N. K. Krúpskaia, en carta a L. M. Knípovich del 17 de febrero (véase más arriba, documento 181, pág. 324), señala la intervención de Plejánov en el folleto de Mártov «La lucha contra el estado de sitio» con una carta abierta a Mártov contra Lenin. Esta carta no solo fue un nuevo acto de traición abierta (la segunda después del congreso de la Liga) de Plejánov a las posiciones de la mayoría del segundo congreso del partido y su franco tránsito a las posiciones de la minoría, sino también un malicioso intento de calumniar y desacreditar ante los ojos del partido la personalidad de Lenin como figura política.

Plejánov fechó esta carta el 29 de enero de 1904, es decir, la escribió durante la sesión de enero del Consejo, donde bien pudo haber expresado en los debates, cara a cara con el adversario, todas sus objeciones y acusaciones sobre el fondo de la actividad de Lenin en su lucha contra la minoría. Lenin, por supuesto, no podía dejar esta arremetida de Plejánov sin la debida respuesta. En el folleto «Comentario a los protocolos del segundo congreso de la Liga en el Extranjero», en una carta dirigida a la redacción del folleto, dio una réplica exhaustiva a Plejánov.

Aquí presentamos esta carta de Lenin en su redacción inicial, conservada en el archivo de Ginebra en forma de manuscrito autógrafo y algo diferente del texto de la carta publicado en el «Comentario». Todas las variantes del documento con respecto al texto publicado en el «Comentario» las señalamos en notas a pie de página.

La carta de Plejánov la ofrecemos en el apéndice del presente documento.

Ginebra, 20 de febrero de 1904.

Estimados camaradas:

Puesto que en su folleto tocan las circunstancias que motivaron mi salida de la redacción de *Iskra*, les ruego que den cabida en el apéndice de su folleto a [mi breve] respuesta a la carta del camarada Plejánov al camarada Mártov del 29 de enero de 1904, impresa en el folleto de Mártov sobre la lucha contra el «estado de sitio».

El camarada Plejánov considera inexacta mi exposición del asunto en mi carta a la redacción. Sin embargo, no ha dado ni ha podido dar una sola corrección de hecho. Solo ha complementado mi exposición con una transmisión inexacta de conversaciones privadas entre él y yo.

Hablando en general, considero que las referencias a conversaciones privadas son un signo seguro de la ausencia de argumentos serios. Sostengo aún la opinión que recientemente sostenía también el camarada Plejánov acerca de las referencias a conversaciones privadas por parte del camarada Mártov (Prot[ocolos] de la Liga, pág. 134), a saber, que «reproducir con exactitud» tales conversaciones es apenas posible y que la «polémica» sobre ellas «no conducirá a nada».

En particular, las conversaciones privadas tocadas por Plejánov, las explicaré y complementaré gustosamente por mi parte, tanto más cuanto que todas estas conversaciones tuvieron lugar en presencia de terceras personas, a quienes, seguramente, se podrá oír por el público lector, si surge la necesidad.

La primera conversación, cuando el camarada Plejánov habló de su decisión de dimitir en caso de mi desacuerdo absoluto con la cooptación, tuvo lugar el día de la clausura del congreso de la Liga, por la noche, y al día siguiente por la mañana, en presencia de dos miembros del Consejo del Partido. La conversación giró en torno a la cuestión de las concesiones a la oposición. Plejánov insistía en la necesidad de ceder, considerando indudable que la oposición no se sometería a ninguna resolución del Consejo del Partido y que podría producirse de inmediato una escisión total del Partido. Yo insistía en que, después de lo ocurrido en la Liga, después de las medidas adoptadas en su congreso por el representante del C.C. (y el camarada Plejánov participó en la discusión de cada una de estas medidas y las aprobó plenamente), era imposible ceder al individualismo anarquista, y que la actuación de un grupo literario especial (que yo, en repetidas ocasiones en conversaciones con Plejánov, reconocí como perfectamente admisible, contra su opinión) no significa necesariamente, quizás, una escisión. Cuando la conversación derivó hacia la dimisión de uno de nosotros, dije de inmediato que me iría yo, no queriendo impedir a Plejánov intentar resolver el conflicto, intentar evitar lo que él consideraba una escisión.

El camarada Plejánov es ahora tan amable conmigo que no puede encontrar otros motivos para mi paso que la más cobarde evasiva. Para pintar esta cualidad mía con los colores más vivos, el camarada Plejánov me atribuye las palabras: «cualquiera dirá que, evidentemente, Lenin no tiene razón, si incluso Plejánov se ha separado de él».

¡Los colores están aplicados espesos, qué se puede decir! Tan espesos que resulta incluso una evidente incongruencia que el camarada Plejánov no advierte. Si yo estuviera seguro de que «cualquiera» encontraría razón a Plejánov (como Plejánov modestamente piensa de sí mismo) y si considerara necesario tener en cuenta la opinión de ese cualquiera, entonces es evidente que nunca me habría decidido a separarme de Plejánov, que lo habría seguido también en este caso. El camarada Plejánov, queriendo presentar mi conducta como la peor posible y derivada de los motivos más viles, me atribuyó un motivo carente de todo sentido. Yo supuestamente temía tanto separarme de Plejánov en algo que... me separé de él. No le sale redondo esto al camarada Plejánov.

En realidad, mi pensamiento era: mejor me voy yo, porque de lo contrario [me acusarían de que] mi opinión particular serviría de obstáculo a los intentos de Plejánov de hacer la paz. No quiero estorbar los intentos; quizás incluso lleguemos a un acuerdo sobre las condiciones de paz, pero no considero posible responder por una redacción a la que, de este modo, el círculismo del extranjero impone candidatos.

Unos días después, efectivamente, fui a casa de Plejánov junto con un miembro del Consejo, y nuestra conversación con Plejánov tomó el siguiente curso. —¿Sabe?, a veces hay esposas tan escandalosas, dijo Plejánov, que es necesario cederles para evitar la histeria y un gran escándalo ante el público. —Quizás, respondí, pero hay que ceder de modo que conserve la fuerza para no permitir un «escándalo» aún mayor. —Bueno, e irse significa ya cederlo todo, respondió Plejánov. —No siempre, objeté, y me referí al ejemplo de Chamberlain. Mi pensamiento era precisamente el que expresé también por escrito: si Plejánov logra alcanzar una paz aceptable también para la mayoría, en cuyas filas Plejánov luchó tanto tiempo y con tanta energía, entonces yo tampoco iniciaré la guerra. Si no lo logra, me reservo la libertad de acción para desenmascarar a la «esposa escandalosa», si ni siquiera Plejánov logra calmarla y apaciguarla.

En esa misma conversación, le dije a Plejánov (que aún no conocía las condiciones de la oposición) sobre mi «decisión» de entrar en el C.C. (yo podía «decidir» esto, pero el consentimiento debían darlo, por supuesto, todos los miembros del C.C.). Plejánov acogió con total simpatía este plan, como el último intento de convivir con la «esposa escandalosa» aunque fuera sobre cualquier base.

Cuando en mi carta a Plejánov del 6 de noviembre de 1903 expresé la opinión de que él, quizás, simplemente entregaría la redacción a los martovistas, Plejánov respondió (8 de noviembre):... «Usted, al parecer, se ha formado mal mis intenciones. Las expliqué ayer una vez más al camarada V[asíliev]» (miembro del C.C., que estuvo en el congreso de la Liga). A este mismo camarada V[asíliev], Plejánov escribió el 10 de noviembre sobre la cuestión de acelerar o retrasar la salida del nº 52 de *Iskra* con la noticia del congreso:... «Publicar la comunicación sobre el congreso significa: o 1) publicar que Mártov y otros no participan en *Iskra*; o 2) negarle esto a Mártov, y entonces él lo publicará en una hoja aparte. En ambos casos, esto lleva a conocimiento del público la escisión, y eso es precisamente lo que debemos evitar ahora». (Cursiva mía. N. L.) El 17 de noviembre, Plejánov escribe al mismo camarada:... «¿Qué piensa usted sobre la cooptación inmediata de Mártov y otros? Empiezo a pensar que sería una forma de arreglar el asunto con las menores dificultades. Sin usted no quiero actuar.»... (Cursiva de Plejánov.)

De estos fragmentos se ve claramente que Plejánov se esfuerza por actuar solidariamente con la mayoría, deseando cooptar la redacción solo para la paz y bajo condición de paz, en modo alguno para la guerra con la mayoría. Si resultó al revés, esto mostró solo que la carreta del individualismo anarquista se había desbocado demasiado en la táctica del boicot y la desorganización; los frenos más fuertes no surtieron efecto. Esto es muy lamentable, por supuesto, y Plejánov, que deseaba sinceramente la paz, se encontró en una situación desagradable; pero echar la culpa de esto solo a mí no es de recibo.

En cuanto a las palabras de Plejánov sobre mi cesión del silencio por un equivalente adecuado y su orgullosa declaración: «No encontré necesario comprar su silencio», este recurso polémico, dedicado especialmente a poner en duda la pureza de los motivos del adversario, produce solo una impresión cómica al cotejarlo con las palabras de la carta del 10 de noviembre que he citado más arriba. ¡Precisamente Plejánov atribuía una importancia enorme a la cuestión del silencio, de no llevar a conocimiento del público la escisión! ¡Qué más natural que yo le comunique mi acuerdo también con esto bajo condición de paz! Las conversaciones sobre cesión por equivalente y sobre compra solo hacen esperar que la próxima vez Plejánov comunique al público que Lenin prepara billetes falsos para este tipo de compras. Ya ha ocurrido esto en las disputas de emigrados: la atmósfera adecuada existe.

La carta del camarada Plejánov lleva involuntariamente a pensar: ¿no tendrá que comprar ahora él el derecho a estar en la minoría? La táctica de la minoría en nuestro llamado órgano del partido ya se ha definido. Hay que tratar de ocultar las cuestiones y los hechos controvertidos que realmente llevaron a nuestra divergencia. Hay que tratar de demostrar que Martínov estaba mucho más cerca de *Iskra* que Lenin —cómo exactamente, en qué exactamente y en qué medida exactamente, eso aún lo estará dilucidando largo tiempo la enredada redacción de la nueva *Iskra*. Hay que condenar farisaicamente las personalidades en la polémica y, en la práctica, reducir toda la lucha a una campaña contra la personalidad, sin detenerse siquiera ante la atribución al «enemigo» de cualidades nocivas muy inconexas, desde la más desenfadada intransigencia hasta la más cobarde evasiva. Con tal de que suene fuerte. (Y a nuestros nuevos aliados, los camaradas Plejánov y Mártov, les sale tan fuerte que pronto no cederán en nada a los famosos bundistas con su famoso «denuesto».) Los aliados me bombardean con tanto celo desde sus acorazados que a veces me asalta la idea: ¿no será esto una conjura de dos tercios del terrible trío? ¿no debería yo también hacerme el ofendido? ¿no debería clamar sobre el «estado de sitio»? (pues esto es a veces tan cómodo y tan ventajoso)...

Sin embargo, para convertirse en un verdadero partidario de la minoría, el camarada Plejánov tendrá aún que dar dos pasos: primero, reconocer que la formulación del § 1 del estatuto defendida por el camarada Mártov y Axelrod en el congreso (y que ellos ahora diligentemente [eluden] silencian) expresa no un paso hacia el oportunismo, no una claudicación ante el individualismo burgués, sino el germen de nuevas concepciones organizativas verdaderamente socialdemócratas, a lo Ákimov-Mártov y Martínov-Axelrod. Segundo, reconocer que la lucha después del congreso contra la minoría no fue una lucha contra las groseras violaciones de la disciplina del partido, contra los procedimientos de agitación que solo provocan indignación, no una lucha contra el anarquismo y la frase anárquica (págs. 17, 96, 97, 98, 101, 102, 104 y muchas otras de los protocolos de la Liga), sino una lucha contra el «estado de sitio», el burocratismo, el formalismo, etc.

Tendré que ocuparme detalladamente de las cuestiones controvertidas de este tipo en el folleto que preparo ahora para la imprenta. Y por ahora... por ahora observemos la galería de tipos gogolianos abierta por nuestro órgano dirigente, que ha adoptado la costumbre de plantear acertijos a los lectores. ¿Quién se parece al intransigente Sobakévich, que pisa a todos el amor propio, o sea, los callos? ¿Quién se parece al evasivo Chíchikov, que compra junto con las almas muertas también el silencio? ¿Quién a Nozdriov y a Jlestakov? ¿A Manílov y a Skvoznik-Dmujánovski? Acertijos interesantes e instructivos... «Polémica de principios»...

N. Lenin.

1 En el «Comentario a los protocolos del segundo congreso de la Liga en el Extranjero del POSDR», las «circunstancias que motivaron... la salida [de Lenin] de la redacción de *Iskra*» se exponen brevemente de la siguiente manera: «A pesar de esta abierta desobediencia no solo ya al C. Comité, sino también al Consejo del Partido [se refiere al conflicto de la Liga con el C.C. *Red.*], el C.C. no perdía la esperanza de resolver el agudo conflicto por la paz, y entre él y una parte del C.O., por un lado, y los representantes de la «oposición», por otro, comenzaron las negociaciones. Para no obstaculizar el establecimiento en el Partido de la «buena paz» mediante un acuerdo «amistoso» —como se explica en la «carta a la redacción de *Iskra*»— el camarada Lenin salió de la redacción.»

2 Véase más abajo (pág. 337) el apéndice 1 del presente documento.

3 Las últimas palabras de la carta de Plejánov a la redacción de los protocolos del congreso de la Liga están citadas aquí no del todo exactamente. En el texto de esta carta en los protocolos del congreso de la Liga está impreso: «no conducirá a nada». La cursiva aquí pertenece a Lenin.

4 Véase «Leninski Sbornik» VII, documento 85, pág. 217.

5 Véase «Leninski Sbornik» VII, documento 89, pág. 228.

6 Véase «Leninski Sbornik» VII, documento 95, págs. 236-237.

7 Se trata del final del acta de la 35ª sesión del segundo congreso del POSDR sobre la cuestión de la aprobación del acta de la 31ª sesión, en la que se resolvía la cuestión de la composición de la redacción del C.O. Mártov, al aprobarse el acta de la 31ª sesión, propuso «hacer constar que los camaradas Plejánov y Lenin votaron en contra de la nueva reapertura de la cuestión de la redacción y a favor de conceder a los dos redactores elegidos el derecho de cooptar a un tercero». Lenin se refiere aquí al discurso de Plejánov sobre esta propuesta de Mártov justo antes del cierre de la 35ª sesión. En los protocolos del congreso está registrado de la siguiente manera: «Plejánov declara en nombre del buró que considera incorrecta y contraria al reglamento la publicación de los resultados de las votaciones nominales y las consecuencias de estas votaciones, pero él, Plejánov, personalmente, al igual que Lenin,