En relación con los documentos que le envío (el tratado con Nilo y mi carta oficial al Comité Central****), quisiera conversar aún con usted, pues no sé si lograré verlo. Hace poco estuvo aquí su «amigo»***** y nos dio esperanzas acerca de su llegada, pero Nilo desmintió esa noticia. Será muy lamentable que usted no venga: sería en todos los sentidos absolutamente necesario, pues hay una infinidad de malentendidos que crecerán y crecerán, obstaculizando todo el trabajo, si no se logra verse y hablar detenidamente.

Escríbame sin falta si vendrá y qué opina de mi folleto. En general, es imperdonable su inactividad en lo que respecta a las cartas.

Borís (y Koniaga, por lo visto) se han atascado, en mi opinión, en un punto de vista evidentemente atrasado.

Aún «viven en noviembre», cuando las riñas lo invadían todo en nuestra lucha partidaria, cuando era permisible albergar la esperanza de que todo «se arreglaría por sí mismo» con cierta condescendencia personal, etc. Ahora ese punto de vista está anticuado, y aferrarse a él significa ser un loro que repite lo mismo sin sentido, o ser una veleta política, o renunciar a todo papel dirigente y convertirse en un cochero sordomudo, en un dependiente. Los acontecimientos han destruido irrevocablemente ese viejo punto de vista. De la «cooptación» reniegan incluso los martovistas; el disparate principista que llena la nueva «Iskra» ha relegado ya de facto muy atrás toda riña (de modo que ahora solo los loros pueden llamar al cese de las riñas), la cuestión se ha reducido, entiéndalo por amor de Dios, se ha reducido, por la fuerza de los acontecimientos, a si el partido está conforme con la nueva «Iskra». Si no queremos ser peones, tenemos forzosamente que comprender la situación actual y elaborar un plan de lucha consecuente, pero inflexible, por los principios, en nombre del partidismo contra el círculismo, en nombre de los principios revolucionarios de organización contra el oportunismo. Es hora de abandonar los viejos espantajos de que toda lucha semejante es una escisión, hora de dejar de esconder la cabeza bajo el ala, escudándose en las referencias al «trabajo positivo»... de cocheros y dependientes, hora de renunciar a la opinión, de la que pronto se reirán los niños, de que la agitación por el congreso es una intriga leninista.

Repito: los miembros del CC corren el gravísimo peligro de convertirse en bichos raros completamente retrógrados. Quien tenga al menos una gota de honor político y de honradez política, debe dejar de andar con evasivas y astucias (¡esto no lo logró ni siquiera Plejánov, y mucho menos nuestro buen Borís!), debe adoptar una posición definida y defender sus convicciones.

Le estrecho fuertemente la mano y espero respuesta.

Suyo, Lenin

1904.

Escrito en mayo, no antes del 26.

Enviado de Ginebra a Moscú

Publicado por primera vez en 1930

en la Recopilación Leninista XV

Se publica según el manuscrito.