Lo que particularmente me indigna de la posición que ha adoptado ahora la «Iskra» «martovista» es la falsedad interna y la mentira, los intentos de eludir lo sustancial del asunto, los intentos de escamotear la opinión pública del partido y sus decisiones, los intentos de sustituir conceptos y hechos. Y solo por ignorancia del asunto me inclino a explicar la torpeza e indiferencia, la insensibilidad ante esa mentira, que manifiestan algunos camaradas. Contra la ignorancia hay que luchar con esclarecimientos, y yo en ningún caso renunciaré a mi intención de esclarecer todo el asunto con el mayor detalle (si es necesario, con todos los documentos) en un folleto especial, que emprenderé tan pronto como se publiquen las actas de los congresos del partido y de la Liga, es decir, muy pronto{62}.

La tergiversación fundamental con que engañan al partido los martovistas (engañándose también, quizá e incluso probablemente, a sí mismos en primer lugar, debido a su histerismo) consiste, en primer lugar, en sustituir las verdaderas fuentes y causas de la divergencia entre los iskristas. Y en segundo lugar, en sustituir los conceptos de espíritu de círculo y desorganización, de sectarismo y de partidismo.

La primera sustitución consiste en presentar como divergencia «de principio» lo que, en esencia, no fue sino la riña que ambas partes se lanzaron después del congreso, durante la lucha de los centros contra la oposición. La riña consistía en que la oposición llamaba a la mayoría autócratas, formalistas, burócratas, etc., mientras que la mayoría llamaba a la oposición arribistas histéricos, partido de ministros desechados o escandalosos histéricos (véase el congreso de la Liga). ¡Y ahora una de las partes eleva esos mutuos «cumplidos» al Órgano Central como divergencia de principio! ¿Acaso no es una infamia?

En realidad, la causa de la divergencia residía precisamente en el giro de los martovistas hacia el pantano. Este giro se manifestó claramente en el congreso en el artículo 1 de los estatutos y en la agrupación en las elecciones a los centros. Esta divergencia, en cierta medida indudablemente de principio, se elude y se silencia.

La segunda sustitución consiste en que, tras desorganizar a todo el partido y todo el trabajo durante tres meses en aras de los intereses de un círculo, para colarse en los centros (pues nadie coartó la polémica de fondo ni la libertad de expresión; al contrario, se invitó y se pidió a los martovistas que escribieran), los martovistas ahora, habiéndose infiltrado por la puerta trasera en la redacción, sustituyen esto con la acusación ridícula a la mayoría de formalismo desorganizador, burocratismo, etc., silenciando su boicot, su arribismo, etc. ¿Acaso no es una infamia? Una de dos: o se echa al olvido toda la «porquería» y entonces no se habla en absoluto de ella, no se permite en el Órgano Central ni los residuos de la porquería, puesto que los gritos sobre el burocratismo son precisamente un residuo del mezquino arribismo. O se plantea la cuestión de la divergencia, y entonces se desvela todo.

Escrito en la segunda quincena de diciembre de 1903.

Publicado por primera vez en 1929 en la Recopilación Leninista X.

Se publica según el manuscrito.