hablar sin ton ni son, escondiendo la cabeza bajo el ala y aprovechando que de aquí al Comité Central hay tres años
a galope tendido.

No hay nada más absurdo que la opinión de que el trabajo de convocatoria del congreso, la agitación en los comités, la aprobación en ellos de resoluciones sensatas y decididas (y no mocosas) excluye el trabajo «positivo» o lo contradice. Esta opinión revela solo la incapacidad de comprender la situación política que se ha creado ahora en el partido.

El partido está desgarrado de hecho, los estatutos convertidos en un trapo, la organización escarnecida: solo los cándidos palurdos pueden no verlo aún. Y quien lo haya comprendido, debe tener claro que a la embestida de los martovistas hay que responder con otra embestida (y no con vulgares contemporizaciones sobre la paz, etc.). Para la embestida hay que emplear todas las fuerzas. Que de la técnica, el transporte, la recepción se ocupen exclusivamente las fuerzas auxiliares, los ayudantes, los agentes. Poner en esto a los miembros del Comité Central es de lo más insensato. Los miembros del Comité Central deben ocupar todos los comités, movilizar a la mayoría, recorrer Rusia, aglutinar a su gente, lanzar una embestida (en respuesta a los ataques de los martovistas), una embestida contra el Órgano Central, una embestida con resoluciones: 1) que exijan el congreso; 2) que pregunten a la redacción del Órgano Central si se someterá al congreso en la cuestión de la composición personal de la redacción; 3) que estigmaticen a la nueva «Iskra» sin «ternuras pequeño burguesas», como hicieron hace unos días Astracán, Tver y los Urales. Estas resoluciones hay que imprimirlas en Rusia, lo hemos dicho cien veces.

Creo que en nuestro Comité Central hay en verdad burócratas y formalistas, y no revolucionarios. Los martovistas les escupen a la cara, y ellos se limpian y me sermonean: «¡es inútil luchar!»... Solo los burócratas pueden no ver ahora que el Comité Central no es el Comité Central y que sus intentos de serlo son ridículos. O bien el Comité Central se convierte en organización de guerra contra el Órgano Central, guerra de hecho, y no de palabra, guerra en los comités, o bien el Comité Central es un trapo inservible que con razón tirarán a la basura.

Comprendan, por el amor de Dios, que el centralismo ha sido roto por los martovistas de manera irrevocable. Escupan sobre las formalidades idiotas, ocupen los comités, enséñenles a luchar por el partido contra el espíritu de círculo del extranjero, escríbanles hojillas (¡esto no estorbará la agitación por el congreso, sino que la ayudará!), pongan en la técnica a las fuerzas auxiliares. Dirijan

la guerra contra el Órgano Central o abandonen por completo las ridículas pretensiones de «dirección»... mediante la limpieza de escupitajos.

La conducta de Clair es vergonzosa, y el que Koniaga la aliente es aún peor. Nada me enfurece tanto ahora como nuestro «así llamado» Comité Central. Addio*.

El Viejo

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Escrito en febrero de 1904.

Enviado de Ginebra a Rusia

Publicado por primera vez en 1929

en la Miscelánea Leninista X

Se publica según el manuscrito