¡Camaradas! La intervención de Mártov fue tan extraña que me veo obligado a oponerme resueltamente a su manera de plantear la cuestión. Recuerdo, ante todo, que la protesta de Mártov contra la elección misma de la redacción, su negativa y la de sus camaradas a participar en la redacción que ha de ser elegida, se hallan en flagrante contradicción con lo que todos nosotros (incluido Mártov) dijimos cuando *Iskra* fue reconocida como órgano del partido. Entonces se nos objetó que semejante reconocimiento carecía de sentido, pues no se puede sancionar un título sin sancionar la redacción, y el mismo camarada Mártov explicó a los objetantes que eso no era cierto, que se sancionaba una determinada orientación política, que la composición de la redacción no se predeterminaba en modo alguno, que la elección de los redactores estaba aún por delante, con arreglo al punto 24 de nuestro orden del día{128}. Por eso, el camarada Mártov no tenía ahora absolutamente ningún derecho a hablar de limitación del reconocimiento de *Iskra*. Por eso, las palabras de Mártov de que su ingreso en la terna sin sus antiguos compañeros de redacción arrojaría una mancha sobre toda su reputación política, atestiguan únicamente una asombrosa confusión de los conceptos políticos. Adoptar ese punto de vista equivale a negar el derecho del congreso a nuevas elecciones, a todo cambio en la composición de los funcionarios, a toda reorganización de los colegios que él mismo apodera. La confusión que introduce semejante planteamiento se aprecia incluso en el ejemplo del Comité de Organización. Le expresamos la plena confianza y la gratitud del congreso, pero al mismo tiempo ridiculizamos la mera idea de que el congreso no tuviera derecho a examinar las relaciones internas del CO, al mismo tiempo rechazamos toda suposición de que la antigua composición del CO nos coartara en una reorganización «poco camaraderil» de dicha composición y en la formación, a partir de cualesquiera elementos, de un nuevo Comité Central. Repito una vez más: en las concepciones del camarada Mártov sobre la admisibilidad de elegir a una parte del colegio anterior se manifiesta la mayor confusión de los conceptos políticos.

Paso ahora a la cuestión de las «dos ternas»{129}. El camarada Mártov dijo que todo este proyecto de las dos ternas es obra de una sola persona, de un miembro de la redacción (precisamente mi proyecto), y que nadie más es responsable de él. Protesto categóricamente contra esa afirmación y declaro que es directamente falsa. Recuerdo al camarada Mártov que, algunas semanas antes del congreso, le dije directamente a él y a otro miembro de la redacción que en el congreso exigiría la libre elección de la redacción. Renuncié a ese plan únicamente porque el propio camarada Mártov me propuso, en su lugar, un plan más cómodo: la elección de dos ternas. Formulé entonces ese plan por escrito y lo envié ante todo al propio camarada Mártov, quien me lo devolvió con correcciones —he aquí, en mi poder, ese mismo ejemplar, donde las correcciones de Mártov están escritas en tinta roja{130}. Luego, toda una serie de camaradas vieron decenas de veces ese proyecto, lo vieron también todos los miembros de la redacción, y nunca nadie protestó formalmente contra él. Digo «formalmente» porque el camarada Axelrod, si no me equivoco, dejó caer en cierta ocasión una observación privada sobre su disconformidad con este proyecto. Pero se sobreentiende que para la protesta de la redacción no bastaba con una observación privada. No en vano la redacción, incluso antes del congreso, tomó la decisión formal de invitar a una determinada séptima persona, a fin de que, en caso de necesidad de presentar en el congreso alguna declaración colectiva, se pudiera adoptar una decisión inamovible, cosa que tan a menudo no se lograba en nuestro colegio de seis. Y todos los miembros de la redacción saben que completar el sexteto con un séptimo miembro permanente de la redacción constituía, desde hacía mucho, muchísimo tiempo, objeto de nuestras constantes preocupaciones. De modo que, repito, la salida en forma de elección de dos ternas era una salida completamente natural, que yo también introduje en mi proyecto con conocimiento y consentimiento del camarada Mártov. Y el camarada Mártov, junto con el camarada Trotski y otros, defendieron después, muchas y muchas veces, ese sistema de elección de dos ternas en toda una serie de reuniones privadas de los «iskristas». Al rectificar la declaración de Mártov sobre el carácter privado del plan de las dos ternas, no pretendo, sin embargo, poner en entredicho con ello la afirmación del mismo Mártov sobre el «significado político» del paso que dimos al no confirmar a la antigua redacción. Al contrario, estoy plena e incondicionalmente de acuerdo con el camarada Mártov en que ese paso tiene un gran significado político, solo que no el que le atribuye Mártov. Él dijo que se trata de un acto de lucha por la influencia sobre el Comité Central en Rusia. Yo iré más lejos que Mártov. Toda la actividad de *Iskra*, como grupo privado, fue hasta ahora una lucha por la influencia, pero ahora se trata ya de algo mayor, de la consolidación organizativa de la influencia, y no solo de la lucha por ella. Hasta qué punto divergimos aquí políticamente con el camarada Mártov se ve en que él me reprocha ese deseo de influir en el CC, mientras que yo me atribuyo como mérito el haber aspirado y aspirar a consolidar esa influencia por la vía organizativa. ¡Resulta que incluso hablamos lenguajes diferentes! ¿De qué habría servido todo nuestro trabajo, todos nuestros esfuerzos, si su corona hubiera sido la misma vieja lucha por la influencia, en vez de la completa adquisición y afianzamiento de la influencia? Sí, el camarada Mártov tiene toda la razón: el paso dado es, indudablemente, un paso político de envergadura, que atestigua la elección de una de las orientaciones que ahora se perfilan en el trabajo ulterior de nuestro partido. Y a mí no me asustan en absoluto las terribles palabras sobre el «estado de sitio en el partido», sobre las «leyes de excepción contra personas y grupos aislados», etc. Con respecto a los elementos inestables y vacilantes, no solo podemos, estamos obligados a instaurar un «estado de sitio», y todos nuestros estatutos del partido, todo nuestro centralismo aprobado desde ahora por el congreso, no es otra cosa que un «estado de sitio» para las tan numerosas fuentes de la indefinición política. Precisamente contra la indefinición se necesitan leyes especiales, aunque sean de excepción, y el paso dado por el congreso ha señalado acertadamente la orientación política, creando una base firme para tales leyes y tales medidas.