En el Cáucaso ha aparecido una nueva organización socialdemócrata: la «Unión de los Socialdemócratas Armenios»{56}. Dicha Unión, según sabemos, inició su actividad práctica hace más de medio año y cuenta ya con su propio órgano en lengua armenia. Hemos recibido el número 1 de ese órgano, titulado «Proletariado»{57} y con el encabezamiento: «Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia». Contiene una serie de artículos, notas y correspondencias que esclarecen las condiciones sociales y políticas que dieron vida a la «Unión de los Socialdemócratas Armenios» y esbozan, a grandes rasgos, el programa de su actividad.

En el artículo de fondo, titulado «Manifiesto de los socialdemócratas armenios», leemos: «Siendo una de las ramas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que ha extendido ampliamente su red por todo el territorio de Rusia, la “Unión de los Socialdemócratas Armenios” es plenamente solidaria con dicho partido en su actividad y luchará junto a él por los intereses del proletariado ruso en general y del proletariado armenio en particular». Luego, señalando el rápido desarrollo del capitalismo en el Cáucaso y las monstruosas consecuencias, por su fuerza y por su carácter polifacético, que acompañan este proceso, los autores abordan la situación actual del movimiento obrero en el Cáucaso. En los centros industriales del Cáucaso, como Bakú, Tiflis y Batum, con sus grandes empresas capitalistas y su numeroso proletariado fabril, ese movimiento ya ha echado profundas raíces. Pero, debido a su ínfimo nivel cultural, la lucha de los obreros caucásicos contra los patronos ha tenido hasta ahora, naturalmente, un carácter más o menos inconsciente y espontáneo. Era necesaria una fuerza capaz de unificar las fuerzas dispersas de los obreros, dar forma articulada a sus reivindicaciones y forjar en ellos la conciencia de clase. Esa fuerza es el socialismo. – Tras exponer brevemente las tesis fundamentales del socialismo científico, la Unión precisa su posición respecto a las corrientes contemporáneas de la socialdemocracia internacional y, en particular, de la rusa. En el Manifiesto se dice: «La realización del ideal socialista es inconcebible, en nuestra opinión, ni mediante la actuación económica espontánea de la clase obrera ni mediante reformas políticas y sociales parciales; solo es posible mediante la demolición radical de todo el régimen existente, mediante la revolución social, cuyo prólogo necesario debe ser la dictadura política del proletariado». A continuación, señalando que el régimen político existente en Rusia es hostil a todo movimiento social y, en especial, al movimiento obrero, la Unión declara que se plantea como tarea inmediata la educación política del proletariado armenio y su incorporación a la lucha de todo el proletariado ruso para derrocar la autocracia zarista. Sin negar en absoluto la necesidad de la lucha económica parcial de los obreros contra los patronos, la Unión no le otorga, sin embargo, un significado independiente. Reconoce esa lucha en la medida en que mejora la situación material de los obreros y contribuye a que elaboren su conciencia política y su solidaridad de clase.

Especialmente interesante para nosotros es la posición de la Unión ante la cuestión nacional. En el Manifiesto se dice: «Teniendo en cuenta que el Estado ruso está compuesto por muchas y diversas nacionalidades, que se encuentran en distintos niveles de desarrollo cultural, y considerando que solo un amplio desarrollo de la autoadministración local puede asegurar los intereses de esos elementos heterogéneos, estimamos necesario que en la futura Rusia libre se instaure una república federativa (cursiva nuestra). En lo que atañe al Cáucaso, habida cuenta de la extrema diversidad étnica de su población, lucharemos por unir a todos los elementos socialistas locales y a todos los obreros de las distintas nacionalidades; lucharemos por crear una organización socialdemócrata única y sólida para combatir con mayor éxito contra la autocracia. En la futura Rusia, reconocemos a todas las naciones el derecho a la libre autodeterminación, puesto que en la libertad nacional vemos solo una de las formas de la libertad ciudadana en general. Partiendo de esta tesis y teniendo presente, como antes señalamos, la composición pluriétnica del Cáucaso y la ausencia de una separación geográfica entre los distintos pueblos, no encontramos posible incluir en nuestro programa la reivindicación de una autonomía política para las nacionalidades caucásicas; exigimos únicamente la autonomía en lo referente a la vida cultural, es decir, libertad de lengua, escuelas, instrucción, etc.».

Saludamos de todo corazón el Manifiesto de la «Unión de los Socialdemócratas Armenios» y muy en particular su notable intento de dar un planteamiento correcto de la cuestión nacional. Sería muy deseable que ese intento fuera llevado hasta el final. Los dos principios fundamentales por los que deben guiarse todos los socialdemócratas de Rusia en la cuestión nacional están formulados por la Unión con entera justeza. Son, en primer lugar, la exigencia, no de autonomía nacional, sino de libertad política y civil y de plena igualdad de derechos; y, en segundo lugar, la exigencia del derecho a la autodeterminación para cada nacionalidad que forma parte del Estado. Pero ambos principios no son aplicados con plena coherencia por la «Unión de los Socialdemócratas Armenios». En efecto, ¿cabe hablar, desde su punto de vista, de reivindicar una república federativa? La federación presupone entes políticos nacionales autónomos, y la Unión renuncia a la reivindicación de la autonomía nacional. Para ser plenamente consecuente, la Unión debería eliminar de su programa la reivindicación de la república federativa y limitarse a la exigencia de una república democrática en general. No incumbe al proletariado predicar el federalismo y la autonomía nacional; no incumbe al proletariado enarbolar semejantes reivindicaciones, que inevitablemente se reducen a la exigencia de crear un Estado clasista autónomo. Incumbe al proletariado cohesionar más estrechamente a las masas más amplias posibles de los obreros de todas y cada una de las nacionalidades, cohesionarlas para la lucha en la arena más amplia posible por la república democrática y por el socialismo. Y si la arena estatal que hoy se nos ha dado ha sido creada, sostenida y ampliada mediante una serie de violencias ultrajantes, precisamente para luchar con éxito contra todas las formas de explotación y opresión debemos unir, y no desmembrar, las fuerzas de la clase obrera, que es la más oprimida y la más capaz de luchar. La exigencia de reconocer el derecho a la autodeterminación a cada nacionalidad significa, de por sí, únicamente que nosotros, el partido del proletariado, debemos oponernos siempre e incondicionalmente a toda tentativa de influir desde fuera, mediante la violencia o la injusticia, sobre la autodeterminación de los pueblos. Cumpliendo siempre ese deber negativo nuestro (lucha y protesta contra la violencia), nosotros, por nuestra parte, velamos por la autodeterminación, no de los pueblos y las naciones, sino del proletariado en cada nacionalidad. De este modo, el programa general, fundamental y siempre obligatorio de la socialdemocracia de Rusia debe consistir únicamente en la exigencia de la plena igualdad de derechos de los ciudadanos (independientemente del sexo, la lengua, la religión, la raza, la nación, etc.) y de su derecho a la libre autodeterminación democrática. En cuanto al apoyo a las reivindicaciones de autonomía nacional, ese apoyo no constituye en modo alguno un deber programático permanente del proletariado. Puede convertirse en necesario para él solo en casos particulares y excepcionales. En lo que concierne a la socialdemocracia armenia, la propia «Unión de los Socialdemócratas Armenios» ha reconocido la ausencia de esas circunstancias excepcionales.

Esperamos volver aún a la cuestión de la federatividad y la nacionalidad[23]. Por ahora, concluyamos saludando una vez más al nuevo miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia: la «Unión de los Socialdemócratas Armenios».

«Iskra» n.° 33, 1 de febrero de 1903

Se publica según el texto del periódico «Iskra»