jugar con las palabras. Puedo, por supuesto, si fuera necesario, presentar pruebas detalladas para confirmar esta tesis (recordemos, por ejemplo, muchos episodios de la correspondencia de trabajo del Comité Central y el Órgano Central{65}), pero, quizás, en vista de lo notorio del hecho que afirmo, sería mejor no recurrir ahora a semejantes ilustraciones espinosas. Así pues, debemos intentar tomar medidas más decisivas para eliminar el mal fundamental. De lo contrario, se produce una situación en la que, a propósito del acto más simple y ordinario del partido, surgirá un intercambio de opiniones en sumo grado indeseable, con una selección sistemática de expresiones muy fuertes y los más selectos... cómo decirlo más suavemente... cumplidos, digamos... Aunque pueda parecer que tengo la pretensión de atentar en cierto modo contra la "libertad de expresión", la cuestión es que tampoco en el terreno de las acciones todo marcha bien. Como miembros del Consejo, cuyo principal cometido es unir dentro del partido aquello que tiene tendencias a la desunión, debemos intentar eliminar las fricciones que obstaculizan la marcha de los trabajos del partido, y con voluntad, esto no sería imposible. Así pues, pregunto si no se podrían tomar algunas medidas contra ciertos métodos de lucha dentro del partido, que rebajan a este último a la condición de grupo desorganizado, que lo convierten en una simple ficción. Quizás el Consejo podría adoptar, en interés de la causa común, una resolución, cuyo proyecto, esbozado por mí, leeré ahora. Considero importante, en sentido de principios, una decisión de este tipo del Consejo que persiguiera el objetivo de eliminar y condenar las formas inadmisibles de lucha entre las distintas unidades o grupos discrepantes entre sí sobre unas u otras cuestiones en el seno del partido. Repito que la situación actual es demasiado anormal y necesita correctivos. (Axelrod: "Todos estamos de acuerdo en esto".) Ruego a los secretarios que incluyan la observación del camarada Axelrod en el acta.

Ahora leeré el proyecto de resolución que propongo[42].

He aquí el proyecto que presento en nombre del Comité Central con la firma de sus dos representantes y que podría servir de motivo no para resolver cuestiones particulares sobre la eliminación de unas u otras discrepancias entre los miembros del partido, sino para crear un terreno común bajo los pies de los socialdemócratas rusos que trabajan en interés de una causa común.

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He comprobado con satisfacción por los discursos de ambos representantes del Órgano Central que, en principio, aprueban la necesidad de medidas decisivas para establecer la unidad efectiva en el partido. Esto ya crea un cierto terreno común entre nosotros. En cuanto a la propuesta del camarada Plejánov, considero necesario decir lo siguiente: el camarada Plejánov me propone que extraiga de mi proyecto de resolución las medidas prácticas más sustanciales, dirigidas a eliminar el mal constatado en la vida del partido, y señala al mismo tiempo que esta resolución tiene carácter de proclama; sí, en efecto, mi propuesta tiene carácter de proclama, pero precisamente está pensada para eso. La idea de esta "proclama" consiste en que el Consejo, en nombre de ambos centros, se pronuncie por la delimitación de las formas de lucha admisibles en el partido de las inadmisibles. Sé que, en general, la lucha en sí es inevitable, pero hay lucha y lucha. Existen métodos de lucha que son completamente anormales e inadmisibles en un partido mínimamente viable. Y el camarada Mártov dijo con razón que, además de la lucha de ideas, existió también lo que él llamó "complicaciones organizativas".

Nosotros, reunidos aquí no para la lucha, sino para eliminar las condiciones anormales en la vida del partido, podemos y debemos influir sobre nuestros otros camaradas con una indicación autorizada sobre los límites de la lucha admisible dentro del partido. Pero no conozco otros medios de influencia que la proclama. Extraer propuestas prácticas aquí no tendría sentido. En cuanto a la declaración de los representantes del Órgano Central de que, al constatar la anormalidad en la vida del partido, no toco las causas de este tipo de anormalidad, debo decir que elegí esta posición no por casualidad, sino de manera completamente consciente, temiendo que si ahora tocamos aunque sea un poquitín este ovillo, ya de por sí bastante enredado, no solo no lo desenredaremos, sino que lo enredaremos aún más. En efecto, no se puede olvidar que somos, con respecto a este ovillo, dos partes igualmente interesadas y muy subjetivamente predispuestas, de modo que si se ha de intentar desenredarlo, en cualquier caso no seremos nosotros, sino aquellos que no tuvieron nada que ver con el asunto de su enredo. Por nuestra parte, semejante intento nos llevaría a rebuscar entre toda clase de documentos, lo que, con la composición actual del Consejo, conduciría una vez más a... una trifulca.

Tomemos como punto de partida de nuestras deliberaciones lo que existe, ya que no se puede borrar la realidad, y estoy gustosamente dispuesto a coincidir con el camarada Mártov en que no se puede eliminar todas las discrepancias y choques con alguna palabra salvadora. Es cierto, pero ¿quién podrá ser juez de este tipo de aspectos lamentables de nuestra vida partidaria? Pienso que tal papel no puede correspondernos, en cualquier caso, a nosotros mismos, sino a un gran número de personas: trabajadores prácticos revolucionarios, entregados a la causa, que no participaron en la trifulca. Eludiendo con cautela la cuestión de las causas de nuestras discordias, me permitiré, sin embargo, aclarar mi idea con un ejemplo del terreno de nuestro pasado reciente. La lucha se prolonga ya 5 meses. Durante este período, ha habido ya, según creo, hasta 50 personas que actuaron como mediadores, intentando poner fin a las discordias del partido, pero conozco solo a uno cuya actividad en esta dirección tuvo resultados, aunque muy modestos, no obstante relativamente afortunados. Hablo del camarada Travinski, respecto del cual cabe señalar que es una persona, por así decirlo, sumergida hasta las cejas en el trabajo práctico revolucionario positivo, de modo que su atención estaba concentrada casi por entero en este trabajo, y que no participó en la querella. Solo por estas circunstancias afortunadas se puede, quizás, explicar que sus intentos conciliadores no carecieran de ciertos resultados. Pienso que, con la participación de este tipo de personas en el análisis de las causas del malestar partidario, sería posible desenredar ese ovillo ante el cual ahora estamos perplejos. Nosotros, en cambio, debemos precavernos de entrar en el examen de unas u otras causas de la querella, porque esto, contra nuestra voluntad, podría llevarnos a infligirnos (según la expresión del camarada Mártov) nuevas heridas unos a otros, en añadidura a las numerosas heridas antiguas, aún muy lejos de cicatrizar. He aquí por qué estoy en contra del análisis de las causas y a favor de buscar medios que pudieran, al menos, encerrar los métodos de lucha dentro de marcos más o menos admisibles. De dos cosas una: si en esta dirección se puede hacer algo, hay que intentar hacerlo, y si no, si no se puede influir sobre las partes en lucha mediante la persuasión autorizada, entonces queda una cosa: dirigirse a esas terceras personas, situadas fuera del campo de las acciones bélicas y que llevan a cabo sus tareas prácticas positivas, de las que ya he hablado. Dudo que nosotros mismos podamos convencernos de la razón de una u otra parte. Me parece que eso es imposible.

3

No entiendo del todo la propuesta del camarada Plejánov. Cuando habla de que es necesario adoptar alguna medida práctica, en mi proyecto ya se señala la posibilidad de una medida práctica de ese tipo. Solo hay que decir, decirlo con autoridad, que la lucha normal, la lucha ideológica, la que se lleva a cabo dentro de ciertos límites, es admisible, pero no son admisibles el boicot, la negativa a trabajar bajo la dirección del Comité Central, la negativa a apoyar con medios económicos la caja central del partido, etc. Se dice que con palabras no convenceremos a nadie. Yo tampoco me atrevería a afirmar que eso bastara para establecer buenas relaciones entre las dos partes del partido, porque la enfermedad que hay que curar es realmente crónica, porque, como dice el camarada Martov, entre ambas partes del partido ha crecido realmente un muro muy sólido. Quizás ese muro, quienes lo hemos creado no podamos derribarlo, pero no hay nada imposible en que nosotros, que con más fuerza nos hemos infligido heridas unos a otros, nosotros, como miembros del Consejo, mediante nuestro llamamiento autorizado, contengamos a los camaradas de formas de lucha indignas. En cuanto a la destrucción del muro, en mi opinión, el tiempo desempeñará un papel tal que todo lo demás irá a menos. Y en lo que respecta a que algunos pasajes del llamamiento puedan ser interpretados de manera distinta por ambas partes, en mi opinión, digamos lo que digamos aquí, todo podrá ser interpretado de manera distinta. (Axelrod: «Por eso no basta con hablar, también hay que hacer».) Además, no entiendo por qué el camarada Axelrod piensa que mi propuesta solo puede ser una nueva fuente de lucha. Repito que el muro que ha crecido entre las dos partes del partido no lo derribaremos, pues nosotros mismos hemos puesto mucho empeño en crearlo, pero podrían echar abajo ese muro aquellos camaradas que, ocupados en el trabajo práctico, se mantienen al margen de nuestras discordias. El camarada Martov, como hoy he tenido la satisfacción de comprobarlo, está de acuerdo en principio con esta tesis: la posible función útil en nuestra querella de otros camaradas ajenos a esa querella. Pero, aparte de esto, me parece que ya el solo hecho del acuerdo entre los representantes de las instituciones centrales acerca de que se puede luchar de tal manera y no de tal otra, ya solo eso podría abrir la primera brecha en el muro que separa a ambas partes, tras lo cual la anormalidad existente en la vida del partido podría ir a menos.

La propuesta del camarada Plejánov{66} suscitó en mí un sentimiento muy mezclado. Al hablar de las causas de la lucha, llegó precisamente por este camino a las mismas heridas que el camarada Mártov también había constatado que nos habíamos infligido mutuamente. En mi proyecto intento delimitar lo admisible en nuestra lucha de lo inadmisible, sea cual sea el lado del que provengan los ataques. Si empezáramos a hablar de cuándo, de quién, qué provino, de ese modo pondríamos el principio del fin, es decir, el fin de nuestra conversación. Juzgarnos a nosotros mismos es, sencillamente, psicológica y moralmente del todo imposible. Si volvemos a discutir aquí las causas del agravamiento de las relaciones entre los miembros del partido, ¿podremos nosotros mismos elevarnos por encima del nivel de las pequeñas rencillas? (Axelrod: «¡Podremos!».) No comparto el optimismo del camarada Axelrod. El camarada Plejánov, al analizar las causas que provocaron la escisión del partido, ha dado su interpretación de los hechos, con la que no estoy de acuerdo. Pero si empezamos las disputas, tendremos que sacar los protocolos y recurrir a ellos para consultar datos. Así, por ejemplo, el camarada Plejánov dice que en la cuestión de la elección de las instituciones centrales el congreso se dividió casi en partes iguales, que un miembro del congreso que pasó de la mayoría a la minoría estableció así el hecho de la igualdad numérica de las dos mitades del congreso, que de este modo el Comité Central representa solo a una parte del partido, etc. Pero no se puede razonar así; es realmente imposible hablar de la existencia supuesta de una sola parte del partido que eligió al Comité Central. Muchos, tal vez, votarían ahora sobre algunas cuestiones de manera distinta a como votaron en el congreso. Y quizá yo mismo votaría de otra manera en muchas cuestiones. Pero esto no significa que los cambios y nuevas combinaciones posibles en este terreno nieguen de algún modo los resultados de las votaciones anteriores. En lo que se refiere a la lucha, siempre existe la división del todo en partes. Sí, el Comité Central ahora, y no en el congreso, es representante de una parte, pero sé muy bien que, según la opinión de los camaradas, también el Órgano Central es en el mismo sentido representante solo de una parte. Solo desde un punto de vista podría considerar correcta la expresión del camarada Plejánov, a saber, desde el punto de vista de una escisión realmente existente. No porque el congreso tenga culpa de algo puede hablarse de la «anormalidad» de la composición de tal o cual institución central, sino solo porque, dadas tales y cuales circunstancias, las personas no desean trabajar conjuntamente unas con otras… Así, apenas tocamos las causas de la anormalidad, volvemos a la necesidad de desenredar un ovillo que no solo no podremos desenredar, sino que enredaremos aún más. Que muchos están descontentos con la composición del Comité Central, es cierto; pero es igualmente cierto que existe toda una serie de personas descontentas con la actual composición del Órgano Central. A la pregunta del camarada Mártov sobre si es admisible la «destrucción» de las organizaciones existentes, yo diría: «¡Sí! ¡La reorganización de las organizaciones es perfectamente admisible!». ¿Es admisible que un organismo competente del partido aparte a tal o cual persona de tal o cual tipo de trabajo revolucionario? Respondo: «¡Sí, es admisible!». Pero si pregunto por qué y cómo surgió tal o cual «atentado» contra la integridad e inviolabilidad de alguna organización, por qué fulano no tuvo acceso a tal esfera del trabajo del partido, etc., tenderé de nuevo la mano al mismo ovillo que no tenemos fuerzas para desenredar. Así, también en la cuestión de la admisibilidad o inadmisibilidad de la «destrucción» de las organizaciones volvemos a las divergencias. Todo esto demuestra que discutir ahora sobre las causas de nuestras discordias sería una pérdida de tiempo completamente inútil e incluso perjudicial. – Vuelvo a la cuestión de la representación proporcional. Solo se podría hablar de ella partiendo del reconocimiento de una escisión ya existente. Somos aquí representantes de dos partes en lucha… (Plejánov: «Nos hemos reunido aquí como miembros del Consejo, y no como partes en lucha».) La observación del camarada Plejánov contradice su propia resolución, en la que se habla de la discordia existente en el seno del partido, que ha escindido al partido en dos mitades, y una de ellas, según las palabras de la resolución, no está representada en absoluto en una institución central como el Comité Central. Por supuesto, oficialmente no somos representantes de dos partes en lucha, pero, en la medida en que esta representación se deriva del curso de nuestros debates, yo tenía el derecho lógico de hablar de ella. (Plejánov: «Usted ha dicho que nos hemos reunido aquí como representantes de dos partes en lucha, y a este respecto he hecho mi observación».) No niego que quizá me haya expresado no del todo exactamente… (Plejánov: «Se ha expresado incorrectamente».) Tal vez me he expresado incorrectamente, no lo discutiré. Solo afirmo que la resolución del camarada Plejánov traslada la disputa al terreno del reconocimiento de hecho de la escisión. Estamos escindidos, es lo que constato. Si no fuera así, la resolución sería ilegítima. La mayoría del partido está también descontenta con la composición del Órgano Central, una composición en la que 4 de 5 pertenecen a la minoría. Por parte del Comité Central podría surgir la misma pretensión de cambiar la composición del Órgano Central que se presenta ahora al Comité Central. En esencia, la resolución del camarada Plejánov equivale al planteamiento de condiciones de una sola parte… (Plejánov: «No pertenezco ni a la mayoría ni a la minoría».) El camarada Plejánov nos ha dicho que no pertenece ni a la mayoría ni a la minoría, pero además de él nadie en el Consejo dirá eso. Razonando de manera formalista, desde el punto de vista de los estatutos, la resolución propuesta por el camarada Plejánov es ilegal. Pero, repito, en esencia puede ser comprendida en la medida en que parte del hecho de la escisión. Pero una vez que una parte expresa sus «condiciones», también la otra parte tendría derecho a presentar exactamente del mismo modo sus «condiciones». No estamos por encima de «ambas partes», sino que somos precisamente esas «dos partes». Por lo tanto, una vez que nos situemos en el terreno del reconocimiento de la escisión ya de hecho en el partido, para resolver nuestras disputas y «malentendidos» debemos reconocer solo un medio radical: recurrir a terceras personas. En el partido hay personas, como ya he dicho antes, personas que están ocupadas con un trabajo positivo y que no han participado en la lucha de la «mayoría» y la «minoría». Solo a estas personas se puede recurrir.

No estoy de acuerdo ni con Mártov ni con Plejánov. Dicen que no se puede hablar de ilegalidad de una resolución así, y aducen dos argumentos. 1) El argumento de Mártov consistió en señalar que el Consejo es la institución suprema del partido. Pero el Consejo está limitado en su competencia por disposiciones especiales de los estatutos, cosa por la que en su momento se esforzó mucho el propio camarada Mártov. 2) El segundo argumento consiste en que el Consejo, con la resolución propuesta, solo expresa su opinión y su deseo. El Consejo, por supuesto, puede expresar su opinión y manifestar sus deseos, pero sin atentar contra esto o aquello. (Plejánov: «¡Por supuesto! ¡Por supuesto!».) El Consejo solo puede proponer la cooptación al CC, pero entonces el CC exigirá modificar la composición del Órgano Central. Yo, bajo ciertas condiciones, estoy dispuesto a estar de acuerdo con la representación proporcional. Pero pregunto, ¿existe representación proporcional en el OC? La composición del OC es la siguiente: 1 contra 4, y ese uno no pertenece ni a la mayoría ni a la minoría. El Comité Central propuso en su momento 2 contra 9{67}; esto fue en la época de total dispersión, en vísperas de la escisión. Todo desacuerdo es, en cierto sentido, una escisión, y cuando dos partes no quieren trabajar conjuntamente, entonces eso es una escisión de facto. Solo desde el punto de vista de la escisión podríamos reconocerle sentido a la resolución del camarada Plejánov. Se la podría considerar como ultima ratio[43], pero en ese caso ambas partes podrían tener el mismo derecho a modificar la composición de las instituciones centrales. Estoy firmemente convencido de que el CC también está descontento con la composición del Órgano Central. En cuanto toquemos la cuestión del congreso pasado, se producirá un choque y no llegaremos a nada. Así, por ejemplo, Plejánov dice que el congreso no eligió al tercero para la redacción supuestamente porque no existía tal tercero. Yo afirmo que el congreso no eligió al tercero porque estaba convencido de que el camarada Mártov entraría en la redacción. Lo mismo puede decirse de la composición del Consejo. Muchos en el congreso pensaban que el camarada Mártov entraría en la composición del Consejo como miembro de la redacción. La mayoría puede decir y dirá que, si se trata de representación proporcional, hay que completar el OC con seis miembros más de la llamada mayoría. Pero este tipo de razonamientos no nos acercarán al fin deseado, por lo cual considero que la resolución del camarada Plejánov es peor que la mía. Mi resolución sobre «lo admisible y lo inadmisible» tendría el significado de que nosotros, como representantes de las partes en lucha, propusiéramos a los demás camaradas no salirse de los marcos de las formas de lucha permitidas.

No debemos situarnos únicamente en un punto de vista jurídico, pues en esencia nuestro reconocimiento común de la anormalidad de las relaciones en el partido equivale al reconocimiento de que somos dos partes en lucha, el Órgano Central y el Comité Central. (Plejánov: «Esto no es una sesión de la redacción, sino una sesión del Consejo».) Sí, no lo olvido. Desde el punto de vista jurídico, no podemos hablar de representación proporcional en las instituciones centrales. Pero también desde el punto de vista político, operar con esta idea es inoportuno, porque tendremos que tomar en consideración el deseo de una parte sin haber escuchado el deseo de la otra. Entre nosotros no existe ese tercero que podría resolver nuestra disputa. Y sin embargo, solo la opinión de ese tercero podría tener significado tanto político como moral. La escisión existe de facto y estamos en vísperas de la escisión formal, si la minoría continúa, sin reparar en los medios, esforzándose por convertirse en mayoría.

4. Discursos sobre las medidas para restablecer la paz en el partido. 16 (29) de enero

Discurso de Lenin

Considero necesario responder, principalmente, a las objeciones detalladas que me ha hecho el camarada Mártov; pero, para no dejar sin respuesta también las objeciones del camarada Plejánov, tocaré primero brevemente estas últimas. Me pareció que él se sitúa por principio en el punto de vista de la representación proporcional... (Plejánov: «¡No!».) Quizá no le he entendido, pero me lo pareció. Entre nosotros, en la organización del partido, el principio de representación proporcional no está aceptado, y el único criterio de legalidad de la composición de una u otra institución, cuyos miembros han sido elegidos en el congreso, es la voluntad claramente expresada de la mayoría congresal. Pero aquí se dice que las elecciones legales del congreso crearon una situación «legal» que es peor que la ilegal. Esto es cierto, pero ¿por qué? ¿Acaso porque la mayoría fue insignificante, o porque la minoría creó una escisión de facto? Cuando se dice que el CC fue elegido solo por 24 votos, es decir, con una ventaja insignificante de la mayoría, y que supuestamente en esta circunstancia reside precisamente la causa de todas las complicaciones desagradables posteriores en la vida del partido, yo afirmo que eso no es cierto. En cuanto a la observación del camarada Plejánov sobre mi «pensamiento formalista», que supuestamente no me permite mirar la raíz de las cosas, yo, la verdad, me pregunto perplejo ¿qué significa eso, propiamente hablando? ¿Acaso la «raíz de las cosas» reside en el congreso? En ese caso, todos somos formalistas, pues, remitiéndonos en pensamiento al congreso, debemos partir de sus resoluciones formales. Y si la «raíz de las cosas» reside fuera del congreso, entonces ¿dónde exactamente? Efectivamente, resultó que la situación en el partido quedó peor que la ilegal (estas son palabras muy serias), pero toda la cuestión es precisamente ¿por qué resultó así? ¿Tiene la culpa el congreso o las circunstancias que sobrevinieron después del congreso? Lamentablemente, el camarada Plejánov no plantea la cuestión de esta manera.

Discurso de Lenin

Lenin, protestando contra tal formulación, apela al Consejo para que resuelva la cuestión de su (de Lenin) derecho, replicando a Mártov, de dar su propia interpretación de un hecho que aquí se interpreta de manera tan diversa. (Plejánov señala de nuevo lo inoportuno, en este caso, de debatir la cuestión de Ru.)

Lenin insiste en su derecho de dirigirse al Consejo para que se le permita hablar sobre una cuestión que ya fue planteada en el Consejo y suscitó debates. (Mártov: «Dado que el camarada Lenin ha tocado una cuestión muy importante sobre el derecho de los colegios representados en el Consejo a revocar a sus delegados, declaro que presentaré una propuesta especial para resolver esta cuestión de una vez por todas. Quizás esta declaración satisfaga a Lenin y le mueva a eliminar de los presentes debates la cuestión de Ru».)

El camarada Mártov no solo no refuta, sino que confirma la fundamentación de mi intención de someter ahora mismo, a la debida aclaración, la cuestión de la salida del camarada Ru del Consejo. Constato que mis explicaciones sobre esta cuestión fueron solo una respuesta a las observaciones correspondientes del camarada Mártov. (Plejánov señala a Mártov y a Lenin que la cuestión de Ru no está sujeta a discusión ahora, por no formar parte del círculo de cuestiones en las que debe concentrarse la atención de los miembros del Consejo en la presente sesión del Consejo.) Protesto contra la observación del camarada Plejánov sobre lo inoportuno de discutir aquí la cuestión del camarada Ru, quien se situaba en el terreno de la inamovilidad de los miembros del Consejo, de modo que la salida de Ru del Consejo debe ser considerada como una concesión suya a la oposición en aras de la buena paz en el partido. (Plejánov: «Puesto que el Consejo no tiene nada en contra de un intercambio de opiniones sobre la cuestión del camarada Ru, propongo a Lenin que continúe hablando de esto».) Ya he terminado. (Plejánov: «Si ha terminado, propongo al Consejo pasar a discutir las resoluciones propuestas ayer por el camarada Lenin y por mí».)

Estoy de acuerdo con el camarada Mártov en que las resoluciones del Consejo no tendrían un significado jurídico, sino moral. El camarada Plejánov se expresó en el sentido de que sería deseable que yo entrara en la redacción. (Plejánov: «Yo no dije eso».) Por lo menos, yo tengo anotadas sus palabras así: «Lo mejor de todo sería que Lenin entrara en la redacción y que el CC cooptara a tres». (Plejánov: «Sí, dije que, bajo ciertas condiciones, para la pacificación del partido, es admisible el ingreso del camarada Lenin en la redacción y la cooptación de representantes de la minoría en el Comité Central».)

Respondiendo a la pregunta que aquí se me ha hecho sobre qué cambio concreto en la composición de la redacción del Órgano Central se considera deseable, me fue fácil remitirme a la opinión de la «mayoría», que se había pronunciado por la conveniencia de que los camaradas Axelrod, Zasúlich y Starovier abandonaran la redacción. Debo añadir luego que en la actuación del Comité Central no ha habido ni un solo hecho de apartar a nadie del trabajo del partido. Asimismo, no puedo dejar sin protesta la afirmación del camarada Mártox de que el Comité Central se ha convertido en instrumento de guerra de una parte contra otra. El Comité Central fue designado como instrumento para el desempeño de las funciones del partido, y no como instrumento de «guerra de una parte contra otra». Esta afirmación del camarada Mártox contradice por completo los hechos. Nadie podrá demostrar con un solo hecho que el Comité Central iniciara y llevara a cabo una «guerra» contra la minoría. Al contrario, fue la minoría, al iniciar el boicot, la que emprendió una guerra que provocó una reacción inevitable. Protesto también contra la afirmación de que la supuesta desconfianza hacia el Comité Central entorpece a este más de lo que la desconfianza hacia el Órgano Central entorpece la labor positiva y pacífica. En cuanto a que el centro de los desórdenes no esté en el extranjero, sino en Rusia, como insiste el camarada Mártox, debo señalar que los documentos del partido demostrarán lo contrario. El camarada Mártox, remitiéndose al documento del 25 de noviembre, dijo que el Comité Central, en principio, reconoció por sí mismo el carácter unilateral de su composición, al aceptar la cooptación de dos miembros de la minoría. Protesto contra semejante interpretación de ese documento, pues yo mismo participé en su redacción. El acto del Comité Central tuvo un significado completamente distinto. El Comité Central no se decidió a cooptar a dos en virtud del reconocimiento de la unilateralidad de su composición, sino porque veíamos una escisión de hecho completa en el partido. Si nos representábamos la situación de manera acertada o no, esa es otra cuestión... Por entonces nos llegaron rumores de que se preparaba la edición de un nuevo órgano... (Plejánov: «Si vamos a remitirnos a rumores, no llegaremos a ninguna parte». Axelrod: «Pues yo he oído que ahora se prepara la edición de un nuevo órgano...».) Me dirijo al Consejo: puesto que el camarada Mártox ha interpretado en cierto sentido el documento del Comité Central{68}, me veo obligado a exponer a este mismo respecto mi propia interpretación... No comprendo por qué mi observación ha suscitado aquí tal agitación. (Plejánov: «No se trata de agitación, sino de que las referencias a rumores son aquí inapropiadas».) Podrá decirse que mis motivos son infundados. ¡Es posible! Pero en cualquier caso hago constar que esos motivos tenían precisamente el carácter que acabo de indicar.

Continúo con lo esencial: el camarada Mártox puso en duda los motivos del Comité Central al aceptar la cooptación de dos. Y yo hago constar que el Comité Central partía de la opinión de que ya existe una escisión de hecho en el partido y de que estábamos en vísperas de una escisión formal completa, en el sentido de una editorial propia del órgano, un transporte propio y una organización propia en Rusia. Ahora diré algo sobre el orden del día: el camarada Mártox hizo una observación sobre el fondo, y no sobre el orden del día. ¡Pregunto al Consejo si fue correcta en este caso la actuación del presidente!{69}

2

El camarada Mártox afirmó que yo, supuestamente, empecé de inmediato con la polémica en vez de abordar pacífica y tranquilamente la discusión de la cuestión general sobre la búsqueda de medidas para pacificar al partido. No estoy de acuerdo con ello, porque quien empezó la polémica no fue otro que el propio camarada Mártox. En el proyecto de mi resolución no hay nada polémico. No en vano el camarada Axelrod calificó esa resolución de «exhortación pastoral». Y, como es sabido, en las exhortaciones pastorales no suele haber polémica. En efecto, yo allí hablaba únicamente de los límites en que debe librarse la lucha interna del partido, de qué formas de esa lucha pueden considerarse admisibles y cuáles deben ser reconocidas como inadmisibles y como un peligro no solo para el curso normal de la vida del partido, sino incluso para la existencia misma de este. Al hacerlo, me esforzaba cuidadosamente por eludir un planteamiento de la cuestión que pudiera conducirnos a una nueva polémica infructuosa; trataba en mi propuesta de no partir de la valoración de los procedimientos de lucha que ya habían marcado casi medio año de guerra entre las dos partes del partido. Pero el camarada Mártox no quiso mantenerse en ese terreno y puso en marcha la polémica. Con todo, si se quiere, estaré dispuesto a retornar luego a lo que empecé. Ahora señalaré lo siguiente. El camarada Mártox se remitió al hecho de que Travinski saludó la cooptación de los antiguos miembros a la redacción. Considero necesario subrayar aquí la circunstancia de que las conversaciones o negociaciones privadas no tienen significado. Todas las negociaciones oficiales las llevó Travinski por escrito. Sus declaraciones privadas, al parecer, han sido mal entendidas por el camarada Mártox, y yo, en otro momento, si se presenta la necesidad, podré demostrarlo.

Posteriormente, el camarada Márlov se expresó en el sentido de que en la actividad del Comité Central hay muchas deficiencias; con esto, el camarada Márlov entra nuevamente en el terreno de la polémica. Puede ser que en la actividad del CC haya deficiencias, pero la crítica de esta actividad por parte del representante del OC no es precisamente otra cosa que polémica. Yo, por ejemplo, a mi vez, encuentro que la actividad del OC se ha desviado del camino recto, pero no he comenzado aquí con la crítica de la orientación que ha tomado la actividad del OC, sino con la declaración de que entre el CC y el OC existe un descontento mutuo. Protesto, además, contra la afirmación de que mi resolución, de ser adoptada por el Consejo, habría convertido a este último en un «instrumento de guerra». En mi llamamiento se habla únicamente de qué formas de lucha son admisibles y cuáles no lo son… ¿Qué tiene que ver aquí el «instrumento de guerra»? El camarada Axelrod dijo que yo «empecé por la vela y terminé por el entierro», y me reprochó haber dirigido toda mi atención a demostrar la existencia de una escisión en el partido. Pero si ayer mismo empezamos por constatar la escisión… Luego, para confirmar que el centro del desorden no está en el extranjero, el camarada Márlov citó la carta del camarada Vasíliev del 12 de diciembre, en la que se dice que en Rusia hay un verdadero infierno[70]. A esto observaré que «crear un infierno» pueden hacerlo incluso grupos no fuertes, pues precisamente las riñas pequeñas y mezquinas son las que con mayor frecuencia y mayor facilidad crean grandes obstáculos al trabajo. Ya he mencionado mi carta del 13 de septiembre a uno de los ex redactores. Esta carta la daré a conocer en la prensa[44]. El camarada Plejánov dice que la palabra «pantano» es ofensiva. Recordaré que también en la literatura socialista alemana y en el partido alemán, en los congresos, el término versumpft[45] provoca a veces risas, pero nunca lamentos por ofensa. Ni yo ni el camarada Vasíliev, al emplear esta palabra, pensábamos ofender a nadie. Cuando se habla de dos partes con una orientación definida, a los indecisos y vacilantes entre esas dos orientaciones se les caracteriza con el término «pantano», en lugar del cual se podría decir, tal vez, «dorada medianía». Llamar excéntrico al CC — esto, quizás, es ingenioso, pero también conduce a la polémica. Pues en el mismo sentido podría yo expresarme también sobre el Órgano Central. Me señalan que mi «llamamiento» es un remedio homeopático contra el mal alopático. Yo tampoco niego que el medio que propongo sea solo un paliativo, pero es que aquí no podemos encontrar medios alopáticos. Cuando ustedes empiezan a hablar de la necesidad de medios «alopáticos», radicales, contra el mal existente, entonces vayan en tal caso hasta el final. Existe, tal medio, y este único medio radical no es otra cosa que el congreso. Ya llevamos cinco meses intentando en vano ponernos de acuerdo entre nosotros («¡Eso no es cierto!»)… no, es cierto, y yo se lo demostraré documentalmente… Empezamos a intentar ponernos de acuerdo desde el 15 de septiembre y hasta ahora aún no nos hemos puesto de acuerdo. En tal caso, ¿no es mejor dirigirse a ese colegio del que ayer hablaba también el camarada Márlov, y tal colegio solo puede ser el congreso de los trabajadores del partido? El congreso del partido es precisamente ese colegio que decide la cuestión de la «batuta de director». En el congreso estamos presentes para, entre otras cosas, «pelearnos» también por la «batuta de director» (no en el sentido grosero de la palabra, por supuesto). Allí tiene lugar la lucha mediante papeletas, contactos con los camaradas, etc., y allí tal lucha por la composición de los centros es admisible, mientras que fuera del congreso no debería tener lugar en la vida del partido. Así pues, si mi «epístola pastoral» es un paliativo, no hay otro medio, más radical, que solo el congreso, si no quieren hacer el mal crónico. El camarada Axelrod señalaba que en Europa Occidental los representantes de las instituciones centrales tienen en cuenta a la oposición a su política incluso en los rincones más apartados del partido y, mediante negociaciones con ella, tratan de resolver los conflictos surgidos… Pero lo mismo hace también nuestro Comité Central. El Comité Central ha enviado para esto a dos de sus miembros al extranjero[71], el CC decenas de veces ha llegado a acuerdos con diversos representantes de la oposición, demostrándoles lo absurdo de sus argumentos, lo imaginario de sus temores, etc., etc. Cabe señalar que esto es una pérdida imposible de fuerzas, dinero y tiempo, y en este sentido somos, efectivamente, responsables ante la historia.

Volviendo de nuevo a la cuestión de las propuestas prácticas, repito que ustedes tienen solo un medio radical para liquidar este penoso período de polémica: el congreso. Mi resolución estaba calculada para encarrilar la lucha dentro del partido por cauces más normales… Dicen que la astilla quedaría de todos modos, que la enfermedad es más profunda… En tal caso, solo mediante la convocatoria del congreso se puede extraer toda la astilla.
3
Es ridículo hablar del carácter ofensivo de una exigencia que se reduce a la precisión y la exactitud[72]. Hemos visto decenas de veces (y especialmente en el congreso de la Liga) a qué cúmulo de malentendidos e incluso escándalos conducen las representaciones incorrectas de conversaciones privadas. Sería extraño negar este hecho. Declaro que las conversaciones privadas del camarada Travinski han sido entendidas incorrectamente tanto por el representante del OC como, en parte, por el camarada Plejánov. He aquí lo que, entre otras cosas, me escribe el camarada Travinski en una carta del 18 de diciembre: «Acabo de recibir la noticia del envío por la redacción de una carta oficial a los comités, de la más mala (suavizo una expresión más fuerte) índole. En ella, la redacción arremete directamente contra el CC, amenaza con que, a través del Consejo, podría incluso ahora obligar a cooptar a quien le plazca, pero que aún no quiere recurrir a tales medidas y se dirige a los comités señalando el nepotismo, la incapacidad del CC, la ilegalidad de la cooptación de Lenin… Un montón de salidas de tono personal. En una palabra, una violación indignante y… (de nuevo omitiré una expresión demasiado brusca) de todas las promesas que me hicieron. Estoy indignado hasta el extremo. ¿Acaso Plejánov ha participado en esto? El comité de Ekaterinoslav está profundamente indignado por esta carta y ha enviado una respuesta muy dura… Ahora la minoría está rompiendo locamente los hilos que nos unen. La carta enviada a los comités es, en mi opinión, la gota que colma el vaso y un desafío abierto. Y en lo que a mí personalmente respecta, encuentro que Lenin tiene pleno derecho a publicar su carta fuera de "Iskra". Creo que también los demás camaradas no tendrán nada en contra de esto».
He aquí las circunstancias que demuestran que se ha formado una idea incorrecta sobre la opinión del camarada Travinski. El camarada Travinski podía suponer una cooptación, esperando el restablecimiento de una paz duradera en el partido, pero sus esperanzas no se vieron justificadas en absoluto.
Resultó que la redacción de Márlov y sus camaradas, en lugar de la paz, comenzó la guerra contra la mayoría. Y Travinski esperaba y podía esperar la paz.
Resultó que los intentos de Plejánov por contener a los «individualistas anárquicos» no se vieron coronados por el éxito (a pesar de sus esfuerzos). Por eso las esperanzas que albergábamos tanto yo como Travinski, las esperanzas de que Plejánov lograra impedir que la nueva redacción hiciera la guerra a la mayoría, esas esperanzas no se vieron justificadas. Esto solo demuestra que no todas las esperanzas se ven justificadas; yo mismo dejé la redacción esperando que ello contribuyera a la paz, pero tampoco mis esperanzas se vieron justificadas. El hecho de las conversaciones privadas nadie lo niega, solo es necesario distinguir las expresiones de esperanza, de expectativa de individuos particulares, de las decisiones de colegios enteros. No hay nada de ofensivo para los miembros del Consejo en mi observación acerca de que aquí es inconveniente sacar conclusiones de conversaciones privadas. Rechazo categóricamente que el camarada Travinski haya prometido categóricamente una cooptación en el Comité Central. Es indudable que se fue con la esperanza de paz y que, como resultado de esta paz, podía prever una cooptación, pero no prometerla categóricamente.

Contra mi llamamiento, el camarada Mártof presenta el argumento de que este contiene ataques de una sola parte. Nada de eso. Finalmente, yo puedo presentar una resolución complementaria y modificar aquellas expresiones que no le gusten al camarada Mártof, pero su afirmación de que mi resolución es unilateral es un completo *non-sens*[46]. Antes, refiriéndose a mi resolución, se decía que se asemejaba a una pastoral, que estaba llena de obviedades, etc., pero nadie le atribuía la tendencia de infligir nuevas heridas. El camarada Mártof me reprocha que eludo una respuesta directa a la pregunta planteada por el camarada Plejánov sobre si el Comité Central desea o no cooptar a representantes de la "minoría". ¿Cómo podríamos darles una respuesta a la pregunta planteada, si no sabemos cuál es ahora la opinión al respecto de todos los demás 9 miembros del Comité Central? (Plejánov: «Usted no ha comprendido al camarada Mártof».) Decir que yo eludo deliberadamente la respuesta es ridículo. Yo ni siquiera podía dar la respuesta por cuya ausencia se me acusa de evasivo. Dije con toda claridad que el descontento con la composición de las instituciones centrales es mutuo. Hay que tener en cuenta también la opinión de los otros camaradas. Me dicen: hay que ponerse de acuerdo, pero ya llevamos cinco meses intentándolo. Por eso, la suposición del camarada Mártof de que el CC, al proponer el congreso, firma con ello su propia incapacidad e impotencia es sencillamente ridícula. ¿Acaso no se hicieron ya todas las tentativas posibles por parte del CC para resolver el conflicto con medios internos? «El Comité Central pondrá de manifiesto su incapacidad»… ¿Incapacidad para qué? ¿Para la lucha? ¿Para instaurar la paz en el partido? ¡Ah, sí! Y mi propuesta, tan criticada aquí, lo ha demostrado palpablemente. Vuestra resolución habla de arrebatar, por así decirlo, el terreno al adversario, pero semejante exigencia conduce a contraexigencias, y yo incluso planteo la cuestión así: ¿tiene derecho el CC a iniciar de nuevo negociaciones sobre estas bases? Hay comités que han censurado al CC por las concesiones a la Liga{73}. Ustedes quieren que tengamos en cuenta a la minoría, sin tener en cuenta a la mayoría. Esto es curioso. Y eludir el congreso en tales condiciones se parecería a tener miedo al congreso. He aquí por qué reconocemos nuestra impotencia, pero no en el sentido en que la entiende el camarada Mártof. El Comité Central es efectivamente impotente para resolver las discordias en el partido, y justamente por eso nos dirigimos al Consejo con la propuesta de convocar el congreso. Luego, el camarada Mártof interpreta de manera sumamente incorrecta la cuestión puramente jurídica del derecho del Consejo a convocar el congreso. En los estatutos se dice: «El congreso es convocado (a ser posible, no menos de una vez cada 2 años) por el Consejo del partido». Así pues, el Consejo tiene derecho a convocar el congreso en cualquier momento. El Consejo está obligado a convocar el congreso únicamente en un caso determinado. (Mártof: «De los estatutos se desprende directamente que el Consejo está obligado a convocar el congreso cuando lo exija un número determinado de organizaciones con plenos derechos, o transcurridos dos años desde el último congreso. Por consiguiente, antes de que transcurra el plazo de dos años y antes de que un número determinado de organizaciones declare la necesidad del congreso, el Consejo no puede convocarlo». Plejánov: «La cuestión de las condiciones de convocatoria del congreso la consideraría, en este momento, no sujeta a discusión aquí, por ser una cuestión ajena desde el punto de vista de las tareas que tenemos ante nosotros».)

Pero el camarada Mártof ha planteado esta cuestión, y nosotros no hemos decidido retirarla del orden del día. Mártof dice que el Consejo no puede convocar el congreso, y yo digo que sí puede. El congreso es convocado por el Consejo del partido sin necesidad de consulta alguna, cuando le plazca —a ser posible, no menos de una vez cada 2 años. El camarada Mártof dice que la convocatoria del congreso es la *ultima ratio*. Sí, y la esterilidad actual de nuestros debates lo confirma.

Recordaré que el propio camarada Mártof ha reconocido en principio que un colegio compuesto por personas que no han participado en nuestras discordias puede desempeñar un papel útil en la obra de pacificación del partido. Y puesto que nuestras propias tentativas conciliadoras no han conducido a resultado alguno, puesto que ni siquiera en la literatura es probable que nos mantengamos dentro del terreno de las formas admisibles de polémica, afirmo que solo los camaradas de fuera pueden pronunciar su palabra decisiva. Nosotros, los representantes del CC, no asumimos la responsabilidad por nuevas tentativas de pacificación del partido y no vemos otro medio honesto de poner fin a nuestras discordias que no sea la apelación al congreso. Paso a la observación del camarada Plejánov sobre la palabra «pantano». (Plejánov: «Yo respondía a la pregunta del camarada Vasíliev, quien aplicó este término a una parte del partido; repito que, como presidente, no puedo permitir semejantes expresiones en el Consejo del partido».) Aquí me hacen la observación de que no digo nada sobre la composición anormal y unilateral del CC, pero yo constato el hecho de que en el partido existen dos partes que luchan con medios inadmisibles. Hemos llegado a un terreno en el que resulta imposible cualquier trabajo positivo.

4

Antes de hablar sobre el fondo, señalaré aún de pasada que la palabra *Sumpf*[47] jamás ofende a nadie.

Seguidamente, respecto a las negociaciones con Travinski. De mis palabras se ha sacado aquí la conclusión de que yo niego el hecho de las negociaciones con Travinski. Nada de eso. Yo no he negado el hecho de las negociaciones, sino que establecía únicamente la diferencia entre la significación que pueden tener las negociaciones privadas y la que tienen las oficiales. He citado aquí la carta del propio Travinski como prueba de que, si el camarada Travinski antes opinaba como opina el camarada Plejánov, posteriormente cambió su punto de vista. En vista de ello, consideraría del todo inoportuno plantear la cuestión de a quién creerá Francia. No hay necesidad alguna de apelar a «Francia»{74}.

El camarada Plejánov ha observado que mi pacífico «llamamiento» al parecer no surtió efecto ni siquiera en mí mismo. Repito que en mi «llamamiento» solo expreso mi deseo de no recurrir a ciertos procedimientos de lucha. Yo llamo a la paz. Me responden con un ataque al CC, y después se extrañan de que yo entonces ataque al Órgano Central. ¡Después de haberse llevado a cabo el ataque al CC, a mí se me reprocha falta de pacifismo por responder a ese ataque! Basta con seguir todos nuestros debates en el Consejo para ver quién empezó ofreciendo la paz sobre la base del *status quo*[48] y quién continuó con la guerra contra el Comité Central. Me dicen que Lenin no ha hecho más que repetir incesantemente, dirigiéndose a la oposición: «¡obedece y no razones!»… Esto no es del todo exacto. Toda nuestra correspondencia de septiembre y octubre atestigua lo contrario. Recordaré, al menos, que a principios de octubre yo (junto con Plejánov) estaba dispuesto a cooptar a dos personas para la redacción. Luego, en lo que respecta al ultimátum en el que yo mismo participé, entonces les cedía a ustedes dos puestos en el Comité Central. Después de esto, hubo por mi parte una nueva concesión en forma de mi salida de la redacción, salida con el objetivo de no entorpecer el ingreso de otros. De aquí se deduce que yo no solamente decía: «obedece y no razones», sino que también hacía concesiones. Paso al fondo del asunto. La actitud ante mi resolución me parece muy extraña. En efecto, ¿acaso acusa a alguien o tiene carácter de ataque contra alguien? En ella se trata solo de si es admisible o no tal o cual forma de lucha. Que la lucha existe es un hecho, y toda la cuestión se reduce únicamente a separar las formas admisibles de esta lucha de las inadmisibles. Así que yo pregunto: ¿es aceptable esta idea, o no? Por lo tanto, las expresiones «instrumento de lucha», «ataque a la minoría», etc., son completamente inoportunas en aplicación a mi resolución. Tal vez su forma es desafortunada —no discutiría particularmente sobre ello y estaría dispuesto a modificar su redacción—, pero su esencia, que se reduce a exigir a las partes que luchan dentro del partido que libren esta lucha sin salirse de ciertos marcos admisibles, esta esencia no puede ser rebatida. La actitud que mi resolución encuentra aquí me parece unilateral, pues una de las partes interesadas la rechaza, percibiendo en ella algún peligro para sí. (Plejánov: «Recuerdo que aquí ya he observado varias veces que en el Consejo no hay dos partes».) Puedo observar que hablo de dos partes que existen de hecho, y no de una división jurídica del Consejo en dos partes. A la resolución del camarada Plejánov, sobre la cual no se ha dicho nada en cuanto al fondo, los representantes de la redacción no han añadido nada. Y yo todo el tiempo he estado esperando que se modificara el carácter unilateral de esta resolución.

5. Observaciones sobre el orden del día. 16 (29) de enero

1

Lenin insiste en que su resolución sea puesta en primer lugar{75}, remitiéndose a la costumbre existente de dar prioridad en la votación a la resolución que fue presentada antes.

2

Desde el punto de vista del orden de la sesión, el derecho de presentar opiniones particulares siempre se reconoce. El camarada Mártox ha intentado separar lo general de lo particular{76}. Estoy plenamente de acuerdo con esto, pero yo sólo redacto su propuesta de una manera algo diferente.

6. Intervención con el proyecto de resolución sobre el establecimiento de la paz en el partido. 16 (29) de enero

Lenin (lee su resolución):

«Para el establecimiento de la paz en el partido y de relaciones normales entre los miembros del partido con divergencias de opinión, es necesario que el Consejo del Partido esclarezca la cuestión de qué formas de lucha interna en el partido son correctas y admisibles y cuáles son incorrectas e inadmisibles».

Se imprime según el acta, cotejada con el manuscrito

7. Intervención a propósito de la presentación de una opinión particular por los representantes del CC. 17 (30) de enero

En la práctica de todos los congresos se ha establecido la regla en virtud de la cual los votantes tienen derecho a presentar sus opiniones particulares. Por supuesto, toda opinión particular es, por su propia esencia, una crítica. Pero esta circunstancia no impidió, sin embargo, que en el II Congreso se aceptara la opinión particular de los representantes del Bund, opinión que fue la crítica más acerba de la decisión adoptada por el congreso. Nuestra opinión particular contiene una exposición de los motivos que explican por qué nos hemos opuesto a la propuesta del camarada Plejánov y, en general, nuestras relaciones con esta propuesta. Leer esta opinión particular es tanto más necesario cuanto que al final de la misma hay una declaración motivada de que retiramos nuestra resolución.

8. Opinión particular de los representantes del CC, presentada el 17 (30) de enero

Los representantes del CC en el Consejo del Partido consideran su deber presentar una opinión particular sobre la cuestión de la resolución del camarada Plejánov.

Los representantes del CC están profundamente convencidos de que esta resolución no sólo no pondrá fin a las discordias partidarias, que introducen una escisión total de hecho en la organización del partido, sino que, por el contrario, las intensificará y avivará aún más, las hará crónicas e introducirá una mayor desorganización en la labor positiva del partido.

Esta resolución, por su esencia, no representa sino la expresión del deseo de la minoría del congreso del partido de cambiar la composición personal del CC, ignorándose el deseo contrario de la mayoría del congreso del partido.

Esta resolución, por su esencia, es, según nuestra firme convicción, la continuación desde dentro del Consejo de la política seguida por la oposición desde el mismo congreso del partido, y esta política fue una política de boicot, desorganización y anarquía con el objetivo de lograr un cambio en la composición de los centros, de lograrlo por una vía que no corresponde a las normas de una vida partidaria medianamente correcta, que ha sido condenada ahora también por la opinión pública del medio revolucionario en forma de resoluciones de la mayoría de los comités.

Esta resolución expresa el deseo de que el CC reanude de nuevo las negociaciones con la oposición. Las negociaciones se prolongan ya más de cinco meses, introduciendo una completa desmoralización en el partido. El CC ya ha declarado que ha dicho su última palabra, al haber aceptado ya el 25 de noviembre de 1903 la cooptación de dos como prueba de confianza de camaradería.

Las negociaciones han costado ya enormes gastos de recursos monetarios en viajes y gastos aún incomparablemente más importantes de fuerzas y tiempo de los revolucionarios, distraídos de su trabajo.

Los representantes del CC se consideran sin derecho a reanudar ahora de nuevo estas interminables negociaciones, que generan nuevo descontento en ambas partes, provocan nuevos ajustes de cuentas localistas y obstaculizan del modo más terrible la labor positiva.

Llamamos la atención más seria sobre el hecho de que tales negociaciones constituyen una interrupción total del curso regular de la vida partidaria.

Declaramos que el CC hace recaer toda la responsabilidad de estas interrupciones sobre la minoría.

Declaramos que no vemos en absoluto, de manera resuelta e incondicional, ningún otro modo de salir honesta y correctamente de las actuales discordias partidarias, ningún otro modo de poner fin a esta lucha inadmisible por la composición de los centros, salvo la convocatoria inmediata de un congreso del partido.

Al mismo tiempo, consideramos que, tras la aprobación de la resolución del camarada Plejánov, nuestra resolución, presentada anteriormente, queda en esencia negada y se vuelve completamente inútil; por lo tanto, la retiramos.

Miembros del Consejo

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Opinión particular de los representantes del CC», presentada en la sesión del Consejo del Partido del 17 (30) de enero de 1904. (Reducido)

9. Intervención en defensa de la opinión particular de los representantes del CC. 17 (30) de enero

Protesto resueltamente contra el hecho de que en nuestra opinión particular se pretenda ver siquiera una acusación dirigida contra el Consejo. Tal interpretación es absolutamente incorrecta, y el intento del camarada Mártox constituye un atentado contra la libertad de nuestra opinión; su resolución es, por tanto, ilegítima{77}.

10. Observación sobre el orden del día. 17 (30) de enero

Los representantes del CC quisieran someter a discusión aún algunas cuestiones menores, pero yo solicito que se ponga previamente en el orden del día la cuestión de la convocatoria del congreso.

11. Discursos sobre la convocatoria del III Congreso del Partido. 17 (30) de enero

1

A la cuestión de la convocatoria del congreso se puede añadir poco. El estado terriblemente difícil del partido se ilustra también con el curso de los debates en el Consejo. Ya se ha señalado más de una vez que en el congreso se formaron dos mitades casi iguales, de modo que con la salida de uno de la «mayoría» se obtuvo una igualdad total. No veo cómo esta igualdad podría conducir a la paz sin un congreso del partido. Nadie duda de que los desórdenes conducen a anormalidades escandalosas. Debe considerarse un hecho indudable que el estado de ánimo belicoso existe en ambas partes. Desde el punto de vista de todos estos datos, no se puede concebir ninguna otra salida honesta y correcta más que la convocatoria de un congreso. El camarada Mártox ha señalado las dificultades técnicas, financieras, etc., para la realización de mi propuesta sobre la convocatoria del congreso, pero la situación actual es mucho peor que todas estas dificultades.

2

No puedo estar de acuerdo con Mártox; él ha presentado incorrectamente las tareas del congreso. Dice que las divergencias aún no están esclarecidas entre todos los camaradas, que la convocatoria del congreso detendría el proceso de delimitación y de esclarecimiento del conflicto organizativo en la literatura. A mí me parece que precisamente para el libre esclarecimiento de las divergencias de principio es necesario eliminar la crisis, es necesario despejar la atmósfera de rencillas, y para ello es necesario convocar un congreso. No para cortar la lucha, sino para encauzarla dentro de marcos normales, es necesario el III Congreso. Es extraño incluso hablar de que el congreso supuestamente cortará la lucha de principios. Recordaré las palabras dichas en el II Congreso por el presidente, cuyo sentido era que incluso nuestro programa está sujeto a un desarrollo y esclarecimiento ulteriores{78}; pero precisamente para que la lucha de principios de opiniones sea exitosa y fructífera, se necesitan condiciones tales que en el momento actual no existen. Protesto contra los paralelismos históricos aquí aducidos y la referencia a «Rábochie Dielo». La diferencia entre la situación actual y la que existía hace tres años consiste en que entonces aún no había un partido único, y ahora ya existe. Precisamente desde el punto de vista de quienes hablan aquí de una mitad escindida, precisamente desde su punto de vista, no se puede protestar contra el congreso para eliminar la anormalidad que ahora somos incapaces de destruir con nuestras propias fuerzas. Sólo entonces será posible el trabajo positivo y el esclarecimiento de las divergencias de principio cuando el III Congreso elimine esta anormalidad y encauce la lucha de opiniones dentro de ciertos marcos.

3

El camarada Plejánov ha expresado claramente un argumento «fuerte», pero incorrecto. Si el III Congreso condujera a la escisión, eso significaría que no hay deseo de subordinarse a la mayoría, no hay deseo de trabajar juntos, es decir, de hecho no tenemos partido. Todos han reconocido que el camarada Travinski intentó, no sin resultado, arreglar el conflicto, y hay muchos camaradas como Travinski, y el congreso será precisamente un encuentro y coloquio de tales camaradas. Una lucha desesperada, una lucha decisiva, llena incluso de excesos, no es aún una escisión. Si existe un deseo real de trabajar conjuntamente, debe existir también el deseo de subordinarse a la voluntad de la mayoría, es decir, al congreso.

12. Proyecto de resolución sobre la convocatoria del III congreso del partido. 17 (30) de enero

El Consejo del partido, habiéndose convencido de que las instituciones centrales del partido no están en condiciones de poner fin a las relaciones absolutamente anormales y desorganizadoras en el seno del partido, surgidas después del II congreso y que perduran más de cinco meses, acuerda convocar el III congreso del partido.

13. Discursos sobre la edición de literatura del partido. 17 (30) de enero

1

Comenzaré por el final. El camarada Mártov ha comprendido erróneamente y ha presentado bajo una luz falsa las cartas del Comité Central{79}, en especial lo relativo al dinero. Ha pasado por alto que esas cartas son la continuación de una conversación que él mismo, Mártov, sostuvo con Trávinski. El propio Mártov escribió acerca del contenido de esa conversación en los siguientes términos: "Al camarada Trávinski, como a usted personalmente, le mencioné las 5 o 6 mil como el mínimo presunto de lo que anualmente se podía obtener para el partido de esas dos fuentes a las que los miembros de la redacción tienen acceso". Declaro que Trávinski nos informó de la entrega de esa suma por una sola vez, y no en el transcurso de un año, de modo que aquí hay algún malentendido. El hecho es que nosotros contábamos con esas 5 mil y en consonancia con ello distribuimos los recursos entre la caja de Rusia y la del extranjero.

El camarada Mártov decía que ambas fuentes monetarias (por cierto, hasta qué punto la redacción expone el asunto de un modo incorrecto (irritado) se ve también en el hecho de que en sus cartas al Comité Central Mártov utilizaba incluso entre comillas la expresión "bolsas de dinero" y nos reprochaba esa expresión. En realidad, dicha expresión no nos pertenece, sino que es de Mártov) — así pues, el camarada Mártov decía que ambas fuentes monetarias nos son conocidas. Sí, son conocidas, pero la cuestión no está en que sean conocidas, sino en que sean accesibles. Yo sé que una fuente podía dar al año hasta 10 mil y la otra hasta 40, pero eso no alivia la situación, porque no me son accesibles. La transformación de esas fuentes de accesibles en inaccesibles es lo que expresa la interceptación de los medios monetarios, la cual constituye un procedimiento absolutamente inadmisible en la lucha intrapartidista.

Además, precisamente ahora han ocurrido recientemente caídas que afectan a personas que debían recibir dinero en Rusia. Aquí no hay dinero, y de Rusia se podrá conseguir no pronto, y ello costará no menos de varios cientos de rublos en el envío de agentes especiales. Por supuesto, se conseguirá el dinero, si no ocurren nuevas desgracias, pero se conseguirá no pronto y difícilmente en cantidad totalmente suficiente.

Es completamente falso que en la carta del Comité Central hubiera amenazas. No hubo amenaza alguna, pues el Comité Central expresaba en todo momento su preocupación por la edición del Órgano Central. Sobre las direcciones de contacto responderá el camarada Vasíliev. — Según nuestras informaciones, la redacción envía a sus agentes por Rusia. Esto presupone también una caja especial propia del CO, lo que significa una escisión de hecho del partido. Ello contradice los estatutos, que exigen el pleno conocimiento por parte del Comité Central y la concentración íntegramente en sus manos tanto de toda la caja como de toda la organización de los asuntos prácticos. El Órgano Central desgarra de manera escandalosa estos estatutos, creando su propio centro de viajes y de agentes, su propio centro de dirección práctica y de injerencia en los asuntos de los comités. Una agencia semejante, contraria a los estatutos del partido, introduce una desorganización directa en el trabajo. El Comité Central no puede responder del orden en la conducción de los asuntos y no responde de él, desde el momento en que el desorden es introducido sistemáticamente por el propio Órgano Central. — He aquí cartas de Odesa y Bakú que ilustran en este sentido el estado de cosas. De Odesa, del 24 de diciembre, escriben: "Ayer estuvo en nuestra casa Zagorski, quien declaró que había sido enviado por la redacción en calidad de su mandatario con el encargo de informar a los comités sobre los últimos acontecimientos, sobre las negociaciones, sobre la situación real de la redacción, sobre la petición de la redacción de enviar materiales, colaborar, encargar hojas o remitir temas para hojas comunes, así como para folletos, para cuya edición se ha formado un grupo. Repitió todo lo viejo y demostró con insistencia la razón, la nobleza y la 'lealtad' de la minoría. El comité le escuchó, le hizo varias preguntas, preguntándole, entre otras cosas, si había emprendido su misión con conocimiento del Comité Central, a lo que aquél, en lugar de una respuesta breve y directa: sí o no, empezó a justificarse y a demostrar que la redacción tiene pleno derecho a dirigirse a los comités incluso sin conocimiento del Comité Central. Insistió en que, acto seguido y en su presencia, se discutiera lo expuesto y se redactara una resolución, a lo que el comité declaró que tomaba nota de lo expuesto, y que en cuanto a la discusión y a la resolución, el comité lo haría cuando lo estimara necesario, y que ahora pasaba a los asuntos del orden del día"{80}. Y he aquí lo que se dice en una carta de Bakú del 1 de enero: "Al Comité de Bakú se presentó Martýn con un informe del CO y con el indisimulado objetivo de sembrar la desconfianza hacia el Comité Central. Cuando al final se interesó por conocer la opinión del comité, se le respondió: confiamos incondicionalmente en el Comité Central. Y cuando objetó que le interesaba saber la actitud hacia el CO, se le hizo notar, sin ambajes, que después de lo que acababa de escuchar (la exposición de su misión) la confianza hacia él se había 'tambaleado'".

Es asimismo ilegal y contrario a la clandestinidad que el CO haga comunicaciones sobre la composición del Comité Central no sólo a los comités, sino también a personas particulares (por ejemplo, a Druyán, cosa que el Comité Central señalaba en su carta al Órgano Central). En cuanto a las "relaciones de guerra", el quid del asunto es que el camarada Mártov mezcla aquí dos cosas completamente diferentes. En el terreno del trabajo positivo y de la obtención de medios, las relaciones de guerra (boicot y demás) son absolutamente inadmisibles, y jamás las hubo por parte del Comité Central. En cambio, en el terreno de la literatura, la "guerra" es admisible, y nadie ha restringido jamás la polémica del Órgano Central. Recuerdo que incluso mucho antes el Comité Central había manifestado su plena disposición a editar tanto la carta de Dan sobre las consignas de la oposición como el folleto de Mártov "Una vez más en la minoría", a pesar de que ambos textos contienen ataques al Comité Central.

En la edición de literatura no hubo por parte del Comité Central la menor interrupción para el CO. No hubo ni un solo caso en que el Comité Central distribuyera la literatura de manera incorrecta o parcial, en que "ofendiera" a los comités de la minoría. Al contrario, Trávinski atestiguó aquí y demostró que los primeros en ser generosamente provistos eran los comités de la minoría, y el camarada Mártov hubo de reconocer que en este terreno la actividad del Comité Central es intachable. En cuanto a la negativa a entregar literatura del partido, la cosa es como sigue. A todo miembro del partido, sin excepción (si inspira confianza por su clandestinidad, etc.), se le entrega gratuitamente literatura para transportar a Rusia y entregar allí a los agentes del Comité Central para su distribución. Pero cuando se encuentran personas que tienen la audacia de llamarse miembros del partido y al mismo tiempo se niegan a poner la literatura en manos de los agentes del Comité Central para la distribución general, es comprensible que con tales personas el Comité Central se halle privado de la posibilidad (e incluso del derecho) de conducir el asunto. Y si esas personas luego acaparan literatura para sus propias empresas artesanales aisladas, que desorganizan el trabajo común, tanto peor para ellos.

Se imprime según la versión taquigráfica del protocolo, cotejada con el manuscrito

2

Sinceramente no puedo comprender qué hay de insolente en la primera y en la segunda carta del expedidor{81}. Él pide informaciones importantes para la rendición de cuentas del trabajo, y la redacción, en vez de dar una respuesta camaraderil al fondo de su petición, respuesta que nunca le fue dada, se despacha con una respuesta puramente burocrática. He aquí un ejemplo de carta verdaderamente insolente de la redacción del CO al Comité Central. "La redacción del CO llama la atención del Comité Central sobre el hecho de que la presencia en el extranjero de tres miembros del Comité Central, no justificada por ninguna consideración de trabajo y que conduce a la creación de un nuevo centro organizativo no previsto por los estatutos del partido, introduce inevitablemente en la vida del partido la politiquería y la desorganización…" ¡Esto es un insulto directo (politiquería) sin sombra de hechos ni datos! El Comité Central respondió a esto: "Si la redacción no actuara en un estado de extrema irritación, vería fácilmente la extrema inconveniencia de sus observaciones sobre cuántos miembros del Comité Central se encuentran en el extranjero. A ésta y otras salidas de tono indecorosas de la redacción (como la ridícula alusión a una supuesta impresión 'secreta'), el representante del Comité Central en el extranjero responde únicamente con el llamamiento a recordar el deber de partido y a cesar las acciones capaces de convertir la polémica literaria en motivos de escisión"{82}…

Sobre lo que se alega de que incluso las editoriales burguesas dan a los redactores cientos de ejemplares, confieso que no lo he oído. Que el camarada Mártoff intente, si no arroja palabras al viento, preguntar a Dietz si le da 400 ejemplares del *Neue Zeit* a Kautsky para su distribución. O preguntar a Singer o a Fischer si exige a Gradnauer 200 ejemplares del *Vorwärts*{83} también para que los distribuya por sus propios medios. Los socialdemócratas alemanes entienden la diferencia entre la anarquía y la organización.

La cuestión del dinero se planteó hasta el momento del colapso, pero yo solo señalé el cambio en el planteamiento de esta cuestión provocado por dicho colapso.

Hasta qué punto la redacción mezcla la polémica admisible con el boicot inadmisible se ve con especial claridad en lo siguiente. En la carta del 4 de enero, al respondernos sobre la cuestión del dinero, la redacción, entre las "condiciones que le dificultan la difusión entre los conocidos del apoyo activo a la caja central", menciona esto: "los agentes del CC y las personas a las que protegen, en las reuniones, pronuncian frases amenazadoras sobre la ilegalidad de la actual composición de la redacción (de lo cual, por cierto, se habla también en la carta del miembro del CC Lenin…)". ¡Vean qué asombrosa tergiversación de los conceptos políticos! ¡La cuestión de la provisión (o la interrupción) de las fuentes de dinero se vincula con la cuestión de la polémica en los discursos y en los folletos! ¿No es esto una mezcla de la lucha ideológica con los cálculos de facción y las rencillas? ¡La cuestión de la aprobación o desaprobación por los miembros del partido de la composición (y de la actividad) de la redacción se confunde con la cuestión de la "legalidad"! ¿No es esto un formalismo burocrático?! Es natural que el representante en el extranjero del CC respondiera a esto: "… Como representante del CC, considero necesario señalar a la redacción que no hay ningún fundamento para plantear la cuestión de la legalidad, etc., basándose en discursos encendidos durante las conferencias en el extranjero o en la polémica literaria… Si la redacción percibe ataques hacia sí misma en la polémica, tiene la plena y absoluta posibilidad de responder. ¿Es razonable acalorarse por tal o cual aspereza (desde el punto de vista de la redacción) en la polémica, cuando ni en ningún sitio hay mención alguna de boicot ni de ningún otro modo de acción desleal (desde el punto de vista del CC)…" {84}. En realidad, es sumamente extraño hablar de unas personas "protegidas"… ¿Qué significa eso? ¿Qué lenguaje burocrático es ése? ¿Qué le importa al CC los discursos en las conferencias? No tenemos censura para restringir la libertad de discursos y la libertad de polémica. ¿Acaso no es necesario delimitar tal lucha del boicot?

Considero el relato del camarada Mártoff sobre el Comité de Odesa (que supuestamente preguntó al CC si enviar cartas al OC) como una broma evidente. No se puede hablar de esto en serio.

Repito que nunca ha habido, por parte del CC, un solo caso de exclusión del trabajo de la minoría. Subrayo que el camarada Mártoff mismo reconoce que no tiene hechos de una distribución incorrecta, unilateral o parcial de la literatura.

Publicado según la transcripción del acta, cotejada con el manuscrito.

3

El camarada Mártoff percibió nuestra actitud como una amenaza de golpe de estado. Esto es ridículo. (Mártoff: "¿Y el ultimátum?") El "ultimátum" del CC fue una respuesta al ultimátum de Starovér {85}. El ultimátum es nuestra última palabra respecto a las condiciones de una paz buena aceptables para nosotros. Eso es todo. Solo una imaginación enfermiza podía vislumbrar una aspiración al golpe de estado en nuestra respuesta a la minoría, que, indudablemente, llevó al partido a la escisión. La mayoría, por su parte, no tiene por qué pensar en un golpe de estado. En cuanto a la distribución de *Iskra*, todos sus números se distribuyeron regularmente en la medida de lo posible, y si algún comité se hubiera considerado "olvidado" a este respecto, simplemente debió comunicarlo al CC de manera camaraderil. No tenemos hasta ahora tales comunicaciones. En cambio, la carta de la redacción a los comités no es un acto camaraderil, sino una acción bélica.

El Comité Central mantiene la opinión de que la labor de distribución de la literatura debe pasar por una sola mano y que un segundo centro de distribución no es necesario y es perjudicial. Ahora, unas palabras sobre el expedidor. Repito que el expedidor fue incluido entre los acusados solo porque quería cumplir concienzudamente con su deber y realizó una pregunta práctica a la redacción. La consiguiente exigencia de la redacción de "¡no razonar!", "¡entregar 100 o 200 ejemplares!", etc., presenta todos los rasgos de una actitud burocrática hacia el asunto en su forma más pura.

Sobre las direcciones, solo diré que a la redacción le ha sido entregado todo lo que le pertenece. Solo se ha apartado la correspondencia personal y organizativa, y el resto se le ha transmitido a la redacción. Además, recuerdo que ya en Londres el CO tomó formalmente en sus manos toda la correspondencia organizativa.

Hablar de un nuevo centro en vista de la permanencia de los miembros del CC en el extranjero es un evidente subterfugio y una injerencia burocrática en la esfera que está sujeta a la gestión autónoma del CC.

Publicado según la transcripción del acta, cotejada con el manuscrito.

4

El camarada Mártoff interpreta de manera completamente incorrecta los estatutos. La información del OC debe ser completa y exhaustiva, como lo exigen los estatutos y la utilidad de la causa. Pero el envío de apoderados con fines organizativos —como, por ejemplo, el envío de Z al Comité de Odesa sin conocimiento del CC— infringe flagrantemente la distribución natural de funciones entre las dos instituciones centrales del partido. De ningún modo es provocada por los intereses de la información y solo introduce una desorganización directa, alterando totalmente la unidad de acción. Semejante medida precisamente intensifica el caos en los asuntos del partido y en la práctica significa una escisión directa del partido en dos mitades, en lugar de la división de las dos instituciones centrales según sus funciones.

14. Proyectos de resoluciones presentados el 17 (30) de enero

1

El Consejo del Partido ruega a la redacción del OC que tome, lo más rápidamente y con toda la diligencia que de ella dependa, todas las medidas para que el CC pueda obtener, en el futuro más inmediato, los 5 o 6 mil rublos sobre los cuales hubo correspondencia entre el OC y el CC, y que son requeridos con urgencia en este momento por la caja central del partido en vista de las circunstancias especialmente extraordinarias creadas por las últimas detenciones en Rusia.

2

3

El Consejo del Partido considera incorrecta la comunicación por parte de la redacción del OC, sin el consentimiento del CC, de informaciones sobre la composición del Comité Central a los comités.

4

El Consejo del Partido considera incorrecta la comunicación por parte de los representantes de la redacción del OC al secretario del OC de la opinión sobre él del camarada Vasíliev, pues dicha opinión fue expresada solo a los miembros del Consejo, siendo parte de las deliberaciones internas de la institución suprema del partido.