Las dos cartas de V. I. Lenin a A. M. Kalmykova que se publican a continuación, sobre la escisión en el II Congreso del POSDR, presentan, dentro del conjunto de documentos recogidos en la presente compilación, un interés especial. Estas cartas fueron escritas a lo largo del primer mes posterior al congreso, bajo la viva impresión de lo sucedido. En ellas, por una parte, se percibe aún con intensidad todo el ardor de la lucha que tuvo lugar en el congreso y, por otra, se realiza un análisis, se extraen conclusiones objetivas y se esclarece el verdadero significado y el sentido político de los acontecimientos ocurridos.

A. M. Kalmykova ocupaba, respecto a *Iskra*, al grupo dirigente de la organización de *Iskra* y al propio V. I. Lenin, una posición excepcional. Desde los tiempos del movimiento de la Voluntad del Pueblo conservaba una estrecha relación personal con el Grupo «Emancipación del Trabajo», que posteriormente pasó a formar parte de la redacción de *Iskra*; por otro lado, desde mediados de la década de 1890 estableció vínculos muy cercanos con el grupo de los «jóvenes», en particular con Potresov y Lenin, con quienes ya había colaborado en Petersburgo y quienes, junto con Martov, constituían la segunda mitad de la redacción de *Iskra*. En el aspecto práctico y organizativo del trabajo, A. M. Kalmykova prestaba a los «jóvenes» el apoyo más activo. Ante todo, era una fuente constante y centro de recursos materiales para la edición de *Iskra*. Fue principalmente gracias a su incansable energía y abnegación que se aseguró la ininterrumpida existencia de *Iskra* durante su primer trienio. De modo que se trataba de una persona con la que la vieja *Iskra* y la organización de *Iskra* estaban unidas por los lazos más estrechos, y a quien el partido, en el período inicial de su construcción, le debía muchísimo. La profunda confianza y estima personales que Vladimir Ilich sentía por Kalmykova acrecientan aún más la importancia de sus cartas en el momento de la escisión de la organización iskrista.

A. M. Kalmykova falleció el 4 de abril de 1926 en Detskoye Seló. Véanse los datos sobre su biografía y sus relaciones con *Iskra*, la organización iskrista y V. I. Lenin en el artículo de N. K. Krupskaya en *Pravda*, núm. 75, del 2 de abril de 1926.

En aras de la mayor exhaustividad y claridad, se reproducen aquí también aquellas cartas de A. M. Kalmykova a las que las cartas de Vladimir Ilich servían de respuesta.

**18. A. M. KALMYKOVA A V. I. LENIN**

Lunes, 31 de agosto de 1903. [Dresde].

Ambas cartas 2) las he recibido. En distintos momentos han pasado por aquí, de camino, el vizconde 3) y la prima. 4) Ahora estoy informada de todo lo ocurrido 5) en su parte sustancial. Pero una cosa es saber lo ocurrido y otra muy distinta entender cómo pudo ocurrir. Esto segundo no me cabe de ninguna manera en la mollera, o más bien en el alma, y me atormenta, me desgarra, me enfurece.

No entro en valorar lo sucedido, pues no estuve allí personalmente. Todos mis pensamientos están concentrados en el futuro y en la valoración del pasado. Ese pasado está a la vista de todos: en el período más breve, de la nada y en presencia de un número suficiente de elementos hostiles, surgió algo grande, fuerte, que se ha ganado el reconocimiento general. 6) Se creó mediante el trabajo colectivo. Y de repente, todo esto se ha reducido a cero, la construcción colectiva ulterior ha pasado a ser casi cosa de uno solo.

¿Era esto realmente necesario para la causa? ¿Acaso, en semejante situación, su crecimiento está más asegurado que en la anterior? Lo pregunto porque mi cabeza se niega a entender... Creo que todo se desencadenó bajo la influencia de un terrible agotamiento nervioso, en la atmósfera embrutecedora de la chusma que se agita sin salir del sitio. 7) ¡Ah, Señor! También la chusma es patrimonio, e incluso patrimonio ineludible, de la vida, y uno tiene que trabajar para su propio bien, y a veces ocurre que ella misma está a punto de pisotearte con sus pequeños cascos, y te pisotea. Pues, que lo haga; al fin y al cabo es «la mayoría compacta», pero no se la puede tomar ni como compañera de trabajo ni como juez. Dormido y despierto, no veo más que la impresión pesada, turbia y desalentadora que la noticia del desacuerdo causará allí, en casa. Cuánta fe y cuánta autoridad dirigente se necesitaban allí...