[Segunda quincena de enero de 1904. Ginebra.]

¿Círculo o Partido? He aquí la cuestión que nuestro Órgano Central ha puesto a debate.
Consideramos sumamente oportuno el planteamiento de esta cuestión. Invitamos a la redacción de nuestro Órgano Central a mirar, ante todo, hacia sí misma. ¿Qué es esta redacción? ¿Es acaso un círculo de personas que han permanecido juntas durante tantos años y que ahora se han infiltrado en la redacción mediante el boicot, la desorganización y la amenaza de escisión, o es un colegio de funcionarios de nuestro Partido?

No intenten eludir esta cuestión alegando que han sido cooptados legalmente, de acuerdo con los estatutos. No dudamos de dicha legalidad, pero les invitamos a no limitarse al punto de vista formal y a responder a nuestra pregunta en lo sustancial. No queremos una respuesta meramente jurídica, sino política. Queremos obtener esta respuesta precisamente de ustedes, señores «redactores» no elegidos por el congreso y no designados por el partido, y no del camarada Plejánov, quien quizás no tuvo otra opción que cooptarlos a ustedes para evitar una escisión.

¿Círculo o colegio partidario de funcionarios?

Si es un círculo, ¿a qué viene esta hipocresía y falsedad con frases sobre un tal Partido? ¿Acaso no han desgarrado de hecho a este Partido, burlándose durante semanas y meses de sus instituciones y de sus estatutos? ¿Acaso no han hecho trizas de hecho las decisiones del segundo congreso de este Partido, no han llevado las cosas a la escisión, no se han negado a someterse al Comité Central y al Consejo? ¿Acaso no se sitúan ustedes fuera del Partido con discursos sobre que los congresos partidarios no son una deidad para ustedes, es decir, que no son obligatorios? ¡Pisotean las instituciones y las leyes del Partido y, al mismo tiempo, se solazan con el título de «Órgano Central del Partido»!

Y si ustedes son funcionarios del Partido, ¿no tendrían a bien explicar a este Partido por qué y en nombre de qué personas no designadas por el congreso han codiciado para sí un lugar en la institución central del partido? ¿Acaso en nombre de la «continuidad» del viejo círculo familiar de redactores? ¡Y las personas que aprobaron en el congreso de la Liga resoluciones sobre esta «continuidad» filistea pretenden ahora embaucarnos con habladurías sobre el Partido! ¿Tienen ustedes siquiera derecho a hablar ahora del Partido?

Llaman formalistas a quienes se apoyan en las decisiones formales del segundo congreso, porque necesitan encubrir y disimular el hecho de que han traicionado la confianza de los camaradas, quienes, todos y cada uno, muchas y repetidas veces se prometieron mutuamente acatar las decisiones del congreso. Ustedes no se someten a las decisiones formales cuando van contra ustedes, y al mismo tiempo, sin el menor escrúpulo de conciencia, se apoyan en los derechos formales de la Liga cuando estos derechos les benefician, ¡se apoyan en las decisiones formales del Consejo del Partido cuando han logrado infiltrarse, contra la voluntad del Partido, en esta institución suprema del partido!

Llaman burócratas a quienes ocupan un cargo partidario por voluntad del congreso del partido y no por capricho de un círculo literario en el extranjero. Necesitan encubrir con esto el hecho, desagradable para ustedes, de que precisamente del espíritu del burocratismo, del espíritu del localismo, del espíritu de la caza de cargos resultaron estar imbuidas personas que fueron absolutamente incapaces de trabajar en el Partido fuera de las instituciones centrales del partido. Sí, la conducta de ustedes nos ha mostrado efectivamente y de manera palpable que nuestro Partido está enfermo de burocratismo, que sitúa el cargo por encima del trabajo, que no rehúye el boicot ni la desorganización con tal de conquistar un cargo.

Llaman toscamente mecánica a la decisión por mayoría de votos del congreso del partido, ¡pero no les parecen toscamente mecánicos y escandalosos los métodos de lucha en las colonias del extranjero y en el congreso de la Liga que les proporcionaron su vergonzosa victoria sobre nuestra redacción partidaria! ¡No perciben el fariseísmo en las declaraciones de reconocimiento del Partido por personas que codiciaban y lograron dirigir el Órgano Central del Partido siendo una minoría del congreso del partido!

¡Y a estos intentos de adornar hipócritamente su conducta indecente y antipartidaria, a esta prédica de la anarquía, a estas burlas del congreso partidario, a esta justificación oportunista del filisteísmo y del espíritu de círculo, lo llaman ustedes su nuevo punto de vista organizativo!

¡Camaradas! ¡Quien se considere seriamente miembro del Partido, debe alzar una voz decidida de protesta y poner fin a este escándalo! Quien considere seriamente los tres años de trabajo de Iskra y el congreso del partido preparado por ella, que expresó la voluntad de los socialdemócratas rusos realmente convencidos de principios y realmente trabajadores, no permitirá que el espíritu de círculo del extranjero pisoteé todo lo hecho por este congreso del partido.

Una de dos.

O no tenemos Partido, o sobre nosotros es omnipotente el círculo literario y de redactores del extranjero, desplazado por nuestro congreso, y entonces, ¡abajo estos discursos hipócritas sobre el Partido, estos títulos falsos de ediciones, órganos e instituciones «del partido»! No somos socialistas-revolucionarios, no necesitamos decorados pintarrajeados. El Partido del proletariado exige la verdad. El Partido del proletariado exige la denuncia despiadadamente sincera del arraigado espíritu de círculo. Tengamos el valor de reconocer que no hay Partido, y emprendamos desde el principio, desde el comienzo mismo, el trabajo de crear y fortalecer un Partido real. No nos perturbará la victoria temporal del espíritu de círculo; creemos y sabemos que el proletariado consciente ruso sabrá forjarse un Partido de hecho, y no un Partido de palabra, un Partido en forma de instituciones realmente partidarias, y no en forma de títulos falsos.

O tenemos Partido, y entonces, ¡abajo todos los intereses de círculo, abajo las asambleas de escandalosos en el extranjero! Entonces, que se retiren inmediatamente de nuestra redacción partidaria las personas que no fueron designadas para este puesto por el congreso del partido. Entonces, que se restablezca la redacción del Órgano Central con los camaradas elegidos por el congreso. Entonces, que en nuestro órgano partidario se difundan los puntos de vista de la mayoría del partido, que nuestro órgano partidario defienda la organización del partido y las instituciones del partido, en lugar de pisotearlas en el lodo.

¡Abajo el espíritu de círculo y, ante todo, abajo de nuestra redacción partidaria!

¡Abajo los desorganizadores!

¡Viva el Partido del proletariado, capaz de acatar de hecho las decisiones del congreso del partido, capaz de honrar la disciplina y la organización del partido!

¡Abajo los discursos farisaicos y los títulos falsos!