1 de noviembre de 1903.

¡Querido G. V.! De ninguna manera puedo tranquilizarme respecto a las cuestiones que nos preocupan.

Esta demora, este aplazamiento de la decisión, es algo terrible, una tortura...

Yo, de veras, comprendo plenamente sus motivos y consideraciones a favor de la concesión a los martovistas. Pero estoy profundamente convencido de que la concesión en este momento es el paso más desesperado, que conduce a una tormenta y a un tumulto mucho más seguramente que la guerra contra los martovistas. Esto no es una paradoja. Yo no solamente no persuadí a Kurz de que se fuera, sino que, al contrario, lo convencí de que se quedara, pero él (y Rú) se niega categóricamente a trabajar ahora con la redacción martovista. ¿Qué resultará? En Rusia decenas de delegados ya han recorrido todo, incluso desde Nizhni escriben que el CC ha hecho mucho, se ha arreglado el transporte, se han colocado agentes, se está imprimiendo el aviso, se han asentado para el trabajo Sokolovski en el oeste, Berg en el centro, Zemliachka y un montón de otros. Ahora, la renuncia de Kurz. Interrupción por largo tiempo (del congreso y de la reunión de todo el CC, que ahora, al parecer, ya se ha ampliado considerablemente). Luego, o la lucha del CC contra la redacción martovista, o la dimisión de todo el CC. Entonces Usted + dos martovistas en el Consejo deberán cooptar un nuevo CC, y esto sin elección del congreso, con la plena desaprobación de la masa de los rusos, con perplejidad, murmullos y la renuncia de esos agentes que ya se han dispersado. Sí, esto será una completa desacreditación del congreso, una completa agitación y escándalo en Rusia, cien mil veces más terrible y peligrosa que un libelo difamatorio editado en el extranjero.

¡Estamos hartos de la disgregación! esto es lo que escriben y gritan desde Rusia. Pero entregarlo a los martovistas significa precisamente legalizar ahora la disgregación en Rusia, porque en Rusia no ha habido ni la sombra de desobediencia y rebelión. Ninguna declaración mía ni suya podrá ahora retener a los delegados de la mayoría en el congreso del partido. Estos delegados armarán algo terrible.

Por la unidad, por la solidez del partido, no asuma Usted esta responsabilidad, no se vaya y no lo entregue todo a los martovistas.

Suyo, N. Lenin