Hace cuatro años, varias organizaciones socialdemócratas rusas se unieron en el «Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia», elaborando un cierto plan de organización y principios generales de actividad, expuestos en el «Manifiesto» publicado por el partido. Lamentablemente, este primer intento no se vio coronado por el éxito: aún no se daban los elementos necesarios para crear un partido socialdemócrata único y fuerte, que luchara inflexiblemente por la liberación del proletariado de todas las formas de opresión y explotación. Por un lado, las propias formas de actividad práctica de la socialdemocracia rusa apenas estaban tomando forma; la socialdemocracia, que había emprendido recientemente el camino de la lucha, buscaba aún las vías para la mejor aplicación de sus concepciones teóricas, avanzaba aún con pasos tímidos e inseguros. El movimiento obrero que constituía la base de su actividad, y que se había expresado en huelgas grandiosas, acababa de estallar con ese brillo resplandeciente que deslumbró a muchos, eclipsando para ellos las tareas y objetivos tan claros y definidos de la socialdemocracia revolucionaria, e hizo que se dejaran arrastrar por la lucha puramente sindical. Por otro lado, las incesantes represiones del gobierno, al caer sobre las organizaciones socialdemócratas aún no fortalecidas, que no habían tenido tiempo de echar raíces firmes, destruían toda continuidad, aniquilaban toda tradición en la actividad.

Sin embargo, este intento fallido no pasó sin dejar huella. La propia idea de un partido político organizado del proletariado, que guió a nuestros predecesores, se convirtió desde entonces en la estrella conductora y la meta anhelada de todos los militantes socialdemócratas conscientes. A lo largo de estos cuatro años, se hicieron repetidos intentos de realizar esta idea, legada a nosotros por los primeros militantes socialdemócratas. Pero hasta ahora seguimos ante nuestra desorganización igual que hace cuatro años.

Y, mientras tanto, la vida nos plantea exigencias cada vez mayores. Si los primeros militantes del partido se planteaban como tarea despertar las fuerzas revolucionarias latentes en las masas obreras, ante nosotros se alza una tarea mucho más compleja: dirigir las fuerzas que despiertan hacia donde es necesario, ponernos al frente de esas fuerzas y guiarlas. Debemos estar preparados para escuchar en cualquier momento el grito de llamada: «¡Guíanos adonde tú nos llamabas!», y sería terrible que ese instante nos sorprendiera desprevenidos, tan dispersos, tan poco preparados como en el momento actual. Que no nos digan que exageramos la gravedad del momento. Quien sea capaz de mirar más allá de la superficie de la ondulación, quien sea capaz de discernir el proceso que tiene lugar en la profundidad, no sospechará que exageramos.

Pero la gravedad de la situación se agrava aún más por otras circunstancias. Vivimos un momento histórico significativo. El despertar de la clase obrera, en conexión con el curso general de la vida rusa, ha llamado a la actividad a diversas capas sociales. Con mayor o menor conciencia, se esfuerzan por organizarse para adherirse de una u otra forma a la lucha contra el régimen caduco. ¡En buena hora! La socialdemocracia solo puede saludar a todo aquel que se adhiera a tal lucha. Pero debe vigilar celosamente que semejantes aliados no la conviertan en su martillo, no la aparten de la arena principal de actividad, no la priven del papel dirigente en la lucha contra la autocracia y, lo que es más importante, no perjudiquen la marcha progresiva de la lucha revolucionaria, desviándola del camino correcto. Que este peligro no es un fantasma de la imaginación está claro para cualquiera que haya seguido atentamente la lucha revolucionaria de los últimos años.

Así, pues, en el momento actual se alza ante la socialdemocracia rusa una tarea gigantesca, que no está al alcance de ningún comité local, ni siquiera de organizaciones regionales. Por muy perfectas que sean las organizaciones locales, no podrán hacer frente a esta tarea, pues ya ha desbordado los marcos locales. Solo puede ser cumplida por las fuerzas colectivas de todos los socialdemócratas rusos, cohesionados en un ejército único, centralizado y disciplinado. Pero, ¿quién tomará la iniciativa de la unificación?

Esta cuestión se debatió el año pasado en la conferencia de representantes de: la «Unión de Lucha» de Petersburgo, el Comité Central de los comités y organizaciones del sur unificados, la organización de «Iskra», los Comités Centrales (ruso y del extranjero) del Bund, la «Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero» y algunas otras organizaciones. La conferencia encargó a los representantes de algunas organizaciones formar un Comité Organizador, que asumiera la tarea de la restauración efectiva del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

En cumplimiento de esta resolución, los representantes de la «Unión de Lucha» de Petersburgo, la organización de «Iskra» y el grupo «Rabócheie Delo Yuga»[22] formaron un Comité Organizador, que se plantea como su primera y principal tarea la preparación de las condiciones para la convocatoria del congreso del partido.

Pero, dado que la tarea de convocar el congreso se presenta en grado sumo compleja y requiere un tiempo considerable para su realización, el Comité Organizador asume, hasta la restauración de la organización central del partido, el cumplimiento de algunas funciones generales (emisión de octavillas para toda Rusia, transporte general y técnica, establecimiento de vínculos entre los comités, etc.).

De suyo se entiende que el Comité Organizador, surgido por iniciativa privada de algunas organizaciones, mantiene relaciones obligatorias solo con aquellas organizaciones que ya le han otorgado su mandato o se lo otorguen. Para todos los demás comités y grupos, representa una organización privada que les ofrece sus servicios.

Grande y responsable es la tarea que el Comité Organizador se decide a asumir, y si aun así se atreve a hacerlo, es solo porque la necesidad de la unificación es demasiado apremiante, la dispersión se deja sentir demasiado y la ulterior desorganización amenaza en exceso la causa común. Al iniciar su actividad, el Comité Organizador considera que el éxito de la misma dependerá en grado considerable de la actitud hacia él de los comités y organizaciones socialdemócratas, y esa misma actitud será para él el criterio de cuán correctamente ha evaluado el momento actual.

Diciembre de 1902.

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La declaración del recién formado Comité Organizador de nuestro partido habla suficientemente clara por sí misma, y no necesitamos gastar muchas palabras sobre la importante significación del paso dado. La unificación, la restauración de la integridad del partido, es la tarea más vital, que exige con más apremio una solución inmediata, de los socialdemócratas rusos. Esta tarea es muy difícil, porque no necesitamos la unificación de unos cuantos grupúsculos de intelectuales de talante revolucionario, sino la unificación de todos los dirigentes del movimiento obrero, que ha elevado a una vida y una lucha independientes a toda una amplia clase de la población. Necesitamos la unificación sobre la base de una estricta unidad de principios, a la que deben llegar consciente y firmemente todos o la inmensa mayoría de los comités, organizaciones y grupos, intelectuales y obreros, que actúan en un entorno diverso, en condiciones diversas, y que han llegado a veces por caminos muy diferentes a sus convicciones socialdemócratas. Tal unificación no solo no puede decretarse, sino que tampoco puede crearse de golpe, únicamente mediante resoluciones de los delegados reunidos; hay que prepararla y elaborarla sistemática y paulatinamente, de modo que el congreso de todo el partido consolide y corrija lo ya hecho, continúe lo comenzado, remate y confirme formalmente los cimientos firmes para un trabajo ulterior más amplio y profundo. Y por eso saludamos en particular el comienzo razonablemente cauto y modesto del CO en su trabajo. Sin pretender ninguna relación obligatoria con toda la masa de socialdemócratas rusos, el CO se limita a ofrecer sus servicios a todos ellos. ¡Que, pues, todos los socialdemócratas rusos sin excepción, comités y círculos, organizaciones y grupos, personas en servicio activo y temporalmente en la reserva (desterrados, etc.), se apresuren a responder a este llamamiento, procuren entablar relaciones directas y vivas con el CO, y emprendan del modo más enérgico el apoyo activo a toda la gigantesca labor unificadora. Debemos lograr que no quede ni un solo grupo de socialdemócratas rusos que no esté vinculado al CO, que no trabaje en unión fraternal con él. Además, al considerar su primera y principal tarea la preparación y convocatoria del congreso general del partido, el CO asume también algunas funciones generales de servicio al movimiento. Confiamos en que no habrá un solo socialdemócrata que no reconozca la necesidad imperiosa de esta ampliación de funciones del CO, pues no es más que una oferta ampliada de servicios, una oferta que sale al encuentro de demandas planteadas ya miles y miles de veces, una oferta no de renunciar a «derecho» alguno, sino solo de renunciar cuanto antes en la práctica al aislamiento, de emprender en común la puesta en marcha de una serie de empresas generales. Por último, consideramos también perfectamente correcta y oportuna la declaración terminante del CO de que la tarea de convocar el congreso se presenta en grado sumo compleja y requiere un tiempo considerable para su realización. Esto no significa, por supuesto, en modo alguno, que se aplace la convocatoria del congreso. Nada de eso. Si hablamos de la urgencia del congreso, nosotros consideraríamos incluso un plazo de un mes para su convocatoria como demasiado «considerable». Pero si recordamos nuestras condiciones de trabajo y la necesidad de una representación seria de todo el movimiento en el congreso, un plazo incluso cinco o diez veces mayor no hará caer en el desaliento a ningún trabajador con alguna experiencia.

¡Deseemos, pues, todo éxito a la causa de la pronta unificación y restauración del partido, demostremos nuestra simpatía no solo con palabras, sino con hechos inmediatos de todos y cada uno, y viva la socialdemocracia revolucionaria rusa, viva la socialdemocracia revolucionaria internacional!

«Iskra» n.º 32, 15 de enero de 1903.

Se imprime según el texto del periódico «Iskra».