Como siempre, nuestros periódicos han publicado el sumiso informe del ministro de Finanzas sobre el presupuesto de ingresos y gastos del Estado para 1902. Como siempre, resulta —según las afirmaciones del ministro— que todo va de maravilla: «las finanzas se encuentran en un estado completamente favorable», en el presupuesto «se ha observado rigurosamente el equilibrio», «el negocio ferroviario continúa desarrollándose con éxito», e incluso «se produce un constante incremento del bienestar del pueblo». No es de extrañar que entre nosotros se interesen tan poco por las cuestiones de la economía estatal, a pesar de toda su importancia: el interés está embotado por la obligatoria loa oficial; todos saben que el papel todo lo aguanta, que al público «de todos modos» «no se le permite» asomarse tras los bastidores del oficial ilusionismo financiero.

Esta vez, sin embargo, salta especialmente a la vista la siguiente circunstancia. El ilusionista, con la destreza habitual, muestra al público las manos vacías y, agitándolas, va presentando una tras otra monedas de oro. El público aplaude. Pero el ilusionista, no obstante, comienza él mismo a defenderse con el mayor celo y, casi con lágrimas en los ojos, asegura que no hace trampas, que no hay déficit, que sus deudas son menores que su patrimonio. El público ruso está tan amaestrado en lo que respecta al comportamiento decente en los lugares oficiales, que hasta se siente como incómodo por él, y solo unos pocos murmuran para sus adentros el proverbio francés: «quien se excusa, se acusa».

Veamos cómo «se excusa» nuestro Witte. El gigantesco gasto de casi dos mil millones de rublos (1946 millones) está cubierto en su totalidad solo gracias a que 144 millones se tomaron de la famosa «liquidez disponible» del Tesoro del Estado, y la liquidez disponible se repuso con el empréstito del año pasado al 4% por 127 millones de rublos (todo el empréstito fue de 148 millones de rublos, pero 21 millones aún no se habían recibido por completo). Por lo tanto, ¿déficit cubierto con un empréstito? —De ningún modo, nos asegura el mago, «la concertación del empréstito no fue provocada en modo alguno por la necesidad de cubrir gastos no previstos en los presupuestos», ya que tras cubrirlos quedaban «completamente libres» 114 millones de rublos, sino por el deseo de construir nuevos ferrocarriles. —¡Muy bien, señor Witte! Pero, en primer lugar, con esto no refuta usted el déficit, pues ni siquiera con 114 millones de rublos «completamente libres» se cubre un gasto de 144 millones de rublos. En segundo lugar, en la liquidez disponible (114 millones de rublos) entraron 63 millones de rublos de exceso de ingresos ordinarios en 1901 respecto a las previsiones del presupuesto, y nuestra prensa lleva tiempo señalando que usted reduce artificialmente las previsiones de ingresos del presupuesto para inflar ficticiamente la «liquidez disponible» y aumentar inexorablemente los impuestos. Así, el año pasado se aumentó el impuesto de timbre (nuevo reglamento del timbre), se elevó el precio del aguardiente estatal: de 7 rublos a 7 r. 60 k. por cubo, continuó el aumento de los aranceles aduaneros (realizado en 1900 supuestamente «de forma temporal», con motivo de la guerra de China){90}, etc. En tercer lugar, al ensalzar el «papel cultural» de los ferrocarriles, calla usted modestamente la costumbre puramente rusa y nada cultural de saquear el erario público durante la construcción de ferrocarriles (¡por no hablar ya de la monstruosa explotación de los obreros y de los campesinos hambrientos por parte de los contratistas ferroviarios!). Por ejemplo, un periódico ruso informaba no hace mucho que el coste de construcción del ferrocarril de Siberia se fijó inicialmente en 350 millones de rublos, pero en la práctica se gastaron 780 millones de rublos, y lo más probable es que en total supere los mil millones (sobre el saqueo que hubo en el ferrocarril de Siberia, *Iskra* ya informó algo: véase el n.º 2){91}. ¡Usted calcula correctamente los ingresos, señor Witte, sin omisiones, pero en cuanto a la verdadera magnitud de los gastos, intente usted rendir cuentas!

Además, tampoco hay que perder de vista que la construcción de ferrocarriles en 1902 fue provocada en parte por los objetivos militares de nuestro gobierno «pacífico» (la gigantesca línea Bologoye-Siedlce, de más de 1000 verstas de longitud), en parte por la necesidad imperiosa de «ayudar» al menos de alguna manera a la industria oprimida, en cuyos asuntos el Banco del Estado está directamente interesado. El Banco del Estado no solo prestó generosamente a diversas empresas tambaleantes, sino que asumió de hecho la gestión completa de muchas de ellas. ¡La bancarrota de las empresas industriales amenazaba con llevar a la bancarrota del Estado! Por último, no olvidemos tampoco que el aumento constante de la suma de los empréstitos y de la cuantía de los impuestos se produce, bajo la gestión del «genial» Witte, a pesar de que todos los capitales de las cajas de ahorros se destinan íntegramente al sostenimiento del crédito del Estado. Y esos capitales han superado ya los 800 millones de rublos. Tomen todo esto en consideración y comprenderán que Witte lleva una economía depredadora, que la autocracia marcha lenta pero seguramente hacia la bancarrota, pues no se pueden aumentar los impuestos indefinidamente y no siempre vendrá la burguesía francesa a sacar de apuros al zar ruso.

Witte se defiende de la acusación de aumentar el endeudamiento del Estado con argumentos que merecen mofa. Compara las deudas y el «patrimonio», coteja la suma de los empréstitos estatales en 1892 y 1902 con el valor de los ferrocarriles del erario en esos mismos años y deduce una disminución de la deuda «neta». Y es que nosotros también tenemos más patrimonio: «fortalezas y buques de guerra» (¡pardiez, así está dicho en el informe!), puertos y fábricas estatales, tierras de explotación y bosques. —¡Magnífico, señor Witte! Pero ¿no se da cuenta de que se asemeja usted a aquel comerciante que ya ha sido citado al tribunal acusado de bancarrota y que empieza a justificarse ante las personas que se disponen a embargar sus bienes? Pues mientras una empresa se mantiene realmente inconmovible y sólida, a nadie se le ocurre exigir una garantía especial para los préstamos. Pues nadie duda de que el pueblo ruso tiene mucho «patrimonio», pero cuanto mayor es ese patrimonio, tanto mayor es la culpa de las personas que, a pesar de la abundancia de patrimonio, gestionan la economía solo a base de aumentar los empréstitos y elevar los impuestos. Pues usted solo demuestra que el pueblo debe expulsar lo antes posible a los depredadores que administran su patrimonio. En efecto, de todos los países europeos, solo Turquía ha recurrido hasta ahora a mencionar patrimonios estatales especiales como garantía de los empréstitos del Estado. Y estas menciones llevaban naturalmente a que los acreedores extranjeros impusieran su control sobre la administración de ese patrimonio destinado a garantizar la devolución del dinero que habían prestado. ¡La economía de la «gran potencia rusa» bajo el control de los encargados de Rothschild y Bleichröder: qué brillante perspectiva nos descubre usted, señor Witte![139]

Ya no hablamos de que ningún banquero aceptará como prenda fortalezas y buques de guerra, de que esto no es un plus, sino un minus en nuestra economía nacional. Pero los ferrocarriles también pueden servir de garantía solo cuando generan ingresos. Y del mismo informe de Witte nos enteramos de que hasta hace muy poco tiempo, todos los ferrocarriles rusos en general arrojaban pérdidas. Solo en 1900 se cubrió el déficit de los ferrocarriles siberianos y se obtuvo una «pequeña ganancia neta», tan pequeña que sobre su magnitud Witte guarda modesto silencio. También calla que en los dos primeros tercios de 1901 la recaudación de los ferrocarriles en la Rusia europea disminuyó a causa de la crisis. ¿Cuál sería el balance de nuestra economía ferroviaria si se contaran no solo las cifras oficiales del dinero entregado para la construcción, sino también las sumas reales saqueadas durante la construcción? ¿No sería hora, en verdad, de entregar ese patrimonio realmente valioso a manos más seguras?

Sobre la crisis industrial, Witte habla, por supuesto, en el tono más tranquilizador: «una traba momentánea», «sin duda, no afectará a los avances industriales generales y, transcurrido cierto lapso de tiempo, probablemente (¡!) sobrevendrá un nuevo período de reactivación industrial». ¡Buen consuelo para los millones de la clase obrera que sufren por el desempleo y la reducción de sus salarios! En la enumeración de los gastos del Estado, en vano buscarían ustedes alguna indicación sobre cuántos millones y decenas de millones arrojó el erario al apoyo directo e indirecto de las empresas industriales «aquejadas» por la crisis. Y de que en esto no se reparó ni ante sumas gigantescas se desprende del hecho, comunicado en los periódicos, de que el volumen total de los préstamos concedidos por el Banco del Estado entre el 1 de enero de 1899 y el 1 de enero de 1901 aumentó de 250 millones de rublos a 449 millones de rublos, y el volumen de los préstamos industriales, de 8,7 millones a 38,8 millones de rublos. Incluso una pérdida de 4 millones de rublos en los préstamos industriales no representó la menor dificultad para el erario. En cambio, a los obreros, que ofrendaban en el altar de los «avances industriales» no el contenido de su bolsillo, sino su vida y la vida de millones que subsisten de su salario, a los obreros el erario les ayudaba enviándolos «gratis» por miles desde las ciudades industriales a las aldeas hambrientas.

La palabra «hambre» la evita Witte por completo, asegurando en su informe que «la penosa influencia de la mala cosecha... será mitigada por una generosa ayuda a los necesitados». Esa generosa ayuda, según sus propias palabras, equivale a 20 millones de rublos, mientras que la merma de cereal se estima en 250 millones de rublos (calculando a un precio muy bajo, a 50 kopeks por pud, pero, en cambio, comparando con los años de cosechas favorables). ¿Verdad que es realmente «generoso»? Admitan incluso que solo la mitad de la merma recae sobre los campesinos pobres, y aun así resultará que aún habíamos valorado insuficientemente la tacañería del gobierno ruso cuando escribimos (a propósito de la circular de Sipyagin, véase el n.º 9 de *Iskra*)[140] que el gobierno reducía los préstamos a una quinta parte. El zar ruso no es generoso para ayudar al mujik, sino para las medidas policiales contra quienes realmente querían ayudar a los hambrientos. También es generoso con los millones que arroja para arrebatar un bocado más suculento a China. En dos años —informa Witte— se gastaron en la guerra de China 80 millones de rublos de los gastos extraordinarios, y «además, se desembolsaron sumas muy considerables con cargo al presupuesto ordinario». En total, por tanto, probablemente, ¡hasta cien millones de rublos, si no más! El obrero desempleado y el campesino hambriento pueden consolarse pensando que Manchuria, en cambio, seguramente será nuestra...

La falta de espacio nos obliga a tocar solo brevemente las demás partes del informe. Witte se defiende también de la acusación de escasez de los gastos en instrucción pública: a los 36 millones de rublos del presupuesto de este ministerio, añade los gastos en materia educativa de todos los demás departamentos y «redondea» la cifra hasta 75 millones de rublos. Pero incluso esta cifra (de dudosa veracidad) es completamente mísera para toda Rusia y no llega al cinco por ciento en relación con todo el presupuesto. —La circunstancia de que «nuestro presupuesto del Estado se basa, de forma preponderante, en el sistema de imposición indirecta» la considera Witte una ventaja, repitiendo los manidos argumentos burgueses sobre la posibilidad de «proporcionar el consumo de los artículos gravados al grado de bienestar». En realidad, como es sabido, la imposición indirecta, al recaer sobre los artículos de consumo de las masas, se distingue por su enorme injusticia. Con todo su peso, recae sobre los pobres, creando un privilegio para los ricos. Cuanto más pobre es una persona, mayor parte de su ingreso entrega al Estado en forma de impuestos indirectos. La masa de los poco pudientes y los desposeídos constituye 9/10 de toda la población, consume 9/10 de todos los productos gravados y paga 9/10 de toda la suma de los impuestos indirectos, mientras que, en cambio, del total del ingreso nacional recibe apenas dos o tres décimas partes.

Para terminar, una «minucia» interesante. ¿En qué partidas aumentaron más los gastos de 1901 a 1902? La suma total de gastos aumentó de 1788 millones de rublos a 1946 millones de rublos, es decir, menos de una décima parte. Mientras tanto, los gastos aumentaron casi en una cuarta parte en dos partidas: «para el sostenimiento de las personas de la familia imperial» —de 9,8 millones de rublos a 12,8 millones de rublos y... «para el sostenimiento del cuerpo independiente de gendarmes» —de 3,96 millones de rublos a 4,94 millones de rublos. He aquí la respuesta a la pregunta: ¿cuáles son las «necesidades del pueblo ruso» más imperiosas? ¡Y qué conmovedora «unidad» del zar con los gendarmes!

*Iskra* n.º 15, 15 de enero de 1902

Se publica según el texto del periódico *Iskra*