Escrito en la primera quincena de septiembre de 1903.

Publicado por primera vez en 1927 en la Recopilación Leninista VI.

Se publica según el manuscrito.

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Relato sobre el II Congreso del POSDR». – 1903. (Reducida)

Este relato está destinado únicamente a conocidos personales, por lo que su lectura sin el consentimiento del autor (Lenin) equivale a leer una carta ajena.

Para comprender lo que sigue, diré ante todo algo sobre la composición del congreso, aunque esto suponga adelantarme en parte. En el congreso había 51 votos decisivos (33 delegados con 1 voto y 9 con dos, 9 «birmanos»){2}. De votos consultivos, si no me equivoco, había 10, lo que hace un total de 52 personas. La agrupación política de estos votos, tal como se fue perfilando a lo largo del congreso, era la siguiente: votos decisivos: 5 bundistas, 3 de la «Rabócheie Dielo» (2 de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero{3} y 1 de la «Unión de Lucha» de Petersburgo{4}), 4 del «Yuzhni Rabochi» (2 del grupo «Yuzhni Rabochi»{5} y 2 del Comité de Járkov, plenamente solidario con «Yuzhni Rabochi»), 6 indecisos, vacilantes (el «pantano», como los llamaban —en broma, por supuesto— todos los iskristas), y luego unos 33 iskristas, más o menos firmes y consecuentes en su iskrismo. Estos 33 iskristas que, manteniéndose unidos, siempre decidían la suerte de cualquier cuestión en el congreso, se escindieron a su vez en dos subgrupos, de manera definitiva sólo al final del congreso: un subgrupo, de aproximadamente 9 votos de iskristas de la «línea blanda o, mejor dicho, zigzagueante» (o la línea femenina, como decían en chanza, y no sin fundamento, algunos bromistas), iskristas que abogaban (como se verá más adelante) por la justicia, por una resultante, etc., y alrededor de 24 votos de iskristas de la línea dura, que defendían el iskrismo consecuente tanto en la táctica como en la composición personal de los organismos centrales del partido.

Repito que esta agrupación se configuró definitivamente y se perfiló por completo sólo post factum, al final del congreso (¡que llegó a tener hasta 40 sesiones!), y yo me estoy adelantando al esbozarla al comienzo. Añadiré también que esta agrupación ofrece sólo una cifra aproximada de votos, pues en algunas cuestiones concretas de menor importancia (y en una ocasión, en la cuestión de la «igualdad de derechos de las lenguas», de la que se hablará más adelante, y por un motivo de peso) los votos a menudo se dispersaban, una parte se abstenía, las agrupaciones se entremezclaban, etc.

La composición del congreso fue determinada previamente por el Comité de Organización{6}, que tenía derecho, según los estatutos del congreso, a invitar al congreso a quien considerase necesario, con voto consultivo. Nada más iniciarse el congreso se eligió una comisión de verificación de mandatos, a la cual (a la comisión) pasó todo lo concerniente, en todos sus aspectos, a la composición del congreso. (Dicho sea entre paréntesis, también entró en esta comisión un bundista que agotó a todos los miembros de la comisión, reteniéndolos hasta las 3 de la madrugada y manteniendo, no obstante, una «opinión particular» sobre cada cuestión.)

El congreso comenzó con una labor pacífica y amistosa de todos los iskristas, entre los cuales siempre existieron, naturalmente, matices de opinión, pero esos matices no afloraban como divergencias políticas. Digamos de antemano, a propósito, que la escisión de los iskristas fue uno de los principales resultados políticos del congreso, y quien desee familiarizarse con el asunto debe prestar, por consiguiente, especial atención a todos los episodios relacionados, aunque sea remotamente, con dicha escisión.

Un acto bastante importante, al principio mismo del congreso, fue la elección de la mesa o presídium. Mártox se pronunció por elegir a 9 personas, que para cada sesión debían elegir a 3 como mesa, e incluía en esa lista de 9 incluso a un bundista. Yo me pronuncié por elegir sólo a tres para todo el congreso, y tres que fueran para «mantener el rigor». Resultaron elegidos: Plejánov, yo y el camarada Τ. (de quien se hablará con frecuencia más adelante; iskrista de la línea dura, miembro del CO). Este último fue elegido, por cierto, por una pequeña mayoría de votos frente a un miembro del «Yuzhni Rabochi» (también miembro del CO). La divergencia entre Mártox y yo sobre la cuestión de la mesa (divergencia característica desde el punto de vista de todo lo que siguió) no condujo, sin embargo, a ninguna escisión ni conflicto: el asunto se arregló de manera pacífica, por sí mismo, «en plan familiar», como se arreglaban en general, la mayoría de las veces, los asuntos en la organización de «Iskra» y en la redacción de «Iskra»{7}.

Al inicio del congreso se sitúa también la reunión (secreta e informal, por supuesto) de la organización de «Iskra» sobre la cuestión de sus mandatos en el congreso. La reunión llegó igualmente a una solución pacífica y «amistosa» del problema. Señalo esta reunión sólo porque la considero característica, primero, de la labor unida de los iskristas al comienzo del congreso, y segundo, de su decisión de recurrir, en casos dudosos y discutibles, a la autoridad de la organización de «Iskra» (mejor dicho, de los miembros de la organización de «Iskra» presentes en el congreso), sin que, por supuesto, las votaciones de esas asambleas tuvieran carácter obligatorio, pues la regla de que «los mandatos imperativos quedan abolidos» y de que cada uno puede y debe votar en el congreso según su convicción personal y libre, sin subordinación alguna a ninguna organización; esta regla, digo, era reconocida por todos los iskristas, y al comienzo de casi cada reunión de «Iskra» era proclamada en voz alta por el presidente.

A continuación, el primer incidente en el congreso que puso de manifiesto que no todo marchaba bien entre los iskristas, y que sirvió de «nudo» del drama (¿o tragicomedia?) final, fue el famoso «incidente con el CO». Hay que detenerse detalladamente en este incidente. Tuvo lugar todavía cuando el congreso estaba ocupado en su propia constitución, cuando se discutía aún el reglamento del congreso (que, dicho sea de paso, absorbió un montón de tiempo a causa de la obstrucción de los bundistas, que no desaprovechaban ocasión de entorpecer, adrede o sin querer, donde podían y como podían). La esencia del incidente con el CO consistió en que el CO, por un lado, antes del congreso rechazó la protesta de «Borbá» (el grupo «Borbá»{8}), que exigía ser admitida al congreso, y apoyó este rechazo en la comisión de verificación de mandatos, y, por otro lado, ese mismo CO declaró súbitamente en el congreso que invitaba a Riazánov con voto consultivo. Este incidente se desarrolló de la siguiente manera.

Incluso antes de que comenzaran las sesiones del congreso, Mártox me comunicó confidencialmente que un miembro de la organización de «Iskra» y del CO (designemos a esta persona con la letra N) había decidido insistir en el CO en que se invitara al congreso con voto consultivo a cierta persona que el propio Mártox no pudo caracterizar de otro modo que con el término de «tránsfuga»{9}. (Esa persona, efectivamente, había simpatizado durante un tiempo con «Iskra», para pasarse luego, y al cabo de pocas semanas, al lado de «Rabócheie Dielo»{10}, aunque éste se encontraba ya entonces en una etapa de completa decadencia.) Hablamos de ello con Mártox; ambos estábamos indignados de que un miembro de la organización de «Iskra» diera semejante paso, siendo consciente, por supuesto (pues Mártox se lo había advertido al camarada N), de que era un golpe directo en pleno rostro a «Iskra», y no considerara necesario consultar con la organización. N presentó efectivamente su propuesta en el CO, pero fue rechazada gracias a la enérgica protesta del camarada Τ., que pintó la cambiante figura política del «tránsfuga».

Es característico que, según sus palabras, Mártox ya entonces no pudiera ni siquiera hablar con N, a pesar de las buenas relaciones personales que habían tenido antes: hasta tal punto estaba consternado por este paso. El afán de N de poner palos en las ruedas a «Iskra» se expresó también en la amonestación a la redacción de «Iskra» que, con su apoyo, hizo el CO; una amonestación que se refería, ciertamente, a un caso muy insignificante, pero que sin embargo provocó la máxima indignación de Mártox. Las informaciones de Rusia, que me transmitió también Mártox, apuntaban además a la tendencia de N a hacer correr rumores sobre la discordia entre los iskristas del extranjero y los de Rusia. Todo esto predispuso a los iskristas de la manera más desconfiada hacia N, y encima vino a sumarse este hecho. El CO rechazó la protesta de «Borbá»; los miembros del CO (Τ. y N), invitados a la comisión de verificación de mandatos, se pronunciaron igualmente ambos (¡¡¡incluido N!!!) contra «Borbá» de la manera más tajante. No obstante, el CO celebró de repente, durante una pausa de una sesión matutina del congreso, una reunión junto a la «ventanilla» y acordó en ella ¡invitar a Riazánov con voto consultivo! N estaba a favor de la invitación. T., naturalmente, se opuso de forma absoluta, declarando además la ilegalidad de semejante decisión del CO después de que la cuestión de la composición del congreso ya había sido transferida a una comisión especial, elegida por el congreso, de verificación de mandatos. Por supuesto, los miembros del CO del «Yuzhni Rabochi» + el bundista + N hicieron fracasar al camarada Τ. y la decisión del CO se tomó.

T informó de esta decisión a la redacción de «Iskra», la cual (no en su totalidad, pero con participación de Mártov y Zasúlich), por supuesto, decidió por unanimidad luchar contra el OK en el congreso, pues muchos iskristas ya se habían pronunciado públicamente en el congreso contra «Borbá», y era imposible retroceder en esta cuestión.

Cuando el OK (en la sesión de la tarde) comunicó al congreso su decisión, T, a su vez, declaró su protesta. El miembro del OK perteneciente a los yuzhnorabóchentsy se abalanzó entonces contra T, acusándolo de violar la disciplina (!), porque el OK había decidido no revelar esto en el congreso (¡sic![1]). Es comprensible que nosotros (Plejánov, Mártov y yo) nos lanzáramos entonces con toda energía contra el OK, acusándolo de restablecer los mandatos imperativos, de violar la soberanía del congreso, etc. El congreso se puso de nuestro lado, el OK fue derrotado, se adoptó una resolución que privaba al OK, como colegio, del derecho a influir en la composición del congreso.

Así fue el «incidente con el OK». En primer lugar, minó definitivamente la confianza política de muchos iskristas en N (y fortaleció la confianza en T); en segundo lugar, no solo demostró, sino que mostró con toda evidencia cuán vacilante era aún la orientación iskrista incluso en una institución tan central y archi-iskrista en apariencia, como el OK. Quedó claro que, además del bundista, en el OK había: 1) yuzhnorabóchentsy con su política particular; 2) «iskristas que se avergüenzan de ser iskristas», y solo en parte (3) iskristas que no se avergüenzan de ello. Cuando los yuzhnorabóchentsy quisieron tener una explicación con la redacción de «Iskra» (en privado, por supuesto) a propósito de este lamentable incidente – el camarada N, y es muy importante señalarlo, no expresó entonces deseo alguno de explicarse –, la redacción se explicó con ellos, y yo les dije directamente a los yuzhnorabóchentsy que el congreso había puesto al descubierto definitivamente este importante hecho político: la presencia en el partido de muchos iskristas que se avergüenzan de ser iskristas y que son capaces, simplemente para fastidiar a «Iskra», de hacer una jugarreta tal como la invitación a Riazánov. A mí, por parte de N, me indignó tanto esta jugarreta, después del discurso de N en la comisión contra «Borbá», que declaré públicamente en el congreso: «Los camaradas que han estado en congresos en el extranjero saben la tormenta de indignación que provocan siempre allí las personas que dicen una cosa en las comisiones y otra en el congreso»[2]. Tales «iskristas», que temían los «reproches» de los bundistas de que eran «hechuras de «Iskra»», y solo por eso hacían jugarretas políticas contra «Iskra», no podían, naturalmente, inspirar confianza.

La desconfianza general de los iskristas hacia N creció en grado sumo cuando el intento de Mártov de explicarse con N condujo a la declaración de que N abandonaba la organización de «Iskra». A partir de ese momento, el «asunto» de N pasó a la organización de «Iskra», cuyos miembros estaban indignados por semejante salida, y la organización celebró 4 sesiones sobre esta cuestión. Dichas sesiones, especialmente la última, son extraordinariamente importantes, porque en ellas se formó definitivamente la escisión dentro de los iskristas, principalmente en torno a la composición del Comité Central.

Pero antes de pasar a relatar estas sesiones (privadas e informales, repito una vez más) de la organización de «Iskra», diré algo sobre los trabajos del congreso. Estos trabajos se desarrollaban por entonces de forma unida, en el sentido de una actuación conjunta de todos los iskristas, tanto en el punto 1 del orden del día (el lugar del Bund{11} en el partido) como en el 2 (programa) y en el 3 (aprobación del Órgano Central del partido). La concordia de los iskristas aseguraba una gran mayoría cohesionada en el congreso (¡una mayoría compacta, como decían los bundistas con pesar!), y tanto los «indecisos» (o «el pantano») como los yuzhnorabóchentsy mostraron aquí también, más de una vez, su total inestabilidad en los detalles. La agrupación política de los elementos no plenamente iskristas del congreso se esclarecía cada vez más.

Vuelvo a las sesiones de la organización de «Iskra». En la primera sesión se decidió pedir explicaciones a N, dejando que el propio N indicara ante qué composición de la organización de «Iskra» quería, él, N, explicarse con ella. Protesté resueltamente contra tal planteamiento de la cuestión, exigiendo separar la cuestión política (la desconfianza política de los iskristas hacia N en este congreso) de la cuestión personal (nombrar una comisión para investigar las causas del extraño comportamiento de N). En la segunda sesión se informó de que N quería explicarse sin T, aunque N, según decía, no pensaba hablar nada personalmente sobre T. Protesté por segunda vez, negándome a participar en tal explicación, cuando un no miembro de la organización excluye, aunque solo sea por un segundo, a un miembro, afirmando, no obstante, que no va a hablar de él; vi en ello un juego indigno y una bofetada propinada por N a la organización: ¡N no confía en la organización ni siquiera lo suficiente para dejar que ella determine las condiciones de la explicación! En la tercera sesión tuvo lugar la «explicación» de N, explicación que no satisfizo a la mayoría de los participantes en ella. La cuarta sesión se celebró con la composición completa de todos los iskristas, pero a esta sesión le precedió una serie de episodios importantes del congreso.

En primer lugar, merece destacarse el episodio de la «igualdad de derechos de las lenguas». Se trataba de la aprobación del programa, de la formulación de la exigencia de igualdad e igualdad de derechos en relación con las lenguas. (Cada punto del programa se discutía y aprobaba por separado, los bundistas practicaban aquí una obstrucción desesperada y ¡casi dos tercios del congreso, en tiempo, se consumieron en el programa!). Los bundistas lograron aquí hacer vacilar las filas de los iskristas, inculcando a una parte de ellos la idea de que «Iskra» no quería la «igualdad de derechos de las lenguas», cuando en realidad la redacción de «Iskra» simplemente no quería esa formulación, a su juicio incorrecta, disparatada y superflua. La lucha fue encarnizada, el congreso se dividió por la mitad, en dos mitades iguales (algunos se abstuvieron): del lado de «Iskra» (y de la redacción de «Iskra») había unos 23 votos (quizás 23-25, no recuerdo con exactitud), y otros tantos en contra. La cuestión hubo de posponerse, se entregó a una comisión, que encontró una fórmula aceptada por todo el congreso por unanimidad. El incidente de la igualdad de derechos de las lenguas es importante porque puso de manifiesto, una y otra vez, la vacilación del iskrismo, reveló definitivamente la vacilación también de los indecisos (¡a los cuales precisamente entonces, si no me equivoco, los propios iskristas de tendencia martoviana apodaron el pantano!) y de los yuzhnorabóchentsy, que estuvieron todos contra «Iskra». Las pasiones se exacerbaron desesperadamente y se lanzaron innumerables palabras duras contra los yuzhnorabóchentsy por parte de los iskristas, especialmente de los martovianos. Un «líder» de los martovianos estuvo a punto de llegar al escándalo con los yuzhnorabóchentsy durante una pausa, y yo me apresuré entonces a reanudar la sesión (a instancias de Plejánov, que temía una pelea). Es importante señalar que, incluso entre esos 23 iskristas, los más firmes, los martovianos (es decir, los iskristas que más tarde siguieron a Mártov) estaban en minoría.

Otro episodio: la lucha en torno al §1 de los «estatutos del partido». Era ya el punto 5º del orden del día[3], cerca del final del congreso. (Se había aprobado, en el punto 1, una resolución contra el federalismo; en el punto 2, el programa; en el punto 3, el reconocimiento de «Iskra» como Órgano Central del partido[4]; en el punto 4, se habían escuchado los «informes de los delegados», una parte de ellos, y el resto se había remitido a una comisión, pues quedó claro que al congreso no le quedaba ya tiempo (los recursos monetarios y las fuerzas personales estaban agotados).)

El punto 1 de los Estatutos define el concepto de miembro del partido. En mi proyecto, esta definición era la siguiente: "Se considera miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo aquel que reconozca su programa y apoye al partido tanto con medios materiales como mediante su participación personal en una de las organizaciones del partido". Mártov, en cambio, proponía sustituir las palabras subrayadas por: trabajo bajo el control y la dirección de una de las organizaciones del partido. Plejánov se puso de parte de mi formulación, mientras que los demás miembros de la redacción apoyaron la de Mártov (Axelrod habló en su nombre en el congreso). Nosotros argumentábamos que era necesario restringir el concepto de miembro del partido para separar a los que trabajan de los que charlan, para eliminar el caos organizativo, para eliminar el absurdo y el disparate de que pudiera haber organizaciones compuestas por miembros del partido que, sin embargo, no fueran organizaciones del partido, etc. Mártov defendía la ampliación del partido y hablaba de un amplio movimiento de clase que exigía una organización amplia y difusa, etc. ¡Resulta curioso que casi todos los partidarios de Mártov se remitieran, en defensa de sus puntos de vista, a "¿Qué hacer?"[5]! Plejánov se alzó vehementemente contra Mártov, señalando que su formulación joresista abría las puertas a los oportunistas, que justamente ansiaban esa posición en el partido y fuera de la organización. "Bajo control y dirección" –decía yo– significa de hecho, ni más ni menos, que: sin control alguno y sin dirección alguna[6]. Mártov obtuvo aquí una victoria: se adoptó (por una mayoría de unos 28 votos contra 23 o algo parecido, no lo recuerdo con exactitud) su formulación, gracias al Bund, el cual, por supuesto, comprendió de inmediato dónde había un resquicio, e hizo pasar con sus cinco votos "lo que era peor" (¡el delegado de "Rabócheie Dielo"{12} motivó exactamente así su voto a favor de Mártov!). Las acaloradas discusiones sobre el § 1 de los Estatutos y la votación pusieron de manifiesto, una vez más, la agrupación política en el congreso y mostraron de manera patente que el Bund + "Rabócheie Dielo" podían decidir la suerte de cualquier resolución, apoyando a la minoría de los iskristas contra la mayoría.

Después de las discusiones y la votación del § 1 de los Estatutos, tuvo lugar la última (4ª) sesión de la organización de "Iskra". La divergencia entre los iskristas sobre la cuestión de la composición personal del Comité Central se había puesto ya de manifiesto por completo y provocó una escisión en sus filas: unos defendían un Comité Central iskrista (en vista de la disolución de la organización de "Iskra" y del grupo "Emancipación del Trabajo"{13} y de la necesidad de culminar la labor iskrista), otros defendían la admisión de los yuzhnorabóchentsy y la predominancia de los iskristas de la "línea de zigzag". Unos se oponían categóricamente a la candidatura de N, otros la apoyaban. Para intentar llegar a un acuerdo por última vez, se convocó esta reunión de 16 (miembros de la organización de "Iskra", contando también, repito, los votos consultivos). La votación dio los siguientes resultados: contra N – 9 votos, a favor – 4, los demás se abstuvieron. Luego, la mayoría, no queriendo aún así la guerra con la minoría, propuso una lista de conciliación de 5 personas, incluyendo a un yuzhnorabóchenets (conveniente para la minoría) y a un miembro combativo de la minoría, siendo los demás iskristas consecuentes (de los cuales – esto es importante – uno había participado en la lucha del congreso sólo al final y era, en rigor, imparcial, y dos no habían participado en absoluto en las luchas y eran absolutamente imparciales en la cuestión personal). A favor de esta lista se levantaron 10 manos (luego se añadió una más y fueron 11), ¡en contra – 1 (sólo Mártov!), los demás se abstuvieron! La lista conciliadora, por consiguiente, fue frustrada por Mártov. Después de esto, se votaron otras 2 listas "de combate" de uno y otro lado, pero ambas reunieron sólo una minoría de votos{14}.

Así pues, en la última reunión de la organización de "Iskra", los martovistas quedaron en minoría en ambas cuestiones, y a pesar de ello declararon la guerra cuando un miembro de la mayoría (imparcial o el presidente) acudió a ellos después de la reunión para hacer un último intento de acuerdo.

El cálculo de los martovistas era claro y acertado: los bundistas y los de "Rabócheie Dielo" apoyarían sin duda la lista de la línea de zigzag, pues durante el mes de sesiones del congreso todas las cuestiones se habían esclarecido de tal modo, todas las personalidades se habían perfilado de tal manera, que ni un solo miembro del congreso habría tenido dificultad en elegir: qué era mejor o cuál de los males era menor. Y para el Bund + "Rabócheie Dielo", desde luego, los iskristas de zigzag eran el mal menor y siempre lo serán.

Después de la reunión de los 16, cuando los iskristas se separaron definitivamente y la guerra entre ellos fue declarada, comienzan las reuniones de los dos partidos en que se escindió el congreso, es decir, las reuniones privadas, no oficiales, de todos los afines. Los iskristas de línea consecuente se reunieron primero en número de 9 (9 de 16), luego 15, finalmente 24, contando los votos decisivos, no las personas. Un crecimiento tan rápido se explicaba porque las listas (del CC) empezaron ya a circular y las listas de los martovistas repelían a la inmensa mayoría de los iskristas de inmediato y sin vuelta atrás, por ser listas endebles: los candidatos propuestos por Mártov se habían acreditado en el congreso desde un punto de vista absolutamente negativo (vacilaciones, falta de firmeza, falta de tacto, etc.). Esto, en primer lugar; en segundo lugar, la aclaración a los iskristas de lo que había ocurrido en la organización de "Iskra" los atraía, en la mayoría de los casos, al lado de la mayoría, y la incapacidad de Mártov para mantener una línea política definida se hizo patente para todos y cada uno. Por eso, 24 votos se aglutinaron fácil y rápidamente en torno a la táctica iskrista consecuente, a una lista para el CC y a la elección de una troika para la redacción (en lugar de confirmar a la vieja, inoperante y difusa redacción de seis).

El congreso en ese momento había terminado la discusión de los Estatutos, y Mártov y Cía. una vez más (e incluso no una, sino varias veces) vencieron a la mayoría de los iskristas con la noble colaboración del Bund + "Rabócheie Dielo" – por ejemplo, en la cuestión de la cooptación para los centros (esta cuestión fue resuelta por el congreso en el espíritu de Mártov).

A pesar de este deterioro de los Estatutos, los Estatutos en su conjunto fueron adoptados por todos los iskristas y por todo el congreso. Pero después de los Estatutos generales se pasó a los Estatutos del Bund, y el congreso rechazó por una abrumadora mayoría de votos la propuesta del Bund (reconocer al Bund como único representante del proletariado judío en el partido). Parece que sólo el Bund se alzó aquí casi contra todo el congreso. Entonces los bundistas abandonaron el congreso, declarando su salida del partido. ¡Los martovistas perdieron a cinco de sus fieles aliados! Luego se marcharon también los de "Rabócheie Dielo" cuando la "Liga en el Extranjero de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa"{15} fue reconocida como la única organización del partido en el extranjero. ¡Los martovistas perdieron a otros 2 de sus fieles aliados! En total quedaron en el congreso 44 (51–7) votos decisivos, y de ellos la mayoría de iskristas consecuentes (24); mientras que la coalición de martovistas con los yuzhnorabóchentsy y con el "pantano" sumaba sólo 20 votos.

A la línea de zigzag de los iskristas le correspondía someterse, como se habían sometido, sin una sola palabra, los iskristas de línea firme cuando Mártov los batía y derrotaba en coalición con el Bund. Pero los martovistas habían perdido ya la medida hasta el punto de que, en lugar de someterse, optaron por el escándalo y la escisión.

Fue un escándalo el hecho de plantear la cuestión de la confirmación de la antigua redacción, pues bastaba la declaración de un solo redactor para que el congreso estuviera obligado a examinar en su totalidad la cuestión de la composición del Órgano Central, sin limitarse a una simple confirmación. El paso hacia la escisión fue la negativa a elegir el Órgano Central y el Comité Central.

Primero, sobre la elección de la redacción. En el Tagesordnung figuraba, como ya se indicó anteriormente, según el punto 24: elección de las instituciones centrales del partido. Y en mi comentario al Tagesordnung{16} (comentario que era conocido por todos los iskristas mucho antes del congreso y por todos los miembros del congreso) figuraba al margen: elección de 3 personas para el Órgano Central y de 3 para el CC. Por consiguiente, no cabe ninguna duda de que desde el seno de la redacción surgió la exigencia de elegir una troika y ello no fue protestado por nadie de la redacción. Incluso Mártov y otro líder martovista defendieron estas "dos troikas" ante toda una serie de delegados ya antes del congreso.

Yo personalmente, unas semanas antes del congreso, declaré a Starover y a Mártov que exigiría en el congreso la elección de la redacción; estuve de acuerdo con la elección de dos ternas, dando por supuesto que la terna de redacción o bien cooptaría a 7 personas (o incluso más) o bien se quedaría sola (esta última posibilidad fue expresamente estipulada por mí). Starover incluso dijo abiertamente que la terna significaba: Plejánov + Mártov + Lenin, y yo estuve de acuerdo con él, hasta tal punto estaba claro para todos y siempre que solo esas personas podían ser elegidas como dirigentes. Había que enfurecerse, ofenderse y perder la cabeza después de la lucha en el congreso para ponerse, a toro pasado, a atacar la conveniencia y la capacidad de acción de la terna. La vieja sexteta era hasta tal punto incapaz de actuar que en tres años no se reunió ni una sola vez en pleno: parecerá increíble, pero es un hecho. Ni uno solo de los 45 números de «Iskra» fue compuesto (en el sentido técnico-redaccional de la palabra) por nadie más que por Mártov o Lenin. Y ni una sola vez fue planteada una cuestión teórica de envergadura por nadie más que por Plejánov. Axelrod no trabajó en absoluto (cero artículos en «Zariá»{17} y 3 ó 4 en los 45 números de «Iskra»). Zasúlich y Starover se limitaban a colaborar y aconsejar, sin hacer jamás trabajo puramente de redacción. Quién debía ser elegido para los dirigentes políticos, para el centro, eso estaba claro como el día para cualquier miembro del congreso después de sus trabajos de un mes.

El trasladar al congreso la cuestión de la confirmación de la vieja redacción era un necio provocar un escándalo.

Necio, porque no tenía objeto. Aunque se hubiera confirmado a la sexteta, un miembro de la redacción (yo, por ejemplo) habría exigido revisar el colegio, analizar sus relaciones internas, y el congreso se habría visto obligado a comenzar el asunto desde el principio.

Provocar un escándalo, porque la no confirmación debía ser entendida como una ofensa, mientras que la elección desde cero no encerraba en sí absolutamente nada de ofensivo. Se elige al CC, pues que se elija también al CO. No se habla de confirmar la CO, pues que no se hable tampoco de confirmar la vieja redacción.

Pero es comprensible que, al exigir la confirmación, los martovistas provocaran con ello una protesta en el congreso; la protesta fue percibida como ofensa, ultraje, expulsión, apartamiento… ¡y comenzó la invención de todos los horrores con los que ahora se alimenta la fantasía de los chismosos ociosos!

La redacción se ausentó del congreso durante el tiempo de la discusión de la cuestión de si elegir o confirmar. Después de debates desesperadamente apasionados, el congreso decidió: la vieja redacción no se confirma[7].

Solo después de esta decisión entraron en la sala los antiguos miembros de la redacción. Mártov se levanta entonces y renuncia a ser elegido en nombre propio y en el de sus colegas, pronunciando toda clase de terribles y lastimeras palabras sobre el «estado de sitio en el partido» (¿para los ministros no elegidos?), sobre las «leyes excepcionales contra individuos y grupos» (¿como los individuos que, en nombre de «Iskra», le ofrecen a Riazánov y dicen una cosa en la comisión y otra en el congreso?).

Yo le respondí, señalando la increíble confusión de conceptos políticos que lleva a protestar contra la elección, contra la revisión por el congreso de los colegios de los cargos del partido[8].

Las elecciones dieron: Plejánov, Mártov, Lenin. Mártov volvió a renunciar. Koltsov (que tenía 3 votos) también renunció. El congreso adoptó entonces una resolución que encargaba a los dos miembros de la redacción del CO cooptar a un tercero, cuando encontrasen a una persona adecuada.

Después de esto, fueron elegidos tres miembros del CC, de los cuales solo uno fue anunciado al congreso por el escrutador, y fue elegido también (en secreto, mediante papeletas) el quinto miembro del Consejo del Partido{18}.

Los martovistas y todo el «pantano» detrás de ellos no presentaron papeletas y entregaron al buró una declaración por escrito al respecto.

Esto era un claro paso hacia la escisión, hacia el sabotaje del congreso, hacia el no reconocimiento del partido. Pero cuando un yuzhnorabóchenets declaró directa y abiertamente que dudaba (¡sic!) de la legalidad de las decisiones del congreso, Mártov se avergonzó y lo refutó, declarando públicamente que no dudaba de la legalidad de las decisiones.

Por desgracia, estas buenas y leales palabras de Mártov no se correspondían con sus hechos y actos (ni con los de los martovistas)…

El congreso entregó luego a la «comisión de actas» la cuestión de la publicación de las actas y aprobó 11 resoluciones tácticas:

1) Sobre las manifestaciones.

2) Sobre el movimiento sindical.

3) Sobre el trabajo entre los sectarios.

4) Sobre el trabajo entre los estudiantes.

5) Sobre la conducta en los interrogatorios.

6) Sobre los inspectores obreros electos [fábricheni stárosta].

7) Sobre el congreso internacional de 1904 en Ámsterdam.

8) Sobre los liberales (de Starover).

9) Sobre los liberales (de Plejánov).

10) Sobre los socialistas-revolucionarios{19}.

11) Sobre la literatura del partido.

Después, el congreso fue clausurado por el presidente tras un breve discurso recordando a todos la obligatoriedad de las decisiones del congreso.

Al examinar la conducta de los martovistas después del congreso, su negativa a colaborar (que la redacción del CO les pidió oficialmente[9]), su negativa a trabajar en el CC, su propaganda de boicot, solo puedo decir que es un intento demencial, indigno de los miembros del partido, de desgarrar al partido… ¿por qué? Solo por el descontento con la composición de los centros, pues objetivamente solo en esto discrepamos, y las valoraciones subjetivas (como ofensa, ultraje, expulsión, apartamiento, mancha, etc., etc.) son fruto del amor propio ofendido y de la fantasía enfermiza.

Esta fantasía enfermiza y el amor propio ofendido conducen directamente a los chismes más vergonzosos, cuando, sin conocer ni haber visto aún la actividad de los nuevos centros, se difunden rumores sobre su «incapacidad de acción», sobre los «puños de hierro» de Iván Ivánovich, sobre el «puñetazo» de Iván Nikíforovich{20}, etc.

Probar la «incapacidad de acción» de los centros mediante su boicot es una violación inaudita e insólita del deber de partido, y ningún sofisma puede ocultarlo: el boicot es un paso hacia la ruptura del partido.

A la socialdemocracia rusa le toca atravesar la última y difícil transición del espíritu de círculo al espíritu de partido, de la mentalidad estrecha y filistea a la conciencia del deber revolucionario, del actuar mediante chismes y presiones de círculo a la disciplina.

Quien estime la labor del partido y la causa en beneficio del movimiento obrero socialdemócrata, no admitirá sofismas tan lastimosos como el boicot «lícito» y «leal» a los centros; no admitirá que la causa sufra y el trabajo se detenga por el descontento de una decena de personas porque ellas y sus amigotes no hayan entrado en los centros; no admitirá que se presione privada y secretamente a los cargos del partido mediante la amenaza de no colaborar, mediante el boicot, mediante el corte de los recursos pecuniarios, mediante chismes y patrañas mentirosas.