¡Querido amigo! Su reciente comunicación sobre la liberación de los amigos de Vania —los «aliados» (= partidarios de *Rábocheie Delo*)— nos suscita de nuevo una serie de dudas. ¿Se mantendrá firme ahora Vania?* Exíjale en todo caso una respuesta categórica, consiga una respuesta directa; si es negativa, abochórnele en los términos más enérgicos y, en cualquier caso, comuníquenos inmediatamente cómo están las cosas. Si Vania se nos ha vuelto a escapar (o al menos se nos está escapando) de las manos, tanto más necesario es que dirija usted esfuerzos triplicados hacia Mania**: si es posible, directamente sobre ella; si no, a través de sus nuevos amigos, sobre cuya conversación nos escribió usted tan detallada e interesantemente.

Debe plantearse como tarea (en caso de que Vania resulte, por poco que sea, poco fiable o evasivo) la preparación de la guerra de los iskristas petersburgueses contra los restos del economismo***. A ellos, naturalmente, no hay que hablarles de esta guerra, pero hay que prepararla con todas las fuerzas y, en la medida de lo posible, en ambos flancos. Es decir, en primer lugar, trate de conservar las distintas relaciones entabladas con nuestros amigos en la mitad intelectual de Vania, trate de verlos, de influir sobre ellos, de abochornarlos, de ver a su gente joven, de preparar la separación de los iskristas respecto de la gente a medias. El segundo flanco —mucho más importante— es el de los obreros. Su círculo es un terreno magnífico, y usted debe ante todo conseguir que este círculo desarrolle, tome conciencia y formalice su hostilidad hacia Vania. Procure dar a este círculo *¿Qué hacer?***** y conseguir (esto no es muy difícil, a juzgar por su carta) una solidaridad plenísima, subrayando especialmente y con particular énfasis que *¿Qué hacer?* está dirigido precisa y principalmente contra la gente del tipo «petersbur-

* Vania: nombre conspirativo del Comité de Petersburgo. (Nota de la Redacción.)
** Mania: nombre conspirativo de la Organización Obrera de Petersburgo. (Nota de la Redacción.)
*** El texto anterior está tachado con lápiz rojo en el manuscrito. (Nota de la Redacción.)
**** Véase V. I. Lenin, Obras completas, 5.ª ed., t. 6, págs. 1-192. (Nota de la Redacción.)

gués». Ponga los puntos sobre las íes en las conversaciones con ellos, remítase constantemente a Vania como modelo de lo malo, modelo de lo que no se debe hacer. Estoy gustosamente dispuesto a ayudarle en esto en todo lo que pueda, por ejemplo, con una serie de cartas al círculo. Que este círculo se vuelva primero consciente y plenamente iskrista, consciente e incondicionalmente hostil a toda la vieja «tradición petersburguesa», a *Rábochaia Mysl* y a *Rábocheie Delo* y a toda actitud a medias.

Entonces (pero sólo entonces) haremos lo siguiente: la declaración que usted aconsejó hacer a Vania y sobre la cual le escribí detalladamente*, esa declaración, en forma algo modificada, por supuesto, la hará el círculo, que izará la «bandera de la insurrección» contra los economistas de Vania y declarará una campaña directa con el objetivo de conquistar para su lado a toda Mania.

No dudo ni por un minuto de que esta campaña terminará con una victoria rápida y completa, y considero que la principal dificultad no es esta campaña, sino precisamente llevar a la gente a una campaña directa, para no desviarse de nuevo hacia los compromisos con Vania, hacia las concesioncillas, las dilaciones, etc. Ningún absolutamente compromiso, una guerra implacable contra los más mínimos restos de economismo y de métodos artesanales: he aquí lo que, en mi opinión, debe usted plantearse como tarea en el círculo. Es mejor perder un cuarto de año, medio año o más en la preparación, pero conseguir crear un círculo iskrista combativo, que unir a gente no del todo formada con los diplomáticos y contemporizadores de Vania.

Aproveche que con respecto al círculo tiene usted las manos libres, y mantenga su línea con firmeza, sin dejar acercarse ni a tiro de fusil a la gente que no es del todo nuestra.

Si conduce así el asunto, será usted independiente de los vaivenes y oscilaciones de Vania, tendrá su propio punto de apoyo. Y si la necesidad le obliga a veces a politiquear con Vania, con el círculo no practique usted absolutamente ni el más mínimo politicastro, y manténgase allí siempre intransigente contra Vania. Su táctica entonces será simplemente: si Vania se nos acerca, usted le da una palmadita en la cabeza, pero guarda firmemente la piedra en el seno, es decir,

* Véase el presente tomo, págs. 194-195. (Nota de la Redacción.)

no le oculta que esto es poco, que hay que acercarse e ingresar del todo, y que usted no se contentará con poco. Si Vania se aleja, usted no le perdona ni un solo error, ni un solo desliz. Cazar a Vania en cada desliz y entregarlo implacablemente a la denuncia y al escarnio en el círculo (y, en la medida de lo posible, a veces también en *Iskra*) debe ser una de sus principales tareas.

En una palabra, manténgase inflexiblemente con Vania en el principio: quiero la paz contigo y para eso preparo contra ti la guerra con todas mis fuerzas.

Para terminar, un consejo práctico. Vania es por naturaleza un diplomático y un formalista. Ahora ha planteado la cuestión de rehacer el cuchitril, y es muy probable que, bajo el pretexto plausible de esta «revisión de la constitución», alargue el asunto, invente miles de compromisos, etc. No se deje usted atrapar con este anzuelo. Ridiculice sin piedad el amor a confeccionar estatutos. La cuestión no está en los estatutos, y quien piense que, partiendo de tales o cuales ideas tácticas y organizativas, se puede redactar un estatuto modélico, no entiende absolutamente nada y hay que perseguirle hasta el final por esa incomprensión. Si Vania se imagina que van a discutir multilateralmente un nuevo estatuto, rehacer 40 parágrafos de 50 y luego «en buena fiesta y a la boda», es decir, que después el trabajo irá de nueva manera según el nuevo estatuto; si él (como se ve en todo) se imagina eso, significa que sólo de palabra ha desechado los viejos prejuicios, pero en la práctica conserva aún centenares de ideas estúpidas contra las cuales es necesaria una batalla tras otra. Ataque el formalismo y la formalística y demuestre que la cuestión no está en los estatutos, sino en 1) coincidir en las concepciones, habiéndolas meditado hasta el fin, y 2) compenetrarse en el trabajo práctico mismo.

Situándonos en este punto de vista, escupimos sobre el juego de ustedes (de Vania) con los estatutos y declaramos directamente: quiénes somos, qué queremos y cómo trabajamos, ustedes lo saben y deben saberlo no sólo por la literatura, sino también por los encuentros personales en Rusia y en el extranjero (tales encuentros son inevitables en la labor revolucionaria). Si no quieren marchar codo con codo con nosotros, díganlo directamente, no anden con rodeos, y recuerden que contra todo rodeo lucharemos «a lo militar». No piensen que ocultarán sus rodeos de nosotros con revisiones de estatutos, etc. Y si quieren marchar juntos, pongan manos a la obra de inmediato, y entonces verán que ese mismo trabajo, en relación con el periódico para toda Rusia, sobre él y sobre la base de él, ese mismo trabajo mostrará qué nuevas formas son necesarias, y mostrará probablemente (incluso indudablemente) que, en una labor viva, real, estas formas se perfilarán por sí mismas sin estatuto alguno. Y cuando seamos fuertes, organizaremos cuatro veces al año encuentros y conferencias en Rusia y dos en el extranjero (o viceversa, según las circunstancias), y todos los estatutos los determinaremos en esas conferencias (dicho más simple: todos los estatutos los mandaremos al diablo).

Le estrecho fuertemente la mano y espero con impaciencia respuesta: si mis cartas dan en el blanco, es decir, si le dan a usted lo que necesita.

Su Lenin

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Escrito el 22 de julio de 1902.
Enviado desde Logivy (costa norte de Francia)
a Petersburgo.
Publicado por primera vez en 1926
en la revista
*Krásnaia Létopis* núm. 6.
Se imprime según el manuscrito.