Repito una y otra vez: el error fundamental de Hans es que se fió de la última impresión. El número 53 debería haberle hecho entrar en razón. Los martovistas han tomado el Órgano Central para la guerra, y ahora la guerra se ha desatado en toda la línea: persecución en "Iskra", peleas en las conferencias públicas (hace unos días Mártov leyó sobre la escisión en París ante 100 personas y se peleó con Lébedev 261), agitación de lo más desvergonzada contra el Comité Central. Sería una miopía imperdonable pensar que esto no puede extenderse a Rusia. Aquí las cosas han llegado hasta la ruptura de relaciones entre el Órgano Central y el Comité Central (resolución del Órgano Central del 22.XII, que os ha sido enviada), hasta la mentira impresa del Órgano Central (n.º 55 de "Iskra"), según la cual se habría alcanzado un acuerdo sobre no publicar las negociaciones.

Pensad por fin seriamente en toda la posición política, mirad más ampliamente, abstraeos de la pequeña y rutinaria agitación con los céntimos y los pasaportes, y aclaraos, sin esconder la cabeza bajo el ala, adónde vais y para qué estáis alargando la cosa.

En el Comité Central tenemos dos corrientes, si no me equivoco (o quizá tres? ¿Cuáles?). A mi juicio, son las siguientes: 1) dilatar el asunto, sin convocar el congreso, en la medida de lo posible guardando silencio ante los ataques y los insolentes escupitajos en la cara, y fortalecer la posición en Rusia; 2) armar un escándalo de resoluciones contra el Órgano Central, dirigir todas las fuerzas a la conquista de los comités vacilantes y preparar el congreso dentro de dos, máximo tres meses. Y yo pregunto: ¿en qué consiste vuestro fortalecimiento de posiciones? Sólo en que perdéis el tiempo, mientras el adversario concentra aquí sus fuerzas (¡y el extranjero significa muchísimo!), y aplazáis la decisión hasta vuestro fracaso. El fracaso es inevitable y bastante rápido; sería simplemente un infantilismo ignorarlo.

¿Qué nos dejaréis después del fracaso? Los martovistas tienen fuerzas frescas y acrecentadas.

Nosotros, filas destrozadas. Ellos, un Órgano Central fortalecido. Nosotros, un grupo que transporta deficientemente ese Órgano Central que los insulta. ¡Eso es el camino seguro hacia la derrota, eso es sólo un aplazamiento vergonzoso y estúpido de la derrota inevitable! Vosotros simplemente cerráis los ojos ante esto, aprovechando que la guerra del extranjero se extiende hacia vosotros lentamente. Vuestra táctica literalmente

se reduce a aquello de "después de nosotros (después de la actual composición del Comité Central), el diluvio" (el diluvio para la mayoría).

Pienso que si incluso la derrota fuera inevitable, entonces habría que irse de manera directa, honrada y abierta, y eso sólo es posible en un congreso. Pero la derrota no es en absoluto inevitable, porque los cinco no se han cohesionado, Plejánov no está con ellos, sino a favor de la paz, y mediante el congreso se puede pescar tanto a Plejánov como a ellos con sus supuestas divergencias. La única objeción seria contra el congreso es que inevitablemente legalizará la escisión. Y yo respondo: 1) incluso eso es mejor que la situación actual, pues entonces se podrá uno ir honradamente, y no arrastrar la vergonzosa situación de ser escupido; 2) los martovistas han dejado pasar el momento para la escisión, y su salida del 3er congreso es improbable, pues la lucha actual y la plena publicación quitan la posibilidad de escisión. 3) En cuanto a regatear con ellos, si es posible, lo mejor es precisamente en el congreso.

Discutid este asunto con sensatez y responded por fin con la opinión de cada uno (obligatoriamente de cada uno) de los miembros del Comité Central.

No me importunéis con los folletos: no soy una máquina, y en la actual situación indignante no puedo trabajar.

1904.

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Enviado desde Ginebra a Kiev

Publicado por primera vez en 1929

en el Recopilador Leninista X

Se imprime según el manuscrito