13. IX. 03.

Traté de hablar con Yu. O. estos días, cuando la atmósfera de la escisión inminente ya se había aclarado por completo, y quiero intentar hablar también con usted, esperando que usted, al igual que Yu. O., no se opondría a hacer un intento de explicarnos. Si esta esperanza es infundada, usted, por supuesto, me lo comunicará, pero yo, de todos modos, por ahora haré lo que considero necesario.

La renuncia a la redacción de Mártov, la renuncia a la colaboración de él y de otros literatos del partido, la negativa a trabajar en el Comité Central de toda una serie de personas, la propaganda de la idea de boicot o de resistencia pasiva, todo esto llevará inevitablemente, incluso contra la voluntad de Mártov y sus amigos, a la escisión del partido. Aunque Mártov se mantenga en un terreno leal (en el cual se situó tan resueltamente en el congreso), los demás no se mantendrán, y el desenlace que he señalado será inevitable. (No en vano, por cierto, también la tía escribe sobre el «montaje de un nuevo foco».)

* de arresto, caída. N. de la Red.

** de partida al extranjero. N. de la Red.

Y me pregunto: ¿por qué, realmente, nos separaremos así, como enemigos para toda la vida? Repaso todos los acontecimientos e impresiones del congreso, reconozco que a menudo actué y obré con terrible irritación, «rabiosamente», y estoy dispuesto a reconocer ante quien sea esta culpa mía, si es que se debe llamar culpa a lo que naturalmente fue provocado por la atmósfera, la reacción, la réplica, la lucha, etc. Pero, mirando ahora sin rabia alguna los resultados alcanzados, lo realizado mediante una lucha rabiosa, no puedo ver en los resultados nada, absolutamente nada perjudicial para el partido y nada en absoluto ofensivo o insultante para la minoría.

Por supuesto, no pudo menos que ser ofensivo ya el hecho de haber quedado en minoría, pero protesto categóricamente contra la idea de que nosotros «manchamos» a alguien, de que quisiéramos ofender o humillar a alguien. Nada semejante. Y no es admisible permitir que la divergencia política conduzca a interpretar los acontecimientos mediante la acusación a la otra parte de falta de conciencia, canallada, intriga y otras cosas agradables, de las que se oye cada vez más a menudo en la atmósfera de la escisión inminente. No es admisible permitirlo, porque ello es, por lo menos, hasta el *nec plus ultra* insensato.

Políticamente (y organizativamente) hemos divergido con Mártov, como divergimos decenas de veces. Al ser derrotado en la cuestión del artículo 1 de los estatutos, no pude menos que aspirar con toda energía a la revancha en lo que me quedaba (y al congreso). No pude menos que aspirar, por un lado, a un Comité Central estrictamente iskrista; por otro lado, a una troika editorial que eliminara el terreno mismo de nuestras viejas e irresolubles peleas, que uniera a personas, cada una de las cuales tiene su propia línea política, cada una de las cuales decide y decidirá siempre «sin mirar a las personas», sino según su convicción más profunda.

Dije (durante nuestra conversación con usted y con Yu. O. sobre la troika antes del congreso) que lo que más consider...