Lenin, antes de comenzar su informe, se detiene en los debates de la sesión anterior, que se referían a la cuestión de hasta qué punto se puede hablar de las reuniones privadas de los iskristas celebradas durante el congreso del partido. Interpreta la decisión de ayer del congreso en el sentido de que los informantes deben aludir a los hechos no protocolizados solo en un grado mínimo y, por ello, al relatar las reuniones de los miembros de la organización de «Iskra», se propone referirse únicamente a los resultados de las votaciones.

Tras esta introducción, pasa a relatar el período inmediatamente anterior al congreso del partido. En el Comité Organizador, cuya misión era preparar el congreso, predominaban los iskristas y su actividad se desarrollaba justamente en la dirección iskrista. Pero ya durante la preparación del congreso se puso de manifiesto que en el CO distaba mucho de haber una unidad completa. En primer lugar, formaba parte de él un bundista que procuraba aprovechar cualquier pretexto para entorpecer la convocatoria del congreso de orientación iskrista; este miembro del CO llevaba siempre su propia línea. Había además en el CO dos miembros de «Rabochi del Sur»; aunque se consideraban iskristas e incluso declararon su adhesión a «Iskra», sobre lo cual se sostuvieron largas negociaciones, era imposible reconocerlos como tales de manera plena. Finalmente, incluso entre los propios iskristas que formaban parte del CO no había una unidad completa, existían discrepancias entre ellos. Es importante señalar asimismo la decisión del CO sobre la cuestión de los mandatos imperativos. Esta cuestión surgió mucho antes del congreso y fue resuelta en el sentido de que los mandatos imperativos debían ser abolidos. En el mismo sentido y de manera terminante se pronunció también la redacción sobre esta cuestión. Esta decisión se extendía también a ella misma. Se acordó que en el congreso, que es la instancia suprema del partido, ningún miembro de este, incluidos los de la redacción, debía considerarse ligado por obligación alguna ante la organización que lo hubiera enviado. En vista de esta decisión, yo elaboré un proyecto de Tagesordnung[18] del congreso con comentarios a él, que decidí presentar al congreso por mi cuenta. En dicho proyecto, en el punto 23, se hacía al margen una anotación sobre la elección de tres personas a la redacción y al Comité Central{30}. Con este punto se relaciona otra circunstancia. Como la redacción constaba de seis personas, se decidió de común acuerdo que, si durante el congreso fuera necesario celebrar una reunión de la redacción y los votos se dividieran en partes iguales, se invitara a la reunión al camarada Pavlovich con voto decisivo.

Mucho antes de que comenzara el congreso empezaron a llegar los delegados. El CO les dio la posibilidad de conocer de antemano a la redacción. Era del todo natural que los iskristas desearan presentarse en el congreso solidarios, compenetrados, y con este fin se mantenían conversaciones privadas con los delegados que llegaban y se organizaban también reuniones para elaborar una unidad de criterios. En estas reuniones, la fisonomía de algunos delegados se puso de manifiesto con suficiente nitidez. Por ejemplo, en una de dichas reuniones, cuando yo leí un informe sobre la cuestión nacional{31}, el delegado de la región minera se pronunció en el espíritu del PPS{32}, mostrando en general una confusión extrema de ideas.

Tales fueron las circunstancias previas al congreso.

Ahora explicaré cómo sucedió que yo resultara ser el único delegado de la Liga, a pesar de que esta había elegido a dos. Ocurrió que de la organización rusa de «Iskra»{33}, que también debía enviar dos delegados, no llegó ninguno al congreso. Entonces, antes de empezar el congreso, en una reunión de iskristas celebrada se decidió que uno de los dos delegados elegidos por la Liga renunciara a su mandato en favor del otro delegado y se presentara él mismo como delegado de la organización de «Iskra», tomando sus dos mandatos, con la previsión de que, en caso de que llegara de Rusia el delegado elegido, le cediera uno de los dos mandatos de la organización de «Iskra». Tanto a mí como a Mártov, naturalmente, nos interesaba ser delegados por «Iskra», dada la insignificancia del papel que desempeñaba la Liga. Resolvimos esta disputa echándolo a suertes.

La primera cuestión previa –la elección de la mesa del congreso– suscitó cierta discrepancia, aunque no muy grande, entre Mártov y yo. Este último insistía en elegir a nueve personas, incluyendo en ese número incluso a un bundista. Yo, por mi parte, consideraba necesario elegir una mesa que pudiera aplicar una política firme, consecuente, y, en caso de necesidad, supiera incluso emplear las llamadas «manos de hierro». Fueron elegidos: Plejánov, Lenin y Pavlovich.

Además de los cinco bundistas, en el congreso había dos delegados de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero y un delegado de la «Unión de Lucha» de Petersburgo que votaba casi siempre con ellos. Estas personas alargaron considerablemente los debates desde el principio. Ya solo el reglamento del congreso consumió un tiempo increíblemente largo. Hubo interminables discusiones sobre el lugar del Bund en el partido, que duraron varias sesiones. Dilaciones semejantes provocó el bundista que había entrado en la comisión de verificación de mandatos. A cada paso practicaba la obstrucción, no estaba de acuerdo en ninguna cuestión con los demás miembros de esta comisión, de la que yo también formaba parte, y constantemente se mantenía en su «opinión particular». A la observación de que de ese modo el congreso podía prolongarse, el bundista respondió «y que se prolongue», y se declaró dispuesto a permanecer en la comisión todo el tiempo que fuera necesario. Ya muy pasada la medianoche se pudo terminar el trabajo de verificación de mandatos.

En los primeros días de sesiones del congreso se produjo el incidente con el CO. Según los estatutos elaborados por este, solo podían ser invitados al congreso con voz consultiva «destacados militantes del partido». La comisión de verificación de mandatos rechazó la solicitud del grupo «Borba» de que se le admitiera un mandato. En esta comisión participaban dos miembros del CO, que se pronunciaron categóricamente en contra de la admisión en el congreso del representante de «Borba». Cuando el ponente de la comisión comunicó esta decisión al congreso, se produjeron prolongados debates «a favor» y «en contra», y uno de los iskristas expresó la opinión de que al representante de «Borba» no se le debía invitar en absoluto al congreso, porque este grupo solo se había dedicado a las intrigas, procuraba infiltrarse por todos los resquicios, llevaba la discordia a todas partes, etc. (Trotski: «En vano no menciona el apellido del orador: fui yo quien habló». P. Axelrod: «Por lo visto, al informante no le resulta ventajoso».) En efecto, fue el camarada Trotski quien caracterizó tan duramente al grupo «Borba». En el momento más álgido de las discusiones sobre la admisión en el congreso del representante del grupo «Borba», uno de los delegados de «Rabochi del Sur»{34}, que había llegado tarde al congreso y acababa de presentarse, pidió un receso de 5 minutos para informarse de todas las circunstancias relacionadas con la cuestión debatida. Cuando se concedió este receso, los miembros del CO celebraron una reunión allí mismo, junto a la ventana. Es de señalar que ya antes del comienzo del congreso algunos miembros del CO tenían cierto descontento contra la redacción. Así, el miembro del Bund en el CO estaba sumamente indignado porque la redacción había designado su donativo de 500 marcos a los socialdemócratas alemanes para las elecciones como enviado por ella y por el CO, sin haber obtenido para ello la autorización previa de este último. En este acto inocente, completamente natural ante la imposibilidad de comunicarse con rapidez con los camaradas de Rusia, el bundista vio que la redacción, que vivía en el extranjero, disponía del nombre del CO sin consultar con él. Se presentó incluso en el CO la propuesta de dar un voto de censura a la redacción por esto, censura que fue adoptada, ya que al bundista se sumó el camarada NN, que era miembro de la organización de «Iskra». Cuando yo comuniqué esto a Mártov, este se indignó sobremanera, declarando que era una «villanía». (Mártov: «No, la palabra “villanía” no la empleé».) No recuerdo la expresión exacta. Mártov añadió que «no dejaría las cosas así». Yo le convencía de que no era algo tan importante y de que era mejor callar, no dando importancia a este incidente. Cuando terminó la reunión del CO que se celebraba junto a la ventana, el camarada Pavlovich, que formaba parte de él, comunicó a los otros dos miembros de la mesa que, a propuesta del delegado de «Rabochi del Sur» llegado tarde –que también formaba parte del CO–, se había adoptado, por mayoría de votos y con la excepción del propio Pavlovich, la decisión de invitar al congreso al representante de «Borba», Riazanov, con derecho a voz consultiva. El camarada Pavlovich se alzó enérgicamente contra esta decisión y, en ausencia de mandatos imperativos, se consideró con derecho a protestar contra ella en el congreso. A nosotros, los miembros de la mesa, así como a la redacción y a los demás iskristas, nos indignó en grado sumo esta resolución del CO. El miembro del CO que ya he mencionado, el camarada NN, se había manifestado en la sesión de la comisión de verificación de mandatos en contra de la admisión del representante de «Borba» en el congreso; ahora, en cambio, en la reunión del CO aceptaba su invitación. Él mismo era ahora quien colaba a Riazanov en el congreso. De modo que caímos en una trampa. Decidimos entonces librar una lucha enérgica contra esta indignante decisión del CO. Muchos hablaron en contra. En mi discurso sobre este asunto dije lo siguiente: «Qué tormenta de indignación provoca en los congresos europeos la gente que dice una cosa en las comisiones y otra en el congreso». Al decir esto, me refería a NN, miembro de la organización de «Iskra». Cuando el camarada Pavlovich comunicó al congreso su protesta contra esa decisión del CO, el miembro de «Rabochi del Sur» vio en ello una violación de la disciplina, un procedimiento desorganizador, etc., y exigió al congreso un castigo digno para el camarada Pavlovich por ese acto. Pero nosotros desbaratamos todos estos argumentos. La mayoría del CO resultó vencida. Se adoptó una resolución de que el CO, como colegio, no tenía derecho a influir en la composición del congreso después de que este hubiera elegido la comisión de verificación de mandatos. La propuesta de invitar a Riazanov fue rechazada. Pero, incluso después del congreso, me ha tocado oír de algunos iskristas la duda de por qué no se había admitido en el congreso al miembro de «Borba». (Deutsch: «Yo también lo manifesté en el congreso».) Muy cierto; y también en otras cuestiones, de las que aún hablaré, el camarada Deutsch no siempre votaba a una con todos los iskristas, por ejemplo, en la cuestión de la igualdad de derechos de los idiomas. Ahora algunos iskristas expresan también puntos de vista sumamente extraños, como que el Comité Central ha de reflejar en su actividad toda clase de vacilaciones y concepciones primitivas que haya en el partido. En este mismo espíritu hablaron en el congreso también algunos iskristas poco firmes, vacilantes. Resulta, así, completamente falso el parecer de que todos los que se tienen por iskristas lo son de verdad. Hay iskristas que hasta se avergüenzan de llamarse iskristas; este es un hecho. Hay iskristas que luchan contra «Iskra», le ponen diferentes obstáculos, entorpecen su actividad. «Iskra» se ha hecho popular, se ha puesto de moda llamarse iskrista, pero esto no impide que muchos sigan siendo lo que eran antes, antes de que fuera reconocida por muchos comités. Tales iskristas poco de fiar le han causado mucho daño. Si al menos lucharan contra ella de frente, abiertamente... Pero no, actúan a hurtadillas, solapadamente, de modo oculto, secreto.

El segundo punto del Tagesordnung del congreso del partido estuvo dedicado al programa del partido. Los partidarios de «Rábochie Dielo», los bundistas y diversos delegados sueltos, a los que durante el congreso se dio el mote de «el pantano», hicieron una increíble obstrucción. Los debates sobre el programa se prolongaron inverosímilmente. Solo Akímov presentó no menos de una decena de enmiendas. Se discutía literalmente por palabras sueltas, por una u otra conjunción. Un bundista que formaba parte de la comisión revisora del proyecto de programa preguntó muy fundadamente: –¿Qué proyecto estamos examinando, el presentado por la redacción de «Iskra» o el presentado por Akímov? –, tan numerosas eran las enmiendas que había que discutir. Estas enmiendas eran insignificantes y el programa fue aprobado sin cambios en lo más mínimo serios; a pesar de ello, los debates sobre el mismo requirieron cerca de 20 sesiones. He ahí hasta qué punto fue improductivo el trabajo del congreso a causa de la oposición que le hacían diversos elementos anti-iskristas y quasi[19]-iskristas.

El segundo incidente de importancia ocurrido en el congreso después del incidente del CO fue el incidente a propósito de la igualdad de derechos de los idiomas o, como irónicamente se le denominó en el congreso, «sobre la libertad de los idiomas». (Mártov: «O “sobre los asnos”». Risas.) Sí, y «sobre los asnos». He aquí de qué se trataba. En el proyecto de programa del partido se habla de la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, sin distinción de sexo, nacionalidad, religión, etc. Los bundistas no se dieron por satisfechos con esto y empezaron a exigir que se introdujera en el programa el derecho de cada nacionalidad a aprender en su idioma, así como a dirigirse en él a las diferentes instituciones públicas y estatales. En respuesta a la observación de un bundista muy locuaz, que señaló, como ejemplo, la cría caballar del Estado, el camarada Plejánov observó que sobre la cría caballar no podía tratarse, pues los caballos no hablan, y «solo hablan los asnos». Los bundistas se ofendieron por ello, evidentemente por haber tomado esta broma como algo personal.

En la cuestión de la igualdad de derechos de los idiomas se manifestó por primera vez la escisión. Además de los bundistas, los partidarios de «Rábochie Dielo» y «el pantano», a favor de la «libertad de los idiomas» se pronunciaron también algunos iskristas. El camarada Deutsch, con sus votos sobre esta cuestión, provocaba en nosotros extrañeza, indignación, cólera, etc.: tan pronto se abstenía como votaba contra nosotros. Finalmente, esta cuestión fue resuelta amigablemente y por unanimidad.

En general, en la primera mitad del congreso todos los iskristas actuaban a una. Los bundistas decían que había una conspiración contra ellos. Un bundista caracterizó en su discurso al congreso como una «mayoría compacta». En respuesta a esto, yo manifesté el deseo de que todo nuestro partido se convirtiera en una sola mayoría compacta[20].

Un cuadro completamente distinto presenta la segunda mitad del congreso. Desde ese momento comienza el viraje histórico de Mártov. Las discrepancias que se manifestaron entre nosotros no fueron en absoluto insignificantes. Dimanaban de la apreciación incorrecta que Mártov hacía del momento presente. El camarada Mártov se apartó de la línea a la que se atenía antes.

El quinto punto del Tagesordnung estaba dedicado a los estatutos. A causa del primer punto de estos surgieron entre Mártov y yo discusiones ya en la comisión. Defendíamos formulaciones distintas. Mientras que yo proponía reconocer como miembro del partido a quien, compartiendo el programa del partido y prestándole apoyo material, formara parte de alguna organización del partido, Mártov consideraba suficiente, además de las dos primeras condiciones, trabajar bajo el control de una de las organizaciones del partido. Yo defendía mi formulación y señalaba que no podíamos dar otra definición de miembro del partido sin apartarnos del principio del centralismo. Reconocer como miembro del partido a una persona que no formara parte de ninguna organización del partido equivalía a pronunciarse contra todo control del partido. Aquí Mártov introducía un nuevo principio, que contradecía por completo los principios de «Iskra». La formulación de Mártov ampliaba los límites del partido. Aducía que nuestro partido debía ser un partido de masas. Abría de par en par las puertas a todo tipo de oportunistas, extendía los límites del partido hasta la más completa indefinición. En nuestras condiciones, esto representa un gran peligro, ya que es muy difícil establecer la frontera entre un revolucionario y un charlatán ocioso; por ello nos era necesario restringir el concepto de partido. El error de Mártov consistió en que abría ampliamente las puertas del partido a cualquier advenedizo, cuando se ha puesto de manifiesto que incluso en el congreso una tercera parte entera pertenece al número de los que ponen zancadillas. Mártov, en este caso, mostró oportunismo. Su formulación introducía una falsa disonancia en los estatutos: cada miembro del partido debe encontrarse bajo el control de la organización, de modo que el Comité Central tenga la posibilidad de llegar hasta el último miembro del partido. Mi formulación daba un estímulo para organizarse. El camarada Mártov rebajaba el concepto de «miembro del partido», mientras que, en mi opinión, debe ser algo elevado, muy elevado. Se pasaron al lado de Mártov «Rábochie Dielo», el Bund y «el pantano», con cuya ayuda consiguió hacer aprobar el primer párrafo de los estatutos.

Entonces Mártov empezó a hablar de los «rumores infamantes» que se difundían sobre él. En las indicaciones acerca de con quién se había aliado Mártov no había ofensa alguna. Yo mismo fui objeto de los mismos reproches cuando me encontré en alianza con el camarada Brúker. Y no me molesté en absoluto cuando Mártov me envió una nota diciéndome: «mira con quién votas». Es cierto que mi alianza con Brúker fue temporal y casual. En cambio, la alianza de Mártov con el Bund resultó ser sólida. Yo estaba en contra de la formulación de Mártov, pues era un Versumpfung[21]. Yo prevenía de ello a Mártov, y nuestros adversarios, yendo tras Mártov como un solo hombre, ilustraban elocuentemente este error. Pero lo más peligroso no reside en que Mártov cayera en el pantano, sino en que, habiendo caído en él por casualidad, no tratara de salir, sino que se hundiera cada vez más. Los bundistas sintieron que se habían convertido en dueños de la situación e imprimieron su sello a los estatutos del partido.

Durante la segunda mitad del congreso también se formó una mayoría compacta, solo que ahora estaba compuesta por la coalición de los martovistas, más «el pantano», más la minoría compacta de «Rábochie Dielo» y del Bund. Y esta mayoría compacta se alzaba contra los iskristas. Un bundista, al ver las rencillas entre los iskristas, dijo: «Es grato discutir cuando los jefes se pelean». No logro entender por qué el Bund se marchó en tales circunstancias. Era el dueño de la situación y hubiera podido hacer aprobar muchas cosas. Lo más probable es que tuviera un mandato imperativo.

Después de que el primer párrafo de los estatutos fuera estropeado, tuvimos que atar el cacharro roto con un doble nudo, lo más apretadamente posible. Nos asaltó, naturalmente, el temor de que nos socavaran, de que nos la jugaran. En vista de ello, era necesario introducir la cooptación mutua en los organismos centrales, para asegurar al partido la unidad de acción entre ellos. A causa de esta cuestión estalló de nuevo la lucha. Era necesario lograr que para el III Congreso del partido no pudiera repetirse lo mismo que había ocurrido con el CO. Había que crear un ministerio iskrista consecuente, honesto. En este punto fuimos derrotados de nuevo. El punto sobre la cooptación mutua en los organismos centrales fue rechazado. El error de Mártov, apoyado por «el pantano», se puso aún más de relieve. A partir de ese momento, la coalición se configuró plenamente y, bajo la amenaza de la derrota, nos vimos obligados a cargar nuestros fusiles con doble carga. El Bund y «Rábochie Dielo» estaban allí sentados y decidían con sus votos la suerte del congreso. De ahí surgió una lucha tenaz, enconada.

Pasemos ahora a las reuniones privadas de la organización de «Iskra». En estas reuniones nos ocupamos, principalmente, de la cuestión de la composición del Comité Central. Durante las cuatro reuniones de la organización de «Iskra» se sostuvieron debates en torno al camarada NN, a quien una parte de los iskristas quería expresar desconfianza política, pero no en el sentido literal de esta palabra, pues absolutamente nada infamante se le atribuía a NN, sino en el significado especial de la idoneidad de NN para el ministerio iskrista; por esto se produjeron peleas desesperadas. En la última reunión de los 16, 9 personas se pronunciaron contra NN, 4 a favor y los demás se abstuvieron. Allí mismo se decidió la cuestión de con qué composición sacar adelante ahora nuestro ministerio.

Mártov y yo proponíamos diferentes «ternas»; no pudimos ponernos de acuerdo sobre ellas. No queriendo dividir los votos en el congreso, decidimos proponer una lista de compromiso. Hacíamos toda clase de concesiones: yo aceptaba una lista con dos martovistas. La minoría no aceptó esto. Entre otras cosas, el miembro de «Rabochi del Sur» no quería figurar en nuestra lista, mientras que aceptaba estar en la lista de los martovistas. «Rabochi del Sur» –elemento extraño– decidía la cuestión del Comité Central. Después de que los iskristas se escindieran, tuvimos que agrupar a nuestros partidarios y lanzarnos a una agitación fogosa. La inesperada marcha del Bund cambió de golpe toda la situación. Con su marcha se formó de nuevo una mayoría compacta y una minoría. Nosotros quedamos en mayoría e hicimos elegir para el Comité Central a quienes queríamos.

Tales fueron las circunstancias que condujeron a la escisión. Una gran falta de tacto por parte de Mártov fue plantear en el congreso la cuestión de la ratificación de los seis redactores de «Iskra», cuando él sabía que yo insistiría en la elegibilidad de la redacción. Esto equivalía a reducir la cuestión de la elección de la redacción a una expresión de desconfianza hacia personas concretas de la redacción.

El sábado, a las 5, terminaron las elecciones. Procedimos a discutir las resoluciones. Para ello nos quedaban solo unas pocas horas. A consecuencia de los entorpecimientos y dilaciones por parte de «el pantano», tuvimos que suprimir del Tagesordnung un sinfín de puntos importantes; así, no nos quedó tiempo alguno para discutir todas las cuestiones de táctica.

La actitud del congreso ante las resoluciones fue tan unánime que nos llevamos la impresión de que se había instaurado un ánimo conciliador; nos parecía que Mártov no hacía de las discrepancias surgidas una cuestión de Estado. Incluso observó, a propósito de una pregunta de uno de los de «Rabochi del Sur» sobre la legalidad de las elecciones, que la minoría acataría todos los acuerdos del congreso. Todas las resoluciones se aprobaban pacífica y amistosamente; las discrepancias surgieron solo a raíz de la resolución de Starovier sobre los liberales. Dicha resolución adolece de indefinición, y en ella se manifestó de nuevo el oportunismo; luchamos contra ella y logramos que se aprobara otra resolución sobre esta misma cuestión.

La impresión general del congreso fue tal que habíamos librado una lucha contra los que intentaban socavarnos. Nos vimos imposibilitados para trabajar. La conclusión era: «líbranos, Señor, de tales amigos», es decir, de los quasi-iskristas. Mártov no comprendió en absoluto este momento. Erigió su errónea posición en principio. En flagrante contradicción con las necesidades reales del partido está la afirmación de Mártov sobre el «estado de sitio» creado por la mayoría. Para hacer el trabajo más eficaz, era necesario eliminar los elementos que entorpecían y colocarlos en una posición en la que no pudieran estropear al partido; solo así conseguiremos en el próximo congreso trabajar fructíferamente. He aquí por qué era necesario establecer una unidad completa entre los organismos centrales del partido.

La primera mitad del congreso es diametralmente opuesta a la segunda. Los puntos cardinales de todo el congreso se reducen a cuatro grandes momentos, a saber: 1) el incidente con el CO; 2) los debates sobre la igualdad de derechos de los idiomas; 3) los debates sobre el primer punto de los estatutos y 4) la lucha por las elecciones a los centros dirigentes del partido.

En la primera mitad del congreso, junto con Mártov, estábamos contra el CO, el Bund, «Rábochie Dielo» y «el pantano». En la segunda mitad, él cayó casualmente en el pantano. De un Versumpfung casual, ahora, después del congreso, está resultando ya un verdadero Versumpfung. (Aplausos.)