(Observaciones sobre el «programa» de S.S.)

Ante todo, es preciso señalar el defecto fundamental del «programa» en el aspecto formal, a saber: la confusión de las tesis de principio fundamentales del socialismo científico con las tareas concretas y limitadas no sólo de un momento, sino de una localidad. Este defecto salta a la vista en cuanto se repasa el contenido de los 15 parágrafos del programa. Hagámoslo.

§ 1 – el objetivo del movimiento obrero en general.

§ 2 – la condición fundamental para alcanzar ese objetivo.

§ 3 – la tarea política inmediata de la socialdemocracia rusa.

§ 4 – la actitud de la socialdemocracia rusa hacia los liberales, etc.

§ 5 – lo mismo.

§ 6 – los conceptos de «clase» y «partido» (una discrepancia particular con los «economistas»).

§ 7 – las tareas prácticas de la agitación.

§ 8 – la importancia de la propaganda.

§ 9 – sobre las demostraciones y manifestaciones.

§ 10 – sobre la celebración del Primero de Mayo.

§ 11 – volantes y manifestaciones del 19 de febrero{114}.

§ 12 – la lucha económica y las reformas sociales.

§ 13 – la necesidad no sólo de la lucha defensiva, sino también ofensiva de los obreros.

§ 14 – el papel activo, y no sólo pasivo, en relación con las huelgas.

§ 15 – las huelgas, como el mejor medio de lucha.

Es fácil ver que párrafos de contenido tan diverso hubieran debido dividirse en secciones diferentes (de lo contrario, pueden surgir importantes malentendidos por parte del público, incapaz de distinguir los principios fundamentales de las tareas prácticas del momento). No sólo es poco elegante, sino incluso abiertamente incorrecto y equívoco poner juntos la indicación del objetivo final del socialismo y la explicación con los «economistas» o la definición de la importancia de las huelgas. Habría que separar claramente la declaración de principios de sus convicciones en general, — después la indicación de las tareas políticas del partido, tal como las entiende la «Unión del Norte», — y, en tercer lugar, separar de estas tesis, programáticas en el sentido propio de la palabra, las resoluciones de la organización (la «Unión del Norte») sobre las cuestiones del movimiento práctico (§§ 7–11 y 13–15). El § 6 debería figurar por separado, como definición de la actitud de la «Unión del Norte» hacia las discrepancias en el seno de la socialdemocracia rusa. Y el § 12 debería ser incluido en la declaración de principios (pues la relación de la lucha actual por pequeñas mejoras y reformas con la lucha por el objetivo final es una cuestión general, y no específicamente rusa).

Después de esta observación general, pasaré al análisis de los distintos párrafos.

El § 1 esboza los objetivos generales de la socialdemocracia en general. La indicación de estos objetivos está hecha de modo sumamente breve y fragmentario. Es cierto que en el programa de una organización local no se podía entrar en detalles necesarios para el programa de un partido. Reconociendo plenamente esto y considerando muy útil e importante la decisión de la «Unión del Norte» de no silenciar los principios fundamentales de la socialdemocracia incluso en el programa de su organización local, sólo consideraría necesario añadir en este caso una indicación sobre una exposición más detallada de los principios fundamentales. Es decir, habría que indicar, por ejemplo, que la «Unión del Norte» se basa en el socialismo científico internacional (en el programa no se señala en ninguna parte el carácter internacional del movimiento) y comparte la teoría del «marxismo revolucionario». Junto con esta indicación general de sus principios, sería posible poner una tesis como la del § 1, pero, tomado por separado, él (§ 1) es insuficiente.

Como organización que forma parte del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, la «Unión del Norte» debería señalar su solidaridad con el «Manifiesto» de éste, siendo además útil indicar la solidaridad de la «Unión del Norte» al menos con el proyecto de programa de los socialdemócratas rusos, elaborado en los años 80 por el grupo «Emancipación del Trabajo». Tal indicación, sin prejuzgar la cuestión de las modificaciones necesarias en ese proyecto, definiría con mayor precisión la posición de principio de la «Unión del Norte». Una de dos: o hay que elaborar por cuenta propia una exposición completa de todos los principios fundamentales de la socialdemocracia (es decir, elaborar uno mismo la parte de principios del programa socialdemócrata), o hay que declarar de manera bien definida que la «Unión del Norte» acepta principios más o menos conocidos y establecidos. En cambio, el tercer camino, elegido por el programa — la indicación, completamente fragmentaria, del objetivo final — no sirve.

El § 2 comienza con una declaración sumamente imprecisa, equívoca y peligrosa: «considerando el socialismo como el interés de clase del proletariado». Estas palabras vienen a identificar el socialismo con el «interés de clase del proletariado». Y esta identificación es completamente incorrecta. Precisamente en el momento actual, cuando se ha difundido de manera extraordinariamente amplia una comprensión extremadamente estrecha de los «intereses de clase del proletariado», es sencillamente inadmisible plantear una fórmula que, si acaso pudiera ser reconocida, a duras penas, lo sería sólo a condición de una comprensión sumamente amplia de la expresión «interés de clase». El «interés de clase» obliga a los proletarios a unirse, a luchar contra los capitalistas, a pensar en las condiciones de su emancipación. El «interés de clase» los hace receptivos al socialismo. Pero el socialismo, siendo la ideología de la lucha de clases del proletariado, se subordina a las condiciones generales del surgimiento, desarrollo y consolidación de una ideología; es decir, se basa en todo el material del conocimiento humano, presupone un alto desarrollo de la ciencia, exige trabajo científico, etc., etc. El socialismo es introducido en la lucha de clases del proletariado — que se desarrolla espontáneamente sobre la base de las relaciones capitalistas — por los ideólogos. Y la formulación del § 2 refleja de un modo absolutamente erróneo la relación real del socialismo con la lucha de clases. Además, el § 2 no habla de la lucha de clases. Éste es su segundo defecto.

El § 3 caracteriza el absolutismo de manera insuficiente (no se indica, por ejemplo, su vinculación con los residuos del régimen feudal), en parte con fraseología («ilimitado») y de forma difusa («ignorancia» de la persona). Además, la conquista de la libertad política (habría que señalar que esta tarea la plantea la «Unión del Norte» a todo el partido) es necesaria no sólo para el pleno desarrollo de la lucha de clases de los obreros; había que indicar de una u otra forma que también es necesaria en interés de todo el desarrollo social.

«La autocracia representa los intereses exclusivamente de las clases dominantes». Esto es inexacto o incorrecto. La autocracia satisface ciertos intereses de las clases dominantes, sosteniéndose en parte por la inmovilidad de la masa del campesinado y de los pequeños productores en general, y en parte por el equilibrio entre intereses opuestos, representando, hasta cierto punto, también una fuerza política organizada e independiente. La formulación del § 3 es particularmente inadmisible en vista de que entre nosotros está muy extendida la absurda identificación de la autocracia rusa con el dominio de la burguesía.

«Incompatible con el principio de la democracia». ¿A qué viene esto, si aún no se ha dicho nada sobre la democracia? ¿Y acaso la reivindicación del derrocamiento de la autocracia y de la conquista de la libertad política no expresa precisamente el «principio» de la democracia? Esta frase no sirve. En su lugar, habría que indicar con mayor precisión nuestra consecuencia y decisión (en comparación con la democracia burguesa) en la comprensión del «principio de la democracia»; por ejemplo, esbozar de algún modo el concepto y el contenido de la «constitución democrática» o declarar nuestra reivindicación «de principio» de una república democrática.

El § 4 es particularmente insatisfactorio. En lugar de hablar de la «plena» utilización de la «amplia» libertad (estas son, en realidad, frases indeterminadas, que pueden y deben ser sustituidas por una indicación precisa de la república democrática y de la constitución democrática, pues la «plenitud» consiste precisamente en el democratismo consecuente), — en lugar de eso, había que decir obligatoriamente que en la libertad política está interesada no sólo la clase obrera. Silenciarlo significa abrir de par en par las puertas a las peores formas de «economismo» y olvidar nuestras tareas democráticas generales.

Es completamente falso que la realización (?? logro, conquista) de la libertad política sea una necesidad «tan igual» para el proletariado como el aumento del salario y la reducción de la jornada de trabajo. Precisamente no es igual: es una necesidad de otro orden, de un orden mucho más complejo que la necesidad del aumento del salario, etc. La diferencia de la «necesidad» de uno y otro orden se ve claramente, por ejemplo, en que la autocracia está dispuesta a conceder (y de hecho a veces concede) a sectores o grupos aislados de la clase obrera mejoras en su situación, con tal de que esos sectores se avengan con el absolutismo. La frase en cuestión es totalmente inadmisible, pues expresa una increíble vulgarización del materialismo «económico» y una rebaja de la concepción socialdemócrata al nivel del tradeunionismo.

Además. «En vista de esto»... debe ser eliminado en vista de lo expuesto... «en la lucha que se avecina»... (es decir, la lucha contra el zarismo, ¿evidentemente?)... «los socialdemócratas intervienen con un programa clasista determinado y con reivindicaciones...». El carácter clasista de nuestro programa político y de nuestras reivindicaciones políticas se expresa precisamente en la plenitud y la coherencia del democratismo. Pero si se habla no solo de las reivindicaciones políticas, sino de todo nuestro programa en general, su carácter clasista debe deducirse por sí mismo del contenido de nuestro programa. No hay que hablar de un programa clasista «determinado», sino que hay que definir, exponer, expresar y formular de manera directa y precisa ese programa clasista.

«...sin subordinar el programa al liberal...». Esto es incluso ridículo. Aparecemos como un partido democrático avanzado y, de repente, hacemos la salvedad de que «no nos subordinamos» ¡Como si fuéramos niños que acabaran de salir de la «subordinación»!

Nuestra «no subordinación» a los liberales debe expresarse no en frases sobre la no subordinación, sino en todo el carácter de nuestro programa (y, naturalmente, de nuestra actividad). Precisamente esa comprensión de las tareas políticas que identifica (o al menos equipara) la necesidad de la libertad con la necesidad del aumento del salario, expresa la subordinación de la socialdemocracia a los liberales.

El final del 4º párrafo también resulta inadecuado; la crítica del mismo está dada por todo lo anterior.

El § 5 reduce nuestra actitud general hacia toda la democracia en su conjunto a una mera colaboración con otros partidos en cuestiones prácticas. Esto es demasiado estrecho. Si hubiera tales partidos, se debería (no en el programa, sino en una resolución especial del congreso) nombrarlos con precisión y definir exactamente la actitud hacia los socialistas-revolucionarios, «Svoboda», etc. Pero si no se trata de partidos determinados, sino en general de la actitud hacia otras corrientes revolucionarias (y opositoras), se debería formular esto de manera más amplia, repitiendo en una u otra forma la tesis del «Manifiesto Comunista» sobre nuestro apoyo a todo movimiento revolucionario contra el régimen existente{115}.

El § 6 está fuera de lugar en el programa. Se lo debería pasar a una resolución especial y decir directamente que se trata de divergencias (o de dos corrientes) en la socialdemocracia rusa. Esto es más que «numerosos malentendidos». La formulación de las divergencias es demasiado estrecha, pues las divergencias distan mucho de reducirse a la confusión de clase y partido. Se debía haber hablado de manera más resuelta y determinada en la disposición correspondiente contra la «crítica del marxismo», el «economismo», la reducción de nuestras tareas políticas.

En cuanto a la segunda parte del sexto párrafo, puesto que se explica por otros párrafos (7, 14 y otros), su crítica está dada por la crítica de esos párrafos.

El § 7, al igual que todos los siguientes (salvo el § 12), debe pasar a una resolución especial y no figurar directamente en el programa.

La «tarea» de su actividad, el § 7 la formula de manera estrecha. No solo debemos «desarrollar la autoconciencia del proletariado», sino también organizarlo en un partido político, y luego dirigir su lucha (tanto económica como política).

La indicación de que el proletariado está colocado en «condiciones determinadas, concretas» es superflua. O bien omitir esto, o bien definir nosotros mismos esas condiciones (pero esto debe hacerse en otros lugares del programa).

Es falso que la agitación sea el «único» medio para realizar nuestras tareas. No es en absoluto el único.

No basta definir la agitación como «el influjo sobre amplias capas obreras». Hay que hablar del carácter de ese influjo. Hay que hablar de la agitación política de manera más directa, más resuelta, más determinada y más detallada: de lo contrario, el programa —que calla sobre la agitación propiamente política y dedica dos párrafos enteros (14 y 15) a la agitación económica— se desliza (contra su voluntad) hacia el «economismo». Se debía subrayar especialmente la necesidad de la agitación a propósito de todas las manifestaciones de la opresión política y económica, social y nacional, sean cuales fueren las clases o capas de la población sobre las que recaiga esa opresión; la necesidad (para los socialdemócratas) de estar al frente de todos en cada choque con el gobierno, etc.; y solo después indicar los medios de agitación (oral, periódicos, hojas volantes, manifestaciones, etc., etc.).

§ 8. El comienzo es una repetición superflua.

«Reconoce la propaganda solo en la medida...», etc. Esto es falso. La propaganda tiene no solo ese significado, no solo la «formación de agitadores», sino también la difusión de la conciencia en general. El programa tuerce demasiado el arco en la otra dirección. Si era necesario pronunciarse contra la propaganda que alguien separa en exceso de las tareas de la agitación, entonces mejor sería decir: «en la propaganda se debe, en particular, no perder de vista la tarea de formar agitadores», o algo por el estilo. Pero no se puede reducir toda la propaganda a formar «agitadores experimentados y hábiles»; no se puede «negar» sin más «la formación únicamente de obreros conscientes aislados». Nosotros consideramos esto insuficiente, pero no lo «negamos». Por eso, la segunda parte del párrafo 8 (a partir de las palabras: «adoptando una actitud negativa») debe eliminarse por completo.

§ 9. En esencia, estoy completamente de acuerdo. Tal vez añadir: «a propósito de los más diversos hechos de la vida social y de las medidas del gobierno...».

En lugar de «el mejor medio», sería más exacto: «uno de los mejores medios».

Solo el final del párrafo es insatisfactorio. Las manifestaciones unen y deben unir no solo a los obreros (y además, la «unión» mediante manifestaciones es insuficiente, si queremos unir organizativamente, de manera directa y permanente, y no para un acontecimiento aislado). «...Desarrollando en ellos de este modo...». Esto o bien es inexacto: con manifestaciones solamente no se desarrolla la conciencia, o bien es superfluo (pues ya se ha dicho que es uno de los mejores medios).

No estaría de más añadir algo sobre la necesidad de organizar manifestaciones, prepararlas, llevarlas a cabo, etc.

En general, la ausencia en el programa de toda indicación sobre la necesidad de prestar gran atención a la causa de la organización revolucionaria —y además de una organización de combate de toda Rusia— constituye una gran laguna. Puesto que ya se habla de agitación, propaganda, huelgas, etc., es francamente imperdonable callar sobre la organización revolucionaria.

§ 10. Habría que añadir que, entre nosotros, el Primero de Mayo debe convertirse también en una manifestación contra la autocracia, en una reivindicación de la libertad política. No basta señalar la significación internacional de la festividad. Hay que vincular a ella también la lucha por las más urgentes reivindicaciones políticas nacionales.

§ 11. La idea es muy buena. Pero está expresada demasiado estrechamente. Se podría decir, por ejemplo, «entre otras cosas», pues también con motivo del aniversario de la Comuna y de muchos otros acontecimientos es necesario organizar manifestaciones. O decir «en particular», pues de lo contrario parece que por otros motivos no es necesario.

Además. El 19 de febrero no se puede uno dirigir (en las hojas volantes) solo a los obreros. Sin hablar ya de que, en general, con las manifestaciones y las hojas volantes a propósito de ellas nos dirigimos siempre a todo el pueblo e incluso al mundo entero, el 19 de febrero es necesario dirigirse también al campesinado. Y dirigirse al campesinado significa elaborar una política socialdemócrata en la cuestión agraria. El programa no aborda esta cuestión, y comprendemos perfectamente que la organización local quizá no tenga tiempo ni fuerzas para ocuparse de ella. Pero al menos señalarla en una u otra forma, en relación con uno u otro intento de plantearla en la literatura socialdemócrata rusa y en la práctica de nuestro movimiento[168], sería absolutamente necesario.

El final del § 11 no vale («solo la fuerza de la clase» — ¿de qué clase? ¿solo de la obrera?). Habría que eliminarlo.

§ 12. No podemos ni vamos a contribuir «de cualquier modo» a mejorar la situación de los obreros bajo las condiciones existentes. Por ejemplo, no podemos contribuir al estilo de Zubátov y, ni siquiera bajo la condición de la corrupción zubatovista, lo haremos. Luchamos únicamente por un mejoramiento de la situación de los obreros que eleve su capacidad de librar la lucha de clases, es decir, un mejoramiento en el que la mejora de las condiciones no vaya unida a la corrupción de la conciencia política, a la tutela policial, a la fijación al lugar, al sometimiento al «benefactor», a la humillación de la dignidad humana, etc., etc. Precisamente en Rusia, donde la autocracia es tan proclive (y se vuelve cada vez más proclive) a librarse de la revolución mediante diversas dádivas y seudorreformas, tenemos la obligación de deslindarnos tajantemente de toda clase de «reformadores». Nosotros también luchamos por las reformas, pero justamente no «de cualquier modo», sino que luchamos por ellas únicamente a la manera socialdemócrata, únicamente de modo revolucionario.

§ 13 ha sido omitido por decisión del congreso. Y bien hecho estuvo en omitirlo.

§ 14 formula de un modo demasiado estrecho el contenido y las tareas de la agitación económica. Esta no se reduce a las huelgas. Las «mejores condiciones» nos hacen falta no solo para el desarrollo cultural, sino justamente para el desarrollo revolucionario del proletariado. El «papel activo» de la socialdemocracia en las huelgas no se reduce a la incitación a la lucha por mejorar la situación económica. Las huelgas (al igual que la agitación económica en general) hay que utilizarlas siempre también para incitar a la lucha revolucionaria por la libertad y por el socialismo. Las huelgas también deben utilizarse para la agitación política.

§ 15 es también muy insatisfactorio. Las huelgas no son el «mejor» medio de lucha, sino solo uno de los medios, y ni siquiera siempre necesariamente uno de los mejores. Hay que reconocer la importancia de las huelgas, utilizarlas siempre y dirigirlas; pero exagerarlas es tanto más peligroso cuanto más fuertemente lo hizo el «economismo».

Lo que se dice más adelante sobre las huelgas es superfluo: ya está dicho en el § 14. Bastaría con una indicación sobre la dirección de la lucha económica en general. A veces esta dirección se expresará también en la contención de una huelga. El programa se expresa de un modo demasiado absoluto y precisamente por eso demasiado estrecho. Habría que haber dicho en general acerca de la tarea de dirigir la lucha económica del proletariado, hacerla más organizada y consciente, crear sindicatos obreros y esforzarse por ampliarlos hasta convertirlos en sindicatos de toda Rusia, utilizar cada huelga, cada manifestación de la opresión económica, etc., para la más amplia propaganda y agitación socialista y revolucionaria.

El final del párrafo 15 reduce las tareas de esta agitación, como si condicionase la aplicabilidad de la agitación política a la intervención de la policía, etc. En realidad, hay que esforzarse por aplicar la agitación política (y, con dirigentes medianamente hábiles, esto es del todo posible) tanto antes de la intervención de los «arcángeles» como independientemente de su intervención. Habría que decir de un modo general: «utilizar todos y cada uno de los motivos para la agitación política», etc.

El final del párrafo 15 es también incorrecto. Tanto menos nos corresponde hablar de las «huelgas generales» cuanto menores son en Rusia nuestras posibilidades de prepararlas. Y, en general, no tiene sentido hablar especialmente en los programas de las huelgas «generales» (recuérdese la absurda «huelga general» en el folleto «¿Quién hará la revolución política?». También son posibles tales malentendidos). Declarar que las huelgas son «el mejor medio para desarrollar la conciencia» es también completamente erróneo.

En general y en conjunto, sería muy deseable una seria reelaboración del programa. Sería deseable también, en general, que la «Unión del Norte» tomase parte activa tanto en la causa de la unificación partidaria de la socialdemocracia revolucionaria como en la elaboración del programa del partido. Por su parte, la redacción de «Zariá» e «Iskra» espera poder comunicar en breve a la «Unión del Norte» su proyecto (ya acabado en una parte considerable) y confía en la participación de la «Unión del Norte» en su corrección, difusión y preparación para su adopción por todo el partido.

Escrito en abril de 1902.
Publicado por primera vez en 1923 en la revista «Crónica de la Revolución» nº 1, Berlín – Petersburgo – Moscú.
Se reproduce según el manuscrito.