Considero que el defecto más general y fundamental que hace inaceptable este proyecto es todo su tipo de programa; a saber: no es un programa de un partido que lucha prácticamente, sino una *Prinzipienerklärung*[120]. Es más bien un programa para estudiantes (especialmente en la sección principal, dedicada a la caracterización del capitalismo), y además para estudiantes de primer curso, en el que se habla del capitalismo en general, y aún no del capitalismo ruso. Este defecto fundamental provoca asimismo una multitud de repeticiones, con lo que el programa degenera en un comentario. Intentaré demostrarlo mediante el análisis punto por punto y luego haré un resumen general.

«El desarrollo del intercambio internacional», etc., hasta las palabras: «hace ya mucho tiempo que se ha hecho internacional» (§ 1 – para facilitar las citas llamaré a cada párrafo, es decir, a cada *passus* que empieza con sangría, parágrafo, numerándolos por orden).

En esencia, nada hay que objetar. Sólo que las palabras «el gran movimiento emancipador de nuestro tiempo» son superfluas, pues del carácter emancipador del movimiento obrero se habla mucho y concretamente más adelante.

Además, este párrafo, en mi opinión, está fuera de lugar. El programa del partido socialdemócrata ruso debe comenzar con una caracterización (y una acusación) del capitalismo ruso, y luego ya subrayar el carácter internacional del movimiento, que por su forma —diciéndolo con palabras del *Manifiesto Comunista*— necesariamente es al principio nacional{74}.

[Se omite la descripción de la imagen]

§ II. «Al igual que los socialdemócratas de todos los demás países, los socialdemócratas rusos se sitúan en el terreno internacional. Consideran a su partido como un destacamento del ejército mundial del proletariado, como una parte de la socialdemocracia internacional».

Las palabras que he subrayado son superfluas, pues no añaden absolutamente nada a lo que se ha dicho antes y después de ellas. Estas palabras superfluas sólo debilitan la expresión, totalmente suficiente y nítida, de la idea contenida en las palabras «destacamento» y «parte».

§ III. «Persiguen el mismo fin último que los socialdemócratas de todos los demás países».

También son palabras superfluas, repetidas dos veces más abajo en los §§ XIII («el fin último de todos los esfuerzos de la socialdemocracia internacional», etc.) y XVII («la unidad del fin último común»). El «destacamento» del ejército lo es precisamente porque persigue el mismo fin.

§ IV. «Este fin último, común a los socialdemócratas de todos los países» (otra repetición superflua) «está determinado por el carácter y el curso del desarrollo de la sociedad burguesa».

También son palabras superfluas, pues más adelante se muestra precisamente cómo «determinan» este fin último el carácter y el curso del desarrollo de la sociedad burguesa. Este parágrafo es algo así como un encabezamiento, un título de sección. Pero los títulos, necesarios en un manual o en un artículo, no hacen ninguna falta en un programa. *Alles, was im Programm überflüssig, schwächt es*[121] (Engels en sus observaciones al proyecto de programa de Erfurt){75}.

Los §§ V y VI (así como el comienzo del VII) suscitan, aparte de observaciones formales, una objeción general y fundamental dirigida contra todo el tipo de programa que perfila el proyecto.

Expongo primero esta objeción general (para lo cual será necesario defender en parte el contraproyecto), y luego paso a las observaciones formales.

El § V da una definición del capitalismo «desarrollado» en general; el § VI habla de la «extensión» de las relaciones de producción capitalistas a medida que progresan la técnica y el crecimiento de las grandes empresas en detrimento de las pequeñas (o a costa de las pequeñas), es decir, a medida que la gran producción desplaza a la pequeña.

Este método de exposición es ilógico e incorrecto.

Es incorrecto porque el proletariado en lucha aprende lo que es el capitalismo no por definiciones (como se aprende en los manuales), sino por el conocimiento práctico de las contradicciones del capitalismo, del desarrollo de la sociedad y de sus consecuencias. Y nosotros debemos en nuestro programa definir este desarrollo, decir —con la mayor brevedad y nitidez posibles— que las cosas van de tal manera. Todas las explicaciones de por qué es así y no de otro modo, todos los detalles sobre las formas de manifestación de las tendencias fundamentales, debemos dejarlos para los comentarios. Lo que es el capitalismo se deducirá por sí mismo de nuestra caracterización de que el estado de cosas es (resp.[122]: va) de tal manera.

Es ilógico porque el proceso de desplazamiento de la pequeña producción por la grande (§ VI) y el proceso de escisión de la sociedad en propietarios y proletarios (§ V) son un solo y mismo proceso. Y esto no lo expresa la formulación del proyecto. Según el proyecto resulta lo siguiente: Primera tesis. El capitalismo desarrollado consiste en que la pequeña producción independiente ha sido desplazada en su parte más considerable por la grande con obreros asalariados. Segunda tesis. El dominio del capitalismo se extiende a medida que la pequeña producción es desplazada por la grande...

Pienso que estos dos párrafos habría que fundirlos, por la causa indicada, en uno solo y expresar en él el proceso de esta manera: crecimiento de la técnica — desplazamiento de la pequeña producción por la grande — concentración de los medios de producción en manos de los capitalistas y terratenientes — ruina de los pequeños productores independientes: su conversión en proletarios o en dependientes del capital.

Contra esta formulación (cuyo intento se da en el contraproyecto) se objeta:

(1) Presenta las cosas como si la ruina del campesinado ruso (resp. la formación de la gran propiedad territorial en Rusia, etc.) dependiera únicamente del crecimiento del capitalismo.

Esta objeción me parece infundada. En el lugar correspondiente (precisamente al final del programa) se dice con toda claridad que entre nosotros hay una multitud de residuos del régimen feudal y que estos residuos «embrutecen» el proceso de desarrollo. Pero, desde el momento en que consideramos el proceso de desarrollo del capitalismo como el proceso fundamental en la evolución socioeconómica de Rusia, debemos precisamente al principio caracterizar este proceso, sus contradicciones y sus consecuencias. Sólo así podemos expresar con nitidez nuestra idea de que el proceso de desarrollo del capitalismo, de desplazamiento de la pequeña producción, de concentración de la propiedad, etc., avanza y avanzará a pesar de todos los residuos del régimen feudal y a través de todos esos residuos.

(2) Se dice que la tesis «la pequeña producción es desplazada cada vez más por la grande» es «demasiado categórica», «estereotipada», etc.

Debo explicar, por tanto, en virtud de qué consideraciones estimo que esta formulación no es menos correcta y es mucho más conveniente que la formulación del proyecto analizado: «el aumento de la importancia económica de las grandes empresas, la disminución del número relativo de las pequeñas, la reducción de su papel en la vida socioeconómica del país».

Desde el punto de vista puramente teórico, ambas formulaciones son completamente equivalentes, y todos los intentos de construir entre ellas una diferencia de fondo son totalmente arbitrarios[123]. «El aumento de la importancia de las grandes y la reducción del papel de las pequeñas» es precisamente el desplazamiento. En ninguna otra cosa puede consistir el desplazamiento. Y la complejidad, la confusión del problema del desplazamiento de la pequeña producción por la grande no depende en absoluto de que alguien pueda (pueda de buena fe) no comprender que desplazamiento significa «aumento de la importancia de las grandes y reducción del papel de las pequeñas», sino que depende entera y exclusivamente de que es difícil ponerse de acuerdo sobre la elección de los indicadores y signos del desplazamiento, resp. del aumento de la importancia, resp. de la reducción del papel.

En su forma más general, el proceso de desarrollo del capitalismo a este respecto se puede expresar así:

Período inicial.
Toda la producción = 100.
Grande = a. Pequeña = 100 – a.
Período siguiente.
Toda la producción = 200.
Grande = 2a + b Pequeña = 200 – 2a – b.
Se puede garantizar con certeza que todos los datos, de cualquier tipo, sobre la correlación entre la producción grande y la pequeña se ajustarán a este esquema. Y ni una sola persona que desee comprender el proceso puede dudar de que esto es precisamente un desplazamiento. Tanto si 200 – 2a – b es, por su magnitud, mayor que 100 – a (desplazamiento relativo) como si es menor (desplazamiento absoluto), en todo caso es un desplazamiento. «No comprender» esto sólo podrá un «crítico» que no quiera comprender, y contra tales personas no hay salud que valga. Y en el comentario se tomarán contra ellos medidas directas.

Toda la dificultad del problema no consiste en absoluto en comprender que la citada modificación es un «desplazamiento», sino en cómo determinar exactamente esas magnitudes: 100, a, etc. Y ésta es una cuestión concreta, una cuestión de hecho, y la solución de esta cuestión no avanza ni un ápice por el hecho de poner las palabras «aumento de la importancia y reducción del papel».

Por ejemplo, toda la estadística industrial europea determina, en la inmensa mayoría de los casos, esta «importancia» y este «papel» por el número de obreros (y la agraria, por la cantidad de tierra). Y nadie ha pretendido aún dudar de que la disminución de la proporción de obreros (resp. de tierra) es precisamente un desplazamiento. Pero toda la dificultad consiste en que muy a menudo indicadores como el número de obreros (resp. la cantidad de tierra) son insuficientes. Es posible el desplazamiento de las pequeñas empresas y, al mismo tiempo, el aumento de la proporción de obreros (tierra) en ellas, si, por ejemplo, estos obreros elaboran ya material ajeno, si esta tierra se cultiva con peor ganado, con un trabajador peor mantenido, se cultiva peor, se abona peor, etc., etc. Todo el mundo sabe que precisamente de tales «malentendidos» están plagados los argumentos «críticos» contra el «dogma de Marx», y estos «malentendidos» no se eliminan en lo más mínimo sustituyendo «desplazamiento» por «aumento de la importancia y reducción del papel», pues lo «comúnmente aceptado» es expresar la «importancia» y el «papel» sencillamente por el número de obreros y la cantidad de tierra.

Nadie dudará de que precisamente son desplazamiento de la pequeña producción por la grande (en la esfera de la agricultura) procesos tales como la descomposición del campesinado, el desarrollo del empleo de máquinas, en particular entre los grandes agricultores, la mejora de la composición del ganado de trabajo entre los grandes y su empeoramiento entre los pequeños (sustitución de caballos por vacas, etc.), la creciente «exigencia» del asalariado en la gran empresa y la prolongación de la jornada de trabajo, resp. la reducción del consumo por parte del pequeño campesino, la mejora del cuidado de la tierra y de su abono entre los grandes y el empeoramiento entre los pequeños agricultores, el adelantamiento de estos últimos por los primeros en la esfera del crédito y las asociaciones, etc., etc. No es nada difícil demostrar (y ni siquiera hace falta demostrar) que todos estos procesos significan «desplazamiento»; lo difícil es demostrar que precisamente a estos procesos hay que prestar atención, que estos procesos ocurren realmente. Para facilitar esta dificultad no sirven en absoluto las palabras «aumento de la importancia y reducción del papel»: facilitarla sólo puede el comentario, sólo los ejemplos de cómo la gente no sabe determinar (no quiere determinar) la expresión verdadera del proceso de desplazamiento (= aumento de la importancia y reducción del papel).

Es una ilusión purísima creer que las palabras «aumento de la importancia y reducción del papel» son más profundas, más sustanciales, más amplias que la palabra «estrecha» y «estereotipada» «desplazamiento». Estas palabras no expresan la más mínima profundización en la comprensión del proceso; expresan este proceso de un modo más nebuloso y más difuso. Y yo polemizo tan enérgicamente contra estas palabras no por su inexactitud teórica, sino precisamente porque dan apariencia de profundidad a una simple nebulosidad.

La persona que «ha estudiado en el seminario» y sabe que desplazamiento es ya la disminución de la proporción (y no necesariamente en absoluto la disminución absoluta), verá en esta nebulosidad el deseo de cubrir la desnudez del «dogma de Marx» comprometido por los críticos[124]. La persona que no ha estudiado en el seminario se limitará a suspirar ante el «abismo de sabiduría» incomprensible, mientras que la palabra «desplazamiento» evocará en la mente de cualquier artesano y de cualquier campesino decenas y cientos de ejemplos que le son familiares. No importa que de buenas a primeras no comprenda esta expresión en toda su amplitud: *selbst wenn einmal ein Fremdwort oder ein nicht auf den ersten Blick in seiner ganzen Tragweite zu erfassender Satz vorkommt, schadet das nichts. Der mündliche Vortrag in den Versammlungen, die schriftliche Erklärung in der Presse tut da alles Nötige, und der kurze, prägnante Satz befestigt sich dann, einmal verstanden, im Gedächtniss, wird Schlagwort, und das passiert der breiteren Auseinandersetzung nie*[125] (Engels en la crítica del proyecto de Erfurt){76}.

Y desde el punto de vista del estilo, tampoco son deseables estas palabras «aumento de la importancia y reducción del papel» en lugar de desplazamiento. No es el lenguaje de un partido revolucionario, sino el lenguaje de las *Rússkie Védomosti*. No es un término de la prédica socialista, sino un término de un anuario estadístico. Estas palabras parecen escogidas a propósito para que el lector saque la impresión de que el proceso caracterizado no es un proceso brusco, que no conduce a nada definido, un proceso indoloro. Y como en realidad todo esto es exactamente lo contrario, en esa medida estas palabras son francamente inexactas. No podemos ni debemos elegir las formulaciones más abstractas, pues no escribimos un artículo contra los críticos, sino el programa de un partido combativo que se dirige a la masa de artesanos y campesinos. Al dirigirnos a ellos, debemos decir *klipp und klar*[126] que el capital «los convierte en sus siervos y tributarios», los «arruina», los «desplaza» a las filas del proletariado. Sólo una formulación así será un reflejo fiel de aquello de lo que cada artesano y cada campesino conoce miles de ejemplos. Y sólo de una formulación así se desprenderá inevitablemente la conclusión: la única salvación para vosotros es uniros al partido del proletariado.

Pasando a las observaciones formales contra los §§ V y VI, señalaré lo siguiente.

El § V habla de la sociedad burguesa «en su forma desarrollada» y, al mismo tiempo, dice que en ella se han conservado tanto el «estrato de los artesanos» como el «pequeño campesinado». Resulta una inexactitud. Si se entienden las palabras «forma desarrollada» en un sentido estrictamente teórico, en tal sociedad no habrá ni artesanos ni pequeños campesinos. E incluso si se entienden estas palabras en el sentido corriente: los países más desarrollados, resultará igualmente que, por ejemplo, en Inglaterra el «pequeño campesinado» como capa social especial, en esencia, casi ya no existe.

«El dominio de la producción mercantil sobre la base de las relaciones de producción capitalistas». Resulta algo desmañado. Por supuesto, la producción mercantil plenamente desarrollada sólo es posible en la sociedad capitalista, pero la «producción mercantil» en general es, tanto lógica como históricamente, un *prius*[127] en relación con el capitalismo.

El término «relaciones de producción capitalistas» no se mantiene en el proyecto. A veces lo sustituye el término «modo de producción capitalista» (§ XI). En mi opinión, en interés de disminuir las dificultades de comprensión del programa, habría que atenerse a un solo término, y precisamente a este último, pues el primero es más teórico y sin el añadido de las palabras «sistema», etc. (de relaciones), no indica algo acabado y completo.

«El período feudal-artesanal...» Parece como si casi adrede se hubiera escogido una expresión que es la menos aplicable a Rusia, pues la aplicabilidad del término «feudalismo» a nuestra Edad Media es discutida. Mientras tanto, en esencia, la caracterización de la sociedad burguesa «desarrollada» se ha dado justo de tal manera que es aplicable también a Rusia («se han conservado» pequeños productores independientes y el pequeño campesinado, venden «periódica o constantemente su fuerza de trabajo», etc.). Así pues, el proyecto, con su propia formulación, refuta la opinión de que no se puede escribir una caracterización del desarrollo del capitalismo teniendo en vista directa y definidamente a Rusia.

«Pequeños productores artesanos que trabajan por encargo...» ¿Por encargo de los consumidores o por encargo de los comerciantes que suministran material? Probablemente, lo primero. Pero precisamente en Rusia la mayoría de los pequeños productores en la industria no trabaja por encargo, sino para el mercado.

«...La parte más importante de los objetos de consumo»... (¿y por qué no también de los «medios de producción»?)... «se produce para su venta en el mercado interior o en el internacional...» Las palabras subrayadas son una repetición superflua, pues el crecimiento del intercambio internacional ya se señaló en el § I.

«...Los medios de producción y circulación» de las mercancías. Creo que las palabras subrayadas habría que pasarlas del programa al comentario, pues la pertenencia a los capitalistas de los medios de circulación se puede deducir de la pertenencia a ellos de los medios de producción en una sociedad de economía mercantil.

«...De aquellas personas que no tienen ningún medio de producción y circulación excepto su fuerza de trabajo...» No se puede decir así.

La indicación de la venta «constante o periódica –durante todo el año o durante varios meses»– de la fuerza de trabajo es un detalle superfluo que habría que pasar al comentario.

(§ VI) «...Aumentando la importancia económica de las grandes empresas industriales», y más abajo: la reducción del papel de los pequeños productores independientes en general. ¿Se han omitido las grandes empresas agrícolas casualmente? ¿o se quería decir que crece la importancia económica de las grandes empresas sólo en la industria, mientras que el papel de las pequeñas se reduce tanto en la industria como en la agricultura? Si es lo segundo, esto sería completamente incorrecto. También en la agricultura crece la «importancia económica de las grandes empresas» (basta con señalar, a título de un solo ejemplo, las máquinas; y más arriba se han dado otros ejemplos). Por supuesto, el proceso es aquí inconmensurablemente más complejo, pero de esto hay que hablar (y hablarlo con explicaciones concretas) ya en el comentario.

...Dependencia «más o menos completa, más o menos manifiesta, más o menos pesada...» – son, en mi opinión, palabras superfluas que debilitan el sentido. La expresión del proyecto inicial: «siervos y tributarios» es más fuerte y más nítida.

El § VII al comienzo da una repetición superflua, señalando otra vez la «transformación de los pequeños productores en proletarios», aunque esto ya se ha señalado en los §§ V y VI.

El § VII da una explicación extensa de que el aumento de la demanda de fuerza de trabajo va a la zaga del aumento de su oferta. No creo que la exposición gane aquí en nada con lo «extenso». De todos modos no se logra dar una explicación completa del proceso (por ejemplo, se menciona el creciente empleo del trabajo femenino e infantil, pero no se menciona el aumento de la intensidad del trabajo, etc.). Es más correcto, por tanto, remitir todas las explicaciones (con ejemplos concretos) a los comentarios, y en el programa limitarse a formular en qué consiste la contradicción del capitalismo, cuál es su tendencia.

Se objeta que, si se dice: «cuanto más avanza el progreso técnico, tanto más se rezaga el aumento de la demanda de fuerza de trabajo respecto al aumento de su oferta», entonces la cosa adquiere un aspecto incorrecto; el «aumento de la oferta» no depende, en modo alguno, únicamente del «progreso técnico». Pero esta objeción es infundada, pues las palabras «cuanto más, tanto más» no son en absoluto equivalentes a las palabras «puesto que, a consecuencia de ello». A qué se debe el «aumento de la oferta», eso se ha expuesto en el párrafo anterior («la ruina», «el desplazamiento», etc.) y se explicará de modo más concreto en los comentarios.

«...La parte de la clase obrera en la masa total de la riqueza material creada por su trabajo disminuye constantemente...» Estas palabras están en el párrafo donde se habla de la elevación del nivel de explotación (compárese con lo que precede inmediatamente a lo citado). Se puede pensar, por ello, que por «parte» se entiende la relación de v a v + p. Pero entonces esto es superfluo y no corresponde a las palabras «masa total de la riqueza».

Si la masa total = c + v + p, entonces, en primer lugar, no es del todo cómodo llamar «parte» a c + p (frente a v), pues por «parte» se entiende lo que propiamente se divide, es decir, los objetos de consumo. Luego, entonces esta tesis, por su contenido, pertenece al parágrafo siguiente, que habla del crecimiento de la riqueza social (c + v + p) y de la desigualdad social. En vista de ello, es mejor omitir las palabras citadas, como una repetición superflua.

Además, estas palabras presuponen con su formulación una sociedad tan desarrollada en la que sólo hay obreros asalariados y capitalistas [pues también la parte de los pequeños productores disminuye], y esto no corresponde al párrafo V, que ha dejado a los pequeños productores incluso en la sociedad «desarrollada».

El § VIII debería figurar después de los §§ IX y X: estos últimos tratan de las crisis, es decir, de una de las contradicciones del capitalismo, mientras que el § VIII resume todas las contradicciones del capitalismo y todas las tendencias de su desarrollo.

A las palabras «aumento de la productividad del trabajo» habría que añadir: «del trabajo social y cada vez más socializado». El proyecto señala el proceso de socialización del trabajo fuera de lugar (§ XI) y en una forma demasiado restringida («el proceso de perfeccionamiento de la técnica unifica cada vez más el trabajo de los obreros»). La socialización del trabajo por el capitalismo no consiste únicamente en la «unificación del trabajo de los obreros».

Las palabras «el aumento de la distancia entre los poseedores y los desposeídos» después de las palabras «el crecimiento de la desigualdad social» constituyen una repetición superflua. Y la indicación de la «profundización del abismo» entre el proletariado y la burguesía sería necesario añadirla obligatoriamente para caracterizar la principal consecuencia social de todas las contradicciones señaladas del capitalismo y para pasar a la lucha de clases.

Dicho sea de paso. A propósito de la caracterización de las consecuencias sociales del capitalismo, hay que decir que el proyecto peca aquí en particular de abstracción, limitándose a la tesis, totalmente insuficiente, de: «la multiplicación de las dificultades de la lucha por la existencia y de todas las privaciones y sufrimientos a ella vinculados». Señalar de manera más definida precisamente aquellas consecuencias sociales que recaen de modo particularmente duro tanto sobre la clase obrera como sobre los pequeños productores me parece absolutamente necesario.

Contra la formulación de estas consecuencias en el contraproyecto se objeta que, por ejemplo, las palabras «toda clase de humillación» son inexactas. Yo creo que son exactas, abarcando fenómenos como la prostitución, la transformación de los «intelectuales» en simples asalariados, la transformación del obrero en vendedor de su mujer y sus hijos, la sumisión a la férrea disciplina del capital, el uso del poder económico para la opresión política, para la presión sobre la libertad de opinión, etc., etc. Exactamente igual, me parece absolutamente necesario señalar la «pobreza y miseria de las masas» bajo el capitalismo. No propongo hablar del crecimiento absoluto de la pobreza y la miseria, pero comparto plenamente la opinión de Kautsky de que «*ein ausführliches s.-d. Programm, welches nicht erkennen läßt, daß der Kapitalismus naturnotwendig Massenarmut und Massenelend erzeugt, das nicht als den Inhalt des Strebens der Sd-tie den Kampf gegen diese Armut und dieses Elend bezeichnet, verschweigt die entscheidende Seite unserer Bewegung und enthält also eine empfindliche Lücke*»[128] (contra el proyecto austriaco).

De igual modo es necesario, a mi juicio, también indicar que «todas las principales» (es decir, no absolutamente todas) «ventajas del proceso de desarrollo de las fuerzas productivas las monopoliza una minoría insignificante de la población».

Los §§ IX y X hablan de las crisis. En esencia, aquí no hay nada que objetar en vista de la formulación modificada. Pero por su forma estos parágrafos adolecen de repeticiones (otra vez el «mercado mundial», otra vez las «relaciones de producción capitalistas»). Sería mucho mejor eliminar por completo del programa el intento de explicar las crisis, limitándose a constatar su inevitabilidad y dejando las explicaciones y desarrollos para los comentarios. Si no, se señalan, por ejemplo, tanto la crisis como los «períodos de estancamiento», y, en suma, de todos modos no se logra abarcar el ciclo completo de la industria capitalista.

Las consecuencias sociales de las crisis se señalan de nuevo con repeticiones (bastaría con decir el «recrudecimiento» del proceso, etc.) y de nuevo de modo demasiado débil: las crisis no sólo dificultan la situación de los pequeños productores, no sólo conducen al empeoramiento relativo y absoluto de su situación, sino que los arruinan directamente y los desplazan a las filas del proletariado.

Contra los §§ XI y XII tengo una objeción de principio extremadamente importante: presentan de una forma totalmente unilateral e incorrecta la relación del proletariado con los pequeños productores (pues la «masa trabajadora y explotada» se compone precisamente del proletariado y de los pequeños productores). Contradicen directamente las tesis fundamentales tanto del *Manifiesto Comunista* como de los Estatutos de la Internacional{77} y de la mayoría de los programas actuales de la socialdemocracia, y abren de par en par las puertas a los malentendidos populistas, «críticos» y de toda laya pequeñoburguesa.

«...Crece el descontento de la masa trabajadora y explotada» – esto es cierto, pero es totalmente incorrecto identificar y fundir el descontento del proletariado y el descontento del pequeño productor, como se ha hecho aquí. El descontento del pequeño productor engendra muy a menudo (y debe inevitablemente engendrar en él, o en una parte considerable de él) la aspiración a defender su existencia como pequeño propietario, es decir, a defender las bases del orden actual e incluso a hacerlo retroceder.

«...Se agudiza su lucha y, ante todo, la lucha de su representante avanzado, el proletariado...» El recrudecimiento de la lucha, por supuesto, se da también entre los pequeños productores. Pero su «lucha» muy a menudo se dirige contra el proletariado, pues la propia situación del pequeño productor contrapone de manera tajante sus intereses a los intereses del proletariado en muchos aspectos. El proletariado no es, en general, el «representante avanzado» de la pequeña burguesía. Si esto ocurre, es sólo cuando el pequeño productor es consciente de la inevitabilidad de su ruina, cuando «abandona su propio punto de vista y se pasa al punto de vista del proletariado». El representante avanzado del pequeño productor actual, que aún no ha abandonado «su punto de vista», es muy a menudo el antisemita y el agrario, el nacionalista y el populista, el reformador social y el «crítico del marxismo». Y precisamente ahora, cuando el «recrudecimiento de la lucha» de los pequeños productores va acompañado del «recrudecimiento de la lucha» de la «Gironda socialista» contra la «Montaña», es de lo más inoportuno fundir en uno todos y cada uno de los recrudecimientos.

«...La socialdemocracia internacional está al frente del movimiento emancipador de la masa trabajadora y explotada...» En absoluto. Está al frente sólo de la clase obrera, sólo del movimiento obrero, y si a esta clase se adhieren otros elementos, se trata precisamente de elementos, no de clases. Y se adhieren plena y completamente sólo cuando «abandonan su propio punto de vista».

«...Ella organiza sus fuerzas combativas...» También esto es inexacto. La socialdemocracia no organiza en ninguna parte las «fuerzas combativas» de los pequeños productores. Organiza únicamente las fuerzas combativas de la clase obrera. La formulación elegida en el proyecto es tanto menos acertada cuanto menos se tiene en vista a Rusia, cuanto más se limita la exposición (cf. § V) a la sociedad burguesa «desarrollada».

*Summa summarum*[129]. El proyecto habla en forma positiva de la revolucionariedad de la pequeña burguesía (si ella «apoya» al proletariado, ¿acaso no significa eso que es revolucionaria?) y no dice una palabra de su conservadurismo (e incluso de su reaccionarismo). Esto es completamente unilateral e incorrecto.

En forma positiva podemos (y debemos) señalar el conservadurismo de la pequeña burguesía. Y sólo en forma condicional debemos señalar su revolucionariedad. Sólo una formulación así corresponderá con exactitud a todo el espíritu de la doctrina de Marx. Por ejemplo, el *Manifiesto Comunista* declara directamente que «de todas las clases que se enfrentan a la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria... El pequeño industrial, el artesano, el campesino... no son revolucionarios, sino conservadores. Más aún: son reaccionarios... Si son revolucionarios («¡si!»), lo son únicamente en la medida en que les espera su paso a las filas del proletariado, en la medida en que abandonan su punto de vista y se sitúan en el punto de vista del proletariado»{78}.

Y que no se diga que en el medio siglo transcurrido desde el *Manifiesto Comunista* la cosa ha cambiado sustancialmente. Precisamente en este aspecto no ha cambiado nada: los teóricos han reconocido esta tesis siempre y constantemente (por ejemplo, Engels en 1894 refutó precisamente desde este punto de vista el programa agrario francés. Razonaba directamente que, mientras el pequeño campesino no abandone su punto de vista, no es de los nuestros, su lugar está entre los antisemitas, que esos lo desbasten, y él entonces con tanta mayor seguridad vendrá a nosotros cuanto más lo estafen los partidos burgueses{79}), e incluso la historia suministra confirmaciones fácticas de esta teoría a montones hasta los últimos días, hasta nuestros *chers amis*[130], los señores «críticos».

Dicho sea de paso. En el proyecto se ha omitido la indicación de la dictadura del proletariado que figuraba inicialmente. Si esto se ha hecho casualmente, por descuido, no deja de ser indudable que el concepto de «dictadura» es incompatible con el reconocimiento positivo de un apoyo ajeno al proletariado. Si supiéramos realmente de manera positiva que la pequeña burguesía apoyará al proletariado en la realización de su revolución, la proletaria, entonces no habría por qué hablar de «dictadura», pues entonces tendríamos asegurada una mayoría tan aplastante que sin dictadura nos las arreglaríamos perfectamente (como quieren hacer creer los «críticos»). El reconocimiento de la necesidad de la dictadura del proletariado está vinculado del modo más estrecho e indisoluble a la tesis del *Manifiesto Comunista* de que sólo el proletariado es la clase verdaderamente revolucionaria.

(Dicho sea entre paréntesis: hasta qué punto tenía Engels «celo» en este aspecto se ve por un pasaje de su crítica del proyecto de Erfurt. «*Der Ruin weiter Volksschichten*»[131] – cita Engels el proyecto – y observa: «*statt dieser deklamatorischen Phrase, die aussieht als täte uns der Ruin von Bourgeois und Kleinbürgern noch leid(!!), würde ich die einfache Tatsache erzählen: die durch den Ruin der städtischen und ländlichen Mittelstände, der Kleinbürger und Kleinbauern, den Abgrund zwischen Besitzenden und Besitzlosen erweitern oder vertiefen*»[132].)

Se me objetará que en el contraproyecto el conservadurismo del pequeño productor se expresa de manera positiva («todas las demás clases de la sociedad actual están por el mantenimiento de las bases del régimen económico existente»), mientras que la revolucionariedad ni siquiera se expresa de manera condicional más adelante.

Esta objeción es completamente infundada. La revolucionariedad condicional del pequeño productor se expresa en el contraproyecto exactamente del único modo en que se puede expresar, es decir, mediante la formulación de la acusación contra el capitalismo. La revolucionariedad condicional del pequeño productor se expresa

(1) en las palabras sobre su desplazamiento, su ruina por el capitalismo. Nosotros, el proletariado, acusamos al capitalismo por conducir a la gran producción mediante la ruina del campesino. De aquí se desprende la conclusión directa de que si el campesino comprende la inevitabilidad de este proceso, entonces «abandonará su punto de vista y adoptará el nuestro».

(2) en las palabras de que «la inseguridad de la existencia y el desempleo, el yugo de la explotación y toda clase de humillación se convierten en el destino» (no sólo del proletariado, sino) «de capas cada vez más amplias de la población trabajadora». Ya con esta formulación se expresa la representación, por parte del proletariado, de toda la población trabajadora, y precisamente una representación tal en la que nosotros invitamos (y obligamos) a todos a abandonar su punto de vista y ponerse en el nuestro, y no al revés, no abandonamos nuestro punto de vista, no fundimos nuestra lucha de clase con toda clase de veletas.

Y exactamente de la misma manera se expresa la idea de representación

(3) en las palabras sobre la pobreza y la miseria de las masas (de las masas en general, y no sólo de los obreros).

El partido de la clase revolucionaria sólo puede expresar la revolucionariedad condicional de las otras clases en aquella forma que consiste en exponer ante ellas su comprensión de sus calamidades y de los medios para curarlas, en presentarse, en su declaración de guerra al capitalismo, no sólo en su propio nombre, sino también en nombre de todas las masas «desheredadas y miserables». De aquí se sigue por sí mismo que quien acepte esta doctrina deberá venir a nosotros. Sería simplemente ridículo si se nos ocurriera señalar esto además de manera especial en el programa y declarar que, ¡he aquí, si tales o cuales elementos poco fiables se pasan a nuestro punto de vista, también ellos serán revolucionarios! Ése sería el mejor medio de destruir la fe en nosotros precisamente entre esos aliados vacilantes y blandos a los que ya de por sí les falta fe en nosotros[133].

Aparte de esta objeción de principio contra los §§ XI y XII, sólo tengo una pequeña observación formal contra el § XI. Hablar en él de la «posibilidad material de la eliminación del capitalismo» es inoportuno: precisamente en este párrafo no se trata de las premisas materiales, sino de las premisas ideológicas de la eliminación del capitalismo. Si se mencionan las materiales, hay que añadir también las ideológicas (morales, etc.). Pero es mucho más correcto remitir esta «posibilidad material» al párrafo que habla, no de la lucha de clases, sino de la evolución y la tendencia del capitalismo.

Es ilógico hablar en el § XII de la revolución social venidera, y sólo en el § XV de esta misma revolución y su necesidad. Debería ser al «orden inverso».

En el § XIII me parece desafortunada la sustitución de las palabras «abolición (o supresión) de la propiedad privada» por la expresión «expropiación de los explotadores». Esto es menos claro y preciso. También es desafortunado el final del parágrafo: «la organización planificada del proceso productivo social para la satisfacción de las necesidades tanto de toda la sociedad como de cada uno de sus miembros». Esto es poco. Una organización así, quizá, la proporcionen hasta los trusts. Sería más definido decir «a cargo de toda la sociedad» (pues esto incluye tanto la planificación como indica quién dirige la planificación), y no sólo para la satisfacción de las necesidades de los miembros, sino para asegurar el pleno bienestar y el libre desarrollo multilateral de *todos los miembros de la sociedad*.

El § XIV, en mi opinión, es impreciso («toda» la humanidad «oprimida», no sé aún si la liberaremos: por ejemplo, la opresión de los de carácter débil por los de carácter muy firme). Sería mejor tomar la fórmula propuesta por Marx en la crítica del programa de Gotha: la supresión de la división en clases y de la desigualdad que de ella se deriva{80}. También Engels, en la crítica del programa de Erfurt, insistía en que *die Abschaffung der Klassen ist unsere Grundforderung*[134], y sólo con la indicación precisa y directa de esta «reivindicación fundamental» damos un sentido plenamente definido (y no exagerado) a nuestras promesas de liberar a todos y librar a todos de todos los males.

§ XV – sobre el «apoyo del proletariado por otras capas de la población» y sobre la omisión de la «dictadura del proletariado» ya se ha dicho más arriba.

§ XVI – es completamente extraño e inoportuno. La «educación política» del proletariado consiste precisamente en que nosotros lo instruimos, lo organizamos, dirigimos su lucha, y de esto ya se habló en el § XII (donde sólo habría que añadir lo de la «dirección de su lucha»).

El § XVII también me parece una verborrea superflua. ¿A qué hablar en general de la dependencia de las tareas inmediatas respecto a las diferencias de la situación sociopolítica? Que escriban sobre eso en los tratados, pero nosotros debemos declarar directamente que tales o cuales particularidades (los residuos del feudalismo, la autocracia, etc.) modifican nuestra tarea inmediata de tal manera.

§ XVIII: «En Rusia, el capitalismo se convierte cada vez más en el modo de producción predominante...» Esto es insuficiente en absoluto. Él ya se ha convertido en el predominante (– si yo digo que 60 ya se ha vuelto predominante sobre 40, eso no significa en absoluto que 40 no existe o se reduce a una nimiedad sin importancia). Tenemos aún tal masa de populistas, de liberales populistoides y de «críticos» que retroceden rápidamente al populismo, que no se puede dejar aquí ni la menor indefinición. Y si el capitalismo ni siquiera se ha vuelto aún «predominante», entonces quizá habría que esperar también con la socialdemocracia.

«...colocando a la socialdemocracia en el primerísimo lugar...» El capitalismo apenas se está volviendo predominante, y nosotros ya en el «primerísimo» lugar... Creo que del primerísimo lugar no hay por qué hablar en absoluto: esto se ve por sí mismo en todo el programa. Que no lo digamos nosotros de nosotros mismos, sino que lo diga la historia de nosotros.

El proyecto, por lo visto, rechaza la expresión: viejo orden social feudal, considerando la expresión «feudalismo» aplicable sólo al régimen jurídico. Yo creo que esta distinción es infundada: la «servidumbre», por supuesto, fue una institución jurídica, pero correspondía también a un sistema particular de economía terrateniente (y campesina), se manifestaba también en una masa de relaciones cotidianas no formalizadas por el «derecho». Por eso, no creo que haya que evitar la expresión: «orden social precapitalista, feudal».

La «descripción» del régimen de servidumbre (las masas eran, dicen, propiedad bautizada) es en nuestro programa completamente inoportuna y superflua.

En cuanto a la influencia de los residuos del régimen feudal, no basta con decir que oprimen pesadamente a la masa trabajadora. Es necesario señalar también el freno al desarrollo de las fuerzas productivas del país y otras consecuencias sociales del feudalismo[135].

§ XIX. En mi opinión, es completamente superflua la indicación de que para nosotros la democracia (resp.: la libertad política) es una «etapa de transición» (¿de transición a qué? Si de la república ya hablamos directamente más abajo como de una reivindicación práctica inmediata) y de que la constitución es «el complemento (en el texto "dostoianie", evidentemente, errata del copista) jurídico natural de las relaciones de producción capitalistas». Esto no tiene lugar en absoluto en el programa. Es totalmente suficiente si decimos que la autocracia frena o coarta «todo el desarrollo social»: eso significa que tampoco el desarrollo del capitalismo se aviene con ella. Los detalles al respecto deben pasar al comentario, pues de lo contrario incluso debilitan en el programa nuestra declaración de guerra a la autocracia, confieren al programa un carácter libresco, abstracto.

Y, además, ¿para qué esas trivialidades sobre los complementos jurídicos al capitalismo y sobre el «orden jurídico» (§ XX), cuando más abajo hablamos de manera mucho más directa y definida de la república? (Dicho sea de paso, en el § XX figura la expresión «viejo régimen feudal», es decir, aquí el propio proyecto confiere a la palabra «feudalismo» un sentido más amplio que el meramente jurídico.)

Sobre la incompatibilidad de la autocracia con el orden jurídico tampoco hay por qué hablar, si de inmediato se plantea la reivindicación de su derrocamiento y su sustitución por la república. Es mejor expresarse de modo más definido sobre la «falta de derechos» del pueblo bajo la autocracia, etc.

«...La autocracia es el peor enemigo de las aspiraciones emancipadoras de la clase obrera...», habría que añadir: «y del desarrollo cultural de todo el pueblo» o algo por el estilo. Con esto expresaremos (y no con las palabras sobre la «representación») que la socialdemocracia representa los intereses no sólo de la clase obrera, sino de todo el desarrollo social.

Resumiendo todas las observaciones anteriormente expuestas, encuentro en el proyecto cuatro defectos fundamentales que hacen, a mi juicio, inaceptable este proyecto:

1) la extrema abstracción de muchas formulaciones, como si estuvieran destinadas no a un partido combativo, sino a un curso de conferencias;
2) la postergación y el oscurecimiento de la cuestión del capitalismo específicamente ruso — defecto particularmente importante, pues el programa debe proporcionar un compendio y una guía para la agitación contra el capitalismo ruso. Debemos presentarnos con una valoración directa de él y con una declaración directa de guerra precisamente al capitalismo ruso;
3) la representación completamente unilateral e incorrecta de la relación del proletariado con los pequeños productores, que nos quita la base en la guerra tanto contra los «críticos» como contra muchos otros;
4) la tendencia a dar constantemente en el programa la *explicación* del proceso. De todos modos no se logra dar explicaciones, y la exposición se vuelve prolija, se encuentra una multitud de repeticiones, el programa degenera constantemente en un comentario.

Escrito antes del 14 (27) de marzo de 1902.