a) para devolver a las sociedades rurales (mediante expropiación o – en el caso de que las tierras hubieran cambiado de manos – mediante rescate, etc.) aquellas tierras que fueron cercenadas a los campesinos al abolirse la servidumbre y que sirven en manos de los terratenientes como instrumento para su esclavización…»[178]

«Estamos obligados a luchar contra todos los vestigios de las relaciones serviles – de esto no puede caber la menor duda para un socialdemócrata – y, como estas relaciones se entrelazan de la manera más compleja con las burguesas, tenemos que meternos, por así decirlo, en el meollo mismo de esta maraña, sin asustarnos por la complejidad de la tarea»[179].

«…la sección obrera contiene reivindicaciones dirigidas contra la burguesía, y la sección campesina, reivindicaciones dirigidas contra los terratenientes siervistas (contra los feudales, diría yo, si la cuestión de la aplicabilidad de este término a nuestra nobleza terrateniente no fuera tan discutible1)).

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1) Personalmente me inclino a resolver esta cuestión en sentido afirmativo, pero en este caso, por supuesto, no es lugar ni momento para fundamentar e incluso plantear esta solución, pues ahora se trata de defender el proyecto colectivo, de redacción común, del programa agrario»[180].

«Intentar determinar de antemano, antes del desenlace definitivo de la lucha, en el curso mismo de la lucha, que quizás no logremos todo el máximo, es caer en el más puro filisteísmo»[181].

* Plejánov propuso modificar esta frase del siguiente modo: «Detenerse a sí mismo, antes del desenlace definitivo de la lucha, en el curso mismo de la lucha, por la consideración de que…». Red.

«“Nuestro movimiento” es el movimiento obrero socialdemócrata. A él la masa campesina no puede “adherirse” directamente: esto no es problemático, sino imposible, y nunca se ha hablado de ello. Pero al “movimiento” contra todos los vestigios de la servidumbre (y contra la autocracia inclusive) la masa campesina no puede dejar de adherirse»[182].

*** Véase la respuesta anterior a la observación de Plejánov. Red.

«Necesitamos difundir más ampliamente la idea de que solo en una república puede tener lugar la batalla decisiva entre el proletariado y la burguesía; necesitamos crear y consolidar la tradición republicana entre todos los revolucionarios rusos y entre las masas más amplias posibles de obreros rusos; necesitamos expresar con esta consigna: “república”, que en la lucha por la democratización del régimen estatal iremos hasta el final, sin mirar atrás…»[183]

158 V. I. Lenin se refiere a los trabajos de K. Marx «Crítica del Programa de Gotha» (véase K. Marx y F. Engels, Obras Escogidas en dos tomos, t. II, 1955, pp. 23-24) y de F. Engels «Para la crítica del proyecto de programa socialdemócrata de 1891» (véase K. Marx y F. Engels, Obras, t. XVI, parte II, 1936, p. 109).

«Así pues, todo el contenido del punto 4 se puede expresar, para simplificar, en dos palabras: “devolver los cercenamientos”. Se pregunta: ¿cómo surgió la idea de tal reivindicación? Como conclusión directa de la posición general y fundamental de que debemos ayudar a los campesinos e impulsarlos a la destrucción lo más completa posible de todos los vestigios de la servidumbre. Con esto “todos están de acuerdo”, ¿no es cierto? Bueno, y si están de acuerdo en tomar este camino, entonces tengan la bondad de avanzar por él de forma independiente, no se hagan arrastrar, no se acobarden por el aspecto “insólito” de este camino, no se turben por el hecho de que en muchos lugares no encontrarán ningún camino trillado, sino que tendrán que arrastrarse por el borde del precipicio, abrirse paso entre la maleza y saltar sobre los fosos. No se quejen de la falta de camino: estas quejas serán un lamento inútil, porque debían saber de antemano que no se colocaban en una carretera principal, enderezada y nivelada por todas las fuerzas del progreso social, sino en los senderos de los rincones y lugares apartados, de los cuales hay salida, pero una salida directa, simple y fácil ni ustedes, ni nosotros, ni nadie la encontrará jamás – “jamás”, es decir, en general hasta que existan estos rincones y lugares apartados que se están extinguiendo, y que se extinguen dolorosamente despacio.

Y si no quieren meterse en estos rincones, díganlo claramente, que no quieren, y no se salgan con frases»[184].

«Las supervivencias directas de la economía de prestación personal, constatadas innumerables veces por todas las investigaciones económicas de Rusia, se mantienen no por alguna ley que las proteja especialmente, sino por la fuerza de las relaciones territoriales realmente existentes. Esto es tan así, que los testigos ante la conocida comisión Valuev decían directamente: la servidumbre renacería indudablemente si no estuviera prohibida por una ley directa. Es decir, una de dos: o no tocar en absoluto las relaciones territoriales entre campesinos y terratenientes – entonces todas las demás cuestiones se resuelven muy “simplemente”, pero entonces no tocarán la fuente principal de todas las supervivencias de la economía servil en el campo, entonces “simplemente” se apartarán de una cuestión muy candente que afecta los intereses más profundos de los siervistas y del campesinado esclavizado, de una cuestión que fácilmente puede convertirse mañana o pasado mañana en una de las cuestiones sociopolíticas más acuciantes de Rusia. O quieren tocar también esa fuente de “formas atrasadas de esclavitud económica” que son las relaciones territoriales – y entonces deben contar con una complejidad y confusión de estas relaciones que no admite una solución fácil y simple. Entonces, estando descontentos con la solución concreta que proponemos para la cuestión enmarañada, no tienen derecho a salirse con una “queja” general sobre la confusión, sino que deben hacer un intento de analizarla por sí mismos, proponer otra solución concreta.

Qué significado tienen los cercenamientos en la economía campesina contemporánea – esto es una cuestión de hecho»[185].

«Las prestaciones laborales condicionan el estancamiento de la técnica y el estancamiento de todas las relaciones socioeconómicas en el campo, porque estas prestaciones laborales obstaculizan el desarrollo de la economía monetaria y la descomposición del campesinado, libran (relativamente) al terrateniente de la influencia estimulante de la competencia (en lugar de elevar la técnica, él reduce la parte del aparcero; dicho sea de paso, esta reducción ha sido constatada en toda una serie de localidades durante muchos años del período post-reforma), atan al campesino a la tierra, retrasan así el desarrollo de las migraciones y de los oficios estacionales, etc.»[186].

«Y en general: una vez que es generalmente reconocido que los cercenamientos son una de las fuentes principales del sistema de prestaciones laborales, y este sistema es una supervivencia directa de la servidumbre que retrasa el desarrollo del capitalismo, ¿cómo se puede dudar de que la devolución de los cercenamientos socavará las prestaciones laborales y acelerará el desarrollo socioeconómico?»[187]

*** V. I. Lenin se refiere al comienzo del capítulo VII de su artículo (véase el presente tomo, pp. 329-330). Red.

«Hasta donde puedo juzgar, todas las objeciones “contra los cercenamientos” se encuadran en uno u otro de estos cuatro puntos, y la mayoría de los objetores (Martínov inclusive) respondieron negativamente a las cuatro preguntas, reconociendo la reivindicación de devolver los cercenamientos como fundamentalmente incorrecta, políticamente inoportuna, prácticamente irrealizable y lógicamente incoherente»[188].

** Sí, de esta mercancía, es decir, de Martínov, hay más que suficiente. Red.

*** Se refiere a la respuesta de V. I. Lenin a la observación de G. V. Plejánov en la p. 434 del presente tomo. Red.

«Y no nos contradeciremos en absoluto si en el siguiente período histórico, cuando pasen las peculiaridades de esta “coyuntura” sociopolítica, cuando el campesinado, digamos, se satisfaga con migajas insignificantes de una parte insignificante de los propietarios y “ruja” ya decididamente contra el proletariado, si entonces eliminamos de nuestro programa la lucha contra los vestigios de la servidumbre. Entonces, probablemente, tendremos que eliminar del programa también la lucha contra la autocracia, pues de ningún modo se puede suponer que antes de la libertad política el campesinado se haya librado del yugo servil más repugnante y pesado»[189].

«Se nos objetará: “por muy difícilmente que la economía de prestaciones laborales ceda al embate del capitalismo, sin embargo cede a él – más aún: está condenada a desaparecer por completo; la gran economía de prestaciones laborales cede y cederá el lugar directamente a la gran economía capitalista. Ustedes quieren acelerar el proceso de liquidación de la servidumbre con una medida que es, en esencia, un fraccionamiento (aunque sea parcial, pero sigue siendo un fraccionamiento) de la gran economía. ¿No sacrifican así los intereses del futuro a los intereses del presente? ¡En aras de la posibilidad problemática de un levantamiento campesino en un futuro próximo contra la servidumbre, ustedes dificultan en un futuro más o menos lejano el levantamiento del proletariado rural contra el capitalismo!”.

Tal razonamiento, por convincente que parezca a primera vista, peca de gran unilateralidad…»[190]

Axelrod. En mi opinión, suprimir el cumplido a los adversarios à la Martínov. P. A.

«…esto no podría quedar sin la más profunda influencia en el espíritu de protesta y de lucha independiente en toda la población trabajadora rural»[191].

159 En abril de 1902 se declaró en Bélgica una huelga general – en apoyo de la reivindicación del sufragio universal, planteada en el parlamento por representantes de los partidos obrero, liberal y democrático. En la huelga participaron más de 300 mil obreros; en todo el país se realizaron manifestaciones obreras. Sin embargo, después de que el parlamento rechazara el proyecto de ley sobre la reforma electoral y las tropas dispararan contra los manifestantes, la dirección oportunista del partido obrero (Vandervelde y otros) capituló y, bajo la presión de sus “aliados” del campo de la burguesía liberal, canceló la huelga general. La derrota de la clase obrera de Bélgica en abril de 1902 sirvió de lección para el movimiento obrero de todo el mundo. “El proletariado socialista verá”, escribió “Iskra” en el nº 21, del 1 de junio de 1902, “a qué resultados prácticos conduce la táctica oportunista, que sacrifica los principios revolucionarios con la esperanza de un éxito rápido. El proletariado se convencerá una vez más de que ninguno de los medios de presión política que aplica contra el enemigo puede alcanzar su objetivo si no tiene la disposición de llevar este medio hasta su conclusión lógica”.

«Y para facilitar posteriormente a nuestros jornaleros y semijornaleros la transición al socialismo, es extremadamente importante que el partido socialista comience ahora mismo a “interceder” por el pequeño campesinado, haciendo por él “todo lo posible” de su parte, sin negarse a participar en la solución de las cuestiones “ajenas” (no proletarias) dolorosas y enmarañadas, acostumbrando a toda la masa trabajadora y explotada a ver en él a su dirigente y representante»[192].

«La burguesía rusa “se ha retrasado” en su tarea propia de barrer todos los vestigios del viejo régimen – y nosotros debemos y vamos a corregir esta deficiencia hasta que sea corregida, hasta que tengamos libertad política, hasta que la situación del campesinado alimente el descontento en casi toda la masa de la sociedad burguesa culta (como lo vemos en Rusia), y no alimente en esta masa un sentimiento de autocomplacencia conservadora por la “indestructibilidad” del supuesto baluarte más poderoso contra el socialismo (como lo vemos en Occidente, donde dicha autocomplacencia se observa en todos los partidos del orden, desde los agrarios y conservadores pur sang[193], pasando por los burgueses liberales y librepensadores, hasta incluso… no se me tome a mal, señores Chernov y “Véstnik Rússkoi Revoliutsii”!., hasta incluso los modernos “críticos del marxismo” en la cuestión agraria)»[194].

«Otra cosa es la nacionalización de la tierra. Esta reivindicación (si se la entiende en sentido burgués, y no socialista) realmente “va más allá” de la reivindicación de devolver los cercenamientos, y en principio compartimos plenamente esta reivindicación. En un determinado momento revolucionario no nos negaremos, por supuesto, a plantearla»[195].

160 G. V. Plejánov se refiere a la siguiente observación de Yu. O. Mártov, hecha por él en la reunión de Zúrich de la redacción de “Iskra” el 2 (15) de abril de 1902: “Hay que señalar más y de manera más destacada el carácter reaccionario de la reivindicación de la nacionalización de la tierra en el momento actual en Rusia”.

Después de la reunión de Zúrich, V. I. Lenin introdujo algunos cambios en el capítulo VII, donde se habla de la reivindicación de la nacionalización de la tierra (véase el presente tomo, pp. 338-339).

«Pero nuestro programa actual lo redactamos no solo ni siquiera tanto para la época de la insurrección revolucionaria, sino para la época de la esclavitud política, para la época anterior a la libertad política. Y en una época así, la reivindicación de la nacionalización de la tierra expresa mucho más débilmente las tareas inmediatas del movimiento democrático en el sentido de la lucha contra la servidumbre»[196].

«He aquí por qué pensamos que el máximo de nuestro programa agrario sobre la base del régimen social contemporáneo no debe ir más allá de la revisión democrática de la reforma campesina. La reivindicación de la nacionalización de la tierra, siendo completamente correcta desde el punto de vista de principio y completamente adecuada para ciertos momentos, es políticamente inoportuna en el momento actual»[197].

161 G. V. Plejánov se refiere a la siguiente observación de Yu. O. Mártov: “En lugar de esto hay que decir que aceptamos la nacionalización de la tierra solo como un prólogo inmediato a la socialización de todos los medios de producción”.

** Se refiere a la respuesta de V. I. Lenin a la observación de G. V. Plejánov en la p. 442 del presente tomo. Red.

«Tal composición del tribunal aseguraría tanto su democratismo como la libre expresión de los diferentes intereses de clase de las diferentes capas de la población rural»[198].

«…es sabido que en nuestro campo el arrendamiento tiene más a menudo un carácter servil que burgués, y el canon de arrendamiento es mucho más una “renta en dinero” (es decir, una renta feudal transformada) que una renta capitalista (es decir, un excedente sobre la ganancia del empresario). La reducción del canon de arrendamiento, por consiguiente, contribuiría directamente a la sustitución de las formas serviles de economía por las capitalistas»[199].

«Incluso la autocracia se ve obligada por ello a crear cada vez más a menudo un fondo especial (completamente miserable, por supuesto, y más saqueado por los malversadores y burócratas que destinado al beneficio de los hambrientos) “para las necesidades culturales y benéficas de las sociedades rurales”. Tampoco nosotros podemos dejar de exigir, entre otras transformaciones democráticas, la creación de tal fondo. Contra esto difícilmente se puede discutir»[200].

162 Se trata de la indemnización por el gobierno del rey de Francia Carlos X a los antiguos emigrados, cuyas tierras fueron confiscadas y vendidas como propiedad nacional durante la revolución burguesa francesa de finales del siglo XVIII; la llamada “ley de indemnización”, aprobada el 27 de marzo de 1825, preveía una recompensa en dinero por un total de 1 091 360 mil francos (“el millardo de los emigrados”). Las sumas más grandes fueron a parar a los allegados al rey. Para encontrar esta enorme suma de dinero, el gobierno aumentó los impuestos y realizó la conversión de la renta estatal al 5%, reduciéndola al 3%.

163 P. B. Axelrod se refiere a la observación de G. V. Plejánov sobre el siguiente pasaje del artículo: “Pero ¿por qué limitarse a esta fuente? ¿Por qué no intentar, además de ella, devolver al pueblo al menos una parte del tributo que los esclavistas de ayer han cobrado y siguen cobrando a los campesinos con la ayuda del Estado policial?” (presente tomo, pp. 342-343). – Plejánov escribió: “Esto es precisamente lo que hay que proponer, y no la beneficencia. Y las sumas solo pueden devolverlas quienes las recibieron: los nobles”.

«Pero este tributo no puede devolverse por completo – se nos objeta. – Es justo (como no pueden devolverse por completo los cercenamientos)»[201].

«De hecho, por supuesto, la abolición de la responsabilidad solidaria (esta reforma el Sr. Witte logrará quizás realizarla antes de la revolución), la supresión de las divisiones estamentales, la libertad de circulación y la libertad de disponer de la tierra para cada campesino individual conducirán a la inevitable y rápida destrucción de esa carga fiscal-servil que es, en sus tres cuartas partes, la comuna territorial contemporánea. Pero tal resultado demostrará solo la corrección de nuestras opiniones sobre la comuna, demostrará su incompatibilidad con todo el desarrollo socioeconómico del capitalismo»[202].

«Responderemos a esto: el derecho de cada campesino a exigir la separación de la tierra necesariamente en un lote aparte no se desprende aún de nuestra formulación. De ella se desprende solo la libertad de venta de la tierra, y a esta libertad no contradice el derecho de compra preferente de la tierra vendida por los comuneros»[203].

164 G. V. Plejánov se refiere a la siguiente observación de Yu. O. Mártov: “Esta posición es incorrecta. La libertad de exigir la separación del lote se desprende precisamente de la libertad de disponer de la tierra. En lugar de esto, basta señalar que la transformación del poder de la comuna sobre la personalidad en poder de una unión asociativa sobre el miembro que ha entrado libremente en ella no está excluida por nuestras reivindicaciones”.

Después de la reunión de Zúrich, V. I. Lenin tachó en el manuscrito ambas frases, sustituyéndolas por las palabras: “Tal objeción sería infundada…” y más adelante, terminando con las palabras: “vendida por su colega” (véase más abajo, pp. 446-447).

«Tal objeción sería infundada. Nuestras reivindicaciones no destruyen la unión asociativa, sino que, al contrario, crean en lugar del poder arcaico (de facto semiservil) de la comuna sobre el campesino – el poder de una unión asociativa moderna sobre los miembros que entran libremente en ella. En particular, por ejemplo, a nuestra formulación no contradice que se reconozca a los comuneros, bajo ciertas condiciones, el derecho de compra preferente de la tierra vendida por su colega».

«Para despejar el camino para el libre desarrollo de la lucha de clases en el campo, es necesario eliminar todos los vestigios del orden servil, que ahora encubren los gérmenes de los antagonismos capitalistas dentro de la población rural, no les permiten desarrollarse»[204].

Las observaciones del “autor de las observaciones” muestran con toda claridad solo lo siguiente. Si él se ha propuesto como objetivo hacer imposible el trabajo conjunto con él en la redacción de los camaradas que no están de acuerdo con él, aunque sea en cuestiones sin importancia, entonces avanza muy rápida y seguramente hacia este noble objetivo. Pero que él cargue también con las consecuencias, si lo alcanza.

(1) Las observaciones están escritas con tal descuido que no se ha cotejado lo que había antes de la corrección con lo que quedó después de ella.

(2) ¡La lista de correcciones está simplemente tirada! “No estorbes a mi genio”.

(3) Casi ninguna de las modificaciones propuestas por el autor de las observaciones está formulada por él mismo – en contra de la condición precisa aceptada por necesidad para evitar demoras imposibles.

(4) El tono de las observaciones es deliberadamente insultante. Si yo en este mismo tono “analizo” el artículo de Plejánov sobre el programa (es decir, precisamente su “artículo” personal, y no el proyecto de declaración común, de programa común, etc.), esto será de inmediato el final de nuestra colaboración. Y “someto a votación”: ¿se permite a los miembros de la redacción provocar a otros miembros a esto?

(5) La tendencia a inmiscuirse mediante votaciones incluso en el modo de expresión de los miembros de la redacción es la cumbre de la falta de tacto.

El autor de las observaciones me recuerda a aquel cochero que piensa que para gobernar bien hay que tirar de las riendas a menudo y con fuerza. Yo, por supuesto, no soy más que un “caballo”, uno de los caballos, con el cochero Plejánov, pero sucede que incluso el caballo más hostigado derriba al cochero demasiado celoso.