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La Mesa discutió la declaración presentada por los camaradas Martínov y Akímov en la sesión de la mañana. No me referiré a la motivación, aunque es incorrecta y sumamente extraña. Nadie, en ninguna parte, ha anunciado el cierre de la Unión, y los camaradas Martínov y Akímov han sacado una conclusión indirecta incorrecta de la decisión del Congreso sobre la Liga. Pero ni siquiera el cierre de la Unión puede privar a los delegados del derecho a participar en los trabajos del Congreso. De igual modo, el Congreso no puede admitir la renuncia a participar en las votaciones. Un miembro del Congreso no puede limitarse a aprobar las actas y no participar en los demás trabajos del mismo. La Mesa no propone por ahora ninguna resolución y somete esta cuestión a discusión del Congreso. La declaración de Martínov y Akímov es anormal en sumo grado y contradice la condición de miembro del Congreso.

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¡Qué situación tan absurda y anormal se ha creado aquí! Por un lado, se nos dice que se acatan las decisiones del Congreso y, por otro, se pretende abandonarlo a causa de una decisión relativa a los estatutos. Al presentarnos aquí como delegados de una organización reconocida por el Comité de Organización, cada uno de nosotros se convirtió en miembro del Congreso. Ninguna disolución de la organización anula esta condición. ¿Cómo debemos actuar nosotros, la Mesa, durante la votación?

No tomarlos en cuenta en absoluto es imposible, porque el Congreso ya ha confirmado su composición. Hay aquí una sola conclusión lógica: abandonar totalmente las filas del partido. En cuanto a la aprobación de las actas, es posible hacerlo invitando también especialmente a los camaradas de la Unión, aunque el Congreso está en su derecho de aprobar sus actas sin ellos.