Ante todo debo señalar la confusión extremadamente característica que hace el camarada Liber del jefe de la nobleza con la capa de trabajadores y explotados{90}. Esta confusión es significativa para todos los debates. Por doquier se confunden episodios aislados de nuestra polémica con el establecimiento de bases de principio. No se puede negar, como hace el camarada Liber, que sea posible el paso de una capa (cualquiera que sea) de la población trabajadora y explotada al lado del proletariado. Recordad que en 1852 Marx, refiriéndose a las sublevaciones de los campesinos franceses, escribía (en «El 18 Brumario») que el campesinado actúa unas veces como representante del pasado y otras como representante del futuro; que al campesino se le puede apelar teniendo en cuenta no sólo su prejuicio, sino también su juicio{91}. Recordad además que Marx reconocía más tarde como completamente justa la afirmación de los comuneros de que la causa de la Comuna es también la causa del campesinado{92}. Repito, no se puede dudar de que, en determinadas condiciones, el paso de tal o cual capa de trabajadores al lado del proletariado no es en absoluto imposible. Toda la cuestión reside en determinar con precisión esas condiciones. Y en las palabras «pasan al punto de vista del proletariado», la condición en cuestión queda expresada con plena exactitud. Justamente estas palabras nos deslindan a nosotros, los socialdemócratas, del modo más tajante, de toda suerte de corrientes pretendidamente socialistas en general y de los llamados socialistas-revolucionarios en particular.

Paso al discutido pasaje de mi folleto «¿Qué hacer?», que ha suscitado aquí tantas interpretaciones{93}. Parece que después de todas estas interpretaciones, la cuestión se ha aclarado hasta tal punto que me queda poco que añadir. Es evidente que aquí se confundía el planteamiento de principio de una gran cuestión teórica (la elaboración de la ideología) con un episodio de lucha contra el «economismo». Y además este episodio era transmitido de manera completamente inexacta.

Para demostrar esta última tesis puedo remitirme ante todo a los camaradas Akímov y Martínov, que han hecho uso de la palabra aquí. Ellos han mostrado de forma evidente que precisamente del episodio de lucha contra el «economismo» se trata aquí. Han presentado concepciones que ya han sido calificadas (y con razón) de oportunismo. Han llegado incluso a la «refutación» de la teoría del empobrecimiento, al cuestionamiento de la dictadura del proletariado y hasta a la «Erfüllungstheorie»{94}, como se ha expresado el camarada Akímov. Cierto, no sé qué significa esto. ¿No querría el camarada Akímov hablar de la «Aushöhlungstheorie», de la «teoría del vaciamiento» del capitalismo{95}, es decir, de una de las ideas más populares y corrientes de la teoría bernsteiniana? El camarada Akímov, en defensa de las viejas bases del «economismo», ha esgrimido incluso un argumento increíblemente original, como que en nuestro programa la palabra proletariado no aparece ni una sola vez en caso nominativo. Lo más, exclamaba el camarada Akímov, es que el proletariado está en ellos en caso genitivo. Resulta, pues, que el caso nominativo es el más honorable, y el genitivo ocupa el segundo lugar en honorabilidad. Sólo queda transmitir esta consideración —sea tal vez por mediación de una comisión especial— al camarada Riazánov, para que él complete su primer trabajo científico sobre las letras con un segundo tratado científico sobre los casos…{96}

En cuanto a las referencias directas a mi folleto «¿Qué hacer?», no me resulta nada difícil demostrar que se las ha sacado de su contexto. Dicen: Lenin no menciona en absoluto ninguna tendencia contrapuesta, sino que afirma de manera absoluta que el movimiento obrero siempre «marcha» hacia la subordinación a la ideología burguesa. ¿Es cierto? ¿Acaso no está dicho en mi folleto que el movimiento obrero es arrastrado hacia el aburguesamiento con el benévolo concurso de los Schulze-Delitzsch y otros semejantes a ellos?[63] ¿Y a quiénes se entiende aquí por «semejantes»? Nada menos que a los «economistas», nada menos que a quienes decían, por ejemplo, entonces, que la democracia burguesa en Rusia es un fantasma. Ahora es fácil hablar tan barato del radicalismo y el liberalismo burgueses, cuando todos tienen sus ejemplos delante de los ojos. Pero ¿acaso era así antes?

«Lenin no toma para nada en consideración que en la elaboración de la ideología participan también los obreros». — ¿Es cierto? ¿Acaso no se dice en mi folleto una y otra vez que justamente la mayor insuficiencia de nuestro movimiento es la falta de obreros plenamente conscientes, de obreros-dirigentes, de obreros-revolucionarios? ¿Acaso no se dice allí que la formación de tales obreros-revolucionarios debe convertirse en nuestra tarea inmediata? ¿Acaso no se señala allí la importancia del desarrollo del movimiento profesional y de la creación de una literatura profesional especial? ¿Acaso no se libra allí una lucha encarnizada contra toda intentona de rebajar el nivel de los obreros de vanguardia al nivel de la masa o al nivel de los medios?

Para terminar. Hoy todos sabemos que los «economistas» torcieron el palo hacia un lado. Para enderezar el palo era necesario torcerlo hacia el otro lado, y yo lo hice. Estoy convencido de que la socialdemocracia rusa enderezará siempre con energía el palo torcido por todo género de oportunismo y de que nuestro palo será por ello siempre el más recto y el más apto para la acción.

Cotejado con el manuscrito