La fusión del socialismo con el movimiento obrero (única garantía de un movimiento sólido y verdaderamente revolucionario) no es tarea fácil, y no es de extrañar que su elaboración vaya acompañada de diversas vacilaciones, como escribíamos hace exactamente dos años en el primer artículo del primer número de *Iskra*[17]. Y si era necesario luchar contra la corriente (tendencia) que había elegido el camino correcto pero definía erróneamente sus tareas en ese camino, tanto más necesaria es la lucha contra una corriente que ni siquiera piensa en una fusión de algún modo integral y meditada del socialismo con el movimiento obrero. Carente de base social, sin vínculo alguno con una clase social determinada, intenta encubrir su impotencia interna con la amplitud de ímpetu, la «amplitud» del programa, es decir (léase) con una combinación sin principios de los programas más diversos y opuestos, aplicables por igual, precisamente en virtud de esta cualidad suya, tanto a la intelectualidad como al proletariado y al campesinado. Tras la intelectualidad *en masse*[18], así como tras la oposición liberal, se puede no advertir clase social alguna (tanto más cuanto que la corriente liberal-narodnik, ante la que el viejo socialismo ruso fue incapaz de adoptar una actitud crítica y siguen siéndolo los actuales socialrevolucionarios, se declara sin clase). Al campesinado se lo puede abordar sin resolver en absoluto las «malditas» cuestiones sobre las bases de su existencia, sobre su lugar en la evolución socioeconómica de Rusia y del mundo entero, abordarlo con frases revolucionarias y socialistas (a primera vista socialistas) tan generales que, en lo posible, no contradigan ninguna de las soluciones ya establecidas y manifiestas de la cuestión campesina. El momento tormentoso que atravesamos, en el que la lucha estalla ora aquí, ora allí, permite soslayar «al socaire» de esta lucha todas y cada una de las cuestiones de principio, limitándose a apoyar compasivamente todas sus manifestaciones e inventar la «resistencia individual» en los períodos de relativa calma. Resulta una corriente muy revolucionaria por sus frases y nada revolucionaria por sus concepciones reales y sus vínculos con la clase revolucionaria; revolucionaria por la virulencia de sus ataques al gobierno y, al mismo tiempo, absolutamente incapaz de valorar correctamente la táctica general de ese gobierno y de dar una respuesta acertada a esa táctica. En efecto, no es difícil ver que, pese a todos los bandazos y vacilaciones, pese a toda la desorientación del gobierno en uno u otro caso particular, su táctica, en conjunto y en general, revela nítidamente dos líneas principales de su autodefensa.

Escrito en diciembre de 1902.

Publicado por primera vez en 1939 en la revista *Proletárskaya Revoliútsia*, núm. 1.

Se publica según el manuscrito.