Lenin defiende brevemente su formulación, subrayando en particular que ella da un estímulo: «¡organizaos!»{112}. No hay que pensar que las organizaciones del partido deban estar compuestas únicamente por revolucionarios profesionales. Necesitamos las más diversas organizaciones de todos los tipos, rangos y matices, desde las extremadamente estrechas y conspirativas hasta las muy amplias, libres, *lose Organisationen*. Un rasgo necesario de la organización del partido es su confirmación por el Comité Central.

Quisiera ante todo hacer dos observaciones de carácter particular. Primera, respecto a la amable (lo digo sin ironía) propuesta de Axelrod de «regatear». Con gusto seguiría este llamamiento, pues en absoluto considero nuestra divergencia tan sustancial como para que de ella dependa la vida o la muerte del partido. ¡Estamos lejos de perecer por un mal punto del reglamento! Pero una vez que ha llegado el asunto a la elección entre dos formulaciones, de ningún modo puedo renunciar a mi firme convicción de que la formulación de Martov es un empeoramiento del proyecto inicial, un empeoramiento que puede acarrear al partido, en determinadas condiciones, no poco daño. Segunda observación se refiere al camarada Bruker. Es completamente natural que, deseando aplicar en todas partes el principio electivo, el camarada Bruker haya adoptado mi formulación, la única que determina con alguna precisión el concepto de miembro del partido. Por tanto, me resulta incomprensible el placer del camarada Martov a propósito del acuerdo conmigo del camarada Bruker. ¿Acaso el camarada Martov toma realmente como guía lo contrario de lo que dice Bruker, sin examinar sus motivos y argumentos?

Pasando al fondo del asunto, diré que el camarada Trotski no comprendió en absoluto la idea fundamental del camarada Plejánov y por eso soslayó en sus razonamientos toda la esencia de la cuestión. Habló de intelectuales y obreros, del punto de vista de clase y del movimiento de masas, pero no advirtió una cuestión básica: ¿mi formulación restringe o amplía el concepto de miembro del partido? Si se hubiera formulado esta pregunta, fácilmente habría visto que mi formulación restringe este concepto, en tanto que la de Martov lo amplía, distinguiéndose (según la acertada expresión del propio Martov) por su «elasticidad». Y precisamente esta «elasticidad» en un período de la vida del partido como el que estamos atravesando, indudablemente abre las puertas a todos los elementos de dispersión, vacilación y oportunismo. Para refutar esta simple y evidente conclusión, es necesario demostrar que tales elementos no existen, y el camarada Trotski ni siquiera pensó en hacerlo. Y es imposible demostrarlo, pues todos saben que hay no pocos de estos elementos, que los hay también dentro de la clase obrera. La salvaguardia de la firmeza de la línea y la pureza de los principios del partido se convierte precisamente ahora en una tarea tanto más urgente, cuanto que el partido, restablecido en su unidad, admitirá en sus filas a muchos elementos inestables, cuyo número crecerá a medida que crezca el partido. El camarada Trotski entendió de manera muy incorrecta la idea fundamental de mi libro *¿Qué hacer?* cuando dijo que el partido no es una organización conspirativa (esta objeción me la hicieron también muchos otros). Olvidó que yo supongo en mi libro toda una serie de tipos diversos de organizaciones, desde las más conspirativas y más estrechas hasta las comparativamente amplias y «libres» (*lose*)[65]. Olvidó que el partido debe ser únicamente el destacamento de vanguardia, el dirigente de la enorme masa de la clase obrera, la cual toda (o casi toda) trabaja «bajo el control y la dirección» de las organizaciones del partido, pero no entra en su totalidad ni debe entrar en su totalidad en el partido. Vean, en efecto, a qué conclusiones llega el camarada Trotski en virtud de su error fundamental. ¡Nos decía aquí que si filas y filas de obreros fueran arrestadas y todos los obreros declararan su no pertenencia al partido, nuestro partido sería algo extraño! ¿No es más bien al revés? ¿No es extraño el razonamiento del camarada Trotski? Considera penoso lo que a cualquier revolucionario medianamente experimentado solo podría alegrar. Si los centenares y miles de obreros arrestados por huelgas y manifestaciones resultaran no ser miembros de las organizaciones del partido, esto solo probaría que nuestras organizaciones son buenas, que cumplimos nuestra tarea: mantener en el mayor secreto posible un círculo más o menos estrecho de dirigentes y atraer al movimiento a la masa más amplia posible. La raíz del error de quienes defienden la formulación de Martov consiste en que no solo ignoran uno de los males fundamentales de nuestra vida partidaria, sino que hasta consagran este mal. Este mal consiste en que, en una atmósfera de descontento político casi universal, en condiciones de total clandestinidad del trabajo, en condiciones de concentración de la mayor parte de la actividad en estrechos círculos secretos e incluso en reuniones privadas, nos resulta en extremo difícil, casi imposible, deslindar a los charlatanes de los que trabajan. Y difícilmente se encontrará otro país en el cual la confusión de estas dos categorías sea tan común, cause tanta tiniebla de embrollo y perjuicio, como en Rusia. No solo en la intelectualidad, sino también en el seno de la clase obrera, sufrimos cruelmente de este mal, ¡y la formulación del camarada Martov legaliza este mal! Esta formulación tiende inevitablemente a hacer miembros del partido a todos y cada uno; el propio camarada Martov tuvo que reconocerlo con la salvedad: «si quieren, sí», dijo. ¡Pues precisamente esto no lo queremos! Precisamente por eso nos alzamos tan decididamente contra la formulación de Martov. Es mejor que diez trabajadores no se llamen miembros del partido (¡los verdaderos trabajadores no persiguen títulos!), que un solo charlatán tenga el derecho y la posibilidad de ser miembro del partido. He aquí un principio que me parece irrefutable y que me obliga a luchar contra Martov. Se me objetó que no concedemos derecho alguno a los miembros del partido, por consiguiente, no puede haber abusos. Tal objeción es completamente insostenible: si en nuestros documentos no se indica qué derechos especiales recibe el miembro del partido, obsérvese que tampoco se aduce indicación alguna sobre la limitación de los derechos de los miembros del partido. Esto, en primer lugar. Y en segundo lugar, y esto es lo principal, independientemente incluso de los derechos, no se puede olvidar que todo miembro del partido es responsable ante el partido, y el partido es responsable por cada miembro. En nuestras condiciones de actividad política, dado el estado embrionario de una verdadera organización política, sería directamente peligroso y perjudicial dar derecho de membresía a quienes no son miembros de la organización y cargar con la responsabilidad al partido por personas que no entran en la organización (y que quizás no entran de forma deliberada). El camarada Martov se horrorizaba ante el hecho de que, en un juicio, alguien que no fuera miembro de la organización del partido no tendría derecho, a pesar de su enérgico trabajo, a llamarse miembro del partido. A mí esto no me asusta. Un daño grave sería, por el contrario, que en un juicio se manifestara desde un lado no deseable una persona que se llama miembro del partido sin pertenecer a ninguna de las organizaciones del partido. Es imposible refutar que tal persona trabajara bajo el control y la dirección de la organización, imposible precisamente en virtud de lo difuso del término. De hecho —sobre esto no puede haber duda— las palabras «bajo el control y la dirección» llevarán a que no habrá ni control ni dirección. Jamás el CC estará en condiciones de extender un control real sobre todos los que trabajan pero no entran en las organizaciones. Nuestra tarea es dar un control efectivo en manos del CC. Nuestra tarea es salvaguardar la firmeza, la perseverancia, la pureza de nuestro partido. Debemos esforzarnos por elevar el título y la importancia de miembro del partido más y más alto —y por eso estoy contra la formulación de Martov.

Cotejado con el manuscrito

Lenin insiste en la inclusión de las palabras sobre el apoyo material, puesto que todos reconocen que el partido debe existir con los medios de sus miembros. No se puede, en la cuestión de la creación de un partido político, apelar a consideraciones morales.