Hay que atraer a las fuerzas jóvenes: esto las alentará y las hará verse a sí mismas como literatos profesionales. Y que tenemos escasez de ellos es evidente (basta recordar: 1) la dificultad de hallar redactores de traducciones; 2) la falta de artículos de análisis de la situación interna; 3) la falta de literatura popular). En el terreno de la literatura popular, "La Pluma" precisamente deseaba probarse.

Posibles objeciones: 1) juventud; 2) posible partida próxima a Rusia; 3) pluma (sin comillas) con huellas de estilo de folletín, con excesiva afectación, etc.

Con respecto a 1): a "La Pluma" no se le propone para un puesto independiente, sino para el colegio de redacción. En él adquirirá experiencia. Es indudable que posee el "olfato" de hombre de partido, de hombre de fracción; en cuanto a los conocimientos y la experiencia, son cosa que se adquiere. También es indudable que se ocupa y trabaja. La cooptación es necesaria para vincularlo definitivamente y alentarlo.

Con respecto a 2): si "La Pluma" se pone al corriente de todos los trabajos, tal vez no se vaya pronto. Y si se va, aun en ese caso, el vínculo organizativo con el colegio de redacción y la subordinación a éste no serán un inconveniente, sino una enorme ventaja.

Con respecto a 3): los defectos de estilo no son un defecto importante. Se corregirán. Actualmente acepta las "correcciones" en silencio (y no muy de buena gana). En el colegio de redacción habrá discusiones, votaciones, y las "indicaciones" adoptarán una forma más definida y perentoria.

Por lo tanto, propongo:

1) que los seis miembros de la redacción voten sobre la cooptación plena de "La Pluma";

2) acto seguido, si es aceptado, proceder a la formalización definitiva de las relaciones y votaciones internas de la redacción, y a la elaboración de un estatuto preciso. Esto es necesario para nosotros y también es importante para el congreso.

P. S. Considero sumamente inconveniente e incómodo aplazar la cooptación, pues para mí se ha puesto de manifiesto la existencia de un descontento ya considerable de "La Pluma" (por supuesto, no expresado directamente) por el hecho de que sigue "en el aire", de que (según le parece) todavía lo tratan con desdén como a un "jovencito".

Si no aceptamos a "La Pluma" de inmediato y él se va, digamos, dentro de un mes a Rusia, estoy convencido de que lo interpretará como nuestra franca renuencia a aceptarlo en la redacción. Podemos "perderlo", y eso sería muy malo.

Enviado de París a Ginebra