En el núm. 105 de *Últimas Noticias* (del 28/15 de enero de 1903), publicado por el «Comité en el Extranjero de la Unión General de Trabajadores Judíos de Lituania, Polonia y Rusia», en el articulillo «A propósito de una proclama» (precisamente la proclama del Comité de Ekaterinoslav del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia) encontramos la siguiente afirmación, tan sorprendente como importante y verdaderamente «preñada de consecuencias»: «el proletariado judío se ha constituido (¡sic![24]) en un partido político independiente (¡sic!), el Bund».

Hasta ahora no lo sabíamos. Es una novedad.

Hasta ahora el Bund era una parte integrante del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, y aún (¡aún!) en el núm. 106 de *Últimas Noticias* encontramos una declaración del Comité Central del Bund con el siguiente encabezamiento en dicha declaración: «Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia». Es cierto que el Bund decidió en su último, IV Congreso, cambiar su denominación (sin la reserva de querer escuchar la opinión de los camaradas rusos sobre la cuestión del nombre de una u otra parte del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia) e «implantar» nuevas relaciones federativas en los estatutos del Partido Ruso. El Comité en el Extranjero del Bund incluso ya ha «implantado» dichas relaciones, si se puede llamar con esta palabra a su salida de la «Unión de Socialdemócratas Rusos» en el extranjero y a la conclusión de un tratado federativo con dicha Unión.

Pero el propio Bund, cuando *Iskra* polemizaba con las decisiones de su IV Congreso, declaró de manera completamente definida que él solo se proponía implantar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sus deseos y decisiones, es decir, reconocía directa y categóricamente que seguía siendo parte del POSDR hasta que este partido adoptara nuevos estatutos, hasta que elaborara nuevas formas de relaciones con el Bund.

¡Y de repente ahora resulta que el proletariado judío ya se ha constituido en un partido político independiente! Repetimos una vez más: es una novedad.

Una novedad similar es el furibundo y torpe ataque del Comité en el Extranjero del Bund contra el Comité de Ekaterinoslav. Hemos recibido, por fin (aunque, lamentablemente, con gran retraso), esta proclama y, sin vacilar, diremos que el ataque a tal proclama representa, sin duda, un gran paso político por parte del Bund[25]. Este paso está en plena correspondencia con la declaración del Bund como partido político independiente y arroja, por su parte, mucha luz sobre la fisonomía y el modo de actuar de este nuevo partido.

Lamentablemente, la falta de espacio nos impide reproducir íntegramente la proclama de Ekaterinoslav (ocuparía unas dos columnas de *Iskra*[26]), y nos limitaremos a señalar que esta excelente proclama explica magníficamente a los obreros judíos de la ciudad de Ekaterinoslav (explicaremos ahora por qué subrayamos estas palabras) la actitud socialdemócrata hacia el sionismo{59} y el antisemitismo. Al mismo tiempo, la proclama trata con tanto cuidado, con camaraderil cuidado, los sentimientos, el estado de ánimo y los deseos de los obreros judíos, que subraya y destaca especialmente la necesidad de luchar bajo la bandera del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia «incluso para la conservación y el desarrollo ulterior de vuestra (la proclama se dirige a los obreros judíos) cultura nacional», «incluso en interés puramente nacional» (subrayado y en cursiva en la propia proclama).

Y a pesar de ello, el Comité en el Extranjero del Bund (casi dijimos: el Comité Central del nuevo partido) se abalanzó sobre esta proclama por el hecho de que no menciona ni una palabra sobre el Bund. Este es su único, pero por ello imperdonable, terrible crimen. He aquí por qué el Comité de Ekaterinoslav es acusado de falta de «sentido político». Los camaradas de Ekaterinoslav son castigados por no haber «digerido aún la idea de la necesidad de una organización separada (¡profunda e importante idea!) de las fuerzas (¡!) del proletariado judío», por «albergar todavía el absurdo sueño de deshacerse de algún modo de él (del Bund)», por difundir «la no menos dañina (que la sionista) fábula» sobre la vinculación del antisemitismo con las capas burguesas, y no obreras, y con los intereses de estas capas. He aquí por qué al Comité de Ekaterinoslav se le aconseja «abandonar la dañina costumbre de silenciar el movimiento obrero judío independiente» y «resignarse al hecho de la existencia del Bund».

Cabe preguntarse ahora: ¿hay realmente aquí un crimen por parte del Comité de Ekaterinoslav? ¿Debía realmente este mencionar forzosamente al Bund? A estas preguntas solo se puede responder negativamente ya por la simple razón de que la proclama no está dirigida a los «obreros judíos» en general (como la designa de manera completamente errónea el Comité en el Extranjero del Bund), sino «a los obreros judíos de la ciudad de Ekaterinoslav» (¡el Comité en el Extranjero del Bund olvidó citar estas dos últimas palabras!). En Ekaterinoslav no existe ninguna organización bundista. (Y en general, respecto al sur de Rusia, el IV Congreso del Bund decidió no constituir comités separados del Bund en aquellas ciudades donde las organizaciones judías forman parte de los comités del partido, donde sus necesidades pueden ser plenamente satisfechas sin separarse de estos comités.) Puesto que los obreros judíos no están organizados en Ekaterinoslav en un comité especial, significa que su movimiento (inseparablemente de todo el movimiento obrero de dicha localidad) está enteramente a cargo del Comité de Ekaterinoslav, el cual los subordina directamente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que debe llamarlos a trabajar para todo el partido, y no para partes separadas del mismo. Es evidente que, en estas condiciones, el Comité de Ekaterinoslav no solo no estaba obligado a mencionar al Bund, sino que, por el contrario, si se le hubiera ocurrido predicar la «necesidad de una organización separada de las fuerzas (esto sería más exacta y probablemente una organización de la impotencia)[27] del proletariado judío» (cosa que quieren los bundistas), habría sido por su parte el más grande error y una violación directa no solo de los estatutos del partido, sino también de los intereses de la unidad de la lucha de clase proletaria.

Además. El Comité de Ekaterinoslav es acusado de falta de «orientación» en la cuestión del antisemitismo. El Comité en el Extranjero del Bund revela concepciones verdaderamente infantiles sobre los grandes movimientos sociales. El Comité de Ekaterinoslav habla del movimiento antisemita internacional de los últimos decenios y observa que «de Alemania este movimiento emigró a otros países y en todas partes encontró partidarios precisamente entre las capas burguesas, y no obreras, de la población». «Esta es una fábula no menos dañina» (que las fábulas sionistas), exclama completamente enfurecido el Comité en el Extranjero del Bund. El antisemitismo «ha echado raíces en la masa obrera», y como prueba de ello, el «orientado» Bund aduce dos hechos: 1) la participación de obreros en el pogromo de Chenstojov y 2) el acto de 12 (¡doce!) obreros cristianos en Zhitomir, que ocuparon los puestos de los huelguistas y amenazaron con «degollar a todos los judíos». Pruebas realmente contundentes, ¡especialmente la última! La redacción de *Últimas Noticias* está tan acostumbrada a operar con grandes huelgas de 5 o 10 personas, que el acto de 12 obreros ignorantes en Zhitomir es sacado a relucir para evaluar la vinculación del antisemitismo internacional con unas u otras «capas de la población». ¡Esto es, de verdad, magnífico! Si los bundistas, en lugar de su torpe y ridícula ira contra el Comité de Ekaterinoslav, hubieran reflexionado un poco sobre esta cuestión y hubieran consultado al menos el folleto de Kautsky sobre la revolución social, editado recientemente por ellos en *jargon*, comprenderían la indudable vinculación del antisemitismo con los intereses de las capas precisamente burguesas, y no obreras, de la población. Reflexionando un poco más, podrían haber caído en la cuenta también de que el carácter social del antisemitismo contemporáneo no se altera por el hecho de la participación en uno u otro pogromo no solo de decenas, sino incluso de cientos de obreros no organizados y, en sus nueve décimas partes, aún completamente ignorantes.

El Comité de Ekaterinoslav se alzó (y legítimamente se alzó) contra la fábula de los sionistas sobre la eternidad del antisemitismo, mientras que el Bund, con su furibunda enmienda, solo embrolló la cuestión y sembró entre los obreros judíos ideas que conducen a oscurecer su conciencia de clase.

Desde el punto de vista de la lucha de toda la clase obrera de Rusia por la libertad política y por el socialismo, la salida de tono del Bund contra el Comité de Ekaterinoslav es el colmo de la insensatez. Desde el punto de vista del «partido político independiente Bund», esta salida de tono se vuelve comprensible: ¡no oséis organizar en ninguna parte a los obreros «judíos» junto e inseparablemente con los «cristianos»! ¡no oséis dirigiros en nombre del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia o de sus comités a los obreros judíos directamente, «saltándoos las filas», sin la mediación del Bund, sin mencionar al Bund!

Y este hecho profundamente deplorable no es una casualidad. Una vez que, en lugar de la autonomía en los asuntos concernientes al proletariado judío, exigisteis la «federación», os visteis obligados a declarar al Bund «partido político independiente» para poder implantar a toda costa esta federación. Pero la declaración del Bund como partido político independiente es precisamente esa reducción al absurdo del error fundamental en la cuestión nacional, que forzosa e inevitablemente servirá de punto de partida para un viraje en las concepciones del proletariado judío y de los socialdemócratas judíos en general. La «autonomía» de los estatutos de 1898 asegura al movimiento obrero judío todo lo que pueda serle necesario: propaganda y agitación en *jargon*, publicaciones y congresos, la formulación de reivindicaciones particulares en desarrollo de un programa socialdemócrata general común y la satisfacción de las necesidades y demandas locales que emanan de las particularidades de la vida judía. En todo lo demás es necesaria la fusión completa y más estrecha con el proletariado ruso, es necesaria en interés de la lucha de todo el proletariado de Rusia. E infundado es, por la esencia misma del asunto, el temor a cualquier «mayorización» en tal fusión, pues contra la mayorización en las cuestiones particulares del movimiento judío garantiza precisamente la autonomía, y en las cuestiones de la lucha contra la autocracia, de la lucha contra la burguesía de toda Rusia, debemos actuar como una organización combativa única y centralizada, debemos apoyarnos en todo el proletariado, sin distinción de lengua ni de nacionalidad, cohesionado por la solución conjunta y constante de cuestiones teóricas y prácticas, tácticas y organizativas, y no crear organizaciones que marchen por separado, cada una por su propio camino, no debilitar la fuerza de nuestro embate fragmentándonos en numerosos partidos políticos independientes, no introducir la enajenación y el aislamiento, para luego curar la enfermedad artificialmente inoculada con los parches de la tan cacareada «federación».

*Iskra* núm. 34, 15 de febrero de 1903.

Se imprime según el texto del periódico *Iskra*