No se trata, en absoluto, de una cuestión personal. Se trata de la actitud de la mayoría y la minoría de nuestro congreso del partido, y estoy obligado a responder de inmediato y abiertamente, obligado no solo porque los delegados de la mayoría me acosan con preguntas, sino también porque el artículo «Nuestro congreso» en el número 53 de «Iskra» ha ofrecido una versión completamente falsa de la división, no muy profunda pero sí muy desorganizadora, entre los iskristas, a la que condujo el congreso.

El artículo presenta el asunto de tal modo que ni con lupa se podría hallar en él una sola causa realmente seria de la división, nadie verá ni una sombra de explicación de un fenómeno como el cambio en la composición de la redacción del Órgano Central (OC), nadie encontrará siquiera un atisbo de razones respetables para mi salida del colegio. Nos separamos por la cuestión de la organización de los centros del partido – dice el autor del artículo –, por la cuestión de la relación entre el OC y el CC, sobre el modo de implantar el centralismo, sobre los límites y el carácter de una centralización posible y útil, sobre el daño del formalismo burocrático.

¿De veras? ¿Y no nos separamos acaso por la cuestión de la composición personal de los centros, por la cuestión de si es admisible, a causa del descontento con la composición elegida en el congreso, el boicot a estos centros, la desorganización del trabajo práctico, la modificación de las decisiones del congreso del partido para complacer a un círculo de socialdemócratas en el extranjero, como la mayoría de la Liga?

Vosotros sabéis perfectamente, camaradas, que las cosas sucedieron exactamente así. Pero la inmensa mayoría de los militantes más influyentes y más activos del partido aún no lo sabe, y yo esbozaré brevemente los hechos fundamentales, – brevemente porque pronto se publicarán, a juzgar por la declaración del número 53 de «Iskra», los materiales completos sobre la historia de nuestra divergencia{57}.

En nuestro congreso, como señalan con razón tanto el autor del artículo que nos ocupa como la delegación del Bund en su informe recién publicado, había una mayoría significativa de «iskristas», – según mis cálculos, alrededor de 3/5 de los votos incluso antes de la retirada de los delegados del Bund y de «Rabócheie Dielo». En la primera mitad del congreso, estos iskristas marcharon unidos contra todos los antiiskristas y los iskristas inconsecuentes. Esto se manifestó de manera especialmente clara en dos incidentes de la primera mitad del congreso, importantes para comprender nuestra divergencia: el incidente con el OK y el incidente sobre la igualdad de derechos de las lenguas (en este caso la compacta mayoría iskrista se redujo, por única vez, de 3/5 a 1/2). En la segunda mitad del congreso, los iskristas empezaron a divergir y se separaron por completo hacia el final del mismo. Las discusiones sobre el párrafo 1 de los estatutos del partido y sobre la elección de los centros muestran con claridad el carácter de esta divergencia: la minoría de los iskristas (encabezada por Mártov) aglutina en torno a sí a un número cada vez mayor de no iskristas y elementos indecisos, enfrentándose a la mayoría de los iskristas (entre los que estábamos Plejánov y yo). En el párrafo 1 de los estatutos, esta agrupación no había cuajado aún en formas definitivas, pero aun así los votos de los bundistas y dos de los tres votos de los raboche-dieltsi dan la ventaja a la minoría iskrista. En las elecciones de los centros, la mayoría iskrista (debido a la retirada del congreso de los cinco votos bundistas y de los dos de «Rabócheie Dielo») se convierte en la mayoría del congreso del partido. Y solo entonces divergimos en el verdadero sentido de la palabra.

Nos divide profundamente, ante todo, la composición del CC. Ya después del incidente con el OK, en el mismo comienzo del congreso, los iskristas discuten acaloradamente la candidatura de diferentes miembros (y no miembros) del OK al CC, y en las reuniones no oficiales de la organización de «Iskra», tras largos y encendidos debates, rechazan una de las candidaturas apoyadas por Mártov por nueve votos contra cuatro y tres abstenciones; aprueban por diez votos contra dos y cuatro abstenciones una lista de cinco, en la que, a propuesta mía, se incluye a un líder de los elementos no iskristas y a un líder de la minoría iskrista{58}. Pero la minoría insiste en tener a tres de los cinco, y por ello sufre una derrota completa en el congreso del partido. Del mismo modo termina la gran batalla entablada en el congreso sobre la cuestión de confirmar al viejo sexvirato o elegir una nueva troika en la redacción del OC[36].

Solo a partir de este momento la divergencia se hace tan completa que sugiere la idea de una escisión; solo a partir de este momento comienza la abstención en las votaciones, nunca vista hasta entonces en el congreso, de la minoría (que se convierte ya en una verdadera minoría «compacta»). Y esta divergencia se agudiza cada vez más después del congreso. La minoría descontenta pasa al boicot, que se prolonga durante meses enteros{59}. Que las acusaciones de formalismo burocrático, de exigencia de obediencia ciega y mecánica, etc., surgidas sobre este terreno, no sean más que un intento de cargar las culpas ajenas sobre los sanos, es algo que salta a la vista y queda suficientemente ilustrado con el siguiente caso típico. La nueva redacción (es decir, Plejánov y yo) invita a colaborar a todos los antiguos redactores, los invita, por supuesto, primero sin «formalismo», de palabra. Recibe una negativa. Entonces escribimos un «papelucho» (¡burócratas!) a los «respetados camaradas» y les pedimos que colaboren en general y, en particular, expongan sus divergencias en las páginas de las publicaciones que editamos. Recibimos una declaración «formal» de que no desean tomar parte alguna en «Iskra». Durante meses enteros, ninguno de los no redactores trabaja en «Iskra». Las relaciones se vuelven exclusivamente formales y burocráticas, – ¿por «iniciativa» de quién?

Comienza la creación de una literatura clandestina, que inunda el extranjero, se envía a los comités y empieza ya, en parte, a regresar ahora de Rusia al extranjero. El informe del delegado siberiano, la carta – – sobre las consignas de la «oposición», «Otra vez en la minoría» de Mártov están llenos de las más graciosas acusaciones contra Lenin de «autocracia», de creación de un régimen de ejecuciones al estilo de Robespierre (¡sic![37]), de organizar funerales políticos a viejos camaradas (¡el no ser elegido para los centros es un funeral!), etc. La oposición, por la fuerza de las cosas, se ve arrastrada a buscar divergencias «de principio» en cuestiones de organización que hagan imposible el trabajo conjunto. En especial se aferran al famoso «quinto miembro» del Consejo del partido. El Consejo aparece en todas las obras mencionadas como una diplomacia o un truco de Lenin, un instrumento para oprimir al CC ruso por medio del OC en el extranjero, exactamente igual que como presenta el asunto la delegación del Bund en su informe sobre el congreso. Huelga decir que esta divergencia de principio es una bagatela semejante al famoso formalismo burocrático: al quinto miembro lo elige el congreso; por consiguiente, la cuestión se reduce a la persona que merezca la mayor confianza de la mayoría; y la voluntad de la mayoría del congreso del partido se manifestará siempre, bajo cualquier organización de los centros del partido, mediante la selección de determinadas personas.

La amplitud con que se ha difundido en el extranjero toda esta clase de literatura se ve por el hecho de que hasta el bueno de Parvus se lanzó a la cruzada contra la tendencia a concentrar todos los hilos en una sola mano y a «dar órdenes» (¡sic!) a los obreros desde no sé qué Ginebra («Aus der Weltpolitik»{60}, V año, núm. 48, 30-XI-1903). Pasará un mes, otro mes, leerá nuestro nuevo adversario de la autocracia las actas del congreso del partido y del congreso de la Liga y se convencerá de lo fácil que resulta hacer el ridículo cuando se toma al pie de la letra todo Parteiklatsch[38].

El apogeo de las acciones bélicas de la oposición contra los centros fue el congreso de la Liga. Por sus actas, los lectores verán si tenían razón quienes lo calificaron de escenario para ajustar cuentas del congreso del partido; – si hubo en el embate de la oposición algo que provocara al CC a tomar medidas absolutamente excepcionales (tal como se expresó el propio CC cuando el cambio en la composición de la redacción dio esperanzas de instaurar la paz en el partido){61}. Las resoluciones de este congreso muestran qué carácter tienen las divergencias «de principio» sobre la cuestión del burocratismo autocrático.

La atmósfera de escisión tras el congreso de la Liga se volvió tan amenazadora que Plejánov decidió cooptar a la antigua redacción. Yo preveía que la oposición no se contentaría con esto, y consideraba imposible modificar la decisión del congreso del partido para complacer a un círculo. Pero aún menos permisible consideraba interponerme en el camino de una paz posible en el partido y por eso salí de la redacción después del número 51 de «Iskra», declarando al mismo tiempo que no renunciaba a la colaboración y que ni siquiera insistía en que se publicara mi salida, si se instauraba una buena paz en el partido. La oposición exigió (no la modificación de un inexistente sistema de burocratismo, formalismo, autocracia, mecanismo, etc., sino) el restablecimiento de la antigua redacción, la cooptación de representantes de la oposición en el Comité Central, dos puestos en el Consejo y el reconocimiento como legítimo del congreso de la Liga. El Comité Central propuso asegurar la paz, aceptando la cooptación de dos en el CC, la cesión de un puesto en el Consejo y la gradualidad en la reorganización de la Liga. La oposición rechazó también estas condiciones. La redacción fue cooptada, pero la cuestión de la paz quedó abierta. Tal era la situación en el momento de aparecer el número 53 de «Iskra».

Que el partido quiere paz y una labor positiva, difícilmente puede ponerse en duda. Pero artículos como «Nuestro congreso» impiden el establecimiento de la paz, impiden porque suscitan insinuaciones y fragmentos de cuestiones que son incomprensibles y no pueden ser comprendidos sin una exposición completa de todas las peripecias de la divergencia, impiden porque cargan la culpa del círculo del extranjero sobre nuestro centro práctico, que está ocupado en la labor pesada y difícil de la unificación efectiva del partido y que ya de por sí ha encontrado y encuentra demasiados obstáculos en el camino de la implantación del centralismo. Los comités rusos libran una lucha contra la actividad desorganizadora que frena todo el trabajo y contra el boicot de la minoría. Resoluciones en este sentido han sido ya enviadas por los comités de Petersburgo, Moscú, Nizhni Nóvgorod, Tver, Odesa, Tula y por la Unión del Norte.

¡Basta ya de Literatengezänk[39] en el extranjero! ¡Que sirva ahora a los prácticos de Rusia como un ejemplo de «lo que no se debe hacer»! ¡Que la redacción del Órgano Central del partido llame a todos a poner fin a todo boicot de cualquier parte que sea, a trabajar unidos bajo la dirección del CC del partido!

¿Y la diferencia entre los matices de los iskristas? preguntará el lector. En primer lugar, responderemos a esto, la diferencia consiste en que, a juicio de la mayoría, se puede y se debe defender los propios puntos de vista en el partido independientemente de modificar la composición personal de los centros. Todo círculo, aunque sea el de los raboche-dieltsi, tiene derecho, al ingresar en el partido, a exigir la posibilidad de expresar y defender sus puntos de vista, pero ningún círculo, ni siquiera el de los generales, tiene derecho a exigir representación en los centros del partido. En segundo lugar, la diferencia consiste en que, a juicio de la mayoría, la culpa del formalismo y del burocratismo recae sobre quien, con su apartamiento del trabajo bajo la dirección de los centros, ha dificultado la posibilidad de una gestión no formalista. En tercer lugar, conozco una, y solo una, divergencia de principio en las cuestiones de organización, precisamente la divergencia que se expresó en los debates sobre el párrafo 1 de los estatutos del partido. Cuando se publiquen las actas del congreso, trataremos de volver a esta cuestión. Mostraremos entonces que la formulación de Mártov fue aprobada por elementos no iskristas y quasi[40]-iskristas no por casualidad, sino porque da un paso hacia el oportunismo, y que este paso lo vemos aún más claramente en la carta – – y en «Otra vez en la minoría»[41]. Las actas mostrarán la inexactitud fáctica de la opinión del autor del artículo «Nuestro congreso» de que «la discusión durante el debate de los estatutos del partido se concentró casi exclusivamente en la cuestión de la organización de las instituciones centrales del partido». Todo lo contrario. La única discusión verdaderamente de principio que dividió de manera más o menos definida a las dos «partes» (es decir, la mayoría y la minoría de los iskristas) fue la discusión sobre el párrafo 1 de los estatutos del partido. Las discusiones sobre la composición del Consejo, sobre la cooptación en los centros, etc., quedaron en discusiones entre delegados aislados, entre Mártov y yo, etc.; tales discusiones versaban sobre detalles comparativamente muy particulares, no provocaron ninguna agrupación definida de los iskristas, quienes con sus votos corregían los apasionamientos ora de uno, ora de otro de nosotros. Reducir a estas discusiones el origen de las divergencias sobre los modos de implantar el centralismo, sus límites, su carácter, etc., significa sencillamente maquillar la posición de la minoría y los métodos de lucha por modificar la composición personal de los centros que llevó a cabo y que fue lo único que provocó entre nosotros una divergencia en el pleno sentido de la palabra.

Escrito entre el 25 y el 29 de noviembre (8 y 12 de diciembre) de 1903.

Impreso en diciembre de 1903 como hoja suelta. Firmado: N. Lenin

Se publica según el texto de la hoja suelta.