Hemos recibido la siguiente carta a la redacción:

«Refiriéndose a la cuestión de la agitación (si no me equivoco, en el núm. 13), *Iskra* se pronuncia contra la literatura volante de agitación (folletos de dos o tres hojitas) sobre temas políticos. Esta literatura, en opinión de la redacción, se sustituye con éxito por los periódicos. Los periódicos, por supuesto, son algo bueno. Nadie va a discutirlo. Pero ¿pueden sustituir a esas hojas volantes, cuyo cometido específico es la amplia difusión entre las masas? La redacción ya tiene una carta de Rusia en la que un grupo de obreros agitadores se pronuncia sobre este tema. La respuesta de *Iskra* a esta carta es un evidente malentendido. La cuestión de la agitación es ahora tan importante como la de las manifestaciones. Por eso sería deseable que la redacción la retomara de nuevo y, esta vez, la tratara con más atención.

Quien se tome el trabajo de releer atentamente, junto con esta carta, nuestra respuesta a “Los obreros del sur” en el núm. 13 de *Iskra*[141] se convencerá fácilmente de que quien incurrió en un evidente malentendido fue precisamente el autor de la carta. No se trató en absoluto de que *Iskra* se pronunciara “contra la literatura volante de agitación”; a nadie se le pasó por la cabeza “sustituir” las “hojas volantes” por el periódico. El autor de la carta no reparó en que las hojas volantes son precisamente proclamas. Tanto “Los obreros del sur” como *Iskra* estaban completamente de acuerdo en que este tipo de literatura, como las proclamas, es insustituible y siempre será absolutamente necesario. Pero también coincidían en que este tipo de literatura no es suficiente. Si hablamos de una buena vivienda para los obreros, a la vez que convimos en que no les basta con una buena alimentación, esto no significa en modo alguno que estemos “en contra” de la buena alimentación. Cabe preguntarse, ¿cuál es entonces el tipo superior de literatura de agitación? “Los obreros del sur”, al plantear esta cuestión, no mencionaron ni una palabra sobre el periódico. Este silencio podía deberse, por supuesto, a las condiciones locales y, sin intención alguna de “polemizar” con nuestros corresponsales, no podíamos, naturalmente, dejar de recordarles que el proletariado también debe crear su propio periódico, como ya lo han hecho otras clases de la población; que no basta con un trabajo fragmentado, sino que es necesaria una labor regular, activa y común de todas las localidades en torno a un órgano revolucionario.

En cuanto a los “folletos de 3 a 4 páginas”, tampoco nos pronunciamos en absoluto “contra” ellos, sino que simplemente dudamos de la viabilidad del plan de convertirlos en una literatura regular que se difundiera “simultáneamente por toda Rusia”. Con un volumen de 3 a 4 páginas, serán, en esencia, las mismas proclamas. Tenemos, de todos los confines de Rusia, muchas proclamas muy buenas y en absoluto pesadas, tanto estudiantiles como obreras, que llegan incluso a las 6–8 páginas de formato pequeño. En cambio, un folleto verdaderamente popular, capaz de explicar al menos una cuestión concreta incluso a un obrero completamente desprevenido, tendrá seguramente un volumen mucho mayor, y no habrá ni posibilidad ni necesidad de difundirlo “simultáneamente por toda Rusia” (dado que su valor no es coyuntural). Reconociendo plenamente todos y cada uno de los tipos de literatura política, viejos y nuevos, con tal de que sea realmente buena literatura política, nosotros, por nuestra parte, aconsejaríamos trabajar no en la invención de un tipo intermedio entre las hojas volantes y el folleto popular, sino en un órgano revolucionario que merezca en la práctica el nombre de periódico (es decir, que se publique no una vez al mes, sino al menos dos, tres o cuatro veces al mes) y de alcance nacional.

*Iskra*, núm. 16, 1 de febrero de 1902.  
Se publica según el texto del periódico *Iskra*.