1

Antes de pasar a los detalles, quiero objetar algunas tesis generales, y ante todo al camarada Martínov. El camarada Martínov dice que debemos luchar no contra el feudalismo que existió, sino contra el que ahora existe. Esto es justo, pero recordaré mi respuesta a Iks. Él se remitió a la provincia de Sarátov; yo tomé los datos de la misma provincia de Sarátov y resultó que la superficie de los recortes equivale allí a 600.000 desiatinas, es decir, 2/5 de toda la tierra que estaba en posesión de los campesinos durante el derecho de servidumbre, y la tierra arrendada equivale a 900.000 desiatinas; por consiguiente, 2/3 de toda la tierra arrendada son recortes. Esto significa que restauramos en 2/3 el uso de la tierra. Significa que luchamos no contra un fantasma, sino contra un mal real. Llegaríamos a lo mismo que en Irlanda, donde fue necesaria una reforma campesina contemporánea que transformó a los farmers en pequeños propietarios. La analogía entre Irlanda y Rusia ya fue señalada en la literatura económica de los populistas. El camarada Gorin dice que la medida que propongo no es la mejor, que es mejor pasarlos a la condición de arrendatarios libres. Pero se equivoca al pensar que el paso de arrendatarios semilibres a libres es mejor. Nosotros no inventamos la transición, sino que proponemos una en la que el uso jurídico de la tierra se haga corresponder con el uso real, y con ello eliminemos las relaciones de servidumbre actuales. Martínov dice que no son nuestras exigencias las que son miserables, sino que es miserable el principio del que se derivan. Pero esto se asemeja a los argumentos que los socialistas-revolucionarios esgrimen contra nosotros. En el campo perseguimos dos objetivos cualitativamente distintos: primero, queremos crear la libertad de las relaciones burguesas; segundo, librar la lucha del proletariado. Nuestra tarea, contrariamente a los prejuicios de los socialistas-revolucionarios, consiste en señalar a los campesinos dónde comienza la tarea revolucionario-proletaria del proletariado campesino. Por eso son insostenibles las objeciones del camarada Kostrov. Se nos dice que el campesinado no se conformará con nuestro programa, que irá más lejos; pero nosotros no tememos esto, para eso tenemos nuestro programa socialista, y por eso tampoco tememos el reparto de la tierra, que tanto asusta a los camaradas Majov y Kostrov.

Termino. El camarada Egórov calificó de quimera nuestra esperanza en los campesinos. ¡No! No nos entusiasmamos, somos bastante escépticos, por eso mismo le decimos al proletario campesino: «Tú ahora luchas a la par con la burguesía campesina, pero debes estar siempre dispuesto a luchar contra esa misma burguesía, y esa lucha la librarás junto con los proletarios industriales de la ciudad».

En 1852, Marx dijo que los campesinos tienen no solo prejuicio, sino también juicio. Y señalando hoy a los campesinos pobres la causa de su pobreza, podemos contar con el éxito. Creemos que, dado que la socialdemocracia ha salido ahora a la lucha por los intereses campesinos, en el futuro tendremos que considerar el hecho de que la masa campesina se acostumbre a ver a la socialdemocracia como la defensora de sus intereses.

2

Lenin introduce una enmienda: en lugar de «procurará conseguir», poner: «exige ante todo». En los informes durante los debates se señaló que en el proyecto se dice conscientemente «procurará conseguir» para subrayar que esto no nos proponemos hacerlo ahora, sino en el futuro. Para no dar motivo a tales malentendidos, introduzco esta enmienda. Con las palabras «ante todo» quiero decir que, además del programa agrario, tenemos aún otras exigencias.

3

Estoy en contra de la propuesta del camarada Liadov. No escribimos un proyecto de ley, solo indicamos los rasgos generales. Tenemos también entre los habitantes urbanos a quienes pertenecen a los estamentos contribuyentes; además, están los de los suburbios y otros, y para incluir todo eso en nuestro programa tendríamos que hablar el lenguaje del tomo IX del Código de Leyes.

4

La pregunta de Martínov me parece superflua. En lugar de exponer principios generales, se nos obliga a meternos en particularidades. Si lo hiciéramos, no terminaríamos nunca el congreso. El principio está completamente definido: todo campesino tiene derecho a disponer de su tierra, ya sea comunal o de propiedad privada. Esto es solo la exigencia del derecho del campesino a disponer de su tierra. Insistimos en que no debe haber leyes especiales para los campesinos; no queremos solo el derecho de salir de la comuna. No podemos resolver ahora todos los detalles que serán necesarios al aplicar esto en la práctica. Estoy en contra de la adición del camarada Lange; no podemos exigir la abolición de todas las leyes sobre el uso de la tierra. Eso ya es demasiado.

5

Martínov está evidentemente en un malentendido. Nosotros pugnamos por la aplicación idéntica de la legislación general: la que ahora se ha adoptado en todos los estados burgueses, a saber, la que parte de las bases del derecho romano, que reconoce tanto la propiedad colectiva como la personal. La tenencia comunal de la tierra quisiéramos considerarla como propiedad colectiva.

6

Estamos tratando la cuestión de la redacción de las adiciones al punto cuarto en relación con el Cáucaso. Es deseable introducir estas adiciones después del inciso a). Hay dos proyectos de resolución. Si aceptamos la enmienda del camarada Karski, el punto perderá demasiado en su carácter concreto. En los Urales, por ejemplo, hay montones de vestigios; allí hay un verdadero nido de servidumbre. En cuanto a los letones, se puede decir que caen bajo la fórmula «y en otras regiones del estado». Apoyo la propuesta del camarada Kostrov, justamente: es necesario insertar la exigencia de la transferencia de las tierras a propiedad de los jizans, los temporalmente obligados, etc.

7

El camarada Liber se sorprende en vano. Él nos exige un patrón general único, pero tal patrón no existe. Hay que plantear una vez una cosa, otra vez otra. No tenemos plantillas. Liber señala que nuestra exigencia de abolir la servidumbre coincide con las exigencias de los liberales. Pero los liberales no dicen cómo se llevará a cabo esta exigencia. Nosotros decimos que debe ser llevada a cabo no por la burocracia, sino por las clases oprimidas, y este ya es el camino de la revolución. En esto radica nuestra diferencia radical con los liberales, que con sus disquisiciones sobre transformaciones y reformas «envilecen» la conciencia popular. Si nos pusiéramos a concretizar todas las exigencias sobre la abolición de la servidumbre, obtendríamos tomos enteros. Por eso señalamos solo las formas y tipos más importantes de servidumbre. Y nuestros comités en diferentes localidades, desarrollando el programa general, plantearán y elaborarán sus exigencias parciales. La indicación de Trotski de que no podemos tocar las exigencias locales es incorrecta en el sentido de que la cuestión de los jizans y los temporalmente obligados no es solo una cuestión local. Además, se conoce en la literatura agraria.

8

El camarada Liber propone suprimir el punto sobre los recortes solo porque no le gustan los comités campesinos. Esto es extraño. Ya que coincidimos en la cuestión fundamental de que los recortes esclavizan a los campesinos, la institución de comités es una particularidad, por la cual es ilógico rechazar todo el punto. También es extraña la pregunta sobre cómo influiremos en los comités campesinos. Espero que los socialdemócratas entonces puedan organizar congresos con menos dificultades y ponerse de acuerdo en ellos sobre cómo actuar en cada caso concreto.

9

El párrafo 5 está en conexión con el párrafo 16 del programa obrero: esto supone precisamente tribunales compuestos por igual número de obreros y empresarios; debemos exigir una representación especial de los braceros y del campesinado más pobre.

10

Me parece superfluo esto, ya que se ampliaría desmesuradamente la competencia de los tribunales. Perseguimos el objetivo de la reducción del precio del arriendo, y el establecimiento de tasas daría a los terratenientes la posibilidad de demostrar su razón remitiéndose a determinados hechos. La reducción de los precios de arrendamiento excluye cualquier idea de elevarlos. Kautsky, al hablar de Irlanda, señala que la introducción allí de tribunales industriales dio ciertos resultados.