He recibido su carta, querido Ch., y de momento le contesto en dos palabras: me encuentro terriblemente mal, estoy postrado en cama.

En cuanto al punto que usted ha planteado, no he visto ni una sola carta. Y creo que usted ha incurrido en un malentendido. ¿Quién podría pensar en la «desorganización» de los círculos, grupos y organizaciones obreros en lugar de multiplicarlos y fortalecerlos? Usted escribe que yo no señalé cómo una organización estrictamente conspirativa puede relacionarse con las masas obreras. No es exactamente así, pues (aunque esto se sobreentiende*) en la pág. 96 usted mismo cita un pasaje sobre la necesidad de «un número muy amplio (cursiva de Lenin) con las funciones más diversas» de «toda una masa (¡NB!) ¡toda una masa!! de otras organizaciones» (es decir, además de la organización central de revolucionarios profesionales)**.

Pero usted ha visto en vano una oposición absoluta allí donde yo establezco solamente una gradación y señalo los límites de los eslabones extremos de esa gradación. Desde un puñado del núcleo muy conspirativo y compacto de revolucionarios profesionales (el centro) hasta la «organización sin miembros» de masas, discurre toda una cadena de eslabones. Yo indico solamente la dirección en el carácter cambiante de los eslabones: cuanto más «de masas» sea la organización, tanto menos formalizada y menos conspirativa debe ser; he ahí mi tesis. ¡Y usted quiere entenderlo como que entre la masa y los revolucionarios no hacen falta intermediarios!! ¡Por favor! Si en esos intermediarios está toda la esencia. Y puesto que señalo las propiedades de los eslabones extremos y subrayo (y precisamente subrayo) la necesidad de los intermedios, se sobreentiende que esos eslabones intermedios se situarán en medio de la «organización de revolucionarios» y la «organización de masas», en el medio – por el tipo

* - sobreentendido. N. de la Red.

** - «¿Qué hacer?» (véase Obras Completas, 5ª ed., t. 6, pág. 126). N. de la Red.