Nos parece que el autor de la carta plantea el problema de una manera demasiado lineal y subestima la importancia de la organización de las manifestaciones. En esta cuestión principal aún hemos hecho poco, y es a la organización a la que, ante todo y en mayor medida, hay que dirigir las fuerzas. Mientras no tengamos organizaciones revolucionarias sólidamente cohesionadas, capaces de movilizar varios destacamentos de gente escogida para dirigir todos los aspectos de la manifestación, los fracasos serán inevitables. Pero cuando dicha organización se forme y se consolide en el proceso mismo del trabajo, en una serie de experiencias, entonces ella (y solo ella) podrá resolver el problema de cuándo y cómo hay que armarse, cuándo y cómo hay que emplear las armas. Esta organización deberá trabajar seriamente también en el aumento de la «rapidez de la movilización» (circunstancia muy importante, subrayada con todo fundamento por el autor de la carta), así como en el aumento del número de manifestantes activos, en la preparación de los dirigentes, en la ampliación de la agitación entre las masas, en la atracción de la «multitud de curiosos» para que participen «en la acción», y en la «seducción» del ejército. Precisamente porque un paso como es el paso a la lucha armada en la calle es «cruel» y «tarde o temprano inevitable», solo puede y debe darlo una organización revolucionaria sólida que dirija directamente el movimiento.

Escrito en octubre, posterior al 6 (19) de 1902.

Publicado por primera vez en 1946 en la 4ª edición de las Obras Completas de V. I. Lenin, tomo 6.

Se imprime según el manuscrito.