«Al Bund también se le propuso enviar a su representante al Comité de Organización, pero, por causas que desconocemos, el Bund no respondió a nuestra propuesta. Confiamos en que dichas causas fueron puramente fortuitas y en que el Bund no tardará en enviar a su representante».

El Bund mismo ve perfectamente, por supuesto, que su actitud es una bofetada a todas las reglas de la conducción colectiva y camaraderil de una causa común, e intenta recurrir a la siguiente justificación, muy débil ya: «No habiendo tenido la posibilidad de expresar nuestro punto de vista sobre las tareas del próximo congreso, ni participando personalmente en la conferencia, ni tomando parte en la redacción del “Aviso”, nos vemos obligados a colmar, al menos en cierta medida, esta laguna con la presente declaración». Cabe preguntarse: ¿acaso el Bund piensa seriamente afirmar que “no tuvo la posibilidad” de enviar una carta al CO? ¿O de enviar una carta al Comité de San Petersburgo? ¿A la organización del Iskra{52}, a Obrero del Sur{53}? ¿Y tampoco fue posible enviar a su delegado a una de estas organizaciones? ¿Intentó acaso el Bund dar al menos uno de estos pasos “imposiblemente” difíciles, sobre todo, probablemente, difíciles para una organización tan débil, inexperta y carente de todo tipo de vínculos como el Bund?

¡Dejen de jugar al escondite, señores! Es una actitud poco inteligente e indigna. Ustedes han salido por separado porque han querido salir por separado. Y han querido salir por separado para mostrar y hacer valer de inmediato su decisión de situar sobre nuevas bases las relaciones con los camaradas rusos: no ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sobre la base de los estatutos de 1898, sino estar en una unión federativa con él{54}. En lugar de discutir esta cuestión detallada y multilateralmente ante todo el congreso, como queríamos hacerlo nosotros, que nos habíamos abstenido ya por mucho tiempo de continuar la polémica iniciada por nosotros sobre la cuestión de la federación y la nacionalidad{55}; como querían hacerlo, indudablemente, todos o la inmensa mayoría de los camaradas rusos; en lugar de esto, ustedes han saboteado la discusión conjunta. No han comparecido como camaradas de Petersburgo, del Sur, del Iskra, deseosos de discutir junto con ellos (tanto antes del congreso como en el congreso mismo) la mejor forma de relaciones, sino que han comparecido directamente como una parte que, separadamente de todos los miembros del POSDR, plantea sus condiciones a todo este partido.

A la fuerza no se consigue el cariño, dice un refrán ruso. Si el Bund no quiere permanecer en aquel vínculo estrechísimo con el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia que correctamente trazó el congreso de 1898, entonces, por supuesto, no permanecerá en las viejas relaciones. Nosotros no negamos su “derecho” a hacer valer su opinión y su deseo (en general, no recurrimos, sin extrema necesidad, a discursos sobre “derechos” en la causa revolucionaria). Pero lamentamos mucho que el Bund haya perdido todo sentido del tacto al hacer valer su opinión mediante una intervención pública por separado, precisamente en el momento en que se le invitaba a una organización común (el CO) que no expresaba de antemano ninguna opinión categórica sobre la cuestión en debate y que convocaba el congreso justamente para discutir todas y cada una de las opiniones.

El Bund ha querido provocar a que todos los que ven la cuestión de otro modo expongan inmediatamente su opinión. ¡Pues bien! Por supuesto que no rehuiremos hacerlo. Nos dirigimos al proletariado ruso y, en especial, repetimos al proletariado judío que los actuales dirigentes del Bund cometen un grave error político, el cual, indudablemente, será corregido por el tiempo, lo corregirá la experiencia, lo corregirá el crecimiento del movimiento. En un tiempo el Bund apoyó el “economismo”, contribuyó a la escisión en el extranjero, adoptó resoluciones de que la lucha económica es el mejor medio de agitación política. Nosotros nos alzamos contra esto y luchamos. Y la lucha ayudó a la corrección de los viejos errores, de los cuales ahora, probablemente, no ha quedado ni rastro. Luchamos contra las desviaciones terroristas, que han pasado, al parecer, mucho más rápidamente aún. Estamos seguros de que también pasarán las desviaciones nacionalistas. El proletariado judío comprenderá, a fin de cuentas, que la unión más estrecha con el proletariado ruso en un partido único es exigida por sus intereses más vitales, que es el colmo de la insensatez prejuzgar de antemano si la evolución de los judíos en una Rusia libre se diferenciará de su evolución en una Europa libre, que el Bund no debe ir más allá de la reivindicación (en el seno del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia) de aquella plena autonomía en los asuntos concernientes al proletariado judío que fue plenamente reconocida por el congreso de 1898 y que jamás nadie ha negado.

«Estamos seguros –dice el CC del Bund– de que si los iniciadores de la conferencia hubieran empleado algo más de esfuerzo, estas causas fortuitas no habrían podido impedirnos responder…». Nosotros preguntaríamos a toda persona imparcial: si dos camaradas que se disponen a reunirse en el CO reconocen a una voz que las causas que impidieron el encuentro fueron “puramente fortuitas”, ¿es acaso pertinente, es decoroso, entablar una polémica pública sobre quién tiene mayor culpa por no haberse presentado? Por nuestra parte señalaremos que hace ya tiempo expresamos (por supuesto, no en letra impresa, sino en una carta) nuestro pesar por la ausencia del Bund, y se nos comunicó que el Bund había sido invitado dos veces: en primer lugar, por carta y, en segundo lugar, mediante un comunicado personal a través del comité de …sk del Bund.

El delegado se presentó casi un mes después de la conferencia, se queja el Bund. Sí, es un crimen terrible, digno, por supuesto, de ser estampado en letras de molde, pues resalta con particular relieve la puntualidad del Bund, ¡que ni siquiera ha conseguido enviar un delegado dos meses después!

El delegado «no cumplió su promesa» de enviar el «Aviso» del CO en manuscrito o impreso, pero obligatoriamente antes de su difusión… Aconsejamos a nuestros camaradas rusos que no conversen con ciertas personas sin levantar acta. También nosotros teníamos la promesa de la organización del «Iskra» de enviarnos tanto el manuscrito como el ejemplar impreso del «Aviso», pero, sin embargo, no tuvimos el manuscrito en absoluto, y el ejemplar impreso lo vimos mucho más tarde que los miembros de organizaciones que no tienen relaciones con la organización del «Iskra». ¡Que decidan los bundistas la cuestión de si habría sido decoroso por nuestra parte si hubiésemos empezado a acusar en letra impresa a la organización del «Iskra» de haber faltado a su promesa! El delegado del CO prometió al CC del Bund escribir de inmediato al camarada que se encargaba de la impresión del «Aviso» para que se detuviera dicha impresión: he aquí en qué consistió la verdadera promesa (en la medida en que podemos juzgar por nuestras informaciones). Se cumplió, pero detener la impresión resultó ya imposible, pues no quedaba tiempo para ponerse en contacto con la imprenta.

Resumamos: los iniciadores del CO escribieron cartas, hicieron una comunicación personal a través del comité de …sk, enviaron un delegado al CC del Bund, ¡y el Bund en meses no envió una sola carta, por no hablar del envío de un delegado! ¡Y es el Bund el que sale en la prensa con acusaciones! Y el CE del Bund tiene la extrañeza de asegurar que los iniciadores de la conferencia se comportaron de manera «extraña», que sus actos están en flagrante contradicción con su objetivo, que mostraron «precipitación» (¡el CC del Bund, por el contrario, acusa de lentitud!), ¡¡que quieren «dar la impresión» de que el Bund «se ha mostrado indiferente»!!

Nos queda por decir unas palabras a propósito de la acusación al CO de no haber sacado la «única conclusión correcta», que es la siguiente: «Puesto que el partido de hecho no existe, el próximo congreso debe tener carácter constituyente, y por lo tanto el derecho de participar en él debe pertenecer a todas las organizaciones socialdemócratas existentes en Rusia, tanto de nacionalidad rusa como de todas las demás». El Bund intenta eludir el hecho desagradable para él de que, sin tener un centro único, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia existe en una serie de comités y órganos, tiene un «Manifiesto» y las resoluciones del primer congreso, en el cual, por cierto, también actuaron en nombre del proletariado judío personas que aún no se habían distinguido en los vaivenes economicistas, terroristas y nacionalistas. Al plantear formalmente los «derechos» de «todas» las nacionalidades a la fundación de un Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia fundado ya hace tiempo, el Bund confirma con ello de manera palmaria que fue precisamente por la cuestión del famoso «federación» por lo que armó toda esta historia. Pero no es al Bund a quien corresponde sacar a relucir esta cuestión, y no es de «derechos» de lo que debe hablarse aquí entre revolucionarios serios. Que en el orden del día está la cohesión y unificación del núcleo principal del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia es cosa de todos sabida. No se puede dejar de simpatizar con la representación en el congreso de «todas» las nacionalidades, pero tampoco se puede olvidar que en la ampliación del núcleo o en su alianza con otras organizaciones se puede pensar sólo después de haber concluido la formación (o, al menos, después de su indudable consolidación) de ese núcleo. ¡Mientras nosotros mismos no nos hayamos unido organizativamente y no hayamos tomado firmemente el camino correcto, la unión con nosotros no servirá de nada a “todas las demás” nacionalidades! Y la solución de la cuestión de la posibilidad (¡y no del “derecho”, señores!) de la representación en nuestro congreso de “todas las demás” nacionalidades depende de toda una serie de pasos tácticos y organizativos del CO y de los comités rusos; depende, en una palabra, del éxito de la actividad del CO. Y el que el Bund desde el mismo comienzo se haya esforzado por poner trabas al CO es un hecho histórico.

«Iskra» nº 33, 1 de febrero de 1903

Se imprime según el texto del periódico «Iskra»