Algunas reflexiones a propósito de la carta del 7 c. 6 f. (Zarin a Lenin). Escribo bajo la fresca impresión de su carta, que acabo de leer. Me ha indignado con su cháchara irreflexiva, tanto que no puedo contenerme de expresar mi opinión con franqueza. Le ruego que transmita mi carta a su autor y le diga que no hay por qué ofenderse por una palabra dura. Esto no es para la publicación.

La carta merece respuesta, a mi juicio, porque ilumina con particular relieve un rasgo característico en el estado de ánimo de muchos revolucionarios actuales. Esperar instrucciones, exigirlo todo de arriba, de fuera, del exterior, retorcerse las manos impotentes ante los fracasos que se experimentan localmente a causa de la inactividad, quejarse y quejarse, inventar recetas que curen el mal de forma barata y fácil.

¡No las inventarán, señores! Si ustedes mismos son inactivos, si permiten escisiones delante de sus propias narices y luego suspiran, se lamentan y se quejan, ninguna receta servirá. Y no tiene nada de inteligente abrumarnos con quejas por ello. No piensen que nos ofendemos por sus acusaciones y ataques: estamos acostumbrados, sabe usted, terriblemente acostumbrados, así que no nos afectan.

«Literatura de masas», «decenas de puds» – ese grito de combate suyo no es sino precisamente una receta inventada para que los curen a ustedes desde fuera de su propia inactividad. ¡Créame, ninguna de esas recetas surtirá jamás efecto! Si ustedes mismos no son enérgicos y diligentes, nadie los ayudará en nada. Clamar: ¡dennos esto y aquello, tráigannos tal y tal cosa! es muy poco razonable, porque son ustedes mismos quienes deben tomarlo y traerlo. Escribirnos sobre esto es inútil, pues nosotros no podemos hacerlo desde aquí, sino que ustedes por sí mismos pueden y deben: hablo de la distribución de la literatura de que disponemos y que publicamos.

Algunos «activistas» locales (que reciben ese nombre por su inactividad), al ver sólo algunos números de «Iskra» y no trabajar activamente por su difusión masiva y su distribución, se inventan una excusa fácil: esto no sirve. ¡Danos literatura de masas, para la masa! Mastícala y ponla en la boca, y quizá nosotros mismos la tragamos.

Qué fenomenalmente absurdos parecen estos clamores a quien sabe y ve que esos «activistas» locales no saben organizar la distribución ni de lo que ya existe. ¿No es ridículo leer: dennos decenas de puds cuando ustedes no saben ni tomar ni distribuir cinco puds? Háganlo primero, estimadísimos «soñadores por una hora» (¡porque el primer fracaso los desorienta de todo, incluso de todas sus convicciones!). Háganlo, y entonces, cuando lo hayan hecho no una vez, sino decenas de veces, también la editorial crecerá al ritmo de las demandas.

Digo: crecerá, porque sus clamores sobre la literatura de masas (tomados sin crítica y sin sentido de los socialrevolucionarios y de los svobodovtsi y de toda clase de «inactivos» desconcertados) se basan en el olvido de una pequeñez... muy pequeña, a saber: en el olvido de que ustedes no saben tomar y difundir ni siquiera la centésima parte de la literatura de masas que nosotros editamos ahora. Tomo una de las últimas listas de uno de los pocos (miserablemente, lastimosamente, vergonzosamente pocos) transportes nuestros. Discursos de Nizhni Nóvgorod, la lucha de Rostov, el folleto sobre las huelgas, Dickstein* – me limito a esto. ¡Cuatro, sólo cuatro cositas! ¡Qué poco!

Sí, muy poco. Sí, necesitamos cuatrocientos, no cuatro.

«Svoboda» y los s.-r. editan a puds mensualmente, es papel viejo y charlatanería. Los charlatanes son siempre afanosos y hacen más ruido, y algunas personas ingenuas toman eso por energía.

* —¡Eso es viejo! — clamáis vosotros. Sí, todos los partidos que tienen buena literatura popular difunden lo viejo: a Guesde y Lafargue, a Bebel, Bracke, Liebknecht, etc., por decenios. ¿Oís? ¡Por decenios! Y la literatura popular sólo es buena, sólo sirve, la que sirve durante decenios. Pues la literatura popular es una serie de manuales para el pueblo, y los manuales exponen principios elementales que no cambian ni en medio siglo. La literatura «popular» que os «cautiva» y que

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V. I. LENIN