La minoría de los iskristas de línea suave o zigzagueante derrotó a la mayoría (en la cuestión de los estatutos, y más de una vez) mediante una coalición del Bund + el pantano + los obreros del Sur. Y cuando el Bund y «Rabócheie Dielo» se fueron, la mayoría de los iskristas tomó la revancha. Voilà tout*. Y nadie duda de que, si el Bund no se hubiera ido, Mártox nos habría derrotado en los centros. ¡Y de semejante desenlace sacar ofensa, agravios, escisión del partido! Es una locura.

Inventan que los «pretorianos» echaban a la gente por acusaciones calumniosas de oportunismo, que manchaban y apartaban a personas de trabajo, etc. Todo esto es vacío, fruto de una fantasía ofendida, rien de plus**. A nadie, absolutamente a nadie, se «manchó» ni apartó del trabajo, de participar en la causa. Sólo se apartó a algunos del centro. ¿Ofenderse por eso? ¿Por eso desgarrar el partido? ¿Por eso construir una teoría del hipercentralismo? ¿Por eso gritar sobre las «manoplas de hierro», etc.? Jamás, ni por un minuto, he dudado ni puedo dudar que la troika de redactores es la única troika verdaderamente práctica, que no rompe nada, sino que adapta el viejo colegio «familiar» al papel de persona oficial. Precisamente el carácter familiar de los seis nos atormentó durante los 3 años, usted lo sabe perfectamente, y desde el momento en que «Iskra» se convirtió en el partido y el partido en «Iskra», debíamos, estábamos obligados a romper con los 6, romper con el familiarismo. Precisamente por eso, ya antes del congreso declaré que exigiría la libertad de elección de la redacción — o bien la troika, que es la única base también para una cooptación eficaz.

La ruptura con el «familiarismo» era incondicionalmente necesaria para la causa, y estoy seguro de que los seis habrían aceptado pacíficamente esta troika de no haber mediado las peleas concomitantes por el § 1 y por el CC. Sólo esas peleas tiñeron ante sus ojos a la troika con ese color «horrible» absolutamente falso. No había nada de «horrible» en absoluto; la restricción del rumbo zigzagueante (Zickzackkurs)

* He aquí todo. (N. de la Red.)
** nada más. (N. de la Red.)
*** o bien. (N. de la Red.)

era necesaria, y la mayoría de los iskristas (tanto en el congreso como dentro de la organización de «Iskra») lo comprendía perfectamente.

No, repito, el desenlace no es una «desgracia imprevista», el desenlace no es un «fraccionamiento del todo». Es falso. Es falso que se pueda maldecir el día de «ascenso en rango», o que todo nuestro viejo trabajo hubiera quedado para siempre como un suplicio de Tántalo. Y en el partido, sobre su base formal, con la subordinación de todo a los estatutos* (por los cuales no en vano luchamos desesperadamente, luchamos por todos los detalles con Mártox, quien aquí venció), en tal partido la vieja redacción familiar (que en 3 años ni una sola vez — hecho — se reunió en número de 6) era imposible, tanto más cuanto que de inmediato ingresaron al partido, por derecho, sobre una base formal, una multitud de no iskristas. Y esto exigía precisamente una línea firme y una política consecuente, no zigzagueante. No hay retorno a lo viejo, y sólo una imaginación perturbada puede pintar un cuadro en que se lleve a Mártox al sacrificio, y no al trabajo conjunto con camaradas, cada uno de los cuales tiene un matiz de línea política. De facto, diré aún, el centro decisivo, políticamente decisivo (y no literario) era esta troika y lo fue siempre antes, durante todos estos 3 años, en 99 casos de cien.

Me resultan ahora risibles las quejas «de ellos» contra la chusma, contra los pretorianos, los lamentos por el «cristal» de la redacción de «Iskra», después de que Mártox derrotó a la mayoría de los iskristas con la alianza del Bund y preparó todo para vencerlos con esa alianza también en la cuestión de los centros. Digo con la alianza, no con un pacto; ni pienso acusarlos de un pacto con el pantano y con el Bund, nada de eso. Cuando «ellos» alegan que contra ellos se difundían «rumores denigrantes» (de que eran aliados de los bundistas), «ellos» repiten su error habitual de confundir lo personal y lo político. Un pacto habría sido personalmente feo. La alianza no dependió de su voluntad, su alianza quedó determinada por su error; no fueron ellos con el Bund + el pantano, sino el Bund + el pantano + «Yuzhni Rabochi»…

* He aquí por qué las «constituciones entre nosotros» son imposibles ahora, incondicionalmente imposibles, tanto jurídica como moralmente.