La población de un país capitalista se divide en 3 clases: 1) obreros asalariados, 2) terratenientes y 3) capitalistas. Al estudiar el sistema, es preciso ignorar las particularidades locales, donde tal división definida puede no existir aún.

La división principal del producto, según Marx, es la división en producto necesario y producto excedente. Una parte determinada de este producto excedente constituye precisamente la renta del suelo, a saber, la parte que queda después de deducir la ganancia media del capital. Y la ganancia media se forma en la sociedad capitalista desarrollada bajo la influencia de la competencia, que distribuye el producto excedente entre los capitalistas no en proporción al número de obreros, sino en proporción a la magnitud de todo el capital invertido en la empresa.

Marx examina la formación de la ganancia media en el tomo III de *El Capital*. En parcelas de fertilidad diferente, el capital dará una ganancia diferente: en la tierra peor la ganancia será menor, en la mejor — mayor, suplementaria. (Ya antes de Marx, Ricardo sentó las bases de la teoría de la renta.) En virtud del monopolio de los precios en el mercado de cereales y de la insuficiencia general de cereales, el precio lo determina la peor parcela de tierra. El excedente de ganancia obtenido en la tierra de mejor calidad o en la tierra más cercana al mercado, en comparación con la tierra peor y más alejada, se denomina, según Marx, renta diferencial.

La renta es sustraída a los arrendatarios por los terratenientes.

La magnitud variable de la ganancia suplementaria puede ser de 2 tipos: 1) la que proviene de la diferencia de fertilidad, y 2) la que proviene de la diferente aplicación del capital. Además, junto al monopolio de la explotación privada sobre la tierra, existe el monopolio de la propiedad privada sobre la tierra: el terrateniente puede no ceder la tierra al arrendatario hasta que el precio del cereal suba, y entonces percibe la renta absoluta, que representa un monopolio elemental. Esta puede ser: 1) monopolio en estado puro (entonces, analizando estrictamente, no debería llamarse renta). En 2º lugar, la renta absoluta puede tomarse de la ganancia suplementaria del capital agrícola en virtud de la siguiente circunstancia. En la agricultura, la técnica es inferior, por eso la proporción del capital variable (= creador de ganancia) es más alta que en la industria. Por lo tanto, la cuota de ganancia debe ser en la agricultura más alta que en la industria. Y he aquí que el monopolio de la propiedad territorial impide la nivelación de la alta ganancia en la agricultura y la baja ganancia en la industria. De la más alta ganancia agrícola, no sometida a nivelación, se toma precisamente la renta absoluta en el sentido propio de la palabra. Su fuente es el aumento del precio del cereal. En cambio, la renta diferencial se toma del producto. Los últimos años, caracterizados por la incorporación de nuevos países al comercio, han conducido a la crisis.

El precio de la tierra representa la renta calculada por anticipado. Por eso se considera como un ingreso de un capital determinado. Al comprar tierra, hay que invertir un capital que pueda dar un ingreso de renta media. Por eso, el rápido desarrollo de la industria infló enormemente la renta en Europa y la consolidó.

Una gran parte del libro recientemente aparecido de Máslov: *Las condiciones del desarrollo de la agricultura en Rusia* está dedicada a la teoría de la renta, y en esta cuestión Máslov mantiene un punto de vista completamente erróneo, repitiendo los argumentos de los llamados «críticos» burgueses de Marx, como el señor Bulgákov y otros. Marx demostró que la vieja economía política inglesa había considerado esta cuestión de un modo demasiado simple, no como un proceso que crea condiciones históricas particulares, sino como un proceso que crea condiciones naturales; por eso razonaba así: la renta se forma en virtud de la necesidad de pasar de las mejores parcelas de tierra a las peores. Pero existe también el paso inverso, ya que hay perfeccionamientos. Los críticos han retrocedido de Marx a la economía burguesa.

Otra comprensión estrecha de la teoría de la renta es la vinculación de la ley de formación de la renta diferencial con la ley de la fertilidad decreciente del suelo, en virtud de la cual la ganancia disminuiría supuestamente en una misma parcela de tierra. Ricardo explica el paso de las mejores parcelas a las peores por la imposibilidad de aplicar más y más capital. De los «críticos» rusos, todos se pusieron a defender la teoría de la fertilidad decreciente del suelo, así como Máslov, que en las demás cuestiones quiere seguir siendo marxista. Pero los argumentos en defensa de esta teoría no fueron más allá de agudezas como la de que si no se reconoce esta teoría, habría que admitir que con un pedacito de tierra se podría alimentar a todo un Estado.

Marx combatió esta teoría. Esta considera la inversión de capital aritméticamente y cae en el error de ignorar las condiciones de la economía general. Si se supusiera que la aplicación de más y más capital es siempre posible, sería correcta; pero tal cosa presupone la transformación de los sistemas, y los sistemas en la agricultura se mantienen durante siglos, lo que ha puesto la aplicación de capital dentro de límites determinados. Si la técnica no cambia, la ulterior aplicación de capital resulta imposible o posible dentro de límites estrechos. Marx señala que en la industria tampoco se puede desarrollar la producción sin límites en una superficie dada de tierra: si la empresa ocupa una superficie determinada de tierra, para ampliarla hará falta extenderla. Pero si la tierra se somete a un cultivo racional, esto solo debe mejorar la producción, de modo que Marx deduce que no solo no hay desventaja en este aspecto con la tierra, sino al contrario. Y es precisamente este «si» lo que ignoraron los adversarios de la teoría de Marx. Así pues, Máslov, como supuesto marxista, puede inducir a error a muchos con sus puntos de vista en esta cuestión. Su libro representa uno de los innumerables ejemplos de nuestro tiempo: ir hacia atrás, en vez de hacia adelante.

La población agrícola disminuye en términos absolutos, pero la producción agrícola progresa. Durante el siglo XIX, este progreso estuvo estrechamente vinculado al crecimiento de la agricultura mercantil. Caracteriza uno de los rasgos fundamentales del actual régimen capitalista, que se manifiesta en la creación de la competencia en la agricultura, del mercado para ella y de la diferenciación de la población. Dio un fuerte impulso al desarrollo de la agricultura, pero cada uno de los pasos del progreso fue acompañado de la aparición de contradicciones que hacen imposible utilizar todas las fuerzas productivas de la nueva agricultura científica. El capitalismo crea la gran producción, la competencia, acompañadas de la dilapidación de las fuerzas productivas de la tierra. La concentración de la población en las ciudades provoca tierras despobladas, se crea un intercambio de sustancias anormal. El cultivo de la tierra no mejora, o no mejora como debería mejorar.

La crítica socialista llamó la atención sobre esto hace tiempo (Marx). El señor Hertz, y en Rusia después los señores Bulgákov, Chernov, Struve, señalaron que la teoría de Marx, que se apoyaba en Liebig, ha caducado. Esta opinión de los «críticos» es completamente errónea. La ruptura por el capitalismo del equilibrio entre la explotación de la tierra y su abono está fuera de duda (papel de la separación de la ciudad y el campo). En muchos escritores que simpatizan no con la teoría marxista, sino con su «crítica», sus propios datos hablan contra ellos. Por ej., Nossig. Según sus datos, resulta que las fuerzas productivas de la tierra no se reponen, que no se le devuelve lo que se le quita. Son necesarios los abonos artificiales y animales. Por término medio, de 60 000 kilogramos de abono empleado por hectárea de tierra, se necesita que 1/3 sea abono natural, pero el actual sistema agrícola no está en condiciones de proporcionarlo.

Así pues, la influencia del capitalismo en la agricultura se manifiesta en lo siguiente:

Exige la libertad del obrero asalariado y desplaza todas las formas de la vieja servidumbre. Pero la situación de los obreros agrícolas asalariados sigue siendo oprimida. La opresión se ha intensificado y ha comenzado a exigir una lucha mayor.

El capitalismo ha aumentado en proporciones gigantescas el tributo percibido por el terrateniente, la magnitud de la renta diferencial y absoluta. La renta inflada crea un obstáculo al crecimiento ulterior de la agricultura.