los resultados de la lucha no son en absoluto locos, sino que la otra parte lucha y lucha precisamente a causa de la locura contra los resultados mismos, contra los resultados inevitables y necesarios. Usted sabe desde hace mucho tiempo a dónde conducían las cosas. Sabe cómo expresaba usted su firme convicción sobre los obstáculos por parte de algunos «veteranos», y no dudará, por supuesto, de que la desdichada «troika» no es una artimaña, ni un golpe jacobino, sino una salida directa, natural y la mejor, voto a bríos, la mejor salida de tres años de «desgarramiento». La troika está construida sobre tres ángulos y elimina todo terreno para el desgarramiento. Usted sabe hasta qué punto llevaban la susceptibilidad y la actitud «personal» (en lugar de política) hacia la causa de Mártox + Starovier + Zasúlich, cuando, por ejemplo, estuvieron a punto de «condenar» políticamente a una persona por una historia de carácter puramente personal. Entonces usted, sin vacilación, se puso del lado de los «desolladores y monstruos». Y éste es un caso muy, muy típico. Pues ahora también la raíz es la misma, la misma mezcla de lo personal y lo político, la misma sospecha de que deseamos manchar personalmente, aunque nosotros sólo apartamos (y desplazamos) políticamente. Y cuando usted me recuerda: la culpa también debe ser suya, respondo: no pienso que haya culpa personal, y no lo niego, pero no corresponde exigir por ello una corrección política. Precisamente en eso reside la falta de salida, la completa falta de salida de la situación: que por la suma de agravios personales, descontentos personales con la composición de los centros, exigen una corrección política. Tout ce que voulez, mais pas de ca!* Y si se considera como causa (como algunos quieren) la divergencia política, ¿no es entonces ridículo exigir para la «paz» la cooptación de un número mayor o al menos igual de adversarios políticos?? ¡Ridículo hasta el nec plus ultra!** Y el pequeño caso que he citado arriba, de una larga serie de desgarramientos, es típico no sólo por su esencia, sino también por la forma de su desenlace. ¿Sabe usted cómo nos impusimos entonces? Éramos minoría, pero nos impusimos por la perseverancia, por la amenaza de llevar el asunto «a todos». Y ellos piensan ahora: nosotros haremos lo mismo. La desgracia es que ahora

* - ¡Todo lo que quieran, pero eso no! N. de la Red.
** - ¡en grado sumo! N. de la Red.

no es como entonces. Ahora la base formal es ineludible. Si no existiera esta base formal, ¿por qué no seis, si la gente ya ha llegado al rojo vivo? Hemos penado 3 años, penaremos otros 3; decidíamos no por votos, sino por la perseverancia, pues decidamos también ahora por la perseverancia. Pero eso ahora no se puede: ése es el quid. Y este cambio se niegan empecinadamente a verlo y comprenderlo. Eso es lo que hace que la situación no tenga salida. Ahora el dilema es inexorable: o se trata de divergencias sobre cuestiones de personas, y entonces es ridículo armar un escándalo político por ello y abandonar el trabajo. O se trata de divergencias políticas, y entonces es aún más ridículo «corregirlas» imponiendo a determinadas personas de otro matiz, digamos.

Ahora ellos toman (supuestamente toman) lo segundo. Entonces, que entre Mártox en la troika y demuestre ante el partido los errores de los otros dos en tu colegio: de otro modo, si no es mediante la participación en el colegio, no puedes obtener datos para desenmascarar esos errores y prevenir contra ellos al partido. De lo contrario, tus acusaciones no serán más que un vacío Parteiklatsch* en cuenta del futuro.

Si tomas lo primero, entonces no lleves tu agravio hasta el abandono del trabajo, y el trabajo te hará olvidar rápidamente la «locura». No hay callejón sin salida más desesperado que el callejón sin salida de apartarse del trabajo.

de puño y letra de N. K. Krúpskaya

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Escrito el 30 de septiembre de 1903.

Enviado de Ginebra a Celle.

Publicado por primera vez en 1927

en la Miscelánea Leninista VI

Se publica según la copia escrita de puño y letra de N. K. Krúpskaya.