¡Querido B. N.! He recibido sus dos cartas y me alegró mucho saber, ver por ellas, que los supuestos «malentendidos» resultan ser en realidad humo, como ya le escribí a Póvar (le escribí que estaba seguro de ello).

Usted se queja de nuestros «agentes». Y a mí me han entrado ganas de hablar con usted sobre este tema, pues también a mí me tiene muy preocupado. «Los agentes se reclutaban con demasiada facilidad»... Lo sé, lo sé perfectamente, nunca lo olvido, pero la tragedia (¡a fe mía que es una tragedia, no es una palabra demasiado fuerte!) de nuestra situación reside precisamente en que nos vemos obligados a actuar así, en que somos incapaces de superar toda la masa de desorganización que reina en nuestra causa. Sé muy bien que en sus palabras no había reproche hacia nosotros. Pero intente ponerse plenamente en nuestra situación y adopte una actitud tal que no diga «sus agentes», sino «nuestros agentes». Usted puede adoptar esa actitud y (en mi opinión) debe hacerlo; sólo así quedará eliminada de una vez por todas toda posibilidad de malentendidos. Sustituya la segunda persona por la primera, supervise usted mismo a «nuestros» agentes, ayude a buscarlos, destituirlos y reemplazarlos, y entonces no hablará de la «antipatía» de nuestros agentes (semejantes palabras no pueden sino ser malinterpretadas: se las toma como una expresión de distanciamiento, las toman así los miembros de nuestro colegio de redacción, que no han tenido la posibilidad de aclarar el asunto con usted), sino de las deficiencias de nuestra causa común. Esta masa de deficiencias me oprime cada vez más. Ahora precisamente se aproxima ya (lo presiento) el momento en que la cuestión se planteará con toda crudeza: o Rusia pone a su gente, promueve a personas que vengan en nuestra ayuda y enderecen la causa, o bien... Y aunque sé y veo que tales personas ya están surgiendo y que su número crece, esto avanza tan lentamente y con tantas interrupciones, y el «chirrido» de la máquina pone tan a flor de piel los nervios, que... a veces se hace muy pesado.